(Leído en el muro de Facebook de Gozarte)
Uno de los besos más famosos de la historia es el que
esculpió Rodin. Viéndolo parece una maravillosa representación del erotismo y
el amor, y sí, todo eso es cierto, pero como a veces nada es lo que parece
tengo que contaros un secreto: esta imagen nació en realidad como símbolo del
adulterio. Vayamos por partes: cuando esculpió a esta pareja, allá por 1887, en
realidad eran bastante más pequeños y su idea era que formaran parte de “Las
puertas del infierno” (que en principio estaban destinadas al Museo de Artes
Decorativas de París).
En aquel infierno tremendo, lleno de pecadores, no
podían faltar Francesca de Rímini y Paolo, su amante. ¿Quiénes eran? Pues os
cuento: resulta que Francesca estaba casada con Gianciotto, pero en realidad
era un matrimonio de conveniencia con muchos intereses políticos de por medio.
Un día estaba la hermosa y joven Francesca con su cuñado Paolo, que era más de
su edad y a ella le molaba un montón, y en vez de rezar el rosario se pusieron
a leer la historia de la reina Ginebra y el caballero Lanzarote, un par de
adúlteros de tomo y lomo. Y claro, mientras leían como aquellos dos le ponían
los cuernos al rey Arturo… en fin, ¿para qué seguir si ya os imagináis todos lo
que ocurrió? Como dice el viejo refrán, “El diablo es fuego, la mujer estopa,
llega el demonio… ¡¡¡y sopla!!!” El caso es que se hicieron amantes, pero… poco
les duró la alegría. Un mal día Gianciotto se levantó con el pie izquierdo y se
encontró con su mujer y su hermano en pleno frenesí. ¿Qué creéis que hizo? Pues
lo que hubieran hecho la mayoría de los maridos del siglo XIII, cargárselos por
la vía rápida (por cierto, para que el adulterio fuese completo Paolo también
estaba casado). El caso es que Dante escribió por aquellos años su “Divina
comedia“, en la que él mismo baja a los infiernos acompañado por Virgilio (el
poeta latino que escribió “La Eneida” en la época de Augusto) y nos va
contando, el muy cotilla, los pecadores que se va encontrando en su camino. Y
claro, cuando habla de los adúlteros famosos de la historia no podían faltar Francesca
y Paolo, ardiendo los pobrecicos pa’los restos en el caldero de Pedro Botero.
Por cierto, finalmente los quitó de las puertas y
decidió convertirlos en una escultura independiente y mucho mayor. Fue entonces
cuando empezó dar igual a quién representaran, pues se convirtieron en una
imagen con valor universal: los cuerpos de dos amantes fundidos en un beso que
era cualquier cosa menos casto y que se ha reproducido por todas partes.
Incluso en un sello británico de correos que miles y miles de labios besarían
antes de pegarlo sobre cartas de amor, de abandono, de despecho o de vaya usted
a saber qué.
Etiquetas: Pintura y otras bellas artes