(Un texto de Manuel
Ruiz Rejón en bbvaopenmind.com publicado el 22 de abril de 2016)
Miguel de Cervantes menciona en el Quijote más
de 100 tipos o especies diferentes de animales o “bestias”.
La mayoría son animales reales: caballos, burros, ovejas, cerdos,
perros, gatos… Pero también hay muchos animales míticos,
imaginarios, o fantásticos como: unicornios, basiliscos, el ave
fénix, endriagos… Además hay algunos enigmáticos como, por
ejemplo, “la zebra” que montaba un famoso “moro”, o no bien
definidos como los “pescados” que producen el “cavial” que
consumió Sancho junto a unos peregrinos. Ahora que se
cumplen 400 años de la muerte de Cervantes es
interesante preguntarse ¿qué ha pasado con estos animales
fantásticos y enigmáticos?
Los animales fantásticos
Algunos de los animales fantásticos mencionados en el Quijote,
como por ejemplo los endriagos, han
desaparecido de nuestra cultura. En cambio, otros como los unicornios
o los basiliscos se han “reconvertido” en
animales reales: los primeros, actualmente han pasado a ser una especie de rinoceronte (el
rinoceronte indio Rhinoceros unicornis)y
los segundos un género de reptiles (el género de lagartos Basiliscus formado
por varias especies que lo que conservan de “fantástico” es que
son capaces de “andar” sobre el agua). Y otros animales
fantásticos como los dragones, en contra de lo
que muchos creen, no aparecen en el texto del Quijote
(aunque entonces se les conocía como serpientes o sierpes adultas,
que sí aparecían en el texto) han pasado asimismo a denominar
ciertas especies de lagartos, como los dragones de Komodo.
Pero, en la actualidad asistimos a una nueva “irrupción” en
nuestro mundo de una serie de “animales fantásticos” obtenidos por
la aplicación de nuevas técnicas biotecnológicas, como la
clonación, la transgénesis, las células madres, la edición
génica o genómica etc. Como tal, se pueden considerar
por ejemplo los animales
“fluorescentes” que lo son en la oscuridad porque en su
célula original o cigoto se les ha introducido el gen de la
fluoresceína, procedente de medusas. Así se han obtenido desde gusanos a monos
fluorescentes.
Con ello, aún no se han conseguido cabras -“cabrillas”- de
colores como las que Sancho dice que vio tras su vuelo en el
caballo Clavileño. Pero sí se han conseguido,
por ejemplo, cabras transgénicas
que en su leche producen un factor de coagulación de la sangre
humana, algo que ya se está utilizando en la lucha contra
diversos problemas y accidentes. Este factor es producido por la
empresa rEVO Biologics
de Framingham-Massachusetts, y se utiliza sobre todo para
prevenir hemorragias perioperatarias y alrededor del parto en
pacientes con problemas de coagulación sanguínea.
Los pescados del “cavial”
Cuando Sancho vuelve de su aventura como gobernador de la ínsula
Barataria y va buscando a su señor, se encuentra con una partida
de peregrinos, entre los que luego se descubre que va el morisco
Ricote que, tras su expulsión, vuelve al pueblo de Don Quijote y
Sancho. Todos juntos comparten una comida en un prado donde se
incluye lo que Cervantes llama “cavial” y que, dice, se saca de
los “huevos de pescados”.
Esta imprecisión es extraña en Cervantes, pues siempre que habla
de animales en general y de peces en particular, lo hace con
propiedad. Así, y por lo que respecta a peces, habla de sardinas,
truchas, salmones, sabogas, bacalao, abadejo etc. Quizás lo que
esta indefinición de Cervantes denota es el desconocimiento que
había en aquella época sobre los peces concretos que producen el
caviar. Y aquí la cuestión es si desde entonces a acá se ha
aclarado la naturaleza de tales peces y en particular de kis de la
Península Ibérica, territorio en el que transcurre la obra de
Cervantes.
Ahora se sabe que el caviar auténtico se obtiene a partir
de los esturiones de distintas especies. En la
Península Ibérica, donde se capturaron esturiones hasta los años
70 del siglo pasado, hasta hace pocos años se defendía que existía
una sola especie: el esturión llamado del atlántico-europeo (Acipenser
sturio).Pero las investigaciones genéticas llevadas a cabo
por el grupo del autor de este artículo en ejemplares de museo,
abrieron la posibilidad de que a la península llegaran otras dos
especies más: una, Acipenser naccarii, que se creía que
era endémica del Adriático, y otra, Acipenser oxyrinchus,
muy emparentada con la del atlántico-europeo, pero que se creía
que sólo vivía en las costas atlánticas orientales de Norte
América (de la Herrán et al. 2004).
Y asimismo, se ha comprobado por otros autores también mediante
diversos estudios genéticos en material antiguo que el esturión
del atlántico- americano A. oxyrinchus también ha vivido
en tiempos recientes en las costas atlánticas de Europa
occidental, habiéndose capturado muy recientemente un espécimen
frente a las costas de Gijón (Asturias, España) que precisamente
pertenece a esta especie (Elvira et. al. 2015).
Estos análisis tienen, no sólo un interés teórico-académico, sino
que pueden ser útiles para la recuperación de los esturiones con
especies autóctonas. Concretamente, en este caso hay que tener en
cuenta que mientras A. sturio está prácticamente
extinguido, A. naccarii y, sobre todo, A. oxyrinchus
aún presentan algunas poblaciones naturales que se podrían
utilizar para la recuperación en nuestra región.
La “zebra”
El animal más enigmático que
aparece en el Quijote es la “zebra”. Concretamente en el
capítulo 29, el cura, que había salido junto con el barbero para
traer de vuelta al caballero andante a su casa, se encuentra con
éste, y cuando D. Quijote quiere cederle la montura, pues el
cura va a pie, éste le dice que se conforma con ir sobre las
ancas de las mulas que llevan, haciéndose pese a ello a la idea
que cabalga sobre el caballo Pegaso- caballo mitológico con
alas-o sobre la “zebra” en la que cabalgaba el famoso moro
Muzaraque.
¿De dónde sacó Cervantes este animal? Por supuesto que no se
trata de la “cebra”, especie del sur de África que fue
“descubierta” por los portugueses en fechas posteriores a
Cervantes. Se trataría más bien de un équido que vivió en nuestra
península de forma salvaje hasta el final del siglo XV, según se
recoge en diversas obras literarias, por ejemplo
en la obra de 1423 de Enrique de Villena (Arte Cisoria.cap VI
y VIII. Se puede acceder en la Biblioteca Virtual Cervantes). Serían équidos muy
grandes con una coloración gris rayada de la piel y que vivían en
zonas boscosas. Con las zebras debió de pasar algo similar a lo
que pasó con los esturiones: se cazaron -eran apreciados, además
de su por fiereza, por su carne y su dura piel- y se eliminó su
hábitat al talar muchos bosques donde vivían, con el resultado
final de su extinción. Por ello, de estos animales sólo quedaron
vestigios en la literatura -como en El Quijote-, en la toponimia
-hay muchos lugares en España y
Portugal que llevan el término, como Piedrafita do Cebreiro en
Lugo, Cebreros en Avila o las Encebras en Alicante o en Portugal
Monte dos Zebros en Beira Baixa, y, por ejemplo, en
algunos tambores antiguos presuntamente hechos con su piel.
Pero, ¿de qué animal se trataba? Desde Cervantes a nuestros días
ha habido diversas hipótesis sobre su naturaleza, que van desde
quienes defienden que se trataría de una especie de caballo, para
algunos autores autóctono de la Península Ibérica y para otros
alguna especie euroasiática, a otras que propugnan que sería una
especie de asno, que no caballo, importado y posteriormente
naturalizado, e incluso, otras que defienden que no se ha
extinguido y que ha originado una raza de caballos-los sorraia portugueses.
En este caso, tras la realización
de diversos estudios paleontológicos, arqueológicos, históricos,
filológicos, biológicos y genéticos etc. no se acaba de aclarar
la verdadera naturaleza de estos animales, siendo la más
favorecida la que defiende que se podía tratar de una especie de
caballo euroasiático que en nuestra península tuvo uno de sus
últimos reductos. Quizás, cuando se obtenga ADN de restos
fehacientes de estos animales -huesos, piel de escudos…- se pueda
llegar a una conclusión sobre su naturaleza.
Y como terminaría Cervantes,” Vale”… pero seguro que continuará.
Etiquetas: libros y escritores, Sobre plantas y bichos