(Un texto de Javier P. Martínez
en la revista Fotogramas del 25 de febrero de 2022 a propósito del 50º
aniversario de la película)
Esta es la historia de cómo un
actor que estaba acabado accedió a regañadientes a hacer la interpretación más
importante de su carrera, una que acabaría figurando entre las más memorables
de la historia del cine.
El primer atisbo que vemos de
Don Vito Corleone al principio de ‘El padrino’, después de oír las famosas
notas de Nino Rota y el comienzo del monólogo recitado por Bonasera (Salvatore
Corsitto), es su mano. Está apoyada en su barbilla para escuchar la inoportuna
petición de este conocido el día de la boda de su hija. Como el hombre
respetuoso, calmado y honorable que es, le escucha con atención. Su mano se
mueve para pedir que alguien ofrezca a Bonasera un trago para calmar sus
lágrimas. Antes de ver su cara, oímos su voz rasgada. “¿Por
qué acudiste a la policía y no viniste a mí primero?”. Francis
Ford Coppola no cambiará de plano hasta que Bonasera le susurre al oído al Don
su petición; entonces vemos un primer plano del rostro disgustado de Marlon
Brando. Son los primeros minutos de una interpretación monolítica e
inolvidable.
Y pensar en cuántas cosas podrían
habérnosla arrebatado. La participación de Marlon Brando en ‘El padrino’ fue
primero una cruzada para el director (en la que recibió la ayuda de varias
personas), después una transformación imponente, seguida por un rodaje movidito
y finalmente dio lugar a un controvertido Oscar. Esta
es la historia de cómo un actor que estaba acabado accedió a regañadientes a
hacer la interpretación más importante de su carrera, una que acabaría
figurando entre las más memorables de la historia del cine.
Cuando Mario Puzo escribió la
novela en la que se basa la trilogía, se inspiró para la
figura de Vito Corleone en un puñado de mafiosos reales de la New York de
mediados del siglo XX, entre ellos Carlo Gambino, Frank Costello, Joe Bonanno y
Joe Profaci. A Costello, apodado el “Primer Ministro” de la
Mafia, se le conocía por su diplomacia y su tendencia a la razón por encima de
la violencia. Él nació, como Vito Corleone, en el año 1891, y se enriqueció
gracias a vicios ajenos supuestamente menores como las apuestas o el
contrabando de alcohol. Él también prohibió a sus subordinados traficar con
heroína, como también acabaría sobreviviendo a un tiroteo y muriendo de causas
naturales. Gambino, por su parte, tenía tres hijos y una hija, como el Don,
estaba en contra de la venta de heroína y fue espiado por el FBI. En cuanto a
Profaci, era el rey del aceite de oliva en Long Island, producto que Vito
Corleone importaba.
Puzo escribió ‘El
padrino’ con Marlon Brando en su mente, por lo que él acabaría
abogando por el actor cuando Paramount empezó a desarrollar su adaptación con
Coppola a la cabeza. Este también quería a Brando para el papel, pero tendría
que luchar con uñas y dientes para conseguirlo. Todo Hollywood sabía que Marlon
Brando era un empleado difícil, por ponerlo en palabras amables. Insubordinado,
impuntual, arrogante y con fama de crear contratiempos que acababan
encareciendo las producciones, cometió el pecado capital para los estudios:
protagonizar varias películas que fracasaron en taquilla.
A finales de los años
60, Brando era un paria y se consideraba persona non grata en cualquier
proyecto de envergadura. Los ejecutivos de Paramount, con
Charles Bluhdorn y el presidente Stanley Jaffe a la cabeza, querían básicamente
a cualquiera menos a Brando. Barajaron nombres como Ernest Borgnine, Richard
Conte, Anthony Quinn, Carlo Ponti o Danny Thomas. Este último les parecía
especialmente atractivo porque tenía su propia productora que podría unir
fuerzas con Paramount para cubrir los costes de la película. Pero Coppola les
dijo que había llamado a Brando, lo que les enfureció tanto que casi le
despiden entre gritos.
Esa explosiva reunión ocurrió un
viernes. En aquel momento, Marlon Brando tampoco
estaba muy seguro del proyecto. Estaba hasta el cuello de deudas, tenía
sobrepeso, sufría una depresión y era adicto al valium. Él
mismo se negaba a trabajar. Aquí entran en juego dos personas muy importantes
en esta historia: Mario Puzo y la asistente de Brando. El autor estaba
realmente empeñado en que Brando interpretara a Don Corleone, tanto que él
también se lo propuso a Paramount (sin mucho resultado) y le escribió una famosa
carta al actor. Decía así:
Estimado señor Brando:
He escrito un libro titulado 'El
padrino' que ha tenido algo de éxito y creo que eres el único actor que puede
interpretar al Padrino con esa fuerza silenciosa e ironía (el libro es una
crítica irónica a la sociedad estadounidense) que el personaje necesita. Espero
que puedas leer el libro y que te guste lo suficiente para usar el poder que
tengas para conseguir el papel. Voy a escribir a Paramount con el mismo
objetivo por si ayuda de algo. Sé que estoy siendo presuntuoso pero lo menos
que puedo hacer por el libro es intentarlo. Realmente creo que serías genial.
Huelga decir que he sido un admirador de tu arte.
Mario Puzo
PD: Un amigo de ambos, Jeff
Brown, me ha dado tu dirección.
Por aquella época, la asistente
de Brando, Alice Marchak, estaba desesperada por ayudarle a conseguir trabajo.
Leía todos los guiones que le llegaban y le proponía los más interesantes, pero
él no tardaba ni un segundo en desestimar todas las propuestas. Marchak fue la
que leyó la carta de Puzo, no Brando, que no estaba interesado en el proyecto
porque, según dijo: “No soy un padrino de la mafia. No voy a
glorificar la mafia”. Pero ella le conocía como solo un
asistente puede conocer a una estrella de Hollywood, y empezó a dejarle caer
nombres de actores que Paramount estaba considerando para el papel, apelando a
su gran ego. Algunos de esos nombres se los inventó.
También le dejó la carta de Puzo
sobre la mesilla de noche, lo que hizo que finalmente Brando la leyera. Llamó
al autor para agradecérselo, contándole que no la veía como una historia de
violencia sino “sobre la mente corporativa”.
El lunes después de aquella catastrófica reunión en las oficinas de Paramount,
Marlon Brando le dijo a Francis Ford Coppola que estaba interesado en el papel,
que le parecía “delicioso” tras haber leído la novela. “¡La
mafia es tan estadounidense!”, diría después. “Para
mí, algo clave en la historia es que cuando mataban a alguien se trataba de
algo reglamentario. Antes de apretar el gatillo decían: ‘Solo es negocios, nada
personal’. Cuando leí eso me vinieron a la mente McNamara, Johnson y Rusk”,
aseguró refiriéndose a los responsables de la guerra de Vietnam, a la que él
tanto se opuso.
Eso sí, hizo falta un último
empujón por parte de su asistente. La cosa es que el director y el productor Al
Ruddy estaban entre él y Laurence Olivier. Este tenía la edad adecuada para
interpretar al Corleone de 62 años, pero estaba enfermo; Brando solo tenía 47
años. Marchak le contó esto a su jefe, y él se decidió en ese mismo momento. “¡Ese
no puede interpretar a un don de la mafia!”, dijo.
La metamorfosis del bulldog
A los ejecutivos de Paramount,
como era de esperar, no les gustó volver a oír el nombre de Marlon Brando. “Como
presidente de Paramount Pictures, tengo que decirte ahora que bajo ninguna
circunstancia aparecerá Marlon Brando en ‘El padrino’. Y, como presidente, ya
no quiero seguir gastando el tiempo de la compañía ni en discutirlo”,
le dijo Jaffe a Coppola. Pero el director consiguió argumentar su propuesta con
varias razones en una presentación de cinco minutos. Por un lado, pensaba que
el prestigioso actor le daría cierta clase a la película y además su reputación
y el respeto que todos sus colegas le profesaban proporcionaría a Vito Corleone
esa sensación de estatus necesaria. Otro motivo era el acento neoyorquino que
había perfeccionado en su interpretación como Terry Malloy en ‘La ley del
silencio’, muy importante para clavar el dialecto italoamericano de Don
Corleone.
Finalmente accedieron a la
petición de Coppola, pero poniendo tres condiciones:
tendría que trabajar sin cobrar un salario, adelantaría una fianza monetaria de
un millón de dólares para cubrir cualquier gasto que surgiera por su culpa, y
se sometería una prueba de casting. Por supuesto, el director
no le contó nada de esto a Brando.
El actor cobró unos 50.000
dólares por su trabajo, una pequeña fracción de su caché en aquel momento (al
final acabaría cobrando más de un millón de dólares en royalties). En cuanto a
la prueba de casting, se la hizo sin decirle que se la estaba haciendo. Acudió
a la casa de Brando en California con un equipo de vídeo y maquillaje
diciéndole que quería grabar su transformación en Don Vito Corleone. Él
apareció con su larga cabellera rubia y vestido con un kimono, pero contra todo
pronóstico se había preparado a fondo. Coppola llenó la mesa de quesos
italianos, carne, puros y vino mientras el actor se metió unos
pañuelos en los carrillos y en los orificios de su nariz para moldear el rostro
con forma de “bulldog” que describía Puzo en su novela. Se
aplicó betún negro sobre el pelo, que se recogió en un moño, y también en las
ojeras para ensombrecerlas. Cuando empezó a hablar, lo hizo con una voz rota
porque imaginó que el Padrino había recibido un tiro en la garganta en el
pasado. Entonces cogió una taza de café y un puro y empezó a andar mientras
recitaba texto.
Cuando Coppola les mostró esta
grabación a los ejecutivos de Paramount, Bluhdorn ni siquiera reconoció a
Brando. “¿Qué estamos viendo? ¿Quién es este
conejo viejo?”, dijo asombrado. Entonces le dijeron que era
Marlon, y decidieron contratarle.
Su preparación para el papel
consistió en una sumersión en el mundo de la mafia. Escuchaba
cintas de un juicio en el que había participado Frank Costello, uno de los
mafiosos reales en los que se inspiraba Puzo. También tuvo
muchas conversaciones con un actor de la película al que conocía desde ‘La ley
del silencio’, Al Lettieri, que tenía familia en la mafia. Incluso fueron
juntos una noche a cenar a casa de este familiar en Nueva Jersey.
La transformación física durante
el rodaje no consistió en trozos de pañuelos: el dentista Henry Dwoek y el
legendario artista de maquillaje Dick Smith diseñaron unas
prótesis bucales que Brando se introducía en la boca, además de una larga
sesión de maquillaje y látex líquido cada mañana para envejecerle, y no poca
grasa en el pelo.
El primer día de rodaje, Marlon
Brando no apareció. Pero solo fue un pequeño susto, o quizá un aviso. El resto
de la grabación de tres meses se portó bien (si obviamos que llegaba tarde y
volvió a faltar un día después de un parón de dos semanas). Realmente,
y a pesar de su fama, Marlon Brando no puso problemas en ‘El padrino’; de hecho
fue una figura conciliadora. Padre de más de una decena de
niños en su vida real y cabeza de todo un conglomerado de criminales en la
ficción, el actor asumió el papel de patriarca entre sus colegas. Rompía el
hielo con brindis, ofrecía consejos a diestro y siniestro, aliviaba la tensión
cuando era necesario, bromeaba y levantaba el ánimo de todos. También hacía
chistes verdes y tenía la broma recurrente junto a James Caan y Robert Duvall
de mostrar sus culos sin previo aviso en los momentos más inesperados, como en
la escena de la boda en la que estaban grabando junto a 500 figurantes.
Al director le puso el trabajo
fácil. Aceptaba sus sugerencias y seguía sus órdenes sin rechistar. “Si
sabes lo que quieres que haga, lo hace”, dijo Coppola. “No
necesita que le ‘motives’, como tantos otros actores. Puedes decirle, por
ejemplo, ‘Marlon, ¿puedes darme más rabia, por favor?’. Y tiene su propio
sistema para hacer esos retoques”. A pesar de su actitud
desenfadada, se tomaba muy en serio su trabajo y aplicaba el consabido método
permaneciendo dentro de personaje antes y después de las tomas. Se insertó
tapones en las orejas para poder experimentar la falta de audición que sufría
Corleone.
Y le encantaba improvisar y
aportar pequeños detalles a las escenas. El gato que acaricia en la primera
escena de la película fue idea de Coppola, que se lo dio en el último momento
sin avisarle. Él se limitó a acariciarlo con naturalidad. En la escena en la
que Johnny Fontane se queja porque un productor no le da el papel que quiere,
el propio Brando improvisó la bofetada para provocar una expresión de sorpresa
en Al Martino. Este no sabía si reír o llorar. La piel de naranja que pela y se
pone sobre los dientes en la escena de su muerte también fue idea suya, para
obtener una reacción de miedo del niño que interpretaba a su nieto. Él
mismo propuso que Corleone muriera con esos colmillos de mentira, como “un
monstruo tierno”, según contaría Coppola.
‘El padrino’ fue un proyecto que
la mafia siguió muy de cerca, con una mezcla de recelo y orgullo. Varios
miembros de estas organizaciones criminales participaban en el rodaje, ya fuera
como actores o como técnicos. Pronto se corrió la voz de la impresionante
interpretación que estaba llevando a cabo Marlon Brando, lo que causó que el
capo Joe Bufalino visitara el set cuando estaban grabando unas escenas en
Little Italy. Según contaría el actor en su autobiografía, el mafioso entró en
su tráiler y le dijo: “Hola, Marlo [sic], eres un gran actor”.
Después se quejaría de lo mal que le trataba el gobierno estadounidense y le
preguntaría por su gusto por los calamares.
‘El padrino’ también acabó
encantando a otra organización que nada tiene que ver con la mafia, en
principio: la Academia de Cine. Recibió once
nominaciones en los premios Oscar en 1973, de los cuales solo acabaría
llevándose tres frente a los ocho de ‘Cabaret’. Eso sí, la
película de Coppola recibió el premio al Mejor guion, a la Mejor película y al
Mejor actor, dando pie a uno de los momentos más polémicos de la historia de
los galardones.
Marlon Brando rechazó su segundo
Oscar, enviando en su lugar a la activista Sacheen Littlefeather a la gala. Littlefeather
subió al escenario y protagonizó un momento histórico explicando que Brando se
veía obligado a rechazar el premio debido a la mala representación que tenían
los indios nativos americanos en el cine y la televisión estadounidenses.
La grada cuchicheó incómoda, casi abucheó y finalmente aplaudió mientras la
activista abandonaba el escenario.
Curiosamente Vito
Corleone es uno de los dos únicos personajes en la historia del cine que han
valido el Oscar a dos actores distintos, ya que Robert De Niro
ganaría el premio en 1975 por interpretar la versión joven de Corleone en los
flashbacks de ‘El padrino: Parte II’. El otro personaje es el Joker, por el que
han recibido la estatuilla Heath Ledger y Joaquin Phoenix.
Para
Marlon Brando ‘El padrino’ supuso un punto de inflexión en una carrera que
parecía acabada. Después protagonizaría la controvertida ‘El último
tango en París’ de Bernardo Bertolucci, por la que también sería nominado al
Oscar. Pero Don Vito Corleone fue sin duda su último gran papel, al que le
siguieron algunos proyectos menores y uno de sus trabajos más problemáticos,
precisamente también a las órdenes de Francis Ford Coppola en ‘Apocalypse Now’.
Pero eso es otra (larga) historia.Etiquetas: Tardes de cine y palomitas