Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

viernes, mayo 1

Hoy tenemos luna llena (de mitos y leyendas)

(Un texto de Fernando Gomollón Bel en el Heraldo de Aragón del 2 de septiembre de 2020)

Luna, lunera y un poco embustera. Porque muchos de los ‘poderes’ que le atribuimos a nuestro agujereado satélite son mentira.

Este mes no quería seguir hablando del coronabicho. Bastante mal está dando por Aragón él solito como para darle más bombo. Así que, repasando la lista de ideas para desmitificar observé que muchas tienen algo en común: la luna. Y, oye, como precisamente hoy, 2 de septiembre, tenemos una preciosísima luna llena en el cielo, pensé que sería el momento ideal para ponerme a desmitificar varias leyendas selenitas de un plumazo.

El mito

Como ya comentaba más arriba, hay muchísimos mitos alrededor de nuestro precioso satélite. Hay quien dice que hace que las plantas y los cultivos crezcan más rápido. Otros defienden que las fases luna afectan a nuestro organismo, a nuestro estado de ánimo e incluso a nuestra fertilidad pero, ¿es cierto que hay más partos los días de luna llena? Además, cada poco tiempo las ‘superlunas’ invaden los titulares y telediarios. ¿Qué superpoderes tienen exactamente? Spoiler alert: ninguno. Pero seguid leyendo, que desmitificaremos estas cosicas una detrás de otra.

En menguante, nada plantes

Los mitos y leyendas sobre la influencia de la luna en las cosechas son tan famosos que te los encuentras hasta en el refranero. Y no es de extrañar, la verdad. Pensad que hace miles de años, nuestros ancestros no tenían calendarios, ni relojes, ni mucho menos hombres del tiempo. No tenían más remedio que observar a su alrededor para poder controlar el paso de los días, los meses y las estaciones. La luna viene estupendamente (casualmente, un ciclo lunar dura casi un mes) pero no tiene poderes mágicos. Es, al fin y al cabo, un calendario.

¿Y entonces, los tomates no crecen mejor si los plantas con luna llena? Pues igual sí. Pero igual no, porque la luna no influye en las cosechas. Y hay varios estudios científicos que lo demuestran. Entre ellos, el de unos escépticos australianos que plantaron 22 cultivos tanto en días supuestamente buenos como en fechas nada recomendadas. Tras observar los resultados y hacer un análisis estadístico no vieron diferencias significativas entre unas plantas y otras. Una publicación reciente de unos investigadores valencianos es todavía más concluyente: tras estudiar y revisar más de 120 artículos sobre el tema, afirman que “las relaciones entre la agricultura y las fases lunares no tienen ningún fundamento científico”. En resumen, que plantéis cuando mejor os venga.

Los partos y la luna llena

Otra creencia muy extendida sugiere que nacen más bebés las noches de luna llena. Bebés licántropos, quizás, pero bebés humanos, nasti de plasti. ¿Cómo lo sabemos? De nuevo, porque los científicos tienen mucho tiempo y se han dedicado a coleccionar datos durante mucho tiempo y ver si todas estas afirmaciones tienen algún sentido. En 2005, unos investigadores de Carolina del Norte, EE. UU., publicaron un estudio en el que analizaban más de 564.000 nacimientos ocurridos durante cinco años (o, si lo preferís, unos 62 ciclos lunares). No encontraron ninguna relación entre el número de partos y las fases lunares. Además, vieron que la fase lunar tampoco está relacionada con el nacimiento de prematuros, la necesidad de cesárea, ni las posibles complicaciones durante el parto. 

Un estudio de la misma época publicado por unos médicos gallegos llegó a la misma conclusión. Estos investigadores también plantean una hipótesis interesante para explicar el arraigo de este mito: la luna puede estar engañándonos. A simple vista, la luna parece estar llena un par de días antes y después de estar completamente llena. Es muy complicado distinguir el momento exacto a simple vista. Esto provoca que haya unos cinco o seis días al mes de luna 'casi-llena' y, claro, en cinco días hay muchos más partos que en uno. Un sesgo de confirmación, como ocurría en el caso de las 'reglas sincronizadas'. Los humanos tendemos a creernos más y mejor las historias que confirman nuestras creencias.

Superlunas de colores

De vez en cuando, Matías Prats abre el informativo delante de una foto de una luna enorme, y dice: “Hoy hay Superluna”. Los periódicos hacen lo mismo: 'Cómo ver la mayor superluna del año', rezaban los titulares hace unos meses. Pero, ¿qué narices es una superluna? ¿Tiene superpoderes? Y, lo más intrigante de todo, ¿por qué suelen tener siempre asociado un color?

Empecemos con el tema de los superpoderes. Sea del color que sea, la superluna no tiene ninguna propiedad mágica, lamentablemente. De hecho, el término 'superluna' es un invento de un astrólogo americano (que no astrónomo, ojo). En 1979, este señor se sacó de la manga esta palabra para justificar una supuesta asociación entre el horóscopo y ciertos desastres naturales. O sea, que además de ser una patochada, ni siquiera era, originalmente, algo bueno. Pero bueno, el teléfono roto y esas cosas.

La superluna es simplemente un momento en el que la luna está más cerca de la Tierra, lo que técnicamente se denomina perigeo. Esto ocurre varias veces al año, porque la órbita de la luna no es perfectamente circular, sino elíptica. Por eso, la distancia Tierra-Luna varía entre los 356.400 y los 406.700 kilómetros (miradlo bien si planeáis un viaje, porque el ahorro en gasolina puede ser importante). 

A veces, el perigeo -cuando tenemos la luna cerquita cerquita- coincide con la fase de luna llena, por lo que la vemos más gordita y hermosa de lo habitual. Por lo general, las diferencias de tamaño y de brillo son imperceptibles, pero de vez en cuando podemos observar una superluna verdaderamente especial, como ocurrió el 19 de marzo de 2011. Entonces, la luna llena estuvo a 356.577 kilómetros de la Tierra, casi en su perigeo, y pudo verse un 30% más brillante y un 14% más grande. Esto no había ocurrido desde 1993, y tardará otros 18 años en repetirse. Obviamente, tampoco tuvo superpoderes pero oye, las fotos quedaron preciosas.

¿Y los colores? Pues son una mezcla de ciencia y tradición. La luna azul, por ejemplo, no tiene nada de azul. Es, simplemente, un fenómeno curioso. Como los meses lunares son más cortos que los del calendario, a veces tenemos más lunas llenas que meses. Cada dos años y nueve meses, aproximadamente, nos toca una luna 'extra' que, tradicionalmente, se llama luna azul. Es muy común en la tradición anglosajona, que incluso incorpora esta luna azulada al refranero popular. 'Once in a blue moon' hace referencia a algo que ocurre muy de vez en cuando, de Pascuas a Ramos, o de higos a brevas. 

La luna rosa también la hemos importado, en este caso de las tradiciones de algunas tribus indígenas americanas, como explica el astrónomo Rafael Bachiller. Como la luna azul, esta tampoco es rosa, su nombre viene de unas flores rosas que brotan a principios de la primavera. Como suele coincidir con la Semana Santa, en España siempre hemos denominado a la primera luna llena de primavera 'Luna Pascual', explica Bachiller. 

Por último, está la luna de sangre (también llamada luna roja), que es la única que tiene un poquito de ciencia. La luna se tiñe de este color durante un eclipse lunar total. En ese momento, la Tierra, situada entre la luna y el sol, tapa la luz que normalmente ilumina nuestro satélite. Los únicos rayos de luz que llegan a la luna los ha filtrado el cielo azul, la atmósfera terrestre, y por eso son de un color rojizo, como los amaneceres y los atardeceres. Técnicamente esto se llama 'dispersión de Rayleigh', os lo explica muy bien el divulgador Pablo Fiftin en este vídeo.

Houston, tenemos un problema

Lo sé. Me he dejado el mito lunar más importante: ¿realmente llegó el ser humano a la luna? Pues sí, llegamos. Varias veces, además. Los rumores de que fue todo un montaje tienen dos fuentes: las teorías de la conspiración (como los majaretas de la ‘plandemia’) y el falso documental “Operación Luna”, que aunque se lo creyó mucha gente era, eso, falso. Vamos, que fue una inocentada. Algunos también acusan a la propaganda soviética de esparcir el rumor, pero en realidad no hicieron nada de eso. Los rusos (que, en realidad, ganaron la carrera espacial sin ninguna duda) se dedicaron a esparcir otro rumor: que ellos no habían intentado mandar ningún hombre a la luna. Pero, volviendo al programa Apolo y los distintos alunizajes. ¿Tuvimos o no tuvimos un problema? Pues la verdad es que estoy un poco cansado de desmitificar, a estas alturas. Así que os dejo esta fantástica entrevista que hizo el periodista de Newtral Mario Viciosa al ministro (y astronauta) Pedro Duque. Espero que la disfrutéis durante esta preciosa noche de luna llena. 

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jueves, abril 30

Ricas tentaciones y cerebro: lo que los publicistas del Kit-kat no sabían (y ahora sí sabemos)

(Un texto de Miguel Barral en el Heraldo de Aragón del 25 de agosto de 2021)

Porque si nos damos un respiro y paramos un momento a pensar, ¿caeremos en la tentación?

'Tómate un respiro, tómate un Kit-kat'. Aunque es innegable que se trata de un eslogan pegadizo -y no hay mejor prueba de ello que el que la mayoría lo recordemos-, la realidad es que el mensaje que transmite es contraproducente, por no decir directamente perjudicial, para los intereses comerciales de la marca. Porque si nos paramos a pensar, ¿caeremos en la tentación?

Lo que no sabían los publicistas que lo acuñaron en su momento y que ahora acabamos de saber es que, al parecer, a la hora de valorar o juzgar un alimento, la primera información que procesa nuestro cerebro es su sabor, sus propiedades organolépticas, en definitiva, cuán apetitoso resulta; y solo más tarde procesa sus propiedades nutricionales, lo saludable que es. En concreto, la primera información es procesada en solo unos 400 milisegundos. En tanto que tramitar la segunda requiere el doble de tiempo.

Así pues, cuando una y otra no están en sintonía -como puede ser el caso de una chocolatina -que está de vicio, pero a costa de ser una 'bomba' de azúcares y grasas saturadas-, el irresistible placer que proporciona a nuestro sentido del gusto parte con ventaja frente a sus dudosas propiedades nutricionales.

Y es precisamente esta diferente velocidad de juicio lo que hace que cuando estamos famélicos y desesperados por devorar lo primero que pillemos, pero también cuando cogemos un tentempié deprisa y corriendo entre una obligación y el siguiente compromiso -porque no sé como nos las apañamos pero siempre andamos con urgencias-, casi siempre optemos por la opción menos recomendable, ya sea un dulce, una bolsa de patatas fritas o un poco de embutido antes que por una manzana o un trozo de queso fresco.

Y es por esa misma razón por la que invitar a tomarse un respiro no parece la mejor idea si de lo que se trata es de fomentar el consumo de una chocolatina rellena de crujiente galleta. Más bien debería ser todo lo contrario: 'No te tomes un respiro, tómate un KitKat', porque si te tomas un momento que te permita contemplar también las propiedades nutricionales (o calóricas; factor este que suele ser el que más pesa en la decisión de mucha gente) del resto de opciones que te ofrece la nevera, la despensa o el supermercado, es más probable que acabes decantándote por esa pieza de fruta que no arruine la operación bikini.

Fast, fast food

De lo leído hasta aquí se deduce que el riesgo de caer en la tentación de elegir 'comida basura' reside, sí, en las 'trampas' organolépticas con que esta nos engatusa -sal, grasas, y picantes en cantidad; todos potentes estimulantes para nuestras papilas gustativas-. Pero también en la dinámica en la que te ves atrapado en los establecimientos que la ofrecen: formando parte de una cola que ruge y avanza como una marabunta y con unos operarios -porque no les puede catalogar de camareros- en un frenesí de idas y venidas para coger el siguiente pack de doble de patatas, refrescos y hamburguesas embaladas -las hamburguesas pero también ellos-.

Y ante el argumento previo es lícito pensar “oye, ¿no estarás exagerando un poco? Al fin y al cabo solo necesitas 400 milisegundos más para procesar las cualidades nutricionales”. No creas, es cuestión de ponerse en situación -que no solo se da en las franquicias de 'fast food' yankis-: imaginemos por ejemplo que estamos en uno de esos habituales restaurantes de autovía, en el que invariablemente desembarcas al ser el primer sitio que encuentras tras media hora de creciente rugir de tripas, y en el que para avituallarte desfilas con tu bandeja por delante de un expositor donde tienes que coger lo que quieres sobre la marcha justo cuando se aparece ante tus ojos, porque como te demores un instante, ignorando el coro de ruidos estomacales de los que vienen detrás, estos te mirarán mal o te increparán. Y ya no es solo la presión de los que te siguen, sino que en el poco tiempo que tienes para seleccionar tu menú antes de que la fila siga avanzando y aquel ya no esté al alcance de tu mano, también tienes que considerar con idéntica urgencia otras cuestiones igual de fundamentales como dónde están las servilletas y los cubiertos o si ya te habrás pasado las bolsitas de mayonesa. Y otro tanto se puede decir de los bufetes de los hoteles, en los que no solo compites con el resto de clientes, sino también contra el crono para que los demás no vacíen las bandejas antes de que te hayas llegado a decidir. Por eso te ves obligado -o te obligas a ti mismo-a decidir a la carrera, lo que 'acarrera' que muchas veces optemos por llenar el plato con viandas no demasiado saludables.

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miércoles, abril 29

Casa Solans, la 'joyica' de la burguesía zaragozana, cumple cien años

(Bueno, quizá alguno más porque este texto de 

En mayo de 1921 Miguel Ángel Navarro daba por concluidas las obras de construcción de Casa Solans, que de inmediato fue conocida como ‘la casa de los azulejos’. El palacete modernista se abandonó en los 70, fue un foco chabolista y a punto estuvo de derruirse en 1988 cuando se declaró en ruina.

In extremis se salvó de la ruina. También de la piqueta que todo lo sometía a finales de los 80. Aunque no ha conseguido atraer una actividad permanente que le dé aún mayor relevancia, Casa Solans luce resplandeciente como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura modernista (y ecléctica) de Zaragoza. Esta semana se cumplen justo cien años desde que concluyó de su construcción, que un proceso que incluye algunas anécdotas divertidas como el hecho de que sus primeros moradores tuvieron que echar abajo una pared para introducir una mesa de billar.

Hace unos años que la luz regresó al número 60 de la avenida de Cataluña. Ahí vuelven a brillar los azulejos, las vidrieras y los mosaicos cargados de vegetación. También las figuras antropomórficas, los angelotes y los dragones que vigilan cada estancia desde lo alto de los muros. Pero, ¿cuál es la historia de esta joya arquitectónica y por qué estuvo a punto de perderse hace no tantos años?

El origen del palacete está vinculado a la boyante burguesía zaragozana de los años 20 del pasado siglo. Don Juan Solans y Solans era un rico hombre de negocios, dueño de la fábrica 'La nueva Harinera', situada en el entonces Camino del Gállego (hoy la avenida de Cataluña). En 1913, ya casado con Rafaela Aísa Asín, compró por 25.000 pesetas la finca contigua a la fábrica, en la que existía una casa de campo. Cinco años después, con la decidida oposición de su esposa, que prefería vivir en el paseo de Sagasta, decidió encargar la remodelación y ampliación de la quinta a Miguel Ángel Navarro para fijar allí su residencia.

Navarro era ya entonces un prestigioso arquitecto -con obras como el Palacio de Comunicaciones de Valencia o las Escuelas Pías- y responsable de actuaciones urbanísticas que transformaron Zaragoza. En el palacio de la avenida de Cataluña desarrolló un eclecticismo pleno que fundía los mayoritarios elementos modernistas con otros historicistas y propios de la arquitectura aragonesa. Remató la construcción en mayo de 1921 y en ella empleó 750.000 pesetas, toda una fortuna en aquella época. 

Juan Solans y Solans no llegó a habitar su mansión, aunque la ofreció como sede de tertulias artísticas y económicas, fiestas y conciertos de música. Artistas, banqueros, arquitectos y otras personas de relevancia social hicieron del edificio su refugio en la primera mitad de este siglo. En las visitas teatralizadas que se hacen a Casa Solans cada cierto tiempo (no fallan en San Valero), los guías cuentan

Sea como fuere, lo cierto es que Solans falleció en 1926 y, paradójicamente, fue su mujer quien acabó instalándose permanentemente en la mansión del Arrabal zaragozano. Allí falleció Rafaela Aísa en 1965. En 1972 los sobrinos del matrimonio venden a una inmobiliaria la propiedad y es entonces cuando comenzó su época más dura. El edificio permaneció abandonado y pasó casi 40 años siendo objeto de expolio y vandalismo sistemático. Acogió un asentamiento chabolista, con varias familias en una furgoneta que permanecieron durante años en sus jardines. Poco a poco fueron apropiándose también de una mansión venida a menos que perdió su rico oratorio y vio cómo se ennegrecían los techos por las hogueras que se prendían dentro.

En 1988, la casa fue declarada en ruina: el papel de los muros ya era irrecuperable, una bóveda se había desplomado y las filtraciones de agua dañaban toda la estructura. En 1995 se sopesó el derribo y fue únicamente una inversión de más de 360.000 euros y su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en 2002 lo que azuzó una reconstrucción que se prolongó entre 2002 y 2006. Los arquitectos municipales Ramón Velasco y Úrsula Heredia, fallecida hace pocos días, se tuvieron que hacer cargo de la recuperación del palacete con un trabajo “arduo y minucioso”, dado que la casa “se estaba cayendo a trozos”, según explicaba en una entrevista durante la restauración.

Su objetivo fue siempre respetar la creación del constructor, Miguel Ángel Navarro, a pesar de los daños que sufrió Casa Solans tanto en la Guerra Civil como en los años de expolio. Lo que más trabajo llevó fue recuperar los artesonados, adecuar la cerrajería de las puertas y reconstruir el suelo original, para lo que hubo que comprar baldosa hidráulica en Túnez. No menos meticulosa fue la labor para devolver su policromía original a los azulejos de toda la casa. En la zona destinada antiguamente a la cocina se habilitaron unos aseos, y un ascensor ocupó el hueco reservado a la escalera de caracol que permitía el acceso a la segunda planta. En las visitas guiadas, los zaragozanos siempre se quedan boquiabiertos con los acabados dorados que adornan el dormitorio de los señores y con el arco presidido por el rostro de una dama de la planta baja.

Una vez se recuperó el brillo de ‘la carcasa’ tocaba redecorar los 680 metros cuadrados del interior, en una operación que resultó de lo más polémica allá por 2007. El Ayuntamiento de Zaragoza gastó más de 65.000 euros en muebles de época y diversas antigüedades para decorar la Casa Solans, pero lo hizo inexplicablemente con cargo a partidas de las áreas de Acción Social y Juventud. En concreto, se adquirieron a anticuarios de Barcelona y Zaragoza una pareja de veladores ingleses del siglo XIX, armarios, sofás, lámparas art decó o un plafón modernista de hierro y cristal emplomado.

Otro de los problemas que siempre ha arrastrado tan insigne edificio es saber qué hacer con él, buscar un uso adecuado a su singularidad. Entre de 2005 a 2015 la ocupó la Oficina de Naciones Unidas de Apoyo al Decenio del Agua, pero este organismo se batió después en retirada. Ahora el inmueble alberga Ebrópolis y la oficina de Cooperación al Desarrollo, pero los vecinos lo proponen como posible museo de historia del Rabal. También desde las entidades vecinales apuestan por intentar recuperar o recrear de algún modo los que debían ser muy bellos jardines originales, dado que ahora está circundado por losetas y pavimento sin apenas verde alrededor. Aún con estos pequeños ‘peros’, la Casa Solans de Miguel Ángel Navarro sigue siendo uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad como también lo son el Museo de Bellas Artes de Ricardo Magdalena y Julio Bravo, la Escuela de Artes y Oficios de Félix Navarro, o el Antiguo Casino Mercantil de Francisco Albiñana.

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martes, abril 28

El pueblo de Aragón y la ruta por la que un pastor escapó del diablo

(Un texto de J.L.A. leída en el Heraldo de Aragón el 17 de octubre de 2021)

En realidad -paradójicamente-, en muchas ocasiones son las leyendas las encargadas de dar vida a un lugar, una tradición y sus gentes. La riqueza de un pueblo y su término, además de por su valor patrimonial, cultural y natural, también se mide por el cariño de las historias que dejan en herencia cada generación. En Calomarde existe un relato fantástico que todavía perdura, y cuyos ecos alcanzan la localidad vecina de Frías de Albarracín. Los 'hechos' se localizan en el bello Cañón de los Arcos, en plena Sierra de Albarracín.

La leyenda

La leyenda narra que, junto al nacimiento del río de la Fuente del Berro, se alzaba un conjunto forestal impenetrable, al que nadie había accedido. Pero un día, aún a sabiendas de que se trataba de un lugar prohibido por ese aura maligna, un pastor vecino accedió con sus reses al bosque. De pronto, un sonido estruendoso alertó al cabrero, que huyó junto a sus animales bajo las montañas. Al girar la cabeza, el enfurecido diablo cubierto de fuego les perseguía. Al final, el pastor saltó el río desde una roca y logró escapar. Como prueba de la persecución, la roca guarda todavía las huellas del demonio junto a las ruinas del conocido como 'El Molino de las Pisadas'.

La ruta 

La leyenda nos sitúa a las afueras del municipio de Calomarde. Un recorrido que une dicha localidad con Frías de Albarracín. La ruta, cuyo comienzo dispone de un parking para dejar el coche, toma un trozo del sendero PR-TE 2 y discurre a través del Cañón de los Arcos, excavado por el río Fuente del Berro. El cañón, situado a la salida del pueblo e inmerso en el Barranco de la Hoz, se localiza en sentido contrario al río, aunque podemos caminar en ambos sentidos. Siguiendo el curso, en este precioso paraje, hallamos la conocida muela pétrea del Moricacho.

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lunes, abril 27

Leyes con nombre

 (Extraído de la columna de Guillermo Fatás en el Heraldo de Aragón del 14 de marzo de 2021)

[...] la práctica [de llamar a las leyes por el nombre su promotor] sigue modelos milenarios. Los romanos hacían eso mismo de modo oficial: el apellido de su promotor figuraba en el nombre de la norma.

Por ejemplo, una ley ideada por el cónsul Cicerón era identificada como ‘ley Tulia sobre corrupción electoral’ (no fue, por cierto, la primera ni la última ley romana sobre materia tan manida en todo tiempo), habida cuenta de que el apellido familiar del prócer era Tulio, Marco Tulio Cicerón.

Del mismo modo, las leyes aprobadas por impulso de César y de Augusto, los más distinguidos miembros del linaje de los Julio, se llamaron ‘ley Julia de tal cosa’ o ‘ley Julia de tal otra’.

[...]

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domingo, abril 26

Thick Data y Big Data

(Un texto de Ahmed Banafa en bbvaopenmind.com publicado el 18 de noviembre de 2021)

Uno de los retos a los que se enfrentan las empresas en el mundo post COVID-19 es adaptarse a los nuevos hábitos de los consumidores, que nunca volverán a ser los mismos que antes de la pandemia. Al auge de la compra de productos y servicios online se le suma el auge del trabajo en remoto. Conforme las empresas empiezan a navegar en el mundo post-COVID-19 a medida que las economías reabren, las tecnologías de analítica de datos van a ir cobrando importancia por su utilidad como herramienta de adaptación a las nuevas tendencias. Las herramientas de análisis de datos van a ser especialmente útiles a la hora de detectar nuevos patrones de compra y ofrecer experiencias de cliente más personalizadas, además de una mejor comprensión del nuevo comportamiento de los consumidores.

Sin embargo, muchas empresas siguen teniendo problemas para finalizar sus proyectos big data con éxito. La adopción del big data ha aumentado drásticamente en todos los sectores. El gasto ha incrementado y la gran mayoría de las empresas que utiliza big data espera rentabilizar sus inversiones. Sin embargo, uno de los puntos débiles del Big Data para estas empresas es la opacidad en términos procesos e información. Modelar segmentos de clientes con precisión puede ser imposible para aquellas empresas que no sean capaces de entender por qué, cómo y cuándo sus clientes toman sus decisiones de compra, por ejemplo.

Para resolver este problema, algunas empresas se ven obligadas a recurrir a una alternativa al big data, el llamado Thick Data. Pero, ¿en qué se diferencian el Big Data y el Thick Data?

El Big Data se centra en el procesamiento de grandes volúmenes de datos complejos y no estructurados, que se caracterizan por las 3 Vs: Volumen, el big data exige procesar inmensas cantidades de datos no estructurados de baja densidad. Estos pueden ser datos de valor desconocido, como la actividad de los usuarios de Facebook, los feeds de datos de Twitter, los flujos de clics en una página web, aplicación móvil, o en equipos dotados de sensores. Para algunas organizaciones, esto puede suponer decenas de terabytes de datos. Para otras, cientos de petabytes. Velocidad: Es la velocidad a la que se reciben los datos y se actúa sobre ellos. La variedad se refiere a los diferentes tipos de datos disponibles. Los tipos de datos no estructurados y semiestructurados, como texto, audio y video, requieren de un procesamiento adicional previo para extraer significado y metadatos soporte.

El término Thick Data hace referencia a un complejo abanico de estrategias de investigación primaria y secundaria, incluidas encuestas, cuestionarios, grupos focales, entrevistas, revistas, videos, etc. Es el resultado de la colaboración entre científicos de datos y antropólogos para dar sentido a grandes cantidades de datos. Juntos, analizan series de datos para extraer información cualitativa como conocimientos, preferencias, motivaciones y razones de los comportamientos. En esencia, el término Thick Data hace referencia a series de datos cualitativos (observaciones, sentimientos, reacciones) que ofrecen información sobre la vida emocional cotidiana de los consumidores. El Thick Data se centra en identificar emociones, historias y modelos en el mundo en el que viven las personas, por lo que sus resultados pueden ser difíciles de cuantificar.

Comparación entre Big Data y Thick Data

  • El Big Data es cuantitativo, mientras que el Thick Data es cualiativo.
  • El Big Data genera tanta información que necesita de algo más para cerrar y/o revelar los vacíos de conocimiento. El Thick Data descubre el significado tras las visualizaciones y los análisis del Big Data.
  • El Big Data revela información a partir de un determinado rango de puntos de datos, mientras que el Thick Data revela el contexto social y las conexiones entre los puntos de datos.
  • El Big Data ofrece números; el Thick Data revela historias.
  • El Big data depende de las tecnologías de IA y aprendizaje de máquina; mientras que el Thick Data depende del aprendizaje humano.

Si las grandes tecnológicas de Silicon Valley aspiran realmente a “entender el mundo”, deben capturar tanto sus cantidades (big data) como sus cualidades (thick data) Por desgracia, esta última dimensión exige dejar de ver el mundo exclusivamente a través de Google Glass (o en el caso de Facebook, la realidad virtual) y dejar atrás los ordenadores para experimentar el mundo de primera mano. Hay dos factores clave para ello:

  • Para entender a las personas, hay que entender su contexto. La mayor parte del “mundo” es conocimiento de fondo

Más allá de tratar de entendernos atendiendo exclusivamente a lo que hacemos (como hace el big data), el thick data busca entender cómo nos relacionamos con los diferentes mundos que habitamos.

Sólo entendiendo nuestros mundos se puede entender realmente “el mundo” en su totalidad, que es a lo que aspiran empresas como Google y Facebook. “Entender el mundo”, exige capturar tanto aspectos cuantitativos (big data) como cualitativos (thick data)

De hecho, las empresas que confían demasiado en los números, gráficos y falsas creencias (factoides) del Big Data corren el riesgo de aislarse de la riqueza y la realidad cualitativa de la vida cotidiana de sus clientes, de perder la capacidad de imaginar e intuir hacia dónde puede estar evolucionando el mundo y sus propios negocios. Al externalizar nuestros procesos intelectuales al Big Data, nuestra capacidad de darle sentido al mundo mediante una observación cuidadosa comienza a erosionarse, de la misma manera en que al utilizar un GPS para orientarnos en una ciudad que no conocemos se nos escapan sensaciones y detalles de la misma.

Las empresas y los ejecutivos de éxito trabajan para entender el contexto emocional, incluso visceral, de las personas en el momento en el que encuentran su producto o servicio, y son capaces de adaptarse a las circunstancias según van cambiando. También son capaces de utilizar el llamado Thick Data, que incorpora el elemento humano ausente en el Big Data.

Existe una tecnología prometedora que puede permitirnos aprovechar lo mejor de ambos mundos (Big Data y Thick Data). Se trata de la computación afectiva.

La computación afectiva es el estudio y desarrollo de sistemas y dispositivos capaces de reconocer, interpretar, procesar y simular los afectos humanos. Se trata de un campo interdisciplinario en el que se dan la mano la informática, la psicología y las ciencias cognitivas. Aunque los orígenes de la disciplina se remontan a las primeras investigaciones filosóficas sobre la emoción (“afecto” es, básicamente, sinónimo de “emoción”), el origen de esta rama de la ciencia informática, la más moderna, se remonta a la publicación en 1995 del trabajo de Rosalind Picard sobre Computación afectiva. Uno de los objetivos de este estudio era la capacidad de simular empatía. Ello exigiría a los equipos informáticos interpretar el estado emocional de los humanos y adaptar su comportamiento a ellos, ofreciendo respuestas adecuada a esas emociones.

El uso de algoritmos de computación afectiva en la recopilación y procesamiento de datos hará que los datos sean más humanos y aprovechará las dos caras de los datos: La cuantitativa y la cualitativa.

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sábado, abril 25

La (secreta y extraordinaria) importancia de las conversaciones intrascendentes

(Un texto de Elena Zanorano en El Confidencial del 

A veces minusvaloramos las situaciones cotidianas en las que no hay nada más interesante que preguntar por el tiempo que hace. Pero en realidad, son la puerta a oportunidades y relaciones profundas.

"¿Qué tal?". Es incontable el número de veces que has hecho y te han hecho esta pregunta. Como experimento, cualquier día podríamos sorprender a nuestro interlocutor y contar toda una serie de catastróficas desdichas que nos pasaron recientemente para intentar dejarle con la boca abierta. Sin embargo, por norma general, la contestación rápida, simple y automática viene a ser: "Bien, ¿y tú?".

Las conversaciones simples, cotidianas e intrascendentes inundan nuestro día a día. Cada vez que vamos al mercado, con los compañeros de trabajo o como primer contacto con un desconocido. Su función viene a ser la de algo tan llano y sencillo como pasar el rato con los demás, una serie de momentos que no pasarán a la historia pero por los que se intuye una buena educación y saber estar. Pero, ¿qué ocurriría si de repente esa conversación que has iniciado y que a priori parecía insignificante se convierte en una gran historia?

La gente acaba juzgando a los demás en pocos minutos, de ahí la importancia de mostrar confianza y respeto al otro en el primer contacto

En el mundo anglosajón le dan mucha importancia a este tipo de encuentros dialécticos en los que se formulan preguntas retóricas con respuestas automáticas. Tanto es así que se han realizado diversos estudios para analizar en profundidad este peculiar fenómeno de interacción social que ellos llaman "small talk". Por ejemplo, uno de la Universidad de Michigan que aseguraba que este tipo de conversaciones pueden aumentar tu capacidad de resolver problemas. "Algunos de estos diálogos inducen a las personas a leer la mente del otro y tomar más perspectiva de las cosas", afirma Oscar Ybarrra, autor del estudio, en declaraciones recogidas por la revista 'Forbes'.

Uno de los aspectos más llamativos de estas conversaciones intrascendentes es que nunca sabes dónde te van a llevar. Puede que duren menos de un minuto, pero también puede que aquella persona con la que acabas de entablar unas breves palabras acabe por conectar contigo y... ¿quién sabe? Tal vez entabléis una bonita amistad o te ayude a resolver un problema que tienes desde hace tiempo.

La enorme dificultad de romper el hielo

"En el mundo de los negocios, llegar a un punto común es fundamental", explica Scott Hoover en su exitoso libro 'How To Get A Job On Wall Street'. "Lo que no es tan obvio es que una conversación simple y aparentemente intrascendente pueda significar mucho más. Las empresas quieren contratar personas que sepan capaces de pensar con rapidez y agilidad". Lo que viene a resaltar Hoover es lo crucial que supone el hecho de tratar bien a desconocidos en las distancias cortas, ya que este es un proceso que servirá para todo, desde ser el mejor agente comercial del mundo hasta caer bien a un jefe de Recursos Humanos que esté buscando gente para incorporar a su equipo. Hagas lo que hagas, vas a tener que dominar las 'small talks' si quieres apañártelas.

Al fin y al cabo, las 'small talks' orientadas al mundo de los negocios son la otra cara de la moneda de las 'softs skills' o habilidades blandas que se han hecho muy populares en los últimos años. Las empresas de ahora buscan empleados que tengan excelente capacidad de trabajo en equipo, y para ello es necesario desarrollar la empatía, lo que sin duda da pie a estas conversaciones cotidianas.

"Estos diálogos abren la puerta a conversaciones auténticas y relaciones profundas en un futuro", observa por su parte Lindy Pegler, doctora en Psicología, en otro reciente artículo sobre el tema publicado en 'Medium'. "Es una ventana de oportunidad. Si preguntamos a alguien tan solo por cómo está, esto puede hacernos querer saber más sobre esa persona si realmente estamos interesados. La gente acaba juzgando a los demás en pocos minutos. Las investigaciones señalan la importancia de ofrecer la sensación de confianza y respeto en el primer contacto si queremos causar una buena impresión".

Una de las mejores formas de enganchar a la otra persona es revelar pequeños detalles personales: lo suficiente como para despertar su curiosidad

Pero no solo nos es de utilidad de cara a poder socializar mejor o conectar con personas que aún no conocemos. También son una vía de acceso a nosotros mismos. "Con una pequeña charla intrascendente, revelamos la capa exterior de nuestra personalidad", prosigue Pegler. "La usamos para proteger nuestro mundo interior, permitiendo que otros solo vean un poco de nosotros mismos. Usamos los temas triviales y sin controversia así como las bromas ligeras para mantener escondida una gran parte de nosotros mismos".

Consejos

¿Se puede practicar el noble arte de las 'small talks'? En la web hay infinidad de artículos que ofrecen consejos sobre cómo mejorar estos momentos incómodos en los que hay que romper el hielo con cualquier cosa. Lo primero, obviamente, es conseguir que la otra persona se sienta cómoda, algo que también resulta de lo más difícil al principio. A veces tan solo basta con sonreír y ser amable, y otras veces la situación exigirá algo más allá que una simple cara bonita. Otro detalle muy importante es prestar atención a lo que te está diciendo y no solo eso, sino demostrarlo. "Debes concentrarte en lo que está diciendo el otro en lugar de planificar lo que dirás tú a continuación", recuerda Pegler. "Hacer preguntas interesantes es una excelente manera de demostrarlo, las personas deben saber que te importa lo que te están diciendo".

"Cíñete a temas seguros", aconseja la psicóloga. "Cuando conocemos a gente nueva, muchas veces lo que decimos no tiene mucha importancia. En realidad, el tema es indiferente, lo que es verdaderamente relevante es la charla que entabláis". Sin ir más lejos, el tema más seguro con el que más fácil es estar de acuerdo es el tiempo. Si llueve o hace frío, tu interlocutor no te lo negará, sino que lo refrendará.

Otro recurso es dialogar sobre hechos que han ocurrido recientemente. Sin ir más lejos, en la actualidad el tema del coronavirus copa todas las conversaciones y es inevitable no sacarlo con alguien a quien acabas de conocer. Sin embargo, no te metas en política, ya que aquí es muy probable que puedan surgir discrepancias. "Si no sabes lo que decir, tan solo mira a tu alrededor", recomienda Pegler. "Encuentra algo nuevo que está pasando desapercibido en tu entorno o en tu pensamiento. Nunca sabes cuál es el tema que acabará prevaleciendo en la conversación".

Una de las mejores opciones para enganchar a la otra persona a lo que estás diciendo es revelar pequeños detalles personales sobre ti. Nada demasiado denso o profundo, pero lo suficientemente interesante como para despertar la curiosidad en tu interlocutor. De esta forma, el otro querrá saber más y esto favorecerá que el diálogo prosiga con más naturalidad. Y lo más importante de todo: no estés pendiente del teléfono. Al margen de ser de mala educación es la prueba más significativa de que lo que está sucediendo ahí mismo, en ese preciso momento, carece de interés para ti y estás pensando en otras personas.

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