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sábado, julio 22

El Nadal, más de 70 años y más joven que nunca



(Un texto de Matías Néspolo en El Mundo del 29 de diciembre de 2013. Casi son 75 años ya, pero el artículo sigue vigente)

El […] día de Reyes, el galardón de novela más longevo de España cumple [más de] siete décadas de vida en plena forma y con una envidiable nómina de aciertos entre sus apuestas de autores noveles. 

El modelo se ha repetido hasta el hartazgo, con todos sus fallos inevitables, vicios latentes y tergiversaciones posibles en un verdadero aquelarre de galardones literarios para todos los gustos -en apogeo hasta la consabida crisis-, pero el original sigue allí, incólume y en perfecto estado de salud, a pesar de su longevidad, sin apenas variaciones. Un premio literario organizado por una casa editorial a obra inédita, con el objetivo de descubrir nuevos valores y aprovechar el evento como montaje promocional y reclamo a los potenciales lectores. Hay otros modelos, por supuesto, pero cada sistema literario e industria del libro inherente adoptan el suyo. Y si Francia tiene su Goncourt y Reino Unido, el Booker, España tiene su veterano Premio Nadal de Novela, que celebra en la tradicional velada del […] día de Reyes su […] aniversario. Lejos está de la inocente pureza de sus comienzos; pero sigue cumpliendo con mérito su función, y los servicios prestados a la literatura hispánica, en sus casi tres cuartos de siglo de historia, son innegables.

Todo comenzó el verano de 1944 cuando un treintañero Ignacio Agustí junto a sus colegas editores del semanario Destino José Vergés y Joan Teixidor deciden estimular la convaleciente narrativa de posguerra con un premio de novela a la manera de los galardones Crexells y Folguera, de los años de la República. Redactan las bases y, como pequeño homenaje, lo bautizan con el nombre del redactor jefe del semanario, Eugenio Nadal, fallecido de leucemia ese mismo año. Se fallaría la noche del 6 de enero, en cierto modo para desintoxicar del exceso navideño del régimen, y completarían el jurado los críticos literarios Juan Ramón Masoliver y Rafael Vázquez Zamora.

De los primeros 29 manuscritos recibidos, las cartas ya parecían beneficiar a César González Ruano y al gallego Álvarez Vázquez que se disputarían el premio, pero llegó un último original por correo a la redacción de Destino sobre la fecha límite de admisión. Comenzaba así: "Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado y no me esperaba nadie». Lo firmaba una jovencita desconocida de 23 años llamada Carmen Laforet. Se trataba de Nada, la novela que se impuso en las deliberaciones de la velada del 6 de enero de 1945 en el Café Suizo de Barcelona (a partir de 1958 la fiesta se trasladaría al Hotel Ritz, hoy Hotel Palace, donde permanece hasta la actualidad).

Laforet recibiría 5.000 pesetas de dotación -una pequeña fortuna en tiempos de carestía, teniendo en cuenta que una radio a transistores nueva costaba 500 pesetas de aquel entonces- por la obra que se inscribiría sin ambages en el gran canon de la literatura española del siglo XX. Y lo que a primera vista invita a pensar en un descomunal golpe de suerte en la puntería del jurado no lo fue en absoluto, porque el caso de Laforet ilustraba a las claras el espíritu del nuevo premio de novela, cuyos impulsores estaban dispuestos a arriesgarlo todo en el descubrimiento de nuevas voces y a no hacer concesiones a la tibia literatura oficialista del régimen franquista.

La calidad literaria era el único criterio válido, aunque se acabaran imponiendo, como en el caso de Nada, novelas extremadamente críticas con el régimen. Por otro lado, la liturgia del premio y la difusión del fallo, ya irreversible, eran una estratagema óptima para sortear la censura.

Y el espíritu del premio venía reforzado además por un idéntico espíritu editorial de la casa homóloga, Editorial Destino, que había inaugurado su catálogo en 1942 con Cavilar y contar de Azorín. Como fuera, la confirmación de esa línea precursora tan beneficiosa para la literatura con mayúsculas llegaría dos años después con la consagración de un joven y también desconocido autor novel de Valladolid, Miguel Delibes, en 1947 con La sombra del ciprés es alargada.

Es cierto que en sus 70 años de historia el Nadal ha estado muy lejos de ser infalible, a muchos galardonados se los ha tragado piadosamente el olvido, o al contrario: Juan Benet con Volverás a región jamás fue leído por el jurado porque ni siquiera pasó la primera selección.

También se ha mostrado refractario a los autores hispanoamericanos, sólo dos colombianos, Manuel Mejía Vallejo y Eduardo Caballero Calderón, y un argentino, Juan José Saer, lo ganaron. Puede que incluso haya cedido en ocasiones a modas y operaciones comerciales: la obra finalista de 1994, Historias del Kronen de José Ángel Mañas, vendió varias veces (80.000 ejemplares) lo que la ganadora, Azul de Rosa Regás.

Pero sin duda la historia de la novela española del siglo XX no se podría escribir sin el grueso de su nómina de premiados: Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Ramiro Pinilla, Álvaro Cunqueiro, Francisco Umbral, Fernando Arrabal, Juan José Millás, Rafael Argullol, Francisco Casavelia, Maruja Torres y el largo etcétera de una historia que aún no ha acabado.

En la órbita de Planeta

Desde comienzos de los 90, con la adquisición por parte del grupo de José Manuel Lara de Editorial Destino, el premio literario más antiguo de España quedó sumido en la gran órbita Planeta. Para algunos de sus detractores comenzó entonces una etapa marcada por una orientación más comercial que literaria. Sin embargo, el repaso de los autores premiados desde entonces: Alfredo Cande, Gustavo Martín Garzo, Lorenzo Silva, Andrés Trapiello, Pedro Zarraluki, Eduardo Lago, Francisco Casavella, Alicia Giménez Bartlett o Álvaro Pombo, entre otros citables, más bien desmiente la hipótesis. Lo que sí es cierto es que el premio se tomó un tanto conservador y perdió buena parte de la osadía y el riesgo con los que coronaba antaño a autores noveles o prácticamente desconocidos. La sorpresa regresó en la edición 2013 con la segunda novela del periodista cultural Sergio Vila-Sanjuán Estaba en el aire. Puede que buena parte de los 231 autores que han enviado su manuscrito a concurso para la edición del 70 aniversario sean noveles, jóvenes o poco conocidos y confíe en que el jurado vuelva a reparar en las nuevas voces, y no tanto en los autores consagrados.

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