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jueves, diciembre 11

Baccarat: cristal de reyes



(Un texto de Ana Ramírez en el suplemento dominical de El Mundo del 23 de febrero de 2014)

Es el sobrenombre con el que se conoce a las vajillas, lámparas y piezas ornamentales de la firma maestra del soplado que cumple 250 años. Por algo han sido históricamente sus principales clientes. 

EI trato benévolo en los aranceles aduaneros está en el origen de una firma más que bicentenaria que brilla con el mismo brillo que refleja su cristal. En 1816 Luis XVIII concedió al dueño de la cristalería belga Vonêche, Aimé-Gabriel d'Artigues, una exención de aquellas tasas; eso sí, a cambio el rey francés le puso como condición que creara una fábrica en su territorio. El avispado empresario adquirió entonces un taller de vidrio que, con el nombre de Verreries Sainte Anne, funcionaba desde 1764 en las márgenes del río Meurthe, en el pueblo de Baccarat (Lorena).

Realidades tan prosaicas como la política tributaria no han de hacer sombra a la fulgurante historia de Baccarat, que discurre paralela a dinastías reales, grandes mandatarios; exposiciones universales, reconocimientos y medallas de oro, avances tecnológicos, y anécdotas, claro. Como la de ese maharajá (el de Gwalior para más datos) al que se le desplomó el techo del palacio al colgar la lámpara de araña que, ni que decir tiene, se hizo añicos; encargó de nuevo la pieza, reconstruyó el derrumbado salón y probó su resistencia colgando su elefante más colosal.

Con caprichosos encargos y alardes por cuenta propia, la firma ha ido componiendo un catálogo de leyenda: el candelabro de 140 luces para la primera Exposición Universal de París (1855); los jarrones Simon creados para la de 1867 con su icónico cristal Ruby Red (que se logra al mezclar polvo de oro de 24 quilates); el elegante y atemporal diseño facetado de la copa Hancourt (1841), que sigue siendo el bestseller de la casa y del que hay ediciones grabadas para personajes como Napoleón III o Juan Pablo II; los primeros candelabros con luz eléctrica como el llamado El Zar, para Nicolás II (la fascinación por Baccarat de la corte imperial hizo que uno de los hornos de la fábrica se reservara para atender los encargos rusos); los frascos conmemorativos del enlace entre Raniero de Mónaco y Grace Kelly con sus iniciales... […]

El secreto de tan coruscante trayectoria no hay que buscarlo más allá de lo transparente: el cristal. El de Baccarat contiene un 30% de óxido de plomo, lo que si bien le hace más pesado, también le dota de gran calidad y un carácter sin igual: más fácil de trabajar y con mejor índice de refracción. Sus reputados maestros llevan generaciones moldeándolo en dos tiempos: en caliente, para dar forma, y en frío, para esculpir las ornamentaciones que le hacen destellar. Su principal destino siguen siendo las mesas de medio mundo: según los últimos datos disponibles, de 2012, las vajillas copan el 35% de sus ventas (seguidas de la decoración y la iluminación con el 27% y el 23% respectivamente). En ese mismo año, el resultado económico de la empresa, con 1.235 empleados, arrojó un volumen de ventas cercano a los 160 millones de euros, de los que un 69% procede de la exportación.

Con motivo del 250 aniversario ven la luz colecciones que rinden tributo a iconos de su historia, como la reedición del Sun Clock que Arthur Miller compró en su día para decorar el apartamento en Manhattan que compartía con Marilyn Monroe. Y precisamente […] 2014 [culminó] con un nuevo hito: la apertura en Nueva York del primer hotel Baccarat.

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