Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

sábado, octubre 17

La Torre de la Magdalena de Zaragoza

(Un texto de Jaime Carbonel Monguilán publicado el 13 de diciembre de 2022, en www.coaatz.org)

La iglesia parroquial de Santa María Magdalena se encuentra prácticamente al final de la calle Mayor, de Zaragoza, donde esta desemboca en la llamada plaza de la Magdalena, junto a la parte más oriental del Coso. Una potente muralla de piedra de alabastro, de la que aún quedan restos importantes, delimitaba la ciudad. En este lugar se encontraba la puerta de Valencia, denominada en época islámica “Bâb al-Qibla”. Bâb significa “puerta” en árabe y la Qibla señalaba la dirección hacia La Meca (sureste). También quedan restos de esa puerta en la fachada de una de las casas.

De este conjunto siempre se afirmó que estaba construido en el siglo XIV, adscrito, por tanto, al arte mudéjar aragonés. Respecto a la iglesia, no hay ninguna duda de que es así. En época barroca, cuando ya no era obligatorio que los altares estuvieran orientados hacia el Este, se abrió una puerta en la cara central del ábside y se colocó el altar en el lado opuesto.

Si toda la obra responde a un proyecto único y está realizada en un mismo tiempo, resulta extraña la diferencia de estilos y recursos decorativos, encontrando en la torre una mayor riqueza de los mismos en contraste con la sobriedad de la iglesia, cuya ornamentación se concentra principalmente en el ábside y con elementos diferentes a los de la torre. Evidentemente, no pudieron ser las mismas manos de alarifes las que levantaran uno y otro edificio.

Documentalmente, se afirma que ya existía una iglesia en este mismo lugar en 1126. Teniendo en cuenta que la conquista cristiana de Zaragoza se produce en 1118, está claro que aquel templo no pudo ser otro que la mezquita que ahí hubiera antes de esa fecha. En el siglo XIV, se derribaría el antiguo edificio y se construiría la iglesia que hoy conocemos. Al construirla sobre el mismo solar que el antiguo templo, su orientación quedó condicionada por tal circunstancia, lo que explica que el ábside, en lugar de estar hacia el Este, lo esté hacia el Sureste (La Meca).

El profesor Borrás Gualís aventuró que, seguramente, construirían una iglesia románica inmediatamente después de la conquista cristiana y que sería a esta a la que se referían en el documento que aludía al año 1126. Además de lo increíble que resultaría semejante actividad edilicia en aquellos primeros años de posguerra en lugar de aprovechar lo existente, cabe señalar que, en 1988 y 1989, el solar situado al norte de la iglesia fue excavado por los arqueólogos José Francisco Casabona Sebastián y José Delgado Ceamanos, encontrándose una serie de restos y estructuras islámicas, como un fragmento de inscripción en árabe y un potente muro de cimentación de 20 metros de longitud en sentido NO-SE que, por su orientación y tamaño, bien pudo pertenecer a la mezquita de Bâb al-Qibla. Sin embargo, no se halló ningún resto de la iglesia románica mencionada por Gonzalo Borrás, como tampoco durante las obras de restauración dirigidas más recientemente por los arquitectos Aguerri y Aguerri.

La pregunta que se plantea es si la torre actual es realmente el alminar reutilizado de aquella mezquita o si se hizo de nueva planta junto con la iglesia, tal y como siempre se afirmó. De cualquier forma, el historiador Ángel Canellas, en su “Historia de Zaragoza”, ya menciona un testamento de 1197 otorgado por un clérigo de esta iglesia en el que se habla de su “campanar” (torre campanario). De igual forma que descartamos la existencia de una iglesia románica en aquel entonces, tampoco cabe la posibilidad de una torre románica. Resulta difícil pensar que no sea la que hoy conocemos y que es objeto de este artículo.

Analizando el encuentro entre ambos edificios a nivel de calle Mayor, la bajante existente en el rincón que forman ambos paramentos dificulta ver si es una única obra o son dos, pero se aprecia que no parecen coincidir en altura las hiladas de uno y otro. La observación a cierta altura (por encima del atrio) llevada a cabo por Peña Gonzalvo nos da la clave: la cornisa de la iglesia parece querer estar hecha al mismo nivel que la que corresponde a la torre a esa misma altura, aunque, por lo visto, un asiento diferencial entre los dos edificios ha evidenciado que son dos obras separadas. Más todavía: la cornisa que corresponde a la iglesia se estrella contra la de la torre, señal inequívoca de que, cuando se construyó la iglesia, la torre ya estaba allí. No hay duda, pues, de que la torre se erigió como un edificio exento.

Pero todavía hay más evidencias. Los historiadores Bernabé Cabañero y Carmelo Lasa publicaron en el nº 17 de la revista Artigrama (2002) un trabajo titulado “Presentación de cuatro capiteles de época taifa reutilizados en la torre de la iglesia de Santa María Magdalena de Zaragoza”. Se trata de unos capiteles existentes en los ventanales del tercer cuerpo de la torre. Son dos huecos en cada cara, es decir, ocho en total, divididos cada uno de ellos por una columnilla terminada en un capitel con su correspondiente cimacio sobre el que apean los dos arquillos en que se subdivide cada hueco. Afirman, con todo su buen conocimiento, que son de época taifal (siglo XI). Tuvieron que ser ocho porque, antes de la restauración llevada a cabo por Francisco Íñiguez en los años 60 del siglo pasado, habían eliminado la columnilla en cuatro de esos ventanales (uno de cada cara) para poder colocar campanas, pues, de lo contrario, no cabían en esos huecos tan estrechos. Solo se mantuvieron los otros cuatro y aquellos se han perdido. Nos encontramos ante un caso más de que se construye una torre para la que no se piensa en que sea un campanario, pues no se prevé en la misma el espacio para su utilidad principal, si esta hubiera sido la de colocar campanas. Estos historiadores, en su afán por sostener la datación de Borrás Gualís, dan el argumento de que esos capiteles serían reutilizados, quizá procedentes del edificio islámico encontrado por Casabona y Delgado. Es frecuente el reaprovechamiento de piezas, pero, arquitectónicamente, resulta increíble que encajaran de manera tan perfecta esos elementos “reciclados” en una obra posterior. Tuvieron que ser expresamente elaborados para la misma. Además, no se explica por qué omitieron los otros 48 capiteles que existen en los arcos abocinados y que pertenecen también a la misma época. Para estos no existe reutilización posible: se esculpieron también explícitamente para su ubicación actual.

En el interior de la torre existen cinco estancias superpuestas. La primera de ellas está cubierta con bóveda de crucería simple y el resto con bóvedas de arista. Estos elementos suelen adscribirse a la arquitectura gótica, pero no debe dejarse de lado la circunstancia de que también están presentes en la arquitectura omeya andalusí, como la maqsura de la mezquita de Córdoba (962) o la mezquita toledana de Bâb Mardûm (999), así como también en la mezquita aljama de Isfahán (Irán, siglo XI).

Entrando más en nuestra especialidad como arquitectos técnicos y atendiendo a la evolución estructural de los alminares que exponíamos en algún artículo anterior, nos encontramos ante un alminar evolucionado, fechable en los últimos años de la taifa de Saraqusta, compuesto ya de una torre exterior y otra interior o contratorre, solamente unidas por la correa de la escalera que circula entre ambas y que se va formando mediante hiladas de ladrillo enjarjadas. La contratorre no se detiene en el cuerpo de ventanales, sino que continúa hasta arriba para formar la torrecilla de coronación. Es el modelo que se exportaría hacia el sur de la Península, con el éxodo de buena parte de la población saraqustí tras la conquista cristiana. Emigraron con todos sus conocimientos y aportaron sus técnicas constructivas al Imperio almohade. Quizá el resultado más espectacular de todo ello es la Giralda de Sevilla, que sigue el mismo esquema estructural que esta torre, aunque allí con rampas en lugar de peldaños, dada la mayor dimensión de la planta que le otorga una grandeza superior. En cuanto a estas torres zagríes, es justo destacar su mayor esbeltez respecto a la Giralda, si en esta consideramos solo su estado original y no tenemos en cuenta el recrecido del siglo XVI, es decir, la relación entre la altura y la dimensión de la base, lo que les aporta una mayor elegancia en su silueta.

La similitud entre el repertorio decorativo de esta torre (profusión de cerámica vidriada) y el de la Parroquieta de la Seo hace pensar en una segura contemporaneidad, incluso en la coincidencia de los mismos alarifes. También en el hecho de que sirviera de modelo a las torres de Teruel, aunque estas también con menor esbeltez.

Tanto la mezquita como el alminar ocuparían en época islámica una situación muy privilegiada. En el plano que se adjunta, está señalada con el nº 2 y la Bâb al-Qibla con el nº 11. Saliendo de la ciudad por esa puerta, nos encontraríamos, después de cruzar el Coso, con uno de los cementerios más importantes de Saraqusta, que se extendería prácticamente hasta el río Huerva (el otro cementerio importante, grafiado en el mismo color magenta en la parte occidental de la ciudad, era el que citábamos en el artículo sobre la torre de San Pablo, señalada con el nº 5). Según la tradición, allí estaban las tumbas de los tabíes Hanash as-Sana’aní (fundador de la mezquita aljama) y Alí al-Lahmí. Eran destino de peregrinación de muchos musulmanes venidos del resto de la Península y de otros lugares para venerar a estos personajes con reputación de santidad. El magnífico alminar de Bâb al-Qibla serviría de faro para llegar hasta ese lugar (de hecho, “alminar” significa “faro”).

En las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el interior del templo con motivo de las últimas obras de restauración, se encontró el cimiento de un pequeño alminar en la zona del actual presbiterio. Los cuatro siglos de presencia islámica en esta tierra dieron suficiente como para que, en una ciudad tan vibrante como lo fue esta y en este enclave tan especial, se hiciera necesario ampliar en el siglo XI la mezquita que aquí había. Javier Peña recrea en el plano que sigue la hipótesis más razonable de su evolución constructiva. En color verde claro, la mezquita original con su pequeño alminar, el cual sería derribado para llevar a cabo la ampliación de la mezquita (grafiada en verde oscuro) con el alminar que hoy conocemos. Ese templo sería consagrado en el siglo XII para el culto cristiano bajo la advocación de Santa María Magdalena, hasta el siglo XIV, cuando se adosa el ábside al muro de la Qibla (en color marrón) y se derriba la mezquita para construir la iglesia que hoy conocemos. No tienen que derribar, como es lógico, el bello alminar para construir un nuevo campanario porque les sirve perfectamente para usarlo como tal. Hubiera sido difícil mejorarlo en belleza y prestancia.

Para poder hacernos idea de cómo pudo ser este conjunto arquitectónico y su entorno, ponemos a continuación esta imagen que representa la Bâb al-Qibla y, tras ella, el alminar de la Magdalena, modelo 3D de Ana Alfaro (Área de Expresión Gráfica del Departamento de Arquitectura de Unizar), según interpretación de J. Peña. Al fondo, en color blanco, la mezquita mayor y su gran alminar octogonal.

Nos encontramos, pues, ante una de las torres de mayor exotismo y belleza de toda la Península, por su figura esbelta, su rica decoración y extraordinario equilibrio, realizada en los últimos años de aquel siglo de oro de Zaragoza que transcurrió entre la declaración de reino independiente (1018) y la incorporación al reino de Aragón (1118), hecho con el que se abrió una nueva etapa.

Nota (leída en un mensaje de Facebook):

También es conocida como la parroquia del gallo ya que está coronada con una veleta en forma de esa ave gallinácea.

Ya sabéis que el gallo ha tenido siempre fama de tener un sueño muy ligero, pues bien, en la Parusía, la Segunda Venida de Cristo, el gallo despertará a los cristianos para que nadie se pierda el poder contemplar la visión de la gloria del Salvador.
 

  

 

 

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jueves, octubre 15

Este pez es capaz de reconocerse en un espejo

(Un artículo de Vicente Fernández López en quo.com publicada el 31 de agosto de 2018)

El llamado "test del espejo" fue creado en 1970 por Gordon Gallup y, en teoría, mediría la capacidad de un animal para tener autoconsciencia de sí mismo, en función de su capacidad para reconocerse en un espejo.Consiste en pintarle una marca en la cara a un animal (o a un bebé) sin que se dé cuenta y ponerle frente a su reflejo. Supuestamente, si se da cuenta y trata de limpiar o tocar esa señal, es que el animal es consciente de sí mismo. 

Lo de la autoconsciencia sigue siendo polémico, pero lo cierto es que hasta la fecha solo la han pasado los animales que consideramos más inteligentes: los grandes simios, los elefantes, los delfines, las urracas, los humanos a partir de su segundo año y algunas variedades de aves como los cuervos. Pero nunca la había superado un pez. 

Hasta ahora, porque un experimento realizado por un equipo de la Universidad de Osaka ha revelado que los miembros de la familia Labridae, si son capaces de hacerlo. Estos pequeños peces del tamaño de un dedo humano fueron los protagonistas de un experimento en el que, al ponerlos frente a un espejo, los investigadores observaron que se movían y comportaban de una forma totalmente distinta a como lo hacían cuando estaban frente a otro ejemplar de la misma especie.

Posteriormente, les marcaron con un tinte en una parte del cuerpo, de tal forma que los peces solo podían ver la mancha si se miraban en el espejo. Y lo que ocurrió es que pasaron más tiempo adoptando posturas que les facilitaban ver la mancha en su imagen reflejada. 

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Ampliación (leído en el boletín Materia de El País del 27 de marzo de 2021)

Ahora leo en New Scientist que en una cuadra italiana 11 de los 14 caballos a los que pusieron frente al espejo con la marca en el cachete intentaron limpiarse con la pata. Hay expertos que ponen en duda que estén realmente mirándose. ¿Por qué? Porque lo normal, en cuanto un animal descubre el truco del espejo, es que se miren donde no se suelen ver. Unos científicos chinos enseñaron a unos macacos a reconocer su reflejo y lo primero que hicieron fue mirarse los genitales: una irresistible perspectiva inédita de sí mismos.

 

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martes, octubre 13

¡Qué duro es ser padres...!

Un padre entró en la habitación de su hija y encontró una carta sobre la cama. Con la peor de las premoniciones la leyó mientras le temblaban las manos: 

"Queridos papá y mamá, con gran pena y dolor os digo que me he escapado con mi nuevo novio. 

He encontrado el amor verdadero y es fantástico. Me encantan sus piercings, cicatrices, tatuajes y su gran moto. Pero no es sólo eso: estoy embarazada y Yonatan dijo que seremos muy felices en su poblado. Quiere tener muchos mas niños conmigo y ese es uno de mis sueños. 

He aprendido que la marihuana no daña a nadie y la vamos a cultivar para nosotros y nuestros amigos. Ellos nos proporcionan toda la cocaína y pasta base que queremos.

Entretanto rezaremos para que la ciencia encuentre una cura para el SIDA, para que Yonatan se mejore. Se lo merece. 

No te preocupes por el dinero: el Yoni lo ha arreglado para que participe en las películas que sus amigos Brayan y Maikel ruedan en su sótano. Por lo visto puedo ganar 50 euros por escena, 50 más si hay más de tres hombres en la escena y 50 más si participa un caballo. 

No te preocupes mamá. Ya tengo 15 años y sé cómo cuidar de mí misma.....algún día os visitaré para que podáis conocer a vuestros nietos.   

Con cariño, vuestra querida hija.

P.D.: Papi, es una broma. Estoy viendo la tele en la casa de la vecina. Sólo quería mostrarte que hay cosas peores en la vida que mis notas, que ¡te adjunto a la presente!

++ 

Respuesta del padre:  Le he dado a leer la nota a tu madre... Le ha dado un infarto del susto y hemos tenido que ingresarla en el hospital. Los médicos temen por su vida. 

Al decirle a los abogados lo que ha pasado me han recomendado que haga uso de la figura del repudio, por lo que ya no eres nuestra hija, así que te hemos quitado del testamento. 

Hemos tirado a la basura todas tus cosas y hemos habilitado tu habitación como despacho. También hemos cambiado la cerradura de casa por lo que tendrás que buscarte un alojamiento, pero no intentes pagar con tarjeta, porque la hemos anulado, y hemos cancelado tu cuenta en el banco (El dinero que había allí, lo vamos a utilizar para el tratamiento de tu madre). 

Por cierto, no intentes llamarnos para pedirnos dinero, porque hemos anulado el contrato de tu teléfono móvil y hemos dado de baja tu número. Las joyas que tenías guardadas, tu equipo de música, y la colección de CDS y películas, las hemos vendido al vecino del quinto (ese que te cae tan mal y que dices que te vigila por la ventana cuando te cambias de ropa...). 

¡¡Ah!! Por cierto, tendrás que buscar también un trabajo, porque ya no te vamos a pagar los estudios ni las clases de música. Para el caso de que no puedas conseguir ni trabajo ni alojamiento, te recomiendo al "Perico". Es un tío que conocí en la mili, y no sé muy bien a qué se dedica, pero le he mandado una foto tuya y me ha dicho que una chica como tu no tendría problemas para vivir en ciertos países del Magreb que el conoce. 

En fin espero que en tu nueva vida todo te vaya bonito y que seas muy feliz.

P.D.: Hija, es una broma. Estoy viendo la tele en casa con tu madre, que está perfectamente y riéndose a carcajadas. Sólo quería mostrarte que hay cosas peores en la vida que pasarte las próximas tres semanas castigada sin salir de casa, por las notas, y sin ver la tele, por la bromita.

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lunes, octubre 12

Día del Pilar

¿Y qué mejor que una jota para celebrarlo? 

La virgen del Pilar tiene,
repleticos de fervor
un altar en cada pecho
de los hijos de Aragón.
Respeta, Pilar, tu nombre,
que es el que la Virgen lleva
y pa llevarlo la Virgen
tie que estar como una perla.
Cuando te mire la Virgen
se lo que te va a decir:
¡a ver si siendo tan guapa
te países en guerra a mí!
La Virgen hoy deja el cielo
y en la tierra se aposenta
pa escuchar nuestro cariño
y sentirlo más de cerca.
Un Pilar para una imagen
la Virgen pidió a Santiago
¡y mía si lo hizo bien firme
con corazoncicos maños!
En el Pilar, los de fuera
exclaman, para admirarse:
¡que imagen tan chiquitica
y que devoción tan grande!
La Virgen a mandao a una
paloma de su Pilar
a que lleve por el mundo
el olivo de la Paz.
Un ángel dijo a la Virgen,
contentico...y envidioso:
en Aragón ya os adoran
lo mismico que nosotros.
Siempre que vas Virgen mía
en tu nave capitana
el mar si deshace en besos
para ti y para tu España.
La que más me gusta de todas...
Fuiste a besar el Pilar,
y detrás de ti besé:
que me perdone la Virgen
el beso que le robé.

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viernes, octubre 9

No...

(De Erin Hanson)
  
No eres tu edad,
ni la talla de ropa que usas, no eres tu peso, ni el color de tu cabello.
No eres tu nombre, ni los hoyuelos en tus mejillas, eres todos los libros que lees, y todas las palabras que dices, eres tu voz ronca de la mañana, y las sonrisas que intentas ocultar, eres la dulzura de tu risa, y cada lágrima que has derramado,
eres las canciones que cantas a todo pulmón, cuando sabes que estás sola,
eres los lugares que has visitado, y el que llamas hogar, eres las cosas en las que crees, y la gente que amas, eres las fotos en tu habitación, y el futuro con el que sueñas, estás hecha de tanta belleza,
pero parece que lo olvidaste, cuando decidiste que te definían,
por todo lo que no eres...

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miércoles, octubre 7

La incubadora para bebés prematuros: una invención que surgió en los parques de atracciones

(Un texto leído en Madri+d el 

Esta invención indudablemente pasó a la historia como una herramienta fundamental en el tratamiento de los nacidos prematuramente, contribuyendo a la reducción de la mortalidad neonatal, aunque lo que más llama la atención de sus primeros tiempos es el lugar donde esas primeras incubadoras evolucionaron, como se verá más adelante.

De acuerdo a los manuales de historia de la medicina, el inventor de las primeras incubadoras fue el francés Stéphane Tarnier, que en 1880 y mientras trabajaba en la maternidad de Port Royal de París diseñó una caja dividida en dos compartimentos, uno inferior con agua caliente y otro superior donde se ubicaba el niño. Mediante la utilización de estas incubadoras primitivas, fue capaz de reducir la mortalidad neonatal en un 28%.

Aun cuando los orígenes de la incubadora se encuentran en Francia, fue Martin Couney el responsable de su popularización. Nacido en Alsacia y probablemente de apellido Cohn o Cohen, estudió en Leipzig y Berlín, pero recientemente se ha conocido que no llegó a obtener la licenciatura en medicina, aunque ciertamente poseía conocimientos médicos. Ya en la exposición universal de Berlín de 1896 exhibió algunas incubadoras desarrolladas por sus maestros. Posteriormente emigró a los Estados Unidos y dentro del parque de atracciones Luna Park, de Coney Island, en Nueva York, montó una exhibición consistente en bebés prematuros que vivían dentro de incubadoras. También se instaló otra exposición permanente en Atlantic City y algunas exposiciones temporales. Hasta la década de los años 30, en los Estados Unidos no había incubadoras en los hospitales. Por tanto, la única esperanza para los bebés prematuros era ser llevados a dicha atracción de feria, donde entre la mujer barbuda y el come-sables, salían adelante en su gran mayoría, atendidos por Couney, otros doctores y enfermeras, mientras eran observados por los espectadores que tras pagar sus tickets de 25 centavos podían contemplar a los bebés prematuros en sus extrañas “viviendas”. En la entrada al recinto había un cartel que decía: “All the world loves a baby”. 

En aquellos años existía la creencia de que los bebés prematuros no tenían posibilidades de sobrevivir. Martin Couney, también llamado el doctor “incubadora”, demostró que con los cuidados adecuados era posible que prosperaran y todavía viven algunos de esos “niños” que se salvaron gracias a su trabajo.  La primera instalación con incubadoras no se montó en un hospital de Nueva York hasta 1939, gracias al éxito que la exhibición de Couney tuvo en la reducción de la mortalidad neonatal. 

A pesar de no haber sido posible encontrar una solicitud de patente en la que Martin Couney figurara como inventor, es un campo en el que se ha producido un importante avance tecnológico a lo largo del último siglo y gran parte del mismo se ha protegido mediante patente. Así, un grupo principal de la clasificación internacional de patentes está dedicado a las incubadoras, en concreto el A61G11/00.

Muchos de los bebés prematuros que permanecieron en incubadoras en la década de los 40 perdieron la visión debido a una condición denominada “fibroplasia retrolental” o “retinopatía del prematuro” . En 1956 un estudio reveló que, en la mayoría de los casos, el culpable de la condición había sido un exceso de oxígeno, lo que provocó que inmediatamente se redujeran los niveles del mismo en las incubadoras. Durante los años 70 y 80 los principales avances se dieron en el campo de la ventilación mecánica.

En los últimos años, la innovación en el mundo de las incubadoras se ha centrado en la obtención de dispositivos más sencillos y ligeros que puedan ser utilizados en países con menores niveles de desarrollo. Así, en una entrada anterior del blog dedicada a una exposición sobre inventos poco complejos destinados a mejorar las condiciones de vida en países menos desarrollados, se describía la incubadora embrace, que no precisa energía eléctrica para su funcionamiento, cuesta 25$ en lugar de los 15.000$ de una tradicional y mantiene una temperatura de 37ºC durante 6 horas gracias a unas pastillas de cera que pueden calentarse en una estufa.

Otra incubadora, también de bajo coste (< 260 €) y más similar a las tradicionales, inventada por un ingeniero español, fue protagonista el año pasado de una  nota en los medios de comunicación.

Asimismo, en la entrada del blog dedicada a las patentes en la Fórmula I se mencionaba que la empresa británica “Advanced Healthcare Technology” ha desarrollado una incubadora fabricada con el tipo de fibra de carbono que se utiliza en los monocascos de Fórmula 1. El peso se reduce en un 90% y ello permite su transporte en helicóptero. La incubadora se denomina “Babypod” y está protegida mediante el diseño USD497429 en los EE.UU.

Conclusión

Aunque hoy sería impensable encontrarnos con incubadoras en un parque de atracciones, a finales del siglo XIX y principios del XX era muy común poder contemplar personas con deformidades o anormalidades, en los denominados “freak-shows”. Ya entonces, había sectores que se oponían a la exhibición de bebés prematuros, pero de no ser por la labor de Martin Couney, muchos de ellos habrían fallecido. Todo ello sirvió para popularizar unos dispositivos que hoy son imprescindibles en cualquier hospital materno-infantil. Para profundizar en la historia, se recomienda la lectura del libro “Miracle at Coney Island” de la periodista Claire Prentice.

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lunes, octubre 5

Un año en la Antigua Roma

 (Un texto leído en Zenda el 21 de marzo de 2018, a raíz del libro homónimo de Néstor F. Marqués González)

Con este libro vivirás cómo era un año cualquiera en la antigua Roma, del 1 de enero al 31 de diciembre, en un viaje a través de su cultura y su historia —la grande y la pequeña— en el que asistirás a sus fiestas, sus ceremonias civiles y religiosas y sus ocupaciones cotidianas. Desde el emperador al esclavo, del mercader al senador, del soldado al labrador, todos ellos tienen su hueco en esta obra, que se extiende por los más de mil doscientos años de historia de esta extraordinaria civilización en la que se hunden nuestras raíces. A continuación te ofrecemos un fragmento de Un año en la Antigua Roma, Néstor F. Marqués González.

DE ROMA A LA ACTUALIDAD:

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL CALENDARIO

Para poder llegar a comprender el complejo sistema de medición del tiempo que utilizamos diariamente de forma natural, es necesario que nos remontemos varios milenios atrás, hasta un tiempo en el que ni siquiera existía la misma ciudad de Roma, una época de leyendas, dioses y héroes que se pierde entre la bruma de los mitos que cubre los senderos de la historia.

Nos encontramos en Alba Longa, a menos de un día de viaje al sur de la orilla todavía salvaje que bañaba el solitario Tíber, conocido en esta época por su nombre más ancestral: Álbula. En ella gobernaba Numitor, rey justo y ecuánime, descendiente directo de Eneas, hijo de Venus y mítico héroe que consiguió salir con vida de la funesta Troya, incendiada y saqueada por los griegos y sus engaños.

Amulio, hermano pequeño de Numitor, ávido de poder, usurpó el trono de su hermano desterrándolo para que no pudiera recobrarlo. A sus sobrinos, Amulio los mandó asesinar o exiliar para que nunca pudieran recuperar el legítimo lugar arrebatado a su padre. Sin embargo, el rey ilegítimo perdonó a Rea Silvia, única hija de Numitor, con la condición de que entregara su vida a la virginidad y a la castidad de la mano de la diosa Vesta.

Rea, ya como sacerdotisa vestal, cumplía su condena con diligencia sirviendo a la diosa virgen en su templo. Un día que paseaba por el monte despreocupada, se paró a descansar junto a un arroyo y quedó profundamente dormida a la sombra de un sauce. El poderoso dios Marte no pudo evitar fijarse en ella y, burlando las leyes divinas y terrenas, la violó en su sueño, dejando en ella la semilla de dos gemelos que estaban destinados a grandes hazañas.

Cuando la vestal Rea dio a luz a los hijos del dios de la guerra, Amulio, presa del odio y el terror, ordenó que los gemelos fueran ahogados en el río. Según se cuenta, las aguas retrocedieron ante tal despropósito y finalmente los dos niños, Rómulo y Remo, fueron puestos a salvo en secreto en una cesta a la deriva sobre las acogedoras aguas del Tíber.

El destino y los dioses hicieron que la cesta encallara al lado de una higuera, junto a los montes de la futura Roma, donde una loba los recogió y los amamantó como a sus propios lobeznos en la gruta sagrada que hoy llamamos Lupercal. Poco después los encontró un pastor llamado Fáustulo, cuyo nombre significa ‘el que favorece’. Él y su mujer, Aca Larentia, cuidaron de los gemelos junto a sus propios hijos mientras crecieron.

Siendo los gemelos ya adultos, y habiendo conocido su verdadera condición, regresaron a Alba Longa donde, ¡oh, gran Rómulo!, clavaste tu espada en el pecho de Amulio, restituyendo a Numitor en su legítimo trono. Este, en su inmenso agradecimiento para con sus nietos, les otorgó la potestad de fundar una ciudad a la que llamar suya.

Los gemelos eligieron cada uno un monte, pensando ambos que el elegido por él, y no el de su hermano, habría de ser el destinado a la nueva fundación. Como no conseguían ponerse de acuerdo, resolvieron que los augurios de los dioses decidieran al ganador, que portaría el orgullo de convertirse en el conditor —fundador— de la ciudad. Remo desde el Aventino divisó seis pájaros. Rómulo, por su parte, desde la cima del Palatino divisó doce volando en perfecta formación. Tal visión le hizo merecedor del honor de fundar el nuevo asentamiento sobre el Palatino, hogar por tantos siglos posteriores de los gobernantes del Imperio.

Realizaron las ofrendas fundacionales a Júpiter, Marte y Venus, excavaron los fosos siguiendo el trazado del arado que delimitara los sagrados límites de la Urbe y levantaron tras ellos los muros de la ciudad, a la que llamarían Roma en honor de su fundador. Rómulo advirtió entonces a los ciudadanos que no debían permitir que ninguna persona osara traspasar los muros sagrados. ¡Ay, desdichado rey! No sabías lo que el destino te tenía reservado para probar tu fuerza y tu entereza.

Remo, ignorante y atrevido, comenzó a burlarse de la corta altura de las nuevas murallas, traspasándolas. Duro fue el castigo que le fue impuesto por su osadía, pues solo la muerte podía servir para reparar tan inmenso ultraje a la voluntad del rey, que es la de los dioses. Duro fue también el castigo para el verdugo encargado de ejecutar a Remo y así expiar su culpa. Algunos dicen que fue Celer y otros que el mismísimo Rómulo, su hermano, quien ejecutó la ley divina. La sangre fue derramada, los dioses complacidos y así pudo dar comienzo la historia de la ciudad de Roma, el largo y próspero reinado del rey Rómulo y la primera semilla de la civilización que dominó el mundo durante miles y miles de años.

Acabas de leer una adaptación del relato mítico de la fundación de Roma, en el que se ha querido recoger, en parte, el estilo narrativo de los autores clásicos que relataron el suceso, entre los que destacan Tito Livio, Ovidio, Dionisio de Halicarnaso, Plutarco o Dion Casio. Las referencias más antiguas que conocemos de la leyenda son del siglo iii a. C. Teniendo en cuenta que la historia se sitúa entre el año 771 a. C. —fecha del nacimiento de los gemelos— y el año 753 a. C. —fecha tradicional de fundación de Roma—, existe un margen de más de cinco siglos entre el suceso, que no es tal, y las primeras versiones de la leyenda. El tiempo es, sin duda, un arma peligrosa. Los romanos crearon su propio mito fundacional mezclando relatos antiquísimos de sus antepasados, haciendo que su civilización no descendiera de las desconocidas poblaciones que se encontraran asentadas en la zona en épocas anteriores, sino de grandes héroes que todo el mundo podía reconocer fácilmente.

De hecho, autores como Virgilio utilizaron las leyendas para ensalzar a aquellos que ostentaban el poder en su época, en este caso a Augusto, legitimando su gobierno a través de su relación directa con los gemelos Rómulo y Remo, hijos de Marte y descendientes de la estirpe de Eneas, héroe de la mítica Troya e hijo de Venus en la Eneida.

Todo ello hace que reflexionemos necesariamente sobre lo que nos cuentan las fuentes antiguas, obras muchas veces interesadas que esconden sus verdades y solo las muestran a aquellos que saben dónde buscar. Buena parte de lo que sabemos de la Roma más arcaica son creaciones posteriores, como seguramente lo son parte de los orígenes de su propio calendario. Aun así, sin toda esa literatura no podríamos siquiera comenzar a descubrir el inicio de algo tan importante como es la visión del tiempo en la Roma primitiva en la que, una vez comprendido esto, nos adentramos.

El origen del calendario romano:
el calendario lunar

Al mítico Rómulo, en su gran sabiduría y certero juicio, otorgaban los romanos el honor de haber creado el primer calendario de la Urbe. Fue este calendario primigenio el que sentó las bases, no solo de lo que sería posteriormente el calendario romano, sino también del que conocemos hoy en día.

A diferencia del calendario romano clásico y del nuestro propio, este se basaba en las fases lunares como elemento primordial para contabilizar los ciclos de los meses y los años. La diosa Luna siempre fue considerada por las civilizaciones del mundo antiguo, desde Mesopotamia hasta Roma, como una de las divinidades con mayor influencia tanto en la naturaleza como en la vida humana. Propiciadora del crecimiento de los cultivos y los animales, reguladora de las mareas y del ciclo de la mujer, la Luna era una de las pocas divinidades visibles y, junto con el Sol, viajaba en su carro por el firmamento de forma inalterable. Un ancla perfecta para determinar el paso del tiempo, aún más en una sociedad agrícola.

La tradición romana asociaba a la luna su forma de designar a los meses, menses, pues la palabra que los antiguos griegos empleaban para denominar al astro, como cuenta Varrón en su obra Sobre la lengua latina, era μήνη, de donde surgía μῆες —‘meses’ en griego— que tiene el mismo origen que la palabra latina menses. En otras lenguas actuales, como el inglés, también se puede observar este fenómeno. Palabras como moon (‘luna’) o month (‘mes’) tienen el mismo origen común, relacionándose todas ellas con las formas más primitivas de medir el tiempo gracias a la luna.

El calendario romano arcaico se basaba en cuatro puntos clave para medir la sucesión de días que formaban cada uno de los meses del año. Estas fechas estaban muy relacionadas precisamente con la luna y sus fases cambiantes. La primera de ellas, con la que se iniciaba cada mes, eran las kalendae. Esta fecha, que debía coincidir con la fase de luna nueva visible, era decisiva puesto que el mes lunar se organizaba de forma variable a partir de las observaciones lunares realizadas en las kalendae.

Las kalendae marcaban el momento en el que uno de los sacerdotes menores observaba la luna y comunicaba sus observaciones al Rex Sacrorum —el ‘rey de los sacrificios’—. Se trataba del sacerdote de más alto prestigio de la religión romana, por encima incluso —aunque no en jerarquía— del Pontifex Maximus o sumo sacerdote. Se realizaban entonces sacrificios a Juno Covella, diosa propiciadora de los ciclos del tiempo, mientras se la invocaba diciendo te kalo Iuno Covella. A través de este ritual se pretendía anunciar el número de días que compondrían el primer cuarto de ese mes, dependiendo del número de veces que se repitiera la invocación. El origen del nombre de las kalendae parece provenir, por tanto, de ese grito de invocación, ego kalo, ‘yo invoco’ o ‘yo llamo’.

Pasada esta primera fase, la única de duración variable, llegaban las nonae, que coincidían con la luna en cuarto creciente. El significado primigenio de este nombre es sencillo si tenemos en mente la forma inclusiva de contar que tenían los romanos. Nonae, que viene de nonum (‘nueve’), hacía referencia a los días que transcurrían hasta llegar a la siguiente fecha. Durante las nonae, el Rex Sacrorum hacía un anuncio al pueblo, tal vez desde el Foro, la plaza principal de Roma, o desde el Arx, una pequeña colina junto al monte Palatino. Esta vez se trataba de la distribución de las festividades y acontecimientos a lo largo del mes.

Llegada la mitad del mes era el momento de celebrar las idus, que marcaban la fase de luna llena. Dedicadas siempre al dios Júpiter, la tradición romana nos cuenta que en este día el Flamen Dialis —sumo sacerdote del culto a Júpiter—, junto con otros sacerdotes, sacrificaba una oveja —ovis idulis— en honor del rey de los dioses.

Estos tres días, kalendae, nonae e idus, serían las únicas fechas a tener en cuenta para la medición del paso de los días en el calendario romano posterior. Sin embargo, gracias a la investigación actual, podemos apreciar, poniendo nuestra atención en las fases lunares, que el calendario romano arcaico tenía espacio para una fecha más. No sabemos cómo llamaban los romanos primitivos a esta fecha —ni los propios romanos posteriores lo recordaban—, pero debía coincidir seguramente con la luna en su estado de cuarto menguante, siguiendo el ciclo de nueve días —contando de forma inclusiva— que se empleaban para los demás periodos del mes. Llamemos nundinae post idus —nueve días después de las idus— a esta fecha, como ya han hecho algunos investigadores. Los calendarios romanos abandonaron esta referencia hasta tal punto que puede ser tan desconocida a ti como lo sería para un ciudadano romano del siglo i. Sin embargo, ocultas en los fasti, hay algunas festividades que revelan la existencia de esta cuarta fecha, siendo la más destacada el tubilustrium.

El tubilustrium —de tubae y lustrare— era una antiquísima fiesta romana en la que se limpiaban y purificaban las tubae, trompas ceremoniales empleadas en todo tipo de ritos funerarios, juegos y sacrificios. Esta festividad se celebraba dos veces en el calendario romano posterior, el 23 de marzo y el 23 de mayo. En el más primitivo, esta fecha se celebraría cada mes, una nundinae —ocho días según nuestra forma de contar— después de las idus. También podemos observar que muchos calendarios romanos, dados a las abreviaturas, portan en los días 24 de marzo y mayo el acrónimo QRCF, que la historiografía desarrolla tradicionalmente como quando rex comitiavit fas. Esta frase posiblemente se refería de nuevo a la figura del Rex Sacrorum, estrechamente ligado con el calendario en otras fechas como las kalendae. En esta ocasión el sacerdote tendría de nuevo un papel principal en los sacrificios de la mañana en el Comitium. Estas dos fechas nos muestran rituales muy importantes que se celebraban precisamente al cumplirse el tercer cuarto del mes.

A pesar de que estas festividades son las que más claramente guardan el secreto de esta fecha perdida, un análisis más profundo del calendario romano —que podrás ver desarrollado en la segunda parte de este libro—, nos revela que aproximadamente una nundinae después de las idus de cada mes solía encontrarse alguna festividad importante como las terminalia en febrero, las parilia en abril, las neptunalia en julio, las consualia en agosto o las divalia en diciembre. De todas ellas hablaremos más adelante.

A partir de esta última fecha destacada de cada mes, tan solo había que esperar un nuevo ciclo de nueve días —siempre contabilizados de forma inclusiva— para llegar otra vez al comienzo del mes siguiente, coincidiendo con la luna nueva. En resumen, el sistema del calendario arcaico romano otorgaba una fecha variable a las kalendae, pero mantenía a intervalos regulares el resto de las fechas trascendentales del ciclo lunar hasta completar el periodo de aproximadamente 29 días.

Kalendae luna nueva visible

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[3-6 días]

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Nonae luna creciente

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[7 días]

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Idus luna llena

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[7 días]

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Nundinae post idus luna menguante

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[7 días]

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Kalendae luna nueva visible

Sinopsis de Un año en la Antigua Roma, de Néstor F. Marqués González

Aunque a veces no nos demos cuenta, somos herederos directos de Roma, de su cultura y de su forma de concebir aspectos tan determinantes como las leyes, la estructura social o el mismo paso del tiempo.

Este último nos servirá de guía para adentrarnos en el mundo romano de modo distinto, a través de su calendario, con sus meses, semanas, días, horas y los principales hitos que marcaban el día a día de quienes lo utilizaron para regir sus vidas antes que nosotros.

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