(Leído en el Heraldo de Aragón
del 25 de marzo de 2018, donde había un especial sobre la Semana Santa
aragonesa. No estaba firmado y tenía como título “Putuntunes”).
La Semana Santa aragonesa está
plagada de tradiciones que siguen muy presentes hoy, y que nacieron de lo más
hondo de las expresiones populares surgidas a lo largo de nuestra propia
historia. Son tambores, timbales, carracas, romanos...
El paso de la muerte a la vida
La Semana Santa es el tiempo más
importante de la Iglesia en todo el año y durante los tres primeros siglos era
la única fiesta que se celebraba. Llega siempre con el equinoccio primaveral y
la primera luna llena y entronca con ritos de renovación cíclica de la vida,
porque en las mitologías anteriores al 1000 a. C. ya la situaban en el de la
redención; siempre ha sido festivo el paso del invierno al verano
(muerte/vida).
Diversos estudios científicos
sitúan el día de la muerte de Jesús un viernes 3 de abril del año 33. Las
investigaciones se basan en los análisis de la cronología sísmica del Mar
Muerto, que muestra que a unos 20 kilómetros de Jerusalén se sintió un
terremoto el año 31 y otro entre los años 26 al 36. Otro fuerte movimiento sísmico
se registró cuando Poncio Pilato ejercía de procurador de Judea. Según la
Biblia y el historiador Tácito, Jesucristo fue crucificado durante esa época.
Cabe recordar que en el capítulo 27 del Evangelio de San Mateo da cuenta de un
terremoto durante la crucifixión de Jesús.
Porque tocar el tambor no
es hacer ruido
Mariano Laborda explica que ya
antes de 1517 existía en Híjar la costumbre de que Jueves y Viernes Santo
«gente de toda condición, vestidos con su sayal negro o pardo, se agrupaban
portando tambores, calderos y cacharros ruidosos, golpeados fuertemente, protestando
por la muerte de Cristo». Tocar el tambor no es hacer ruido, tiene un
componente musical y se usa para alejar los malos espíritus, por eso va en
primera línea en las procesiones, para 'despejar' el recorrido. Desde finales
del Barroco ya sonaban en las procesiones algún instrumento de percusión, quizá
carracas y matracas. Habrá que esperar a mediados del XIX para su popularización.
Según Marisancho Menjón, «es característica de la Semana Santa la procesión del
Pregón, que informa de la condena a muerte de Cristo y le convoca a su
Entierro, en la noche del Viernes Santo. El anuncio se hacía como el de las
sentencias a muerte de los reos: a viva voz por las calles, con un tambor y, a
veces, con corneta o campana que pedía silencio».
Longinos o 'cangrejo' de
Calanda
Las cuadrillas de paisanos
vestidos de soldados romanos están presentes en numerosas manifestaciones de la
Semana Santa, no solo en pueblos de la Ruta del Tambor y del Bombo, aunque en
algunos de ellos adquieren un protagonismo especial y esencial, según indica
Alberto Serrano.
Evocan los soldados romanos que
tuvieron protagonismo en momentos concretos de la Pasión: crucifixión, jugarse
a los dados la túnica, dar a beber con la esponja agua y vinagre a Cristo,
vigilar el sepulcro... En la Ruta del Tambor y del Bombo según el pueblo se les
denomina de formas diferentes: Soldados romanos, Alabarderos, Encoletaderos,
Judíos, Lanzas, Penitentes y Putuntunes (Calanda).
Los Putuntunes (onomatopeya de la
forma de sonar el tambor, con golpe lúgubre y sentidamente monótono) han tomado
una gran relevancia. Se dice que fue Buñuel quien le puso este nombre, según le
contó un amigo de la infancia del cineasta a Max Aub. Está claro que en el
primer tercio del siglo XX no se utilizaba en Calanda la denominación `putuntún'
(se usaban expresiones tipo 'soldados romanos pretorianos'). Participan en la
procesión de tarde-noche de 'La Soledad' y acompañan a la Virgen de los Dolores.
Pero es, sobre todo, su actuación del Sábado Santo la más esperada.
Los putuntunes están integrados
por, además del grupo de romanos, Longinos (el soldado romano que traspasó el
costado del cuerpo de Jesús con su lanza, un capitán (con espadín y vara de
mando), el abanderado y un tambor. Suelen ser los ‘quintos' de cada año.
«Longinos cobra protagonismo en el Sábado Santo cuando se representa en la
plaza la escena del Santo Entierro (breve pero intensa), que es como el broche
final de la Semana Santa y que en Calanda suelen denomina auto de fe o auto
sacramental. Longinos manda al capitán que selle el sepulcro. Cuando Longinos
descubre que el capitán ha bajado la guardia y que el sepulcro está vacío,
busca al capitán romano y pelea con él con las espadas. El capitán es derrotado
y queda humillado», explica Alberto Serrano. A Longinos los calandinos lo
llaman 'cangrejo', quizá por estar su traje muy articulado y por el ruido que
hace al andar. Data de 1643. La tradición procede de Felipe IV, que regaló su
armadura a Miguel Pellicer (el del milagro de Calanda) cuando acudió a Madrid a
enseñarle su pierna nueva. Pellicer la cedió a la Cofradía del Santísimo (de la
que dependen los putuntunes).
El esqueleto que sale en
Ateca
En Ateca desfila un esqueleto auténtico
en las procesiones (Paso de la Muerte). Se cree que es de una mujer y tiene por
lo menos 350 años. Está engarzado con alambres. Y los de Pedrola guardan con
mimo una espina de la corona de Cristo y una piedra de su sepulcro. En
Calatorao, el Santo Cristo, del XVI, sudaba en Semana Santa, le crecían las
uñas y tenía poderes para sanar a los posesos, especialmente en Viernes Santo.
En Caspe se encuentra la que es, quizá, la Vera Cruz más grande de Aragón. De
20x18 cm, está protegida por un relicario gótico de oro y otro de plata del
siglo XVIII. Se dice que la imagen de Nuestra Señora del Águila (Parriza) sudó
toda la Semana Santa de 1574. Se trataba de una talla de Gabriel Yolí, destruida
en el XIX. Y en Erla había una Casa del Diablo, un mote puesto en el pueblo,
pero ante la que los crío cantaban: «Que se mueran las mocetas / que no queden
más que tres / la una coja, la otra manca / y la otra con la patica al revés...»,
explica Alberto Serrano.
La ruta del tambor y el
bombo
Se creó en 1970. Los tambores de
Calanda se conocieron gracias a Luis Buñuel, y la Semana Santa de Híjar había
sido nombrada de Interés turístico. Sin embargo, tambores y bombos eran un
fenómeno sociocultural de carácter simbólico en varios municipios del Bajo
Aragón. Comenzaron cuatro: Andorra, Híjar, Calanda y Alcañiz, y se fueron
integrando Samper de Calanda, La Puebla de Híjar, Urrea de Gaén, Alcorisa y
Albalate del Arzobispo, hasta los nueve pueblos que componen la actual Ruta del
Tambor y del Bombo. Los estatutos se aprobaron en Urrea, en 1986. Ese mismo año
se celebró el primer pregón, que ha recaído en personas conocidas como Gonzalo
Borrás, Antón Castro, Iñaki Gabilondo o la Duquesa de Alba. Cada año se hace en
uno de los pueblos. Todos suelen llevar terceroles, aunque en Albalate se usa
como distintivo un pañuelo blanco al cuello. En Andorra, el Miércoles Santo los
niños conducen a la iglesia el llamado Despertar de los Santos con carracas y
matracas.
Los nazarenos de la broma
El etnógrafo Javier Sáez (secretario del Instituto de
Estudios turolenses) dictó una conferencia en 1999 en la que, entre las
hipótesis que planteó sobre la tradición de los tambores, «está la de la
llamada 'Nazarenos de la broma', que contrasta precisamente con la seriedad que
en Alcañiz tiene el toque del tambor. Los nazarenos de la broma representaban
en el siglo XIX el papel de los judíos en la procesión. En el drama de la
pasión hacían de 'malos'. Iban durante todo el recorrido burlándose de Cristo y
de los cofrades. Parece que llevaban tambores destemplados y trataban de interrumpir
las procesiones. Eran un contrapunto de la atmósfera extraordinariamente seria
que se vivía en la Semana Santa».
En Alcorisa, gran parte de la imaginería desapareció durante
la Guerra Civil. Un caso singular es el Santo Cristo que porta el paso de los
Angelitos (que desfila en la procesión del Jueves Santo): es el de antes de la
guerra porque se pasó toda la contienda escondido bajo la mesa de billar del
casino liberal
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