(Un texto de Paula Cantó leído en El Confidencial del 16 de diciembre de 2018)
Juan Tejero publica ‘En busca del reparto perfecto’, un libro que recoge cuarenta películas clásicas y cómo podrían haber sido completamente diferente a lo que conocemos.
“Las leyes físicas, la
mitología griega y el convertirse en estrella de cine se parecen
extraordinariamente”, escribe Juan Tejero.
“Cada acción exige la creación de una reacción propia, de
carácter inmutable”. Y lo ejemplifica con casos que casi cuenta
como leyendas: si George Raft no hubiese
rechazado todos los guiones que le ofrecía la Warner,
probablemente Humphrey Bogart no se hubiese
convertido en una estrella. Si finalmente a Shirley
Temple le hubiesen dejado protagonizar ‘El mago de Oz’, quizá Judy Garland
hubiese continuado siendo una actriz menor.
Decenas de historias
como estas, en las entrañas del reparto y la producción de
algunas de las películas más míticas del cine, aglutina Tejero
en ‘En busca del reparto perfecto:
las castings más legendarios del cine clásico’ (Bookland).
El libro recoge cuarenta cintas y las
decisiones que hubo detrás de ellas, donde muchas veces, “perder
la ocasión de convertirse en estrella de cine fue el resultado
de la pereza o la estupidez, o una combinación de ambas”.
'Drácula' y un desesperado Bela Lugosi
Su acento húngaro le
puso la guinda a frases como “Yo no bebo… vino” y no parece
fácil pensar en otro rostro para hacer carne al rey de los
vampiros. Sin embargo, Bela Lugosi, quien
fuera el legendario Drácula en Broadway, no fue la
primera opción para encarnar al personaje de la que
se convertiría en la película de terror más famosa de todos los
tiempos.
“Lugosi era quizá el
último actor al que la Universal pensaba encargar tal labor”,
escribe Juan Tejero. Lo que el estudio pretendía era darle
el papel protagonista a la estrella muda Lon Chaney,
que había generado la serie de melodramas de terror producidas
por Universal con intepretaciones como las de ‘El fantasma de la
ópera’ de 1925. Sin embargo, Chaney murió el 26 de agosto de
1930, ahogado en su propia sangre tras sufrir una hemorragia en
la garganta. Tejero explica que Chaney padecía un cáncer
terminal en las cuerdas vocales, probablemente causado por los
cosméticos que utilizaba.
Aun así, la siguiente
opción a considerar para encarnar a Drácula tampoco fue Lugosi.
Entre los candidatos se postulaban Conrad Veidt,
que había aparecido en ‘El gabinete del doctor Caligari’; Ian
Keith; William Courtenay o Paul
Muni. Todos ellos fueron descartados mientras Lugosi,
por su cuenta, trataba de llamar la atención de
Universal donando sus servicios a su unidad
internacional: dobló al húngaro el trabajo de Conrad Veidt en
‘Magia roja’ (1929) o intercedió ante la viuda de Bram Stoker para reducir el precio de sus
derechos.
A pocas semanas del
rodaje y con una precaria situación económica en Universal, el
jefe del estudio, Carl Laemmle, decidió, por fin, “llamar al
actor que había dedicado años de identificación obsesiva al
papel de Drácula”. Eso sí, tanto insistir y mostrar su cara más
desesperada tuvo consecuencias: Universal solo le
ofreció a Lugosi 500 dólares semanales por siete
semanas de trabajo.
'Ben-Hur': Charlton Heston iba a ser Mesala
Era 1957 cuando Joseph
R. Vogel, presidente de la Metro-Goldwyn-Mayer, anunció que iban
a preparar una nueva versión de ‘Ben-Hur’, la cual tenían
intención de convertir en “la película más gigantesca y
ambiciosa de la historia”. Y, al principio, el
candidato ideal a ojos del estudio debía ser Burt Lancaster.
“Por sus hazañas atléticas de acróbata, confirmado en
‘Trapecio’”, explica Tejero. Pero Lancaster se negó: para él,
aunque se proclamó ateo, la película era “una visión denigrante
del cristianismo”.
Todavía quedaba algún
nombre por delante hasta llegar al Ben-Hur de Heston. Cuando
Kirk Douglas leyó el guion, fue de inmediato a
ofrecerse al director William Wyler para el papel protagonista,
pero Wyler le ofreció el rol de Mesala. Douglas lo rechazó. “Él
solo quería ser el bueno”.
Otra idea de la Metro
fue contratar a Rock Hudson como Ben-Hur. En
este caso, Charlon Heston sería el encargado de
encarnar a Mesala, idea que tampoco cuajó. El tercer
candidato fue Paul Newman, quien más tarde se
autodescartó después de su “desastroso debut” en ‘El cáliz de
plata’ (1954). “Nunca volveré a actuar en una película con
vestido de cocktail”, anunció. Otros nombres sobre la mesa
fueron el español Ricardo Valle, el italiano Cesare
Danova, Marlon Brando y John
Gavin. Finalmente, presionada por Wyler, la Metro
acabó eligiendo a Heston y “el actor se lanzó de cabeza a la
oferta”: un sueldo de 250.000 dólares por treinta semanas de
trabajo.
'Vacaciones en Roma': la "suerte" de Hepburn
La primera dificultad
que con la que se encontró William Wyler cuando fue a rodar
‘Vacaciones en Roma’ -además del caos que supuso grabar en la
ciudad italiana- fue encontrar a la actriz perfecta para el
papel de la princesa. “Quería una chica sin acento americano,
alguien que pudieses creer que había sido educada para ser una
princesa” fueron las palabras del director, recogidas por
Tejero. Jean Simmons era la candidata ideal,
pero Howard Hughes tenía la propiedad de su contrato y se negó a
liberarla. Liz Taylor, la otra opción, tampoco
fue viable.
Richard Mealand, jefe
de producción de la Paramount en Londres, jugó un papel
fundamental en una llamada telefónica desde la central de Nueva
York, en la que, siguiendo las indicaciones de Wyler, le
consultaban si la actriz francesa Colette Ripert podría
ser una posibilidad. “Tengo otra candidata”, respondió. “Me
impresionó su actuación en un pequeño papel en ‘Risa en el
paraíso’. Tiene veintidós años, mide metro setenta, pelo castaño
oscuro… Está un poco delgada pero es muy atractiva. Baila muy
bien. Su voz es clara y juvenil sin acentos. Parece más
continental que inglesa”. Era Audrey Hepburn. Tejero no duda en
destacar “el rol que jugó la suerte en su selección y lo
cerca que estuvo de perder la oportunidad de su vida”.
Para poder contar con
ella, el estudio sugirió que cambiara su apellido para “evitar
conflictos” con Katharine Hepburn, pero ella se negó. “Si me
queréis, tendréis que aceptar mi apellido”, zanjó. También hubo
una pequeña crisis nada más llegar a Roma: Audrey se había
enterado de que Wyler había querido contratar a Jean Simmons y la
decepción de Hepburn casi provocó que el director cancelase la
película. “Audrey era consciente de que estaba
ocupando el lugar que debería haber sido de alguna otra
princesa”.
En el caso de Gregory
Peck, tampoco fue la primera opción. El guion se lo envió el
director a Cary Grant, quien lo rechazó porque
“sabía que el centro de atención sería la chica”.
Cuando Scarlett O'Hara paralizó a un país
En 1936, los millones
de lectores de la novela de Margaret Mitchell llamada ‘Lo que el
viento se llevó’ tenían su propia opinión sobre quién debería
poner el rostro a los personajes principales. Miles de cartas
llegaban a Culver City con “peticiones enfervorizadas” sobre los
intérpretes, con nombres que variaban de un mes a otro, salvo en
lo que se refería a Rhett Butler: “el 98% de las personas que
escribieron veían a Clark Gable en la piel del pícaro
aventurero”. Cuando Gable supo que David O. Selznick le quería
para el papel, entró en pánico. “No es que no apreciara el
halago del público, es que Rhett era mucho pedir. No quería
tener nada que ver con él. Ningún intérprete en su sano
juicio se hubiera atrevido a encarnar a Rhett”, dijo
al principio.
En Hollywood, relata
Tejero, todas las actrices decidieron que el papel de Scarlett
O’Hara debía ser suyo. “Elegir el reparto del filme se había
convertido en una obsesión nacional”, explica. La búsqueda de
Scarlett también dio para varias anécdotas: una mañana llegó un
paquete enorme a la oficina de Selznick con la inscripción
‘Abrir inmediatamente’. De él salió una chica que fue corriendo
a su despacho, donde empezó “a recitar el papel de Scarlett
mientras se desnudaba”. Cuando el productor por fin conoció a
Vivien Leigh, le impactó tanto que canceló repentinamente otra
prueba para Paulette Goddard cuando la actriz
ya estaba vestida y maquillada. “Cuando me puse el
vestido, aún estaba tibio de la actriz anterior”,
recordó Leigh.
¿Por qué este cambio
tan brutal? Como recoge Tejero, Selznick nunca olvidará la noche
en la que su hermano Myron le presentó a Leigh en una fiesta
antes del rodaje. “La miré una vez y supe que era ella… por lo
menos en lo que hacía al aspecto físico , en lo que hacía a mi
idea de Scarlett”, dijo. “Nunca me recobraré de aquella primera
impresión”. Leigh pudo llegar a conocerle y, en consecuencia, a
aparecer en la película, gracias a sus contactos: en Inglaterra
ya era una actriz conocida y era pareja de Laurence Olivier,
cliente de Myron. Para ella, explica Tejero, fue más fácil estar
en el lugar adecuado en el momento apropiado”.
'La diligencia': "John Wayne será un
perdedor"
Aunque John Wayne fue
desde el principio la opción principal para Ringo Kid, a punto
estuvo de no participar en la película de John Ford. “Los
promotores no lo quieren, el productor no lo quiere…” le dijo
Ford a la actriz Claire Trevor. ¿Por qué no
querían a John Wayne? “Razones no les faltaban a quienes solo
veían en ‘Duke’ un aspirante a estrella del western
que deambulaba por la prolífica cantera del western de serie B”,
explica Tejero.
El productor Walter
Wagner fue tajante: la película no recuperaría ni siquiera los
costes a menos que los dos papeles protagonistas fueran para dos
estrellas. Los dos nombres que propuso fueron Gary
Cooper y Marlene Dietrich. “El
productor estaba seguro de que la incapacidad de Wayne para
convertir ‘La gran jornada’ en un éxito era la demostración de
que siempre sería un perdedor”, cuenta Tejero.
Pero Ford insistió: quería a Wayne y haría todo lo posible. Por
eso aseguró que podrían hacer la cinta por un presupuesto módico
de 546.200 dólares eliminando el Technicolor. Que además el
precio de contratar a Gary Cooper fuera demasiado alto jugó en
su favor.
Wagner terminó por
ceder, no sin antes insistir en que Wayne hiciese una prueba con
Trevor. Desde ese momento, no hubo un actor de Hollywood que,
"al enfrentarse al género del western, no buscara a
John Wayne como maestro".
Etiquetas: Tardes de cine y palomitas