Los versos para mi madre
Etiquetas: Poesía
...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..
Etiquetas: Poesía
El historiador británico A. Beevor, harto de tópicos, carga contra y la idealización de los comunistas liderados por Lenin y confirma que «nadie les ganó en inhumanidad».
Solemos replicar los mitos una y mil veces. Es normal, pues luchar contra la corriente nos condena al enfrentamiento. Pero el historiador Antony Beevor lleva demasiados años en el mundo del ensayo histórico como para preocuparse de pisar callos o enturbiar las aguas. Por eso, tras casi cuatro años, ha vuelto a las librerías con un ensayo que rompe moldes y desvela verdades. 'Rusia. Revolución y guerra civil 1917-1921' (que desgranamos en este reportaje) alberga una extensa lista de falacias que rompe en mil pedazos. Algunas, repetidas hasta la extenuación como que el Palacio de Invierno fue capturado de forma heroica por la Guardia Roja. Y como esa, mil más. Hoy, analizamos las más dolorosas...
Las cifras desmienten que la revolución contra los Románov fuera pacífica. Tan solo en la capital hubo cerca de 1.500 muertos y 6.000 heridos entre los dos bandos. Los combates concluyeron con el asalto a un hotel en el que se habían refugiado muchos oficiales y generales zaristas. Fue una auténtica masacre.
A través de una infinidad de testimonios, Beevor retrata el carácter de Lenin y le muestra como un ariete dispuesto a derribar a cualquiera a cambio del poder. Aceptó la ayuda de los mismos imperialistas a los que odiaba para llegar a Rusia en un tren presuntamente sellado, estaba convencido de que había que pasar por una guerra civil para hacerse con el poder absoluto, ejerció un liderazgo férreo y poco democrático sobre su partido y desató la violencia contra amigos y enemigos.
Un ejemplo fue Crimea, hoy de triste actualidad; tras su victoria frente al Ejército Blanco, ordenó concentrar a los prisioneros «en algún lugar del norte». Un amargo eufemismo, según el autor: «Esto aludía, en concreto, a los campos de concentración de los alrededores del mar Blanco, de los que muy pocos escaparon vivos».
El nuevo régimen no tuvo piedad con los suyos. Cuando los marinos de la Flota del Báltico, a los que Trotski definió como «el orgullo y la gloria de la Revolución rusa», crearon su propio Comité Revolucionario para defender sus derechos, el régimen comunista recurrió a la mentira para sofocar la revuelta. Afirmaron que el amotinamiento estaba dirigido por un oficial del Ejército Blanco y acabaron con ellos.
El mito bolchevique sobre la toma del Palacio de Invierno no podría ser más falso. Ni el tímido ataque de la Guardia Roja ni el de los 5.000 marinos de Flota del Báltico resquebrajó la defensa planteada por los cadetes y el batallón femenino. A su vez, el crucero ‘Aurora’ arribó sin proyectiles explosivos. El lugar solo pudo ser tomado cuando los soldados leales a Kérenski se retiraron por culpa del desánimo.
Al bando zarista le ocurrió lo mismo que a la izquierda
española en la década de los treinta: estaba tan dividido que
era imposible instaurar un régimen con visión de futuro. «La
alianza del todo incompatible entre los social-revolucionarios
y los monárquicos reaccionarios tenía todas las de perder
contra una dictadura comunista de ideas férreas», explica el
autor en su obra.
Etiquetas: Pequeñas historias de la Historia, s.XX
Fernando Gomollón Bel en el Heraldo de Aragón del 2 de septiembre de 2020)
Este mes no quería seguir hablando del coronabicho. Bastante mal está dando por Aragón él solito como para darle más bombo. Así que, repasando la lista de ideas para desmitificar observé que muchas tienen algo en común: la luna. Y, oye, como precisamente hoy, 2 de septiembre, tenemos una preciosísima luna llena en el cielo, pensé que sería el momento ideal para ponerme a desmitificar varias leyendas selenitas de un plumazo.
Como ya comentaba más arriba, hay muchísimos mitos alrededor de nuestro precioso satélite. Hay quien dice que hace que las plantas y los cultivos crezcan más rápido. Otros defienden que las fases luna afectan a nuestro organismo, a nuestro estado de ánimo e incluso a nuestra fertilidad pero, ¿es cierto que hay más partos los días de luna llena? Además, cada poco tiempo las ‘superlunas’ invaden los titulares y telediarios. ¿Qué superpoderes tienen exactamente? Spoiler alert: ninguno. Pero seguid leyendo, que desmitificaremos estas cosicas una detrás de otra.
Los mitos y leyendas sobre la influencia de la luna en las cosechas son tan famosos que te los encuentras hasta en el refranero. Y no es de extrañar, la verdad. Pensad que hace miles de años, nuestros ancestros no tenían calendarios, ni relojes, ni mucho menos hombres del tiempo. No tenían más remedio que observar a su alrededor para poder controlar el paso de los días, los meses y las estaciones. La luna viene estupendamente (casualmente, un ciclo lunar dura casi un mes) pero no tiene poderes mágicos. Es, al fin y al cabo, un calendario.
¿Y entonces, los tomates no crecen mejor si los plantas con luna llena? Pues igual sí. Pero igual no, porque la luna no influye en las cosechas. Y hay varios estudios científicos que lo demuestran. Entre ellos, el de unos escépticos australianos que plantaron 22 cultivos tanto en días supuestamente buenos como en fechas nada recomendadas. Tras observar los resultados y hacer un análisis estadístico no vieron diferencias significativas entre unas plantas y otras. Una publicación reciente de unos investigadores valencianos es todavía más concluyente: tras estudiar y revisar más de 120 artículos sobre el tema, afirman que “las relaciones entre la agricultura y las fases lunares no tienen ningún fundamento científico”. En resumen, que plantéis cuando mejor os venga.
Otra creencia muy extendida sugiere que nacen más bebés las noches de luna llena. Bebés licántropos, quizás, pero bebés humanos, nasti de plasti. ¿Cómo lo sabemos? De nuevo, porque los científicos tienen mucho tiempo y se han dedicado a coleccionar datos durante mucho tiempo y ver si todas estas afirmaciones tienen algún sentido. En 2005, unos investigadores de Carolina del Norte, EE. UU., publicaron un estudio en el que analizaban más de 564.000 nacimientos ocurridos durante cinco años (o, si lo preferís, unos 62 ciclos lunares). No encontraron ninguna relación entre el número de partos y las fases lunares. Además, vieron que la fase lunar tampoco está relacionada con el nacimiento de prematuros, la necesidad de cesárea, ni las posibles complicaciones durante el parto.
Un estudio de la misma época publicado por unos médicos gallegos llegó a la misma conclusión. Estos investigadores también plantean una hipótesis interesante para explicar el arraigo de este mito: la luna puede estar engañándonos. A simple vista, la luna parece estar llena un par de días antes y después de estar completamente llena. Es muy complicado distinguir el momento exacto a simple vista. Esto provoca que haya unos cinco o seis días al mes de luna 'casi-llena' y, claro, en cinco días hay muchos más partos que en uno. Un sesgo de confirmación, como ocurría en el caso de las 'reglas sincronizadas'. Los humanos tendemos a creernos más y mejor las historias que confirman nuestras creencias.
De vez en cuando, Matías Prats abre el informativo delante de una foto de una luna enorme, y dice: “Hoy hay Superluna”. Los periódicos hacen lo mismo: 'Cómo ver la mayor superluna del año', rezaban los titulares hace unos meses. Pero, ¿qué narices es una superluna? ¿Tiene superpoderes? Y, lo más intrigante de todo, ¿por qué suelen tener siempre asociado un color?
Empecemos con el tema de los superpoderes. Sea del color que sea, la superluna no tiene ninguna propiedad mágica, lamentablemente. De hecho, el término 'superluna' es un invento de un astrólogo americano (que no astrónomo, ojo). En 1979, este señor se sacó de la manga esta palabra para justificar una supuesta asociación entre el horóscopo y ciertos desastres naturales. O sea, que además de ser una patochada, ni siquiera era, originalmente, algo bueno. Pero bueno, el teléfono roto y esas cosas.
La superluna es simplemente un momento en el que la luna está más cerca de la Tierra, lo que técnicamente se denomina perigeo. Esto ocurre varias veces al año, porque la órbita de la luna no es perfectamente circular, sino elíptica. Por eso, la distancia Tierra-Luna varía entre los 356.400 y los 406.700 kilómetros (miradlo bien si planeáis un viaje, porque el ahorro en gasolina puede ser importante).
A veces, el perigeo -cuando tenemos la luna cerquita cerquita- coincide con la fase de luna llena, por lo que la vemos más gordita y hermosa de lo habitual. Por lo general, las diferencias de tamaño y de brillo son imperceptibles, pero de vez en cuando podemos observar una superluna verdaderamente especial, como ocurrió el 19 de marzo de 2011. Entonces, la luna llena estuvo a 356.577 kilómetros de la Tierra, casi en su perigeo, y pudo verse un 30% más brillante y un 14% más grande. Esto no había ocurrido desde 1993, y tardará otros 18 años en repetirse. Obviamente, tampoco tuvo superpoderes pero oye, las fotos quedaron preciosas.
¿Y los colores? Pues son una mezcla de ciencia y tradición. La luna azul, por ejemplo, no tiene nada de azul. Es, simplemente, un fenómeno curioso. Como los meses lunares son más cortos que los del calendario, a veces tenemos más lunas llenas que meses. Cada dos años y nueve meses, aproximadamente, nos toca una luna 'extra' que, tradicionalmente, se llama luna azul. Es muy común en la tradición anglosajona, que incluso incorpora esta luna azulada al refranero popular. 'Once in a blue moon' hace referencia a algo que ocurre muy de vez en cuando, de Pascuas a Ramos, o de higos a brevas.
La luna rosa también la hemos importado, en este caso de las tradiciones de algunas tribus indígenas americanas, como explica el astrónomo Rafael Bachiller. Como la luna azul, esta tampoco es rosa, su nombre viene de unas flores rosas que brotan a principios de la primavera. Como suele coincidir con la Semana Santa, en España siempre hemos denominado a la primera luna llena de primavera 'Luna Pascual', explica Bachiller.
Por último, está la luna de sangre (también llamada luna roja), que es la única que tiene un poquito de ciencia. La luna se tiñe de este color durante un eclipse lunar total. En ese momento, la Tierra, situada entre la luna y el sol, tapa la luz que normalmente ilumina nuestro satélite. Los únicos rayos de luz que llegan a la luna los ha filtrado el cielo azul, la atmósfera terrestre, y por eso son de un color rojizo, como los amaneceres y los atardeceres. Técnicamente esto se llama 'dispersión de Rayleigh', os lo explica muy bien el divulgador Pablo Fiftin en este vídeo.
Lo sé. Me he dejado el mito lunar más importante: ¿realmente llegó el ser humano a la luna? Pues sí, llegamos. Varias veces, además. Los rumores de que fue todo un montaje tienen dos fuentes: las teorías de la conspiración (como los majaretas de la ‘plandemia’) y el falso documental “Operación Luna”, que aunque se lo creyó mucha gente era, eso, falso. Vamos, que fue una inocentada. Algunos también acusan a la propaganda soviética de esparcir el rumor, pero en realidad no hicieron nada de eso. Los rusos (que, en realidad, ganaron la carrera espacial sin ninguna duda) se dedicaron a esparcir otro rumor: que ellos no habían intentado mandar ningún hombre a la luna. Pero, volviendo al programa Apolo y los distintos alunizajes. ¿Tuvimos o no tuvimos un problema? Pues la verdad es que estoy un poco cansado de desmitificar, a estas alturas. Así que os dejo esta fantástica entrevista que hizo el periodista de Newtral Mario Viciosa al ministro (y astronauta) Pedro Duque. Espero que la disfrutéis durante esta preciosa noche de luna llena.
Etiquetas: Mirando al cielo
(Un texto de Miguel Barral en el Heraldo de Aragón del 25 de agosto de 2021)
Porque si nos damos un respiro y paramos un momento a pensar, ¿caeremos en la tentación?
'Tómate un respiro, tómate un Kit-kat'. Aunque es innegable que se trata de un eslogan pegadizo -y no hay mejor prueba de ello que el que la mayoría lo recordemos-, la realidad es que el mensaje que transmite es contraproducente, por no decir directamente perjudicial, para los intereses comerciales de la marca. Porque si nos paramos a pensar, ¿caeremos en la tentación?
Lo que no sabían los publicistas que lo acuñaron en su momento y que ahora acabamos de saber es que, al parecer, a la hora de valorar o juzgar un alimento, la primera información que procesa nuestro cerebro es su sabor, sus propiedades organolépticas, en definitiva, cuán apetitoso resulta; y solo más tarde procesa sus propiedades nutricionales, lo saludable que es. En concreto, la primera información es procesada en solo unos 400 milisegundos. En tanto que tramitar la segunda requiere el doble de tiempo.
Así pues, cuando una y otra no están en sintonía -como puede ser el caso de una chocolatina -que está de vicio, pero a costa de ser una 'bomba' de azúcares y grasas saturadas-, el irresistible placer que proporciona a nuestro sentido del gusto parte con ventaja frente a sus dudosas propiedades nutricionales.
Y es precisamente esta diferente velocidad de juicio lo que hace que cuando estamos famélicos y desesperados por devorar lo primero que pillemos, pero también cuando cogemos un tentempié deprisa y corriendo entre una obligación y el siguiente compromiso -porque no sé como nos las apañamos pero siempre andamos con urgencias-, casi siempre optemos por la opción menos recomendable, ya sea un dulce, una bolsa de patatas fritas o un poco de embutido antes que por una manzana o un trozo de queso fresco.
Y es por esa misma razón por la que invitar a tomarse un respiro no parece la mejor idea si de lo que se trata es de fomentar el consumo de una chocolatina rellena de crujiente galleta. Más bien debería ser todo lo contrario: 'No te tomes un respiro, tómate un KitKat', porque si te tomas un momento que te permita contemplar también las propiedades nutricionales (o calóricas; factor este que suele ser el que más pesa en la decisión de mucha gente) del resto de opciones que te ofrece la nevera, la despensa o el supermercado, es más probable que acabes decantándote por esa pieza de fruta que no arruine la operación bikini.
De lo leído hasta aquí se deduce que el riesgo de caer en la tentación de elegir 'comida basura' reside, sí, en las 'trampas' organolépticas con que esta nos engatusa -sal, grasas, y picantes en cantidad; todos potentes estimulantes para nuestras papilas gustativas-. Pero también en la dinámica en la que te ves atrapado en los establecimientos que la ofrecen: formando parte de una cola que ruge y avanza como una marabunta y con unos operarios -porque no les puede catalogar de camareros- en un frenesí de idas y venidas para coger el siguiente pack de doble de patatas, refrescos y hamburguesas embaladas -las hamburguesas pero también ellos-.
Y ante el argumento previo es lícito pensar “oye, ¿no estarás exagerando un poco? Al fin y al cabo solo necesitas 400 milisegundos más para procesar las cualidades nutricionales”. No creas, es cuestión de ponerse en situación -que no solo se da en las franquicias de 'fast food' yankis-: imaginemos por ejemplo que estamos en uno de esos habituales restaurantes de autovía, en el que invariablemente desembarcas al ser el primer sitio que encuentras tras media hora de creciente rugir de tripas, y en el que para avituallarte desfilas con tu bandeja por delante de un expositor donde tienes que coger lo que quieres sobre la marcha justo cuando se aparece ante tus ojos, porque como te demores un instante, ignorando el coro de ruidos estomacales de los que vienen detrás, estos te mirarán mal o te increparán. Y ya no es solo la presión de los que te siguen, sino que en el poco tiempo que tienes para seleccionar tu menú antes de que la fila siga avanzando y aquel ya no esté al alcance de tu mano, también tienes que considerar con idéntica urgencia otras cuestiones igual de fundamentales como dónde están las servilletas y los cubiertos o si ya te habrás pasado las bolsitas de mayonesa. Y otro tanto se puede decir de los bufetes de los hoteles, en los que no solo compites con el resto de clientes, sino también contra el crono para que los demás no vacíen las bandejas antes de que te hayas llegado a decidir. Por eso te ves obligado -o te obligas a ti mismo-a decidir a la carrera, lo que 'acarrera' que muchas veces optemos por llenar el plato con viandas no demasiado saludables.
(Bueno, quizá alguno más porque este texto de C. Peribañez fue publicado el 16 de mayo de 2021 en el Heraldo de Aragón)
En mayo de 1921 Miguel Ángel Navarro daba por concluidas las obras de construcción de Casa Solans, que de inmediato fue conocida como ‘la casa de los azulejos’. El palacete modernista se abandonó en los 70, fue un foco chabolista y a punto estuvo de derruirse en 1988 cuando se declaró en ruina.
In extremis se salvó de la ruina. También de la piqueta que todo lo sometía a finales de los 80. Aunque no ha conseguido atraer una actividad permanente que le dé aún mayor relevancia, Casa Solans luce resplandeciente como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura modernista (y ecléctica) de Zaragoza. Esta semana se cumplen justo cien años desde que concluyó de su construcción, que un proceso que incluye algunas anécdotas divertidas como el hecho de que sus primeros moradores tuvieron que echar abajo una pared para introducir una mesa de billar.
Hace unos años que la luz regresó al número 60 de la avenida de Cataluña. Ahí vuelven a brillar los azulejos, las vidrieras y los mosaicos cargados de vegetación. También las figuras antropomórficas, los angelotes y los dragones que vigilan cada estancia desde lo alto de los muros. Pero, ¿cuál es la historia de esta joya arquitectónica y por qué estuvo a punto de perderse hace no tantos años?
El origen del palacete está vinculado a la boyante burguesía zaragozana de los años 20 del pasado siglo. Don Juan Solans y Solans era un rico hombre de negocios, dueño de la fábrica 'La nueva Harinera', situada en el entonces Camino del Gállego (hoy la avenida de Cataluña). En 1913, ya casado con Rafaela Aísa Asín, compró por 25.000 pesetas la finca contigua a la fábrica, en la que existía una casa de campo. Cinco años después, con la decidida oposición de su esposa, que prefería vivir en el paseo de Sagasta, decidió encargar la remodelación y ampliación de la quinta a Miguel Ángel Navarro para fijar allí su residencia.
Navarro era ya entonces un prestigioso arquitecto -con obras como el Palacio de Comunicaciones de Valencia o las Escuelas Pías- y responsable de actuaciones urbanísticas que transformaron Zaragoza. En el palacio de la avenida de Cataluña desarrolló un eclecticismo pleno que fundía los mayoritarios elementos modernistas con otros historicistas y propios de la arquitectura aragonesa. Remató la construcción en mayo de 1921 y en ella empleó 750.000 pesetas, toda una fortuna en aquella época.
Juan Solans y Solans no llegó a habitar su mansión, aunque la ofreció como sede de tertulias artísticas y económicas, fiestas y conciertos de música. Artistas, banqueros, arquitectos y otras personas de relevancia social hicieron del edificio su refugio en la primera mitad de este siglo. En las visitas teatralizadas que se hacen a Casa Solans cada cierto tiempo (no fallan en San Valero), los guías cuentanSea como fuere, lo cierto es que Solans falleció en 1926 y, paradójicamente, fue su mujer quien acabó instalándose permanentemente en la mansión del Arrabal zaragozano. Allí falleció Rafaela Aísa en 1965. En 1972 los sobrinos del matrimonio venden a una inmobiliaria la propiedad y es entonces cuando comenzó su época más dura. El edificio permaneció abandonado y pasó casi 40 años siendo objeto de expolio y vandalismo sistemático. Acogió un asentamiento chabolista, con varias familias en una furgoneta que permanecieron durante años en sus jardines. Poco a poco fueron apropiándose también de una mansión venida a menos que perdió su rico oratorio y vio cómo se ennegrecían los techos por las hogueras que se prendían dentro.
En 1988, la casa fue declarada en ruina: el papel de los muros ya era irrecuperable, una bóveda se había desplomado y las filtraciones de agua dañaban toda la estructura. En 1995 se sopesó el derribo y fue únicamente una inversión de más de 360.000 euros y su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en 2002 lo que azuzó una reconstrucción que se prolongó entre 2002 y 2006. Los arquitectos municipales Ramón Velasco y Úrsula Heredia, fallecida hace pocos días, se tuvieron que hacer cargo de la recuperación del palacete con un trabajo “arduo y minucioso”, dado que la casa “se estaba cayendo a trozos”, según explicaba en una entrevista durante la restauración.
Su objetivo fue siempre respetar la creación del constructor, Miguel Ángel Navarro, a pesar de los daños que sufrió Casa Solans tanto en la Guerra Civil como en los años de expolio. Lo que más trabajo llevó fue recuperar los artesonados, adecuar la cerrajería de las puertas y reconstruir el suelo original, para lo que hubo que comprar baldosa hidráulica en Túnez. No menos meticulosa fue la labor para devolver su policromía original a los azulejos de toda la casa. En la zona destinada antiguamente a la cocina se habilitaron unos aseos, y un ascensor ocupó el hueco reservado a la escalera de caracol que permitía el acceso a la segunda planta. En las visitas guiadas, los zaragozanos siempre se quedan boquiabiertos con los acabados dorados que adornan el dormitorio de los señores y con el arco presidido por el rostro de una dama de la planta baja.
Una vez se recuperó el brillo de ‘la carcasa’ tocaba redecorar los 680 metros cuadrados del interior, en una operación que resultó de lo más polémica allá por 2007. El Ayuntamiento de Zaragoza gastó más de 65.000 euros en muebles de época y diversas antigüedades para decorar la Casa Solans, pero lo hizo inexplicablemente con cargo a partidas de las áreas de Acción Social y Juventud. En concreto, se adquirieron a anticuarios de Barcelona y Zaragoza una pareja de veladores ingleses del siglo XIX, armarios, sofás, lámparas art decó o un plafón modernista de hierro y cristal emplomado.
Otro de los problemas que siempre ha arrastrado tan insigne edificio es saber qué hacer con él, buscar un uso adecuado a su singularidad. Entre de 2005 a 2015 la ocupó la Oficina de Naciones Unidas de Apoyo al Decenio del Agua, pero este organismo se batió después en retirada. Ahora el inmueble alberga Ebrópolis y la oficina de Cooperación al Desarrollo, pero los vecinos lo proponen como posible museo de historia del Rabal. También desde las entidades vecinales apuestan por intentar recuperar o recrear de algún modo los que debían ser muy bellos jardines originales, dado que ahora está circundado por losetas y pavimento sin apenas verde alrededor. Aún con estos pequeños ‘peros’, la Casa Solans de Miguel Ángel Navarro sigue siendo uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad como también lo son el Museo de Bellas Artes de Ricardo Magdalena y Julio Bravo, la Escuela de Artes y Oficios de Félix Navarro, o el Antiguo Casino Mercantil de Francisco Albiñana.
Etiquetas: Arquitectura, Sin ir muy lejos
(Un texto de J.L.A. leída en el Heraldo de Aragón el 17 de octubre de 2021)
En realidad -paradójicamente-, en muchas ocasiones son las leyendas las encargadas de dar vida a un lugar, una tradición y sus gentes. La riqueza de un pueblo y su término, además de por su valor patrimonial, cultural y natural, también se mide por el cariño de las historias que dejan en herencia cada generación. En Calomarde existe un relato fantástico que todavía perdura, y cuyos ecos alcanzan la localidad vecina de Frías de Albarracín. Los 'hechos' se localizan en el bello Cañón de los Arcos, en plena Sierra de Albarracín.
La leyenda narra que, junto al nacimiento del río de la Fuente del Berro, se alzaba un conjunto forestal impenetrable, al que nadie había accedido. Pero un día, aún a sabiendas de que se trataba de un lugar prohibido por ese aura maligna, un pastor vecino accedió con sus reses al bosque. De pronto, un sonido estruendoso alertó al cabrero, que huyó junto a sus animales bajo las montañas. Al girar la cabeza, el enfurecido diablo cubierto de fuego les perseguía. Al final, el pastor saltó el río desde una roca y logró escapar. Como prueba de la persecución, la roca guarda todavía las huellas del demonio junto a las ruinas del conocido como 'El Molino de las Pisadas'.
La leyenda nos sitúa a las afueras del municipio de Calomarde. Un recorrido que une dicha localidad con Frías de Albarracín. La ruta, cuyo comienzo dispone de un parking para dejar el coche, toma un trozo del sendero PR-TE 2 y discurre a través del Cañón de los Arcos, excavado por el río Fuente del Berro. El cañón, situado a la salida del pueblo e inmerso en el Barranco de la Hoz, se localiza en sentido contrario al río, aunque podemos caminar en ambos sentidos. Siguiendo el curso, en este precioso paraje, hallamos la conocida muela pétrea del Moricacho.
Etiquetas: Cuentos y leyendas
(Extraído de la columna
de Guillermo Fatás en el Heraldo de Aragón del 14
de marzo de 2021)
[...] la práctica [de llamar a las leyes por el nombre su promotor] sigue modelos milenarios. Los romanos hacían eso mismo de modo oficial: el apellido de su promotor figuraba en el nombre de la norma.
Por ejemplo, una ley ideada por el cónsul Cicerón era identificada como ‘ley Tulia sobre corrupción electoral’ (no fue, por cierto, la primera ni la última ley romana sobre materia tan manida en todo tiempo), habida cuenta de que el apellido familiar del prócer era Tulio, Marco Tulio Cicerón.
Del mismo modo, las leyes aprobadas por impulso de César y de Augusto, los más distinguidos miembros del linaje de los Julio, se llamaron ‘ley Julia de tal cosa’ o ‘ley Julia de tal otra’.
[...]
Etiquetas: Culturilla general