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miércoles, febrero 4

Arqueoacústica: el estudio acústico en lugares arqueológicos

(Un texto de Ana González Menéndez leído el 16 de marzo de 2020 en bbvaopenmind)

La arqueoacústica desarrolla, dentro del campo de la arqueología, estudios sobre los efectos acústicos en sitios arqueológicos de diferentes culturas, aunando un enfoque físico, antropológico y arquitectónico.

Fue a finales del siglo XX cuando esta disciplina tuvo su auge a raíz de algunos trabajos en los que se relacionaba al arte rupestre prehistórico con la acústica de los lugares donde se emplazaba (Dauvois (1988), o Waller (1993)). De esa misma época son también las aportaciones con trabajos sobre los litófonos de la Cueva de Nerja (Dams, 1984 y 1985). Hasta llegar a estudios más avanzados décadas después (Jiménez González, 2008; Díaz-Andreu, 2012-2014; o el proyecto Songs of the Caves).

Metodologíav

La acústica arqueológica abre la posibilidad de llevar a cabo mediciones acústicas para conseguir información acerca de las diferentes actividades humanas, sociales, políticas, religiosas, etc., de las diversas culturas en el pasado, y poder establecer conexiones con las manifestaciones del presente. Estudia la acústica del hecho arqueológico para poder reconstruir el paisaje sonoro-musical del pasado.

Metodológicamente resulta necesario incorporar elementos y aspectos cuantitativos (instrumentos musicales, materiales constructivos, medición de espacios y atención a sus características; en definitiva, aquello que forma parte de la ingeniería acústica), así como herramientas conceptuales. Es decir, que para poder proponer y establecer hipótesis fundamentadas y elaborar vínculos útiles entre teoría y práctica, resultan necesarios los modelos matemáticos, tanto en un plano más abstracto, como en lo relativo a su implementación numérica. 

El fenómeno auditivo y sonoro debe ser entendido y contemplado en diferentes planos, y tener en cuenta cada uno de esos planos y sus relaciones. Aspectos tales como el estrictamente físico, el cognitivo, el fisiológico, y el de significado, este último como parte de las diversas manifestaciones culturales, artísticas y sociales, son algunos, aunque no los únicos, aspectos a considerar.

El sonido como fenómeno natural

Para atender al sonido como fenómeno natural resulta necesario establecer un protocolo de medición acústica. También es importante tener en cuenta los materiales, sobre todo en el caso de edificios rehabilitados, puesto que en su reconstrucción pueden haberse utilizado materiales distintos de los originales, dando lugar a alteraciones acústicas por la construcción, y por variaciones en la temperatura, en la humedad y en otras condiciones físicas. La elaboración de los modelos matemáticos se llevará a cabo una vez que se disponga de los datos anteriores. Y este estudio acústico, desde el punto de vista matemático, se basará en el planteamiento y resolución de una ecuación específica: la ecuación de onda. Cuya solución recrea de forma virtual condiciones que no sería posible reproducir experimentalmente y, además, funciona como una herramienta que predice y verifica hipótesis.

Aspectos físicos y cognitivos

El proceso auditivo necesita de un receptor y, por lo tanto, de un procesamiento y una decodificación de la señal sonora. Así, caracterizar acústicamente un sistema arqueológico tiene que contemplar la manera en la que las manifestaciones acústicas son percibidas por el ser humano. Por ello también resulta importante atender a los aspectos psicoacústicos. Las cualidades que se aplican al sonido, tales como fuerte o débil, tienen que ser analizadas según un contexto relativo.

El significado de los sonidos

Los sonidos gozan de un significado que puede variar a la luz de un contexto cultural específico. En el caso de la Grecia clásica, los sonidos y las notas graves se encontraban asociados a movimientos y a objetos de más peso, y los sonidos más agudos a aquellos movimientos y objetos más ligeros. Fue más adelante cuando se estableció y se creó el sistema de notación musical occidental, en el que las alturas tienen su correspondencia: alto-agudo, bajo-grave.

El caso de los mayas

En distintos lugares, como Chichén Itzá, se ha descubierto la existencia de “piedras musicales”, o “conos musicales”, una serie de piedras que, al ser golpeadas, dan lugar a tonos diferentes. Este tipo de fenómenos no están sólo presentes en lugares mayas, sino también en otros asentamientos prehispánicos (Teotihuacán, Monte Albán, etc.). Pero es en Tulum donde se ha estudiado la existencia de un efecto acústico muy interesante. En el techo de una de las edificaciones hay un cilindro, y junto a él un anillo, los dos de piedra, y ambos colocados en el mismo plano. Los guías locales afirman que cuando el viento es muy fuerte, y alcanza grandes velocidades, como sucede al acercarse un huracán a la costa, resulta posible oír, a cientos de kilómetros, el silbido que produce el anillo. Si esto es así, podría considerarse como uno de los primeros dispositivos de alarma meteorológica, puesto que Tulum es un lugar amurallado, y sus murallas, en aquel tiempo, protegían a sus pobladores.

Los elementos metodológicos mencionados con anterioridad son clave para validar estas teorías. Y la comprensión, tanto matemática como física, deberá estar a su vez fundamentada en pruebas experimentales y datos arqueológicos.

Prospectiva

El ámbito de la arqueoacústica abre un amplio campo de estudio, en el que aún queda mucho por investigar. Se sabe que las antiguas civilizaciones dieron, sin duda, una gran importancia a la acústica. Pero el estudio ha de llevarse a cabo desde distintas perspectivas, tanto científicas como humanistas. Son necesarios enfoques analíticos, matemáticos, experimentales, etc., puesto que cada uno de ellos, de forma aislada, no puede proporcionar una percepción íntegra del fenómeno acústico.

Aún son numerosas las cuestiones que se plantean a raíz de los hallazgos y de los ulteriores análisis arqueológicos, pero los trabajos sobre los efectos acústicos en lugares arqueológicos tienen un gran recorrido por delante y deben ser considerados como una disciplina emergente y, sobre todo, transversal.

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martes, febrero 3

Mucho más que un pasatiempo: las matemáticas del Solitario

(Un artículo de Miguel Barral en bbvaopenmind.com publicado el 8 de septiembre de 2020)

El juego del Solitario habría sido inventado por un aristócrata francés durante su encierro en La Bastilla. Eso cuentan algunas versiones sobre su origen, que se situaría en la primera mitad del siglo XVII —pues esa fue la época en la que el monarca Luis XIV empleó la fortaleza como prisión para los nobles que no le eran afines. Sea más o menos creíble, este legendario origen pone de manifiesto tanto la antigüedad como la naturaleza del juego: un pasatiempo sencillo, que se puede jugar en cualquier sitio y que permite matar las horas en soledad; y de ahí su atemporal popularidad y vigencia. 

Pero no ha sido hasta finales de 2019, cuando por fin se ha logrado determinar la probabilidad de ganar una partida. Esta cuestión, que durante décadas había sido objeto de estudio por parte de aficionados y matemáticos, se ha resuelto recurriendo a un programa informático para poder abordar los complejos y laboriosos cálculos.

Al margen de historias y leyendas, la primera referencia documentada sobre el juego corresponde a un grabado francés que representa a Anne-Joulie de Rohan-Chabot (1648-1709), princesa de Soubise, jugando al solitario. Esto sustentaría otra versión diferente sobre su origen, que identifica al matemático francés Pelisson como su inventor para entretenimiento de Luis XIV, conocido como el Rey Sol. Sin embargo, tal y como se refleja en el grabado, el juego representado es una modalidad del Solitario conocida como Solitario Noble o del Noble (y en inglés como Peg Solitaire) que se juega sobre un tablero con clavijas; y que atendiendo a ello podría ser el precursor u origen del juego de cartas.

El Solitario (del) noble se juega sobre un tablero, que en su versión más habitual tiene forma de cruz y 33 agujeros, con el central vacío y los restantes ocupados por piezas o clavijas. El objetivo es que solo quede una pieza ocupando la posición central.

Para ello, el jugador debe ir eliminando clavijas una a una a base de saltar con una de ellas sobre otra —en horizontal o vertical— para ocupar un hueco libre.

El Solitario con cartas

La modalidad jugada con cartas, que a la postre es la que ha acabado identificándose como Solitario, habría surgido a finales del siglo XVIII en los países bálticos como una forma de adivinación de la fortuna. Una hipótesis sustentada por el auge que en esa misma época experimentó la cartomancia y por el hecho de que en Escandinavia el juego era denominado Cabale, término que se ha vinculado a la Cábala judía. 

Desde allí se habría extendido rápidamente al resto de Europa, tal y como atestigua que la primera referencia al término en el Oxford English Dictionary data de 1801. También que la primera obra conocida sobre el Solitario (una colección de juegos) apareciese publicada en Rusia en 1826; a la que poco después seguirían otras en Alemania y Francia. El juego se volvió tan popular que ya en sus Grandes Esperanzas (1864), Charles Dickens presenta a uno de los personajes jugando al Solitario.

Casi desde el mismo momento en que se popularizó, el Solitario concitó la atención de los matemáticos, que apoyados en la reciente rama de la Teoría de juegos, trataron de determinar, entre otras cuestiones, la probabilidad de ganar una partida. Un cálculo que se les ha resistido desde entonces y que ha llegado a ser calificado como uno de los problemas más desconcertantes de las matemáticas.

El programa más utilizado de Microsoft

A finales del s. XX el Solitario experimentó un nuevo e inesperado impulso con la aparición de los ordenadores personales. Y gracias en gran medida a Microsoft, que decidió incorporar el juego —en concreto, la modalidad conocida como Klondike— en el sistema operativo Windows 3.0 argumentando que se trataba de una forma amena e intuitiva de que el nuevo usuario se familiarizase con el manejo del ratón y de la interfaz gráfica. Desde entonces, no solo lo ha mantenido en todas las versiones posteriores de Windows, sino que ha introducido nuevas modalidades de juego en lo que constituye una apuesta segura ya que, según Microsoft, el Solitario es el más utilizado de sus programas, por delante incluso del Word y del Excel.

Ese “factor Microsoft” justifica que en el s. XXI el Klondike se haya convertido, con mucho, en la modalidad del Solitario más extendida y jugada. Y precisamente ha tenido que ser con el empleo de ordenadores (y en concreto con un programa de Inteligencia Artificial bautizado como Solvitaire) que se ha conseguido, por fin, establecer la probabilidad de ganar una partida para 45 modalidades diferentes del juego. Entre ellas, el Klondike, para el que el porcentaje de éxito se cifra en 81,96% ¿Será esta alta probabilidad de ganar otra de las claves de la popularidad del juego?

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lunes, febrero 2

Zoonosis: animales y grandes pandemias de la historia

(Un texto de Sara González leído el 13 de abril de 2020 en bbvaopenmind.com)

Pandemia, antiviral, inmunidad de grupo… La propagación mundial del coronavirus SARS-CoV-2  ha propiciado que varios conceptos científicos se repitan en las informaciones habituales sobre la enfermedad. No escapa a este glosario el término que se encuentra en el centro del origen mismo de la enfermedad: la zoonosis. 

Se denomina zoonosis al proceso por el cual se transmiten de forma natural enfermedades de los animales a los seres humanos, ya sea a través de la exposición directa de la persona al animal, o el consumo de alimentos derivados de los animales. Aunque de momento no hay confirmación científica del animal desde el cual la enfermedad COVID-19 dio el salto a los humanos, el cerco parece cerrarse ahora en torno al pangolín. Sin embargo, a pesar de inundar hoy la información de actualidad, la zoonosis es un proceso muy conocido y que se encuentra en el origen de muchas enfermedades, así como de grandes pandemias históricas. 

¿Por qué el ser humano siempre ha estado y estará expuesto a este tipo de pandemias? El informe Ganadería Mundial 2013: Un panorama de enfermedades cambiante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura aporta un dato clave: un 70% de las nuevas enfermedades que han surgido en los seres humanos en las últimas décadas son de origen animal. Este porcentaje pone de manifiesto hasta qué punto la salud humana está estrechamente relacionada con la ganadería y la salud de los animales. En este mismo informe se mencionaban otros factores que habían contribuido a la extensión de este tipo de enfermedades en los últimos años, siendo algunos de ellos la pobreza, unos sistemas de salud y unas infraestructuras sanitarias deficientes en algunos territorios, los viajes y el comercio internacionales, el cambio climático y la creciente presión en los ecosistemas. 

De la peste negra al “mal de las vacas locas”, repasamos algunas de las zoonosis más importantes en la historia de la humanidad antes de la llegada de la enfermedad COVID-19.

Peste negra

En  el siglo XIV, la peste negra costó la vida a unos 50 millones de personas. Esta devastadora epidemia, considerada la más letal de la historia de la humanidad, se trata de una zoonosis de tipo bacteriana, ya que es causada por la bacteria Yersinia pestis, que se encuentra en pequeños mamíferos y en las pulgas que los parasitan. Las condiciones de vida en la Edad Media propiciaron su rápida propagación, puesto que las personas tenían mucho contacto con las pulgas y otros parásitos de las ratas. 

Hoy en día, la peste sigue estando presente como enfermedad de los animales en todos los continentes excepto Oceanía, pero actualmente la mayor parte de los casos humanos se concentran en África, y los tres países más endémicos son Madagascar, la República Democrática del Congo y Perú.

Rabia

La rabia es una enfermedad zoonótica vírica causada por un virus de la familia Rhabdoviridae. Puede afectar a cualquier animal mamífero salvaje o doméstico y se propaga a las personas a través de mordeduras o arañazos, aunque en un 99% de los casos esta propagación se da a través de perros domésticos. Por tanto, la forma más eficaz de combatirla es la vacunación de los perros, y por este motivo esta vacunación es obligatoria en muchas regiones. 

Louis Pasteur logró la primera vacuna contra la rabia en humanos en el año 1885. El célebre químico francés trató con ella a un niño de 9 años al cual le había mordido un perro infectado, logrando su recuperación y la de miles de personas más en los siguientes meses.

La OMS alerta de que hoy en día se trata de una enfermedad desatendida por concentrarse la mayoría de los contagios en humanos en poblaciones pobres y vulnerables. Más del 95% de las muertes humanas debidas a rabia se registran en Asia o África, a pesar de existir inmunoglobulinas y vacunas eficaces para el ser humano desde hace más de un siglo. 

Encefalopatía espongiforme bovina 

Más conocida por la población como la “enfermedad de las vacas locas”, los primeros casos de encefalopatía espongiforme bovina (EEB) en animales se detectaron en Reino Unido en 1986. En 1996 se identificó en el ser humano una nueva variante de la Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob que se relacionó con la epidemia de EEB en el ganado vacuno. La transmisión de la enfermedad a humanos se produce mediante el consumo de carne contaminada.

La aparición de EEB en el ganado vacuno se relacionó con la práctica de alimentar a los animales con restos de ganado rumiante. El abandono de este compuesto para la alimentación de ganado vacuno eliminó las posibilidades de contracción de EEB por parte de los animales, y por tanto, su riesgo de transmisión a los humanos con el consumo de carne. 

Gripe aviar

La gripe aviar es una zoonosis causada por subtipos del virus Influenza A. Se trata de un tipo de gripe que originalmente sufren las aves, pero algunas de sus cepas pueden llegar a infectar a distintos mamíferos que mantengan contacto con aves infectadas, entre los que se encuentran los humanos. En el año 1997 se identificaron por primera vez infecciones humanas en Hong Kong. De 2004 a 2006 se produjo la propagación del virus de las aves de corral de Asia a Europa, y la OMS advirtió de que esta propagación tenía como consecuencia el aumento de posibilidades de que la gripe aviar se convirtiera en pandemia. Diez años más tarde, en el año 2013, volvía a saltar a las noticias el contagio de cientos de personas en China por la nueva cepa H7N9.

A pesar de que algunos expertos apuntaron a la posibilidad de que una cepa de la gripe aviar podría convertirse en la gran pandemia del siglo XXI, esto todavía no ha sucedido porque de momento no se ha originado ninguna mutación del virus que facilite la transmisión entre las personas. De producirse en un futuro un cepa que sí superar esta barrera, se podría desencadenar esta pandemia.

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domingo, febrero 1

Es brutal esto

(Un artículo de Alex Grijelmo en El País del 8 de marzo de 2020)

Una palabra se engancha a veces como una lapa a nuestras conversaciones y no la soltamos hasta que pasan unos años y empezamos a aburrirnos de ella, mucho después de haber estado aburriendo a los demás. Cuando eso ocurre, se refugia finalmente en un uso latente, raro ya, que nos recordará las épocas en que la pronunciábamos a cada rato. Eso nos hará parecer más viejos.

La palabra “brutal” y sus familiares léxicos se entrometen ahora en cualquier diálogo, sea público o privado, sobre todo en Madrid y en sus medios audiovisuales: “El nivel actual de las series en España es brutal”, “Rafa Nadal es brutal”, “estar en la fase de grupos es brutal”, “lo de ayer fue brutal”, “ha pagado una brutalidad”, “Justin Bieber está brutal”, “João Felix está brutal”.

Los significados que le damos a “brutal” en esas oraciones no se acercan a lo que marca el Diccionario (DRAE) en las tres primeras acepciones: “Propio de los animales por su violencia o irracionalidad”; “Dicho de una persona: De carácter violento”; “Propio de una persona brutal. [Ejemplo] Una paliza brutal”. Si acaso, se aproximan a lo que indica la cuarta, de reciente aparición: “Muy grande”.

Por tanto, ante oraciones como “lo de ayer fue brutal” podemos entender que “lo de ayer fue muy grande”, pero si hablamos de que Justin Bieber está brutal o de que el segundo plato estaba brutal, no nos encajarán sus equivalencias “Justin Bieber está muy grande” y “están muy grandes estas angulas”.

El adjetivo latino brutalis derivó de brutus, que significaba “estúpido”. En el XV ya se extiende “brutal” a distintos aspectos de lo “irracional”; hasta el punto de que pronto se llamaría “brutos” a los animales. Así que se empieza con la estupidez y se acaba con la fuerza.

El primer diccionario académico (1726) definía “brutal” como “tosco”, “irracional”, “grosero”; a la vez que “bruto” se tomaba ya por “el animal quadrúpedo [sic], como el caballo, mulo, asno, etcétera”. Pero también se aplicaba “bruto” al “vicioso que vive torpe y desenfrenadamente”, además de a quien es “irracional, incapaz, estólido”, o “en sus costumbres y operaciones bárbaro” y que “procede bestialmente, como ajeno de razón”, o sea, alguien “tosco, informe, sin pulimiento, sin orden ni figura”. Se despacharon a gusto los académicos del siglo XVIII, como se ve, sin sospechar ni por lo más remoto que tres siglos después el adjetivo “brutal” acabaría en elogio de un gran tenista español.

Tanto en 1983 como en 1989, la Real Academia Española consideró añadir en la entrada “brutal” las acepciones de “enorme”, “colosal”, “magnífico” y “maravilloso”, pero no las pasó de su diccionario manual al oficial. Y sigue sin hacerlo, por más que incorporase en 2001 la cuarta acepción ya mencionada: “Muy grande”, que puede tomarse como descriptiva de tamaño o como ponderativa de calidad.

Es brutal todo esto. Y ahora todo lo vemos brutal, quizás porque “estupendo” o “maravilloso” empiezan a parecernos palabras muy manidas.

Si mantenemos ese uso elogioso de “brutal”, tal vez la docta casa recupere del cajón aquellas definiciones adicionales, que otorgarían al adjetivo el más positivo de los significados a la vez que se mantendría como uno de los más descalificadores. Los contextos se encargarían, por supuesto, de descifrar la intención del hablante. Es brutal cómo los contextos hacen que funcione la comunicación humana. Brutal, brutal. Lo de los contextos es brutal.

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sábado, enero 31

Venecia, “sempre crolla ma non cade”

(Un texto de Luis Alemany en El Mundo del 31 de mayo de 2020)

‘Si Venecia muere'. Salvatore Settis explica en su nuevo libro la historia del fracaso de la ciudad más bella del mundo, desde la invasión napoleónica hasta la huida en desbandada de sus habitantes, que fueron 170.000 en 1960 y hoy sólo son 53.000.

¿Desde cuándo se muere Venecia? ¿Desde que Napoleón entró en el Gran Canal y se llevó los leones de la Serenísima a Francia como un souvenir? ¿Desde que Lord Byron se fue de la ciudad en 1819 y dejó tristísimas a cinco o seis amantes casadas? ¿Desde que el Palazzo Dandolo se convirtió en el Hotel Danieli en 1824 (la primera reconversión de ese tipo)? ¿Desde que se cayó el campanario de San Marco en 1902? Venecia siempre se está muriendo y los venecianos tienen su broma al respecto: «Venezia, sempre crolla ma non cade». Venecia, que siempre está quebrándose pero nunca se cae, puede que esta vez sí que se muera, pero no por una acqua alta gigantesca como la de 1966, ni por el colapso de su frágil arquitectura. Más bien se muere de éxito.

«Venecia tenía 170.000 habitantes en 1960; hoy son 53.000, y la ciudad pierde aproximadamente 1,000 personas al año, lo que significa 2,7 personas al día. Muchos de los inversores que compran una casa no buscan una residencia permanente sino una segunda vivienda, lo que significa que se quedan en Venecia unos pocos días al año. Nunca serán verdaderos venecianos ni entenderán realmente cómo es vivir en una ciudad tan extraña y única. Por el camino, el mercado de segundas residencias y de apartamentos o edificios tranformados en bed & breakfast es tan grande que los que no tienen dinero, los jóvenes, no pueden permitirse el lujo de vivir en Venecia. Incluso los gondoleros se mudan a algún lugar de la terra ferma y deben viajar en tren a Venecia cada día».

Salvatore Settis, historiador y arqueólogo italiano, habla del fracaso cívico y demográfico de la ciudad más bella del mundo al hilo de ‘Si Venecia Muere’, el libro que acaba de publicar la editorial Turner.

Si Venecia Muere es varias cosas a la vez: es una descripción del vaciamiento de esta rara Detroit europea; es un manifiesto medioambiental casi desesperado; es un ensayo de urbanismo en el que la clave no está en las infraestructuras sino en la recuperación de la soberanía ciudadana…

Y es también una historia de ese fracaso. ¿Cómo, cuándo y por qué ha dejado de ser Venecia ciudad para convertirse en escenario?

«El mayor trauma de la historia veneciana fue seguramente el fin de su República en 1797», dice Settis, «Pasar de un gobierno aristocrático, con un soberano electo, el dogo, a soportar el dominio francés primero y luego el austríaco significó una transición muy difícil. Pero la mayoría de venecianos pensaban que su ciudad estaba protegida por su belleza, por Tiziano y por Vivaldi».

Un repaso a la historia de Venecia en el siglo XIX está llena de sinsabores: la República Serenísima había funcionado durante siglos (hasta 1797) corno una réplica de la República Romana. La dirigía un consejo elitista y estaba enfocada en el comercio. Su agenda política era mercantil conservadora pero su estilo de vida era relajado: el cosmopolitismo, la ópera, el juego y la prostitución eran famosos en todo el mundo.

Cuando Napoleón llegó a Venecia con su ideario imperialista e igualitario, fue recibido con frialdad. Su plan para Venecia consistió en reurbanizarla, llenarla de arquitectura neoclásica, expulsar a las órdenes religiosas y convertirla en una especie de pequeño Paris con canales. Los jardines públicos fueron su mejor legado, aunque insuficiente para ser visto con simpatía por los venecianos. Cuando los austriacos tomaron el control de la ciudad, la población los aclamó. Según el historiador Tomas E Madden, autor de Venice: a new history, los austriacos respetaron la identidad de la ciudad y le devolvieron cierto sentido de la dignidad. pero la dejaron languidecer en la pobreza. Su gran inversión fue el tren que hoy deja a los mochileros en Santa Lucía. Por esa vía, llegó a Venecia una primera oleada de turistas (en 1845 se contaron por primera vez tantos habitantes como visitantes anuales: 122.000) e ideas modernas como el nacionalismo, que puso la Historia de nuevo en movimiento. En 1848, los irredentistas, los patriotas italianos, se rebelaron y desconectaron la ciudad de los austriacos durante unos días.

Garibaldi partió a su rescate pero no llegó a tiempo. Austria bombardeó la laguna y recuperó su control durante los siguientes 18 años. Hasta 1866, cuando la reunificación de Italia ya había madurado y Vittorio Emmanuel ll liberó Venecia en un clima de euforia. Por esos años, otro poeta inglés, John Ruskin se trasladó a la ciudad. Quedó conmovido por su «belleza moribunda» y acuñó la idea de que Venecia se muere.

No tan deprisa: la Venecia italiana emprendió su modernización. Abrió canales navegables, construyo el gran molino de Giudecca (esa enorme construcción al fondo del Gran Canal que recuerda a la Tate Modern) y urbanizó el Lido, que dejó de ser un arenal por el que trotaban los caballos para convertirse en todo lo que Venecia no era: un lugar de calles rectas y coches, ordenado, sólido y salubre.

En 1915, empezó la construcción del puerto industrial de Maghera y del Ponte de Littorio, destinado al tráfico de coches y peatones. Su efecto fue impredecible: gracias a/por culpa del puente, la clase trabajadora se fue de Venecia y se instaló en Mestre. La ciudad empezó su camino hacia la gentrificacion.

«A lo largo del siglo XX se hizo cada vez más claro que, si el turismo era la principal fuente de ingresos para los venecianos, este proceso implicaría una explotación creciente del pasado sin espacio para la creatividad ni el futuro», explica Salvatore Settis. «Supongo que esa podría haber sido la principal preocupación que alguien como yo tendría en la década de 1950». Pese a todo, Venecia era en 1950 más dudad que nunca. Estaba en su pico demográfico histórico, había recibido al fascismo con alegría y lo había despedido sin traumas. Apenas un par de bombas cayeron sobre la ciudad en 1945. Muchos de sus canales se habían dotado de aceras (en 1850 apenas había espacios peatonales) y los ferrys llegaban desde América con un flujo más que suficiente de dólares.

¿Qué pasó entonces? En 1965, Venecia estrenó un nuevo canal navegable: el Malamocco. La infraestructura permitió aumentar la presión turística y estropeó el equilibrio medioambiental de la laguna. La nueva fragilidad de Venecia fue visible en 1966, el año de la gran inundación de Florencia, que también fue devastador en el norte y convirtió la ciudad en una ruina.

Hubo más cambios. En los años 70, el turismo dejó de ser una actividad elitista al estilo de Ingrid Bergman en Viaggio en Italia. Millones de visitantes de clase media y de presupuestos mínimos llegaron a la ciudad, cada vez más volcada en su monocultivo. Cada año cerraban colegios, juzgados, tiendas de necesidades básicas... Y la vida se envilecía.

Un ejemplo: el carnaval de Venecia. El carnaval había existido en la época de la República pero había desaparecido en el siglo XIX. En 1979, con el fin de ampliar la temporada turística al invierno, Venecia relanzó su carnaval, le inventó una raíz histórica y consiguió que millones de visitantes apareciesen por la laguna en los oscuros meses de enero y febrero. ¿Y todos esos elegantes enmascarados que vemos en las fotos? Son alemanes, ingleses, estadounidenses, chinos… lo que sea menos venecianos.

Settis, en su libro, cuenta que Venecia ha terminado por imitar a todas las little Venice que surgieron como sus réplicas en California, en Macao, en Las Vegas… El modelo original prescindió de la vida normal y empezó a enfatizar sus highlights, que es precisamente en lo que consiste un parque temático.

Settis analiza también todos los gigantescos proyectos, bienintencionados o deshonestos, que se han sucedido con la idea de salvar la ciudad. «Dada la enorme importancia histórica de Venecia y la atención constante de la opinión pública en todo el mundo por esta ciudad, es relativamente fácil atraer dinero a proyectos destinados a proteger a Venecia. Desafortunadamente, es menos fácil capturar la esencia real del problema, verlo en la perspectiva de las posibilidades tecnológicas de nuestro tiempo y diseñar una solución efectiva y eficiente. Esto es lo que sucedió con el Mose, un sistema de esclusas que debería proteger a Venecia y su laguna del acqua alta [que promovió Silvio Berlusconi]. Se ha gastado una enorme cantidad de dinero en los últimos 15 años, más o menos dos mil millones en mera corrupción. Pero el Mose nunca se ha terminado y hay poca certeza de que vaya a funcionar».

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