Cuéntame un cuento...

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domingo, febrero 8

El fútbol nos hace infelices, viva el fútbol

(Un artículo de Jesús Martínez en el suplemento Tercer Milenio del Heraldo de Aragón del 25 de junio de 2018) 

¿Cómo de felices nos hacen los resultados de los partidos? Que tu equipo pierda supone de media una pérdida de felicidad de 7,8 puntos, el doble respecto a la victoria.

El fútbol tiene su literatura y tiene su ciencia, y a veces parecen esforzarse por coincidir. Ahora que ha vuelto el Mundial, esto de Orwell, justo al acabar la II Gran Guerra: "Fútbol, un deporte en el que todo el mundo sale herido y cada nación tiene su propio estilo de juego que parece injusto a los extranjeros". También ahora un mucho más reciente estudio científico por investigadores de la Universidad de Sussex: “El fútbol es el deporte nacional de la mayoría del planeta. Este artículo examina cómo de felices nos hacen los resultados de los partidos (…) Encontramos que el fútbol, en promedio, nos hace infelices”.

Y la pregunta: ¿por qué pasar entonces por el dolor de seguir a un equipo de fútbol?

Los autores del artículo se dedican a la economía conductual, una rama que estudia los factores psicológicos, emocionales o sociales que afectan a la toma de decisiones con repercusión económica. Y vaya si el fútbol puede afectar a la economía. Tiempo atrás desarrollaron una app a la que llamaron Mappiness, una aplicación que usan hasta 32.000 personas del Reino Unido y que les pregunta de forma repetida y aleatoria por cómo se sienten y qué es lo que hacen en diversos momentos. Tras toda una serie de modelos y comprobaciones para minimizar errores y (hasta cierto punto inevitables) sesgos, estas son las conclusiones:

En promedio, la victoria del equipo al que se anima sube el porcentaje de felicidad 3,9 puntos en la hora siguiente al partido, diluyéndose a 1,3 y a 1,1 puntos a las dos y tres horas, respectivamente. Los porcentajes varían según el equipo sea más o menos favorito, según se espere más o menos la victoria, pero en cualquier caso se disparan si, en lugar de verlo por la televisión, se vive en el propio estadio: se disparan al punto de ser comparables con “la felicidad comunicada tras hacer el amor”.

Sin embargo, la derrota es mucho peor. Que tu equipo pierda supone de media una pérdida de felicidad de 7,8 puntos, el doble respecto a la victoria. Y se mantiene alrededor de 3 puntos a la hora y a las dos horas, manteniendo incluso un efecto resaca a la mañana siguiente, especialmente si el partido ha sido por la tarde-noche y entre semana.

¿Por qué entonces el éxito del fútbol? ¿Por qué la irracionalidad de una afición propensa a la infelicidad?

Igual tenía razón Nick Hornby cuando escribía en 'Fiebre en las gradas': “La verdad es así de simple: durante largos ratos de un día normal y corriente, soy un perfecto idiota”. Los autores del artículo desarrollan algo más las posibles explicaciones: podría ser que los seguidores de un equipo tiendan a sobreestimar sus posibilidades de victoria o que el estudio no recoja los beneficios de sentirse parte de un grupo, de pertenecer “a una tribu”.

Hay algo irracional en seguir a un equipo de fútbol: una lógica difusa en seguirlo solo por compartir origen (y puede haber además muchos equipos para escoger en el lugar de origen), por seguir la historia familiar o por ir precisamente contra la historia familiar. Más extraña aún si recordamos lo que decía Galeano (porque además parece llevar razón): “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”. Difícilmente explicable desde la racionalidad si resulta que además, y en conjunto, el fútbol resta felicidad.

Los autores del artículo recogen otra posibilidad tratando de explicarlo: la adicción. Podría resultar que ser hincha de un equipo de fútbol fuera, simplemente o al menos en parte, algo adictivo. Si hablamos del Mundial, ¿podría entenderse el patriotismo extremo como una forma de adicción? Juan Tallón, en El País: “Sin darte cuenta serás islandés, coreano, costarricense, portugués, quizás iraní. En un Mundial no conviene ser de aquí o de allí. Nadie debe conformarse con ser de su selección y punto. Menudo suicidio”.

Miren también cómo, en el New York Times, trata de escapar de ahí el argentino Caparrós, fan de nuestra descabezada selección: “Yo, en esta sencilla pero emotiva ceremonia, me constituyo en el hincha más ferviente de la banda ibérica: ojalá que así, improvisada, acéfala, gane y gane y gane. Si lo hiciera terminaría de demostrar que, para mis compatriotas españoles, los gobiernos son un mal (in)necesario.

Y entonces sí que temblaría la madre de todas las ficciones”.

Pero más allá (o más acá) de la adicción, los autores también mencionan otra posibilidad: el valor de la curiosidad. Dicen: “quizás también la respuesta esté en parte en el placer de anticipar el espectáculo de un partido de fútbol. Disfrutamos del desarrollo del drama y tenemos una curiosidad natural por ver cómo termina la historia”.

La pregunta era: ¿por qué pasar entonces por el dolor de seguir a un equipo de fútbol?

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sábado, febrero 7

La azucarera que dio sabor industrial a Zaragoza

(Un texto de Mariano Millán en el Heraldo de Aragón del 24 de junio de 2018)

La Azucarera Aragón fue un edifico que unió nostalgias mudéjares con la modernidad del siglo XIX. En la actualidad, lo que queda de esta manufactura es un refugio e impulso para emprendedores.

Hace 125 años que se construyó la primera fase de la Azucarera Aragón. Una factoría que durante estos 25 lustros ha experimentado ampliaciones, derrumbes, épocas de bonanzas, otras de abandono y reformas. La última, en 2010, una rehabilitación que convirtió lo que quedaba de esta industria del siglo XIX en Zaragoza Activa. En este ambiente de emprendimiento e innovación social, sito la calle Mas de las Matas de la capital aragonesa, se mantiene vivo el origen del edificio, al menos en una maceta.

La verdad es que a pesar de tener un vivero empresarial y un semillero de ideas hay pocos tiestos en Zaragoza Activa. En el rincón de un cuarto crece una remolacha. Cubierta por sus propias hojas gana cada día terreno a la tierra. Como ella, durante décadas llegaron a puertas de la Azucarera Aragón miles de toneladas, desde 1894 cuando se llevó a cabo la primera campaña productiva.

“Desde ese bloque de pisos hasta las chimeneas estaba la piscina donde los camiones descargaban las remolachas y se lavaban antes de introducirlas a las naves”, explica José María Rodrigo mientras señala uno de los edificios contiguos. Este oficial de mantenimiento de Zaragoza Activa conoce cada sillar y ladrillo del inmueble, además de su historia. La localización de este complejo, diseñado por el arquitecto vasco Luis Aladrén, según el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA), da también cuenta de la situación del transporte durante el siglo XIX.

“Se ubicaba en un lugar clave, cerca del acceso a la Estación del Norte y del río Gállego”, señala el empleado municipal. Con su dedo índice dibuja sobre una antigua fotografía el trazado de las vías del tren, donde se adivinan muchas más fábricas entre los campos y torres que, como la Azucarera Aragón, buscaban una buena comunicación. “La mayor parte de estas fábricas tenían pequeñas estaciones o muelles para la carga y descarga”, añade Rodrigo. Esta no era la única azucarera.

“Muy cerca estaba la Azucarera del Gállego, más próxima al río del mismo nombre; la del Rabal, situada hacia la carretera de Huesca; y en la margen derecha del Ebro la del Pilar, entre el final de la calle de Predicadores y la actual plaza de Europa”, apunta José María. Según fotografías antiguas se puede descubrir que todos estos edificios compartían una personalidad industrial, edificada sobre vigas de hierro y sillares de piedra, que contrastaban con otras paredes de ladrillo.

Precisamente estos elementos heredados de la tradición mudéjar aragonesa se repiten a los pies de las chimeneas, colocados de forma geométrica. Esta referencia historicista combina con otras neorrenacentistas de las columnas de fundición, como se puede leer en la descripción técnica del Ayuntamiento de Zaragoza.

En la misma ficha municipal del edificio se indica que el conjunto estaba formado por el pabellón de entrada, compuesto por la portería y las oficinas, y el pabellón central, más grande que el primero. En este último estaban integradas las chimeneas, una de ellas de hasta 80 metros de altura. Las armaduras de las cubiertas de ambos pabellones tenían firma aragonesa, ya que algunas de ellas procedían de los talleres Mercier. Al contrario que las instalaciones mecánicas, ya que según dicho documento fueron obra de la casa alemana Braunsweigische Machinenban-Austal.

A los anteriores se les suman otras edificaciones anejas como almacenes, talleres o viviendas para los empleados. La mayoría de estos edificios no se conservan, sin embargo, detrás de un par de urbanizaciones llama la atención una casa de dos plantas que contrasta con el resto del barrio. Era la residencia del director, actualmente vallada por obras.

Su elegante pórtico permite imaginar la envergadura de La Azucarera Aragón, que cerró sus puertas definitivamente en 1966. “De momento no ha venido ningún antiguo empleado que explique detalles sobre el edificio, pero nos gustaría encontrar a alguien que hubiese trabajado en este lugar durante sus años de actividad”, desea José María Rodrigo. 

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viernes, febrero 6

¿Cómo se mueve una serpiente?

(Un texto de Miguel Barral en bbvaopenmind.com leído el 19 de febrero de 2018)

El diccionario define “serpentear” como “moverse o extenderse formando curvas y vueltas (como una serpiente)”. Una definición bastante ambigua si se tiene en cuenta que las serpientes exhiben hasta cuatro mecanismos (o tipos) distintos de desplazamiento:

  • Serpentín o serpentino: El más característico y el que las capacita para desplazarse a mayor velocidad. La serpiente avanza como una onda, mediante un movimiento sinusoidal de su cuerpo.
  • Concertina o acordeón: la serpiente forma volutas o vueltas con su cuerpo que contrae y expande sucesivamente a modo de muelle o acordeón avanzando desde un  punto de anclaje o impulso al siguiente.
  • Desplazamiento lateral o de costado: propio de las especies que habitan el desierto (y en particular de la víbora del desierto). La serpiente forma ondas verticales para minimizar las zonas de contacto con la abrasadora superficie y de esta guisa se desplaza lateralmente.
  • Rectilíneo: este mecanismo acaba de ser desentrañado y es el único que no se ajusta a la definición inicial, dado que la serpiente se arrastra en línea recta, con su cuerpo estirado. Es propio de las especies más grandes y voluminosas ya que les permite acceder a las estrechas madrigueras de sus potenciales presas.

[...]

[El movimiento] rectilíneo fue descrito y examinado por vez primera por el herpetólogo H. W. Lissmann en 1950, quien planteó la hipótesis de que este tipo de desplazamiento se alcanzaba mediante a la acción combinada de la poderosa musculatura de la serpiente y su piel, flexible y lo suficientemente “suelta” como para permitirle avanzar sin doblarse.

Pero no ha sido hasta hace unos meses que se ha conseguido desentrañar por completo el mecanismo interno que capacita a las serpientes a avanzar así. Lo ha logrado Bruce Jayne, profesor de biología de la universidad de Cincinatti y uno de los mayores expertos mundiales en la locomoción de estos reptiles. Mediante un exhaustivo estudio y análisis publicado en diciembre de 2017.

Jayne ha comprobado que, cuando la serpiente avanza, la piel de la zona ventral se flexiona mucho más  que la dorsal. Las escamas ventrales actúan como las huellas o marcas de un neumático, aportando tracción contra el suelo al tiempo que los músculos costocutáneos, que van de las costillas a la piel del dorso, impulsan al esqueleto hacia delante, dentro de la funda que constituye la piel, a la que simultáneamente arrastran. Un movimiento fluido en el que la columna vertebral se mueve a un ritmo constante, lo que evita que tenga que doblarse.

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jueves, febrero 5

Los orígenes científicos de Frankenstein

(Un texto de Javier Yanes leído en bbvaopenmind.com el 26 de noviembre de 2018)

“Una desapacible noche de noviembre contemplé el final de mis esfuerzos”. Poco después, aquellos esfuerzos culminaban en un desenlace portentoso y aterrador, cuando Víctor Frankenstein observaba “cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento convulsivo sacudió su cuerpo”.

Dos siglos han transcurrido desde aquella noche de noviembre en la que Mary Shelley —por entonces aún Mary Godwin, antes de su matrimonio con el poeta Percy Bysshe Shelley— situaba a su célebre doctor insuflando la vida a una criatura fabricada con piezas de cadáveres. Frankenstein o el moderno Prometeo ha perdurado como una de las obras más conocidas de la literatura universal, fuente de más de 90 adaptaciones teatrales y más de 70 películas.

Pero la de Shelley no fue una mera fantasía al estilo de los relatos fantasmagóricos que ella y sus amigos intercambiaron aquel verano de 1816 en una villa junto al lago de Ginebra. Aunque fue entonces cuando la autora concibió su trama, para darle forma bebió de las fuentes científicas de su tiempo. “Mary tuvo una gran influencia de personas que hoy llamaríamos científicos”, apunta a OpenMind David Guston, director de la Escuela para el Futuro de la Innovación en la Sociedad de la Universidad Estatal de Arizona (EEUU) y coeditor del libro Frankenstein Annotated for Scientists, Engineers, and Creators of All Kinds (MIT Press, 2017).

Por ello muchos autores ven en Frankenstein la primera novela de ciencia ficción, un género que se interroga sobre las consecuencias de los avances científicos y sus aplicaciones especulativas.

La primera novela de ciencia ficción

La primera y más obvia de las improntas científicas en la obra es el método para dar vida a la criatura: curiosamente, la captación de un rayo durante una tormenta jamás aparece en el libro; fue una aportación del cine. La primera edición de la novela apenas hacía una breve mención a la electricidad y zanjaba la reanimación de la criatura con una vaga alusión a “infundir una chispa de vida”. “Los detalles de cómo lo hizo no eran tan importantes”, comenta a OpenMind Iwan Morus, historiador de la ciencia victoriana de la Universidad de Aberystwyth (Reino Unido); “no necesitaba explicarlo, puesto que sus lectores ya sabrían cómo se haría”.

En efecto, en tiempos de Shelley, la electricidad era el misterio científico de moda. El italiano Luigi Galvani había demostrado cómo una chispa infundía el movimiento en patas de ranas diseccionadas. “Hay pruebas de que Mary vio demostraciones galvánicas, que eran populares entonces”, cuenta Guston. El sobrino de Galvani, Giovanni Aldini, fue mucho más allá cuando en 1803 empleó la electricidad para animar los miembros de George Forster, un criminal ejecutado en Londres, ante el pasmo de una audiencia horrorizada.

“Mary y Percy se movían en círculos sociales donde las discusiones sobre la electricidad y su relación con los procesos de la vida eran algo común”, dice Morus. Mary conocía además el trabajo de William Nicholson y Humphry Davy, pioneros de la electricidad en Gran Bretaña y amigos de su padre. Durante la composición de la novela, leía la obra de Davy Elements of Chemical Philosophy, de la que integró algunas frases en el discurso del Dr. Waldman, el profesor de Víctor Frankenstein.

Según subraya el arqueólogo de la Universidad de Bristol (Reino Unido) Stuart Prior, en 1814 Mary y Percy asistieron a una conferencia de Andrew Crosse, un estrambótico experimentador que había transformado su propiedad campestre de Fyne Court en un gran laboratorio eléctrico. “Davy visitó a Crosse varias veces en Fyne Court, y le alentó a dar la conferencia en Londres”, señala Prior a OpenMind.

Una difusa frontera entre vida y muerte

Pero más allá de los inquietantes espectáculos de Aldini, la posibilidad de reanimar un cadáver con electricidad formaba parte de la discusión científica de la época sobre si el cuerpo humano era solo la suma de sus partes o si lo animaba una fuerza vital, algo equivalente al alma. En la comunidad científica británica estas dos posturas tenían a sus principales defensores en los cirujanos William Lawrence y John Abernethy, respectivamente. El primero había sido médico de la familia de Percy Shelley.

La dicotomía entre el mecanicismo de Lawrence y el vitalismo de Abernethy tenía profundas consecuencias en el pensamiento científico de la época, por sus implicaciones en la definición de la vida y la muerte. La frontera entre ambas se había difuminado gracias al auge de la resucitación de personas ahogadas, según ha advertido Sharon Ruston, historiadora de la ciencia del Romanticismo de la Universidad de Lancaster (Reino Unido). A Mary aquellos casos no le resultaban extraños; antes de que ella naciera, su propia madre, Mary Wollstonecraft, había sido reanimada tras intentar suicidarse arrojándose al Támesis. “La muerte, al parecer, podía revertirse”, escribe Ruston.

Uno de aquellos reanimadores fue el médico escocés James Lind (primo del James Lind conocido por estudiar la cura del escorbuto) , que trabajó en un rudimentario sistema de resucitación cardiopulmonar con el que logró revivir a un paciente. “Lind ha sido considerado como un Víctor Frankenstein de la vida real”, dice Guston. El motivo es que existía un fuerte vínculo entre el escocés y la autora de Frankenstein: Lind fue, más que un mentor, casi un padre para Percy durante sus años escolares en Eton. Gracias a la influencia del médico, “Percy era un entusiasta de la ciencia, y se dice que como estudiante incluso intentó recrear el experimento de la cometa y la llave de Benjamin Franklin”, prosigue Guston.

De hecho, también Franklin figura en la lista de candidatos a modelos para el personaje de Mary Shelley: según Guston, se ha propuesto que la autora creó el nombre de su doctor en homenaje al científico e inventor estadounidense, “especialmente considerando que Immanuel Kant llamó a Franklin el moderno Prometeo”.

El alquimista que robaba cadáveres

Pero naturalmente, entre las posibles inspiraciones de Shelley, ¿cómo olvidar al alquimista alemán de quien se cuenta que robaba cadáveres para reanimarlos con una poción de su invención, y que nació precisamente en el castillo de Frankenstein? A pesar de las asombrosas semejanzas incluso en el nombre, la influencia de Johann Conrad Dippel en la gestación de la novela es motivo de discusión.

Está documentado que en 1814 Mary y Percy visitaron la localidad alemana donde se encuentra el castillo. Sin embargo, este no se menciona en su diario de viaje, aunque según indican a OpenMind Dorothy y Thomas Hoobler, autores de The Monsters: Mary Shelley and the Curse of Frankenstein (Little, Brown, 2006), “las similitudes entre la vida de Dippel y la novela de Mary Shelley son demasiado grandes como para tacharlas de coincidencias”. La verdadera respuesta se la llevó Mary Shelley a la tumba; un lugar del que, en la vida real, aún nadie ha regresado.

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miércoles, febrero 4

Arqueoacústica: el estudio acústico en lugares arqueológicos

(Un texto de Ana González Menéndez leído el 16 de marzo de 2020 en bbvaopenmind)

La arqueoacústica desarrolla, dentro del campo de la arqueología, estudios sobre los efectos acústicos en sitios arqueológicos de diferentes culturas, aunando un enfoque físico, antropológico y arquitectónico.

Fue a finales del siglo XX cuando esta disciplina tuvo su auge a raíz de algunos trabajos en los que se relacionaba al arte rupestre prehistórico con la acústica de los lugares donde se emplazaba (Dauvois (1988), o Waller (1993)). De esa misma época son también las aportaciones con trabajos sobre los litófonos de la Cueva de Nerja (Dams, 1984 y 1985). Hasta llegar a estudios más avanzados décadas después (Jiménez González, 2008; Díaz-Andreu, 2012-2014; o el proyecto Songs of the Caves).

Metodologíav

La acústica arqueológica abre la posibilidad de llevar a cabo mediciones acústicas para conseguir información acerca de las diferentes actividades humanas, sociales, políticas, religiosas, etc., de las diversas culturas en el pasado, y poder establecer conexiones con las manifestaciones del presente. Estudia la acústica del hecho arqueológico para poder reconstruir el paisaje sonoro-musical del pasado.

Metodológicamente resulta necesario incorporar elementos y aspectos cuantitativos (instrumentos musicales, materiales constructivos, medición de espacios y atención a sus características; en definitiva, aquello que forma parte de la ingeniería acústica), así como herramientas conceptuales. Es decir, que para poder proponer y establecer hipótesis fundamentadas y elaborar vínculos útiles entre teoría y práctica, resultan necesarios los modelos matemáticos, tanto en un plano más abstracto, como en lo relativo a su implementación numérica. 

El fenómeno auditivo y sonoro debe ser entendido y contemplado en diferentes planos, y tener en cuenta cada uno de esos planos y sus relaciones. Aspectos tales como el estrictamente físico, el cognitivo, el fisiológico, y el de significado, este último como parte de las diversas manifestaciones culturales, artísticas y sociales, son algunos, aunque no los únicos, aspectos a considerar.

El sonido como fenómeno natural

Para atender al sonido como fenómeno natural resulta necesario establecer un protocolo de medición acústica. También es importante tener en cuenta los materiales, sobre todo en el caso de edificios rehabilitados, puesto que en su reconstrucción pueden haberse utilizado materiales distintos de los originales, dando lugar a alteraciones acústicas por la construcción, y por variaciones en la temperatura, en la humedad y en otras condiciones físicas. La elaboración de los modelos matemáticos se llevará a cabo una vez que se disponga de los datos anteriores. Y este estudio acústico, desde el punto de vista matemático, se basará en el planteamiento y resolución de una ecuación específica: la ecuación de onda. Cuya solución recrea de forma virtual condiciones que no sería posible reproducir experimentalmente y, además, funciona como una herramienta que predice y verifica hipótesis.

Aspectos físicos y cognitivos

El proceso auditivo necesita de un receptor y, por lo tanto, de un procesamiento y una decodificación de la señal sonora. Así, caracterizar acústicamente un sistema arqueológico tiene que contemplar la manera en la que las manifestaciones acústicas son percibidas por el ser humano. Por ello también resulta importante atender a los aspectos psicoacústicos. Las cualidades que se aplican al sonido, tales como fuerte o débil, tienen que ser analizadas según un contexto relativo.

El significado de los sonidos

Los sonidos gozan de un significado que puede variar a la luz de un contexto cultural específico. En el caso de la Grecia clásica, los sonidos y las notas graves se encontraban asociados a movimientos y a objetos de más peso, y los sonidos más agudos a aquellos movimientos y objetos más ligeros. Fue más adelante cuando se estableció y se creó el sistema de notación musical occidental, en el que las alturas tienen su correspondencia: alto-agudo, bajo-grave.

El caso de los mayas

En distintos lugares, como Chichén Itzá, se ha descubierto la existencia de “piedras musicales”, o “conos musicales”, una serie de piedras que, al ser golpeadas, dan lugar a tonos diferentes. Este tipo de fenómenos no están sólo presentes en lugares mayas, sino también en otros asentamientos prehispánicos (Teotihuacán, Monte Albán, etc.). Pero es en Tulum donde se ha estudiado la existencia de un efecto acústico muy interesante. En el techo de una de las edificaciones hay un cilindro, y junto a él un anillo, los dos de piedra, y ambos colocados en el mismo plano. Los guías locales afirman que cuando el viento es muy fuerte, y alcanza grandes velocidades, como sucede al acercarse un huracán a la costa, resulta posible oír, a cientos de kilómetros, el silbido que produce el anillo. Si esto es así, podría considerarse como uno de los primeros dispositivos de alarma meteorológica, puesto que Tulum es un lugar amurallado, y sus murallas, en aquel tiempo, protegían a sus pobladores.

Los elementos metodológicos mencionados con anterioridad son clave para validar estas teorías. Y la comprensión, tanto matemática como física, deberá estar a su vez fundamentada en pruebas experimentales y datos arqueológicos.

Prospectiva

El ámbito de la arqueoacústica abre un amplio campo de estudio, en el que aún queda mucho por investigar. Se sabe que las antiguas civilizaciones dieron, sin duda, una gran importancia a la acústica. Pero el estudio ha de llevarse a cabo desde distintas perspectivas, tanto científicas como humanistas. Son necesarios enfoques analíticos, matemáticos, experimentales, etc., puesto que cada uno de ellos, de forma aislada, no puede proporcionar una percepción íntegra del fenómeno acústico.

Aún son numerosas las cuestiones que se plantean a raíz de los hallazgos y de los ulteriores análisis arqueológicos, pero los trabajos sobre los efectos acústicos en lugares arqueológicos tienen un gran recorrido por delante y deben ser considerados como una disciplina emergente y, sobre todo, transversal.

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martes, febrero 3

Mucho más que un pasatiempo: las matemáticas del Solitario

(Un artículo de Miguel Barral en bbvaopenmind.com publicado el 8 de septiembre de 2020)

El juego del Solitario habría sido inventado por un aristócrata francés durante su encierro en La Bastilla. Eso cuentan algunas versiones sobre su origen, que se situaría en la primera mitad del siglo XVII —pues esa fue la época en la que el monarca Luis XIV empleó la fortaleza como prisión para los nobles que no le eran afines. Sea más o menos creíble, este legendario origen pone de manifiesto tanto la antigüedad como la naturaleza del juego: un pasatiempo sencillo, que se puede jugar en cualquier sitio y que permite matar las horas en soledad; y de ahí su atemporal popularidad y vigencia. 

Pero no ha sido hasta finales de 2019, cuando por fin se ha logrado determinar la probabilidad de ganar una partida. Esta cuestión, que durante décadas había sido objeto de estudio por parte de aficionados y matemáticos, se ha resuelto recurriendo a un programa informático para poder abordar los complejos y laboriosos cálculos.

Al margen de historias y leyendas, la primera referencia documentada sobre el juego corresponde a un grabado francés que representa a Anne-Joulie de Rohan-Chabot (1648-1709), princesa de Soubise, jugando al solitario. Esto sustentaría otra versión diferente sobre su origen, que identifica al matemático francés Pelisson como su inventor para entretenimiento de Luis XIV, conocido como el Rey Sol. Sin embargo, tal y como se refleja en el grabado, el juego representado es una modalidad del Solitario conocida como Solitario Noble o del Noble (y en inglés como Peg Solitaire) que se juega sobre un tablero con clavijas; y que atendiendo a ello podría ser el precursor u origen del juego de cartas.

El Solitario (del) noble se juega sobre un tablero, que en su versión más habitual tiene forma de cruz y 33 agujeros, con el central vacío y los restantes ocupados por piezas o clavijas. El objetivo es que solo quede una pieza ocupando la posición central.

Para ello, el jugador debe ir eliminando clavijas una a una a base de saltar con una de ellas sobre otra —en horizontal o vertical— para ocupar un hueco libre.

El Solitario con cartas

La modalidad jugada con cartas, que a la postre es la que ha acabado identificándose como Solitario, habría surgido a finales del siglo XVIII en los países bálticos como una forma de adivinación de la fortuna. Una hipótesis sustentada por el auge que en esa misma época experimentó la cartomancia y por el hecho de que en Escandinavia el juego era denominado Cabale, término que se ha vinculado a la Cábala judía. 

Desde allí se habría extendido rápidamente al resto de Europa, tal y como atestigua que la primera referencia al término en el Oxford English Dictionary data de 1801. También que la primera obra conocida sobre el Solitario (una colección de juegos) apareciese publicada en Rusia en 1826; a la que poco después seguirían otras en Alemania y Francia. El juego se volvió tan popular que ya en sus Grandes Esperanzas (1864), Charles Dickens presenta a uno de los personajes jugando al Solitario.

Casi desde el mismo momento en que se popularizó, el Solitario concitó la atención de los matemáticos, que apoyados en la reciente rama de la Teoría de juegos, trataron de determinar, entre otras cuestiones, la probabilidad de ganar una partida. Un cálculo que se les ha resistido desde entonces y que ha llegado a ser calificado como uno de los problemas más desconcertantes de las matemáticas.

El programa más utilizado de Microsoft

A finales del s. XX el Solitario experimentó un nuevo e inesperado impulso con la aparición de los ordenadores personales. Y gracias en gran medida a Microsoft, que decidió incorporar el juego —en concreto, la modalidad conocida como Klondike— en el sistema operativo Windows 3.0 argumentando que se trataba de una forma amena e intuitiva de que el nuevo usuario se familiarizase con el manejo del ratón y de la interfaz gráfica. Desde entonces, no solo lo ha mantenido en todas las versiones posteriores de Windows, sino que ha introducido nuevas modalidades de juego en lo que constituye una apuesta segura ya que, según Microsoft, el Solitario es el más utilizado de sus programas, por delante incluso del Word y del Excel.

Ese “factor Microsoft” justifica que en el s. XXI el Klondike se haya convertido, con mucho, en la modalidad del Solitario más extendida y jugada. Y precisamente ha tenido que ser con el empleo de ordenadores (y en concreto con un programa de Inteligencia Artificial bautizado como Solvitaire) que se ha conseguido, por fin, establecer la probabilidad de ganar una partida para 45 modalidades diferentes del juego. Entre ellas, el Klondike, para el que el porcentaje de éxito se cifra en 81,96% ¿Será esta alta probabilidad de ganar otra de las claves de la popularidad del juego?

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lunes, febrero 2

Zoonosis: animales y grandes pandemias de la historia

(Un texto de Sara González leído el 13 de abril de 2020 en bbvaopenmind.com)

Pandemia, antiviral, inmunidad de grupo… La propagación mundial del coronavirus SARS-CoV-2  ha propiciado que varios conceptos científicos se repitan en las informaciones habituales sobre la enfermedad. No escapa a este glosario el término que se encuentra en el centro del origen mismo de la enfermedad: la zoonosis. 

Se denomina zoonosis al proceso por el cual se transmiten de forma natural enfermedades de los animales a los seres humanos, ya sea a través de la exposición directa de la persona al animal, o el consumo de alimentos derivados de los animales. Aunque de momento no hay confirmación científica del animal desde el cual la enfermedad COVID-19 dio el salto a los humanos, el cerco parece cerrarse ahora en torno al pangolín. Sin embargo, a pesar de inundar hoy la información de actualidad, la zoonosis es un proceso muy conocido y que se encuentra en el origen de muchas enfermedades, así como de grandes pandemias históricas. 

¿Por qué el ser humano siempre ha estado y estará expuesto a este tipo de pandemias? El informe Ganadería Mundial 2013: Un panorama de enfermedades cambiante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura aporta un dato clave: un 70% de las nuevas enfermedades que han surgido en los seres humanos en las últimas décadas son de origen animal. Este porcentaje pone de manifiesto hasta qué punto la salud humana está estrechamente relacionada con la ganadería y la salud de los animales. En este mismo informe se mencionaban otros factores que habían contribuido a la extensión de este tipo de enfermedades en los últimos años, siendo algunos de ellos la pobreza, unos sistemas de salud y unas infraestructuras sanitarias deficientes en algunos territorios, los viajes y el comercio internacionales, el cambio climático y la creciente presión en los ecosistemas. 

De la peste negra al “mal de las vacas locas”, repasamos algunas de las zoonosis más importantes en la historia de la humanidad antes de la llegada de la enfermedad COVID-19.

Peste negra

En  el siglo XIV, la peste negra costó la vida a unos 50 millones de personas. Esta devastadora epidemia, considerada la más letal de la historia de la humanidad, se trata de una zoonosis de tipo bacteriana, ya que es causada por la bacteria Yersinia pestis, que se encuentra en pequeños mamíferos y en las pulgas que los parasitan. Las condiciones de vida en la Edad Media propiciaron su rápida propagación, puesto que las personas tenían mucho contacto con las pulgas y otros parásitos de las ratas. 

Hoy en día, la peste sigue estando presente como enfermedad de los animales en todos los continentes excepto Oceanía, pero actualmente la mayor parte de los casos humanos se concentran en África, y los tres países más endémicos son Madagascar, la República Democrática del Congo y Perú.

Rabia

La rabia es una enfermedad zoonótica vírica causada por un virus de la familia Rhabdoviridae. Puede afectar a cualquier animal mamífero salvaje o doméstico y se propaga a las personas a través de mordeduras o arañazos, aunque en un 99% de los casos esta propagación se da a través de perros domésticos. Por tanto, la forma más eficaz de combatirla es la vacunación de los perros, y por este motivo esta vacunación es obligatoria en muchas regiones. 

Louis Pasteur logró la primera vacuna contra la rabia en humanos en el año 1885. El célebre químico francés trató con ella a un niño de 9 años al cual le había mordido un perro infectado, logrando su recuperación y la de miles de personas más en los siguientes meses.

La OMS alerta de que hoy en día se trata de una enfermedad desatendida por concentrarse la mayoría de los contagios en humanos en poblaciones pobres y vulnerables. Más del 95% de las muertes humanas debidas a rabia se registran en Asia o África, a pesar de existir inmunoglobulinas y vacunas eficaces para el ser humano desde hace más de un siglo. 

Encefalopatía espongiforme bovina 

Más conocida por la población como la “enfermedad de las vacas locas”, los primeros casos de encefalopatía espongiforme bovina (EEB) en animales se detectaron en Reino Unido en 1986. En 1996 se identificó en el ser humano una nueva variante de la Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob que se relacionó con la epidemia de EEB en el ganado vacuno. La transmisión de la enfermedad a humanos se produce mediante el consumo de carne contaminada.

La aparición de EEB en el ganado vacuno se relacionó con la práctica de alimentar a los animales con restos de ganado rumiante. El abandono de este compuesto para la alimentación de ganado vacuno eliminó las posibilidades de contracción de EEB por parte de los animales, y por tanto, su riesgo de transmisión a los humanos con el consumo de carne. 

Gripe aviar

La gripe aviar es una zoonosis causada por subtipos del virus Influenza A. Se trata de un tipo de gripe que originalmente sufren las aves, pero algunas de sus cepas pueden llegar a infectar a distintos mamíferos que mantengan contacto con aves infectadas, entre los que se encuentran los humanos. En el año 1997 se identificaron por primera vez infecciones humanas en Hong Kong. De 2004 a 2006 se produjo la propagación del virus de las aves de corral de Asia a Europa, y la OMS advirtió de que esta propagación tenía como consecuencia el aumento de posibilidades de que la gripe aviar se convirtiera en pandemia. Diez años más tarde, en el año 2013, volvía a saltar a las noticias el contagio de cientos de personas en China por la nueva cepa H7N9.

A pesar de que algunos expertos apuntaron a la posibilidad de que una cepa de la gripe aviar podría convertirse en la gran pandemia del siglo XXI, esto todavía no ha sucedido porque de momento no se ha originado ninguna mutación del virus que facilite la transmisión entre las personas. De producirse en un futuro un cepa que sí superar esta barrera, se podría desencadenar esta pandemia.

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