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martes, julio 18

‘Monterrat dels espanyols’



(Extraído de un texto de Guillermo Fatás publicado en el Heraldo de Aragón el 27 de abril de 2014)

La devoción tradicional de los catalanes por la Virgen de Montserrat […] está históricamente muy implicada con la Casa Real de Aragón y con España.

[El] 27 de abril es la festividad católica de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña. Por lo tanto, [se canta] abundantemente el Virolai, himno oficial montserratino. El santuario serrano [se llena] de fieles y, acaso, de banderas con el señal real de Aragón, que hoy es también emblema de Cataluña. Y -esto [se nota] mucho menos- [hay una] ceremonia especial en la iglesia de Roma llamada 'di Santa Maria in Monserrato degli Spagnoli'.

Montserrat de los Españoles

La 'Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat' es un elegante templo romano trazado inicialmente por Antonio Sangallo, en el siglo XVI, y cuyas obras se prolongaron un siglo y medio. Sirve de título a un cardenal español, cuyo escudo campea en la puerta. Hoy, el 'titulus Sanctae Mariae Hispanorum in Monte Serrato' es el del franciscano Carlos Amigo, arzobispo emérito de Sevilla. El edificio está cerca del Tíber y del Palacio Farnesio, también obra de Sangallo y suntuosa embajada de Francia.

Tiene su origen en una hospedería para peregrinos pobres de la Corona de Aragón. Luego se fundió con otro, dedicado a Santiago y de perfil castellano, lo que produjo su completa 'hispanidad'. Santa María de Montserrat de los Españoles es de particular interés para los aragoneses. Guarda la tumba de los dos papas Borja, Calixto III y su sobrino, el temible y fascinante Alejandro VI, padre de César y de Lucrecia. Los Borja o Borgia llevan el apellido de su ciudad aragonesa de origen y estaban afincados en Játiva. También pueden verse allí dos bellas estatuas con santos aragoneses, obras del turiasonense Juan Adán, elegante artista neoclásico, que representan a la infanta aragonesa Isabel, hija de Pedro III y reina santa de Portugal, y al inquisidor epilense Pedro Arbués, asesinado en la Seo de Zaragoza.

Sobre la entrada misma, hay una original escena, que representa a María con el Niño, en actitud de cortar -con una gran sierra- la montaña catalana, el 'Mont Serrat', de inconfundible aspecto. Menciono esta escultura porque, sobre ser delicada y original, es obra de Giambattista Contini, escultor y arquitecto pontificio; el mismo que, unos años después, concibió la magnífica torre de la Seo de Zaragoza. En el interior, en la tercera capilla derecha, un cuadro de buen tamaño, de Francisco Preciado de la Vega, pintor de cámara de Carlos III, muestra la aparición a Santiago de la Virgen del Pilar, a la que reverencia el valenciano san Vicente Ferrer.

Montserrat y la Casa de Aragón

El segmento más necio del nacionalismo catalán, que tiene más seguidores esta temporada, ha convertido a la última rama de la Casa de Aragón, titular de la Corona desde el Compromiso de Caspe (1410), en algo ajeno y detestable. Resulta que los llamados Trastámara, encabezados por el hijo de una princesa de Aragón -y, por lo tanto, nieto de Pedro IV el Ceremonioso-, son reducidos a la 'vergonzosa' condición de castellanos. Estos 'extranjeros' fueron grandes devotos de la 'Moreneta', empezando por el primero, Fernando el de Antequera, y concluyendo con su tataranieto, Carlos I, y el hijo de este, Felipe II. Se cuenta de ambos que se fueron de este mundo con un cirio montserratense entre las manos. Felipe II invirtió una fortuna en despejar el acceso al monasterio, tan favorecido por su padre y su bisabuelo.

Fue uno de estos reyes de Aragón tan denostados quien hizo de Montserrat un lugar de importancia mayor. No había allí sino ermitaños aislados y escasos, de forma que no se correspondía la devoción de las gentes con la materialidad del santuario. Para constituir una abadía, se precisaba una docena de monjes, como mínimo. El rey los hizo llegar de Valladolid. Así empezó la prosperidad material de ese centro religioso, por el que sienten tanta inclinación quienes usan el significado sentimental del fenómeno en provecho de sus tesis políticas. El rey que tal hizo en 1493 fue el aragonés Fernando el Católico, V de Castilla y II de Aragón.

Virolai para españoles

El lay es una canción medieval francesa ('laid', en gaélico, 'Leicb', en alemán). Si requería repetir ('virar') un verso o un paso de danza, era un 'virelay'. Los lais decían historias -del rey Arturo, de Carlomagno, de los antiguos romanos- o frases amorosas, con tiernas expresiones como «ni vos sin mi, ni yo sin vos» y cosas así. Hoy, el virolai más famoso es un canto a la Virgen de Montserrat. Tiene letra de 'mosén Cinto' -Jacinto Verdaguer- y música de Josep Rodoreda, que ganó el concurso para el 'Birolay' (sic) oficial en 1880.

El nacionalismo catalán, omnívoro como todos -y hoy en fase bulímica-, hace del Virolai y de Montserrat símbolos políticos exclusivistas. Pero lo que Verdaguer escribió a la Mare de Déu de Montserrat fue un dulce requiebro: «Deis catalans sempre sereu Princesa, deIs espanyols Estrella d'Orient». Y, en un segundo poema, le pidió que abrigase a España, su reino amado, bajo el ala, como a un nidito: «Abrigau a tota Espanya, lo regne de vostre amor, cam un niuet sota l'ala». Todo nacionalismo, por necesidad, es denodado fabricante de recuerdos postizos, incluso religiosos. La receta contra este fuerte tósigo es la información solvente.

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