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sábado, mayo 30

Zaragoza desconocida: Cementerios alemán y musulmán

(Un texto de Soledad Campo en el Heraldo de Aragón del 12 de octubre de 2013)

Forman parte de la historia de Torrero desde que en la Guerra Civil comenzó a enterrarse en ellos a los soldados musulmanes y alemanes fallecidos en combate. Dos peculiares necrópolis ajenas al trajín de visitantes.

Pasearse por estos dos pequeños camposantos es como acercarse a la herencia germana de la capital aragonesa y palpar una realidad multicultural. Los orígenes de ambos se remontan a la Guerra Civil, cuando se comenzaron a utilizar para que se enterrasen en ellos a los soldados caídos en combate. En los últimos años las comunidades musulmán y alemana trabajan, con mayor o peor fortuna, para recuperar del olvido estos remansos de paz, evitar que el inevitable deterioro siga haciendo mella en ellos y rescatar la memoria de sus ancestros. Que nadie espere un alarde artístico al adentrarse en ellos.

Al final de la avenida de América, en un lateral de la tapia de Torrero, hay dos cancelas cerradas por un candado. Sobre esa puerta puede leerse en letras grandes la leyenda «Deutscher Friedhof» (cementerio alemán). De él cuida la Asociación para la Administración y Conservación del Cementerio Alemán en Zaragoza, creada oficialmente en 1983 por los descendientes de la colonia germana que llegó a la capital aragonesa durante la Primera Guerra Mundial y dueña de los terrenos.

Todo empezó un mes de mayo del año 1916, cuando llegaron a Zaragoza 347 internados alemanes procedentes de Camerún. Su historia e influencia en la capital aragonesa las rastrea el escritor y periodista Sergio del Molino en el libro 'Soldados en el jardín de la paz'. El recinto se inauguró oficialmente el 6 de noviembre de 1941 (año de la cesión del lugar por parte del Ayuntamiento), aunque hay tumbas anteriores a esas fechas, y quedó a cargo del cónsul alemán en la ciudad. La propia colonia se encargó de mantener el lugar desde que en 1945 el consulado germano pasó a ser honorario. Entre las alrededor de 60 lápidas que uno puede llegar a contar conviven las rotas y con inscripciones prácticamente borradas y difíciles de descifrar, con las más actuales y cuidadas. Aunque no tiene un carácter castrense, aquí están las losas de soldados de las dos guerras mundiales y de la contienda española. Sus restos, según consta en el Ayuntamiento de Zaragoza, fueron trasladados en 1982 al cementerio de Yuste (Cáceres), donde se encuentra el único camposanto militar alemán de España.

El pequeño recinto tiene acceso independiente y hay que pedir una llave a la agrupación que cuida de él. Está separado del resto de Torrero por un muro y se ha instalado una valla metálica para evitar actos vandálicos. «En la asociación somos una treintena de personas que pagamos una cuota para mantener el lugar limpio y decente», cuenta Alfonso Kurtz, uno de sus miembros más veteranos. «Hemos intentado ponernos en contacto con familiares de personas enterradas aquí para que repararan tumbas, pero como muchos están fuera de España es difícil». Aquí descansa el músico aragonés Mauricio Aznar desde hace 13 años [en 2013] se han registrado dos inhumaciones.

Para llegar al cementerio musulmán uno tiene que adentrarse en Torrero y caminar hacia el extremo colindante con la Z30. Un cartel lo anuncia en español y árabe, aunque en la valla alguien ha escrito en árabe «Dios es único y Muhammad es su mensajero».

El profano en este tipo de necrópolis se sorprende al primer vistazo, no solo porque las fosas estén orientadas hacia la Meca, sino por la humildad de las tumbas. Dos ladrillos tabiqueros rojizos colocados a la cabeza y los pies las delimitan (en uno de ellos figura el nombre del fallecido) y entre ambos solo hay un promontorio de tierra, rodeado de piedras, que apenas levanta un palmo del suelo. Una muestra de que la muerte iguala a todos. Solo algunos lucen cartelas o flores y el mayor exceso son las tres o cuatro lápidas de baldosines.

«En nuestra religión el entierro debe ser algo muy sencillo», explica Abderrahmen Ben Chaabane, miembro de la comisión mixta de seguimiento del convenio suscrito en mayo [de 2013] por el Ayuntamiento y la comunidad islámica para la gestión del recinto. En líneas generales, el colectivo musulmán se encarga de la gestión directa del nuevo edificio construido para tanatorio (una antigua reivindicación) y realiza la ceremonia preparatoria del cadáver (se lava, purifica y perfuma para después envolverlo en un sudario blanco), además de llevar a cabo los enterramientos. El consistorio realiza los huecos para las sepulturas y autoriza las inhumaciones.

En una rotonda central hay una estrella de ocho puntas (se usan en el Corán para marcar el final de un capítulo), como en las ventanas del tanatorio y las cancelas que dan a la Z30 (por el exterior tienen una media luna y nunca se abren). Se inhuman no solo musulmanes fallecidos en la ciudad, sino también procedentes de Navarra, País Vasco, Logroño y Lérida. En 2012 se enterraron 16 niños y 3 adultos. Ahora, la comunidad quiere regular mejor el tipo de tumbas, esas que, como dice Abderrahmen Ben, «nos recuerdan que todos somos iguales y nos hacen más humildes».

Los enterramientos musulmanes llaman la atención por su extrema sencillez, con dos ladrillos tabiqueros rojizos y un promontorio de tierra rodeado de piedras.

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viernes, mayo 29

Educar

(Poema de Fermín Gainza, del libro "Casi puro rezo", falsamente atribuido a Gabriel Celaya*)

Educar es lo mismo
que ponerle un motor a una barca.
Hay que medir, pesar, equilibrar…
y poner todo en marcha.

Para eso
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de pirata,
un poco de poeta
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco –ese niño‒
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.

Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos
seguirá nuestra bandera enarbolada.

(*) Para saber más sobre la falsa atribución: https://retratoliterario.wordpress.com/2023/06/09/educar-es-un-poema-de-celaya/ 

 

 

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jueves, mayo 28

Abel y Caín, un cuento de Jorge Luis Borges.

Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen.

Abel contestó:
-¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes. 

-Ahora sé que en verdad me has perdonado dijo Caín-, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar.

Abel dijo despacio:
-Así es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa.

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miércoles, mayo 27

Sobre Patricia Highsmith

(Una publicación de Arturo Ortega Blake en el muro de Fb de Novela Histórica leída el 2 de abril de 2026)
 En 1950, una joven de Texas publicó una novela titulada Extraños en un tren. Alfred Hitchcock, el maestro del suspenso, compró los derechos de inmediato por una miseria (apenas 7,500 dólares). Pero lo que Hitchcock no sabía es que la autora, Patricia Highsmith, era mucho más inquietante que cualquier villano de celuloide.

El método: La amoralidad como arte

Highsmith rompió la regla de oro de la literatura policial: en sus libros, el crimen suele quedar impune. Ella no buscaba la justicia, buscaba la lógica del deseo. Su creación más famosa, Tom Ripley, es un asesino encantador, culto y trepador social al que el lector acaba apoyando.
 
¿Cómo lo lograba? Patricia escribía desde la "identificación con el criminal". Decía que todos llevamos un asesino dentro, solo que la mayoría somos demasiado cobardes para dejarlo salir. Su método era la tensión psicológica sostenida, donde el miedo no viene de un disparo, sino de una conversación educada durante la cena.

El secreto de los caracoles

Patricia era huraña, alcohólica y profundamente misántropa. Odiaba las reuniones sociales y prefería vivir aislada en Suiza o Francia. Su obsesión más extraña eran los caracoles. Llegó a tener más de 300 en su casa.
 
Se cuenta que una vez, para asistir a una fiesta en Londres, metió a varios de sus caracoles favoritos en su bolso, junto con una cabeza de lechuga, para que no se sintieran solos. Los observaba durante horas; le fascinaba su hermafroditismo y su lentitud implacable. Esa misma paciencia "de caracol" es la que aplicaba a sus tramas: un avance lento, viscoso y asfixiante hasta que la víctima no tiene escapatoria.

Carol: El libro que tuvo que esconder

En 1952, publicó El precio de la sal (luego titulada Carol). Fue una revolución: una historia de amor entre dos mujeres con un final que no terminaba en suicidio ni en tragedia, algo inaudito para la época.
 
Tuvo que publicarla bajo el seudónimo de Claire Morgan para proteger su carrera. Recibió miles de cartas de mujeres agradecidas por haberles dado esperanza. Highsmith, que vivió amores tormentosos y obsesivos con mujeres a las que terminaba detestando, solo reconoció la autoría del libro 40 años después.
La arquitectura del aislamiento
 
Sus últimos años los pasó en una casa en Suiza que ella misma diseñó como una fortaleza. No tenía ventanas hacia la calle, solo hacia un patio interior. Allí, rodeada de sus gatos y sus herramientas de carpintería (le encantaba fabricar sus propios muebles), Patricia Highsmith siguió diseccionando la culpa y el miedo hasta su muerte en 1995.
 
No dejó herederos humanos; dejó una fortuna a la colonia de artistas de Yaddo y un legado de libros que nos obligan a mirar nuestras propias sombras.

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martes, mayo 26

¿Centros de datos, islas de calor?

(Leído en el muro de Fb del Heraldo de Aragón el pasado 13 de abril)

Un estudio internacional avisa de que los centros de datos no solo consumen una ingente cantidad de recursos, sino que generan auténticas "islas de calor" al elevar, de media, la temperatura de la superficie terrestre en 2 grados centígrados en su entorno (un perímetro de 10 kilómetros). El análisis se basa en mediciones de la NASA donde hay más de 6.733 complejos, incluidos los que están en servicio en Zaragoza y Huesca.
 
Incide en que sus efectos se verán agravados por el uso de la inteligencia artificial, dado que se estima que en un horizonte de entre tres y cinco años "el consumo energético para el procesamiento de datos superará el presupuesto estimado para la fabricación", lo que está directamente relacionado con la disipación del calor que liberan los equipos informáticos.
 
Esta es la principal conclusión del estudio liderado por un profesor asociado del Grupo de Observación de la Tierra de la Universidad de Cambridge, Andrea Marinoni, con la colaboración de otros nueve expertos de las universidades de Grenoble, Génova y Hong Kong, y que se basa en el análisis de la evolución de la temperatura en las dos últimas décadas (de 2004 a 2024) con las mediciones satelitales de la NASA de los emplazamientos de los centros de datos.

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lunes, mayo 25

La magia del formato JPG

(Leído en el muro de Ciencia al límite en Facebook hace unos meses)

El formato JPEG (Joint Photographic Experts Group) es mucho más que una simple extensión de archivo; es una de las piezas de ingeniería matemática más elegantes de la era digital. Su objetivo es resolver un problema de eficiencia: ¿cómo reducir el tamaño de una imagen sin que el ojo humano note una pérdida de calidad significativa?
 
​Para lograrlo, el JPEG no guarda píxeles, guarda frecuencias.
 
​1. El Espacio de Color: De RGB a YCbCr ​El primer paso no es puramente matemático, sino biológico. El ojo humano es mucho más sensible a la brillantez (luminancia) que al color (crominancia). Por ello, el JPEG convierte el modelo RGB en YCbCr: ​Y: Luminancia (brillo).
 
​Cb y Cr: Crominancia (componentes de color azul y rojo). ​Esto permite aplicar un "submuestreo", descartando información de color que no somos capaces de percibir, reduciendo el peso del archivo antes incluso de empezar con el cálculo pesado. ​
 
2. La Transformada Discreta del Coseno (DCT) ​Aquí reside el corazón matemático del proceso. La imagen se divide en bloques de 8 x 8 píxeles. Cada bloque pasa por una operación denominada Transformada Discreta del Coseno. ​En lugar de ver el bloque como 64 puntos de color independientes, la DCT lo descompone en una suma de 64 patrones de ondas de diferentes frecuencias.
 
​El coeficiente DC representa el promedio de brillo del bloque. ​Los coeficientes AC representan las variaciones (detalles) de alta y baja frecuencia. Este paso es reversible y no pierde información por sí mismo; simplemente traslada los datos del "dominio del espacio" al "dominio de la frecuencia". 
 
​3. Cuantificación: Donde ocurre la magia (y la pérdida) ​Es en este paso donde el JPEG se vuelve un formato "con pérdida". Se aplica una matriz de cuantificación que divide cada coeficiente de la DCT por un valor específico y luego redondea al entero más cercano.
 
​Las frecuencias altas (detalles muy finos) suelen tener valores pequeños que, al ser divididos por números grandes en la matriz, se convierten en cero. El cerebro humano apenas nota la ausencia de estas frecuencias ultra-rápidas. Al final de este proceso, la mayoría de los 64 coeficientes del bloque terminan siendo ceros, lo que facilita enormemente la compresión posterior. ​4. Codificación Entrópica (Huffman) ​Finalmente, los datos restantes se organizan en un orden de "zig-zag", colocando los ceros juntos. ​Se utiliza la codificación de Huffman, un algoritmo que asigna códigos más cortos a los valores que aparecen con más frecuencia. Es como crear un alfabeto personalizado para cada imagen donde las "letras" más comunes ocupan menos espacio en la memoria. ​
 
En resumen ​El JPEG es un triunfo de la aproximación: utiliza la trigonometría para identificar qué partes de una imagen son vitales y la estadística para empaquetar lo que queda de la forma más compacta posible. Cuando ves un "artefacto" o ruido en una imagen muy comprimida, lo que estás viendo en realidad es el eco de una función coseno que no tenía suficientes datos para completarse correctamente.
 

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domingo, mayo 24

Tanto Juan como Pedro supo/supieron lo que ocurría

(Leído en el muro de Amantes de la ortografía en Facebok)
 
La respuesta correcta es la opción B).
Al usar la fórmula «tanto... como...», estamos sumando a dos personas dentro de la oración. Esta estructura funciona exactamente igual que si se usara la conjunción «y», por lo que el sujeto se vuelve plural y obliga al verbo a concordar con ambos. En conclusión, como tanto Juan como Pedro realizaron la acción, el verbo debe escribirse siempre en plural para que la frase tenga sentido gramatical.

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