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viernes, marzo 6

En tierra de Rajás



(Un texto de Marce Redondo en el suplemento dominical del Periódico de Aragón del 22 de febrero de 2015)

La palabra Rajastán, literalmente “país de reyes”, resume la historia de este territorio mágico de antiguos guerreros que se extiende por el noroeste de La India.

En un país tan fascinante como la India, Rajastán presume de ser uno de los estados más pintorescos y visitados del subcontinente. De clima seco y suelos áridos, acoge desde el gran desierto del Thar, frontera natural con Pakistán, hasta terrenos ricos y fértiles regados por el canal Indira Gandhi, construido en los años sesenta del siglo pasado. El carácter guerrero de sus habitantes, los rajputas, ha sido determinante en la historia de este territorio mágico y hostil que siempre ha mantenido su independencia, a pesar de las numerosas invasiones sufridas a lo largo de siglos. Nunca fue sometido completamente. Zona de paso de caravanas hacia Afganistán y China durante mucho tiempo, el comercio fue su principal riqueza hasta el desarrollo del ferrocarril, bajo el dominio británico, que precipitó su decadencia.

Fortalezas encaramadas en promontorios rocosos o que emergen en llanuras yermas, havelis (casas urbanas rajastaníes), palacios de gran belleza en el corazón de ciudades fortificadas y el orgullo de pertenencia de sus habitantes a esta tierra forman parte del legado de su pasado esplendor que los viajeros pueden admirar hoy. El turismo se ha convertido en una importante fuente de ingresos. La situación de Jaipur, la capital de Rajastán, a unos 400 kilómetros de Nueva Delhi, y a poco más de 200 kilómetros de la joya turística de la India, el Taj Mahal, ha sido determinante en el éxito turístico del denominado triángulo de oro. Pero esta tierra da para mucho más que una fugaz visita al imponente palacio del rajá de Jaipur, a su fuerte o a sus ruidosos bazares.

La Ciudad Rosa, como se conoce Jaipur, es el inicio de un recorrido lleno de sorpresas. Fundada en 1727, su trazado, basado en un antiguo tratado de arquitectura hindú, responde a una asombrosa planificación. La ciudad se divide en nueve manzanas rectangulares, representación del universo hindú, y la plaza central simboliza el monte sagrado Meru, hogar de Shiva. En la calle principal se encuentra uno de sus edificios más conocidos, el Hawa Mahal o Palacio de los Vientos, que en realidad es poco más que una hermosa fachada salpicada de ventanas para que las mujeres de la corte pudieran tomar el aire y contemplar el mundo exterior. Dos visitas imprescindibles son el observatorio astronómico del siglo XVIII, Jantar Mantar, y, por supuesto, el fuerte Amber, construido en el siglo XI. Hay otros muchos palacios en la ciudad, algunos transformados en hoteles y otros, en museos.

Jaipur es también un importante centro artesano, un paraíso para las compras. En los alrededores del Hawa Mahal hay numerosos bazares donde encontrar tejidos, maderas lacadas, recipientes de cobre… y joyas y piedras preciosas en las callejuelas adyacentes. Como la mayoría de las ciudades de Rajastán, Jaipur mantiene una atmósfera de ciudad medieval de Oriente. Eso sí, con casi tres millones de habitantes y una contaminación preocupante.

La ciudad azul, Jodhpur, con un millón y medio de personas, tiene el carácter de población fortificada con sus murallas del siglo XV en pie. El imponente fuerte de Mehrangarh es el máximo exponente del esplendor de estas construcciones y de la riqueza que aportaba el paso de las caravanas. A lo largo y ancho de Rajastán hay numerosas fortalezas, pero pocas son comparables con Mehrangarh. Encaramada en un precipicio rocoso de más de 120 metros de altura, domina por completo el paisaje circundante.

Otra interesante visita es la del palacio Umaid Bhawan que, en su momento, se distinguió por ser una de las residencias privadas más grandes del mundo, con 347 habitaciones, y por el motivo por el que fue construido: a comienzos de los años 20 del siglo pasado, Jodhpur padeció una terrible hambruna; esta obra, que se prolongó durante 15 años, se convirtió en un gran proyecto público para crear empleo. El palacio fue ideado por un arquitecto inglés, H.V. Lanchester, admirador de Lutyens, el principal diseñador de Nueva Delhi. De Jodhpur son originarios los mejores titiriteros de Rajastán, los Barlai Bhat. En sus coloridos espectáculos, muy seguidos por la población local, representan leyendas y pasajes de su historia.

Udaipur, quizás desconcertante a primera vista, es sin embargo una de las ciudades más atractivas de Rajastán. Construida a las orillas de tres lagos y rodeada de montañas y bosques que contrastan con los desiertos cercanos, se ha convertido en un reconocido centro de ayurveda, un antiquísimo sistema de medicina hindú que considera que el hombre y el universo están interrelacionados. Navegar por el lago Pichola, el más grande de los tres, preferiblemente al atardecer, es una ocasión única para contemplar Udaipur, sus palacios construidos en las laderas de la montaña y los restos de las antiguas murallas.

El viaje en barco también nos acerca al Jag Niwas, conocido como el Palacio del Lago, de mármol blanco e historia romántica, que parece flotar sobre las aguas. Al margen de los atractivos que atesora la propia ciudad, en un radio de 100 kilómetros existen lugares de máximo interés, como los templos jainistas de Eklingji, Nathdwara y Ranakpur, los mejores de la India; la espectacular fortaleza de Kumbhalgarh; los templos de la estación de montaña Monte Abu, lugar de peregrinación desde el siglo XI; o el lago de Jaisamand, construido en 1651 y considerado el lago artificial más grande del mundo hasta que se levantó en Egipto la presa de Asuán.

En la frontera con Pakistán, en el remoto desierto del Thar, se alza Jaisalmer, construida casi en su totalidad en el interior de las murallas del fuerte, uno de los más antiguos de Rajastán. Durante muchos años la ciudad prosperó gracias a su posición estratégica en la ruta de la caravana principal que se dirigía hacia Afganistán. Testigos de aquel esplendor son los havelis, mansiones edificadas en distintas épocas por ricos mercaderes y nobles de la ciudad, que se caracterizan por sus fachadas de arenisca exquisitamente talladas. Un paseo por sus calles es como adentrarse en las páginas de Las mil y una noches. Según la leyenda, Marco Polo paró aquí en su camino hacia China.

Tras la guerra entre La India y Pakistán, en 1965, en esta zona se estableció una importante base militar que hoy todavía se mantiene. Las reservas naturales de Rajastán, protegidas por ley, abarcan gran diversidad biológica. Es otro atractivo del país de los rajás. Monos, osos, cocodrilos, antílopes o chacales son algunas de las especies salvajes que el viajero puede observar con facilidad y, si es muy afortunado, tigres y leopardos, hoy especies amenazadas, que durante décadas fueron blanco en las cacerías de los rajás y sus invitados, sobre todo británicos.

Cuando en 1970, la primera ministra, Indira Gandhi, suprimió los privilegios económicos que mantenían los rajás (príncipes) tras la independencia de Gran Bretaña, algunos se adaptaron a las nuevas circunstancias ingresando en el ejército o en el cuerpo diplomático. Otros, para mantener sus propiedades, reconvirtieron sus palacios y pabellones de caza en lujosos hoteles que hoy atraen a turistas de todo el mundo interesados en conocer de cerca el estilo de vida de los príncipes de Rajputana, nombre adoptado por los británicos para denominar la región. De hecho, es frecuente cruzarse con algunos descendientes de aquellos rajás en los jardines o salones de sus palacios. Este es solo un paseo por algunas de las ciudades más conocidas de Rajastán. Se puede hacer en una semana, emplear un mes o volver en varias ocasiones porque la tierra de los rajás esconde muchas y diversas sorpresas.

LA GUÍA
DORMIR. Sentirse como un rajá es posible en Rajastán. Los palacios de Rambagh Palace, en Jaipur; Lake Palace (Udaipur) y Umaid Bhavan Palace (Jodhpur), convertidos en hoteles, se encuentran entre los mejores del mundo. La comida es exquisita.
CUÁNDO IR. Como en la mayor parte de La India, la mejor época para visitar Rajastán es durante los meses menos calurosos, de octubre a marzo. Pero también merece la pena ir durante el monzón, en julio, agosto y septiembre, para disfrutar de la explosión de vida que se produce en el desierto. Otra ventaja es que las ciudades están menos polvorientas.
CÓMO LLEGAR. Jaipur, Jodhpur y Udaipur se encuentran entre las conexiones aéreas de Delhi y Bombay. También se puede utilizar el ferrocarril.
NOTA. Las ferias de ganado y camellos son habituales en toda la región. Son una excelente ocasión para comprar e intercambiar productos y relacionarse entre los habitantes de las zonas rurales.

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