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martes, mayo 19

El test de Rorschach, ¿ciencia o pseudociencia?

(Un texto de Javier Yanes en bbvaopenmind.com leído el 1 de abril de 2018)

El 2 de abril de 1922 moría en el quirófano, por una peritonitis, un casi desconocido psiquiatra suizo de 37 años. Solo nueve meses antes, aquel médico había publicado su libro Psychodiagnostik, que apenas había atraído atención y en el que proponía una serie de figuras de manchas de tinta como método de diagnóstico mental. Hoy el test ideado por Hermann Rorschach es quizá la prueba psicológica más popular del mundo, que incluso ha inspirado a artistas como Andy Warhol. Sin embargo, un siglo después persiste una pregunta: ¿es científicamente sólido?

La relación de Rorschach con los borrones se remonta a su adolescencia, cuando en la fraternidad de su escuela le conocían como Klex, “mancha de tinta” en alemán. Según la biografía de Damion Searls The Inkblots (Simon and Schuster, 2017), este sobrenombre se debía a la habilidad de Rorschach con la pintura. Fue años más tarde, durante sus estudios de medicina en Zúrich y muy influido por el auge del psicoanálisis, cuando comenzó a interesarse por las manchas de tinta, que se habían empleado antes como prueba de creatividad. Ya como psiquiatra, comenzó a mostrarlas a pacientes para estudiar sus reacciones.

Finalmente, de entre cientos de figuras, Rorschach eligió las diez que integrarían su test. Las escogió por su calculado grado de ambigüedad, cinco de ellas en negro, dos en negro y rojo y otras tres con varios colores. El psiquiatra diseñó su prueba como un método de diagnóstico de la esquizofrenia. Sin embargo, a partir de 1939 comenzó a adoptarse como lo que originalmente se denominaba test proyectivo de personalidad, un tipo de prueba psicológica abierta que permite al analista indagar en las emociones y motivaciones ocultas.

Estandarización del test y sus resultados

Durante décadas, el test de Rorschach se aplicó de forma escasamente metódica, con variaciones según el juicio del analista. Pero en los años 60, John Exner diseñó una metodología rigurosa para estandarizar el test y sus resultados. Actualmente, el test es sistemático incluso en las posiciones de analista y sujeto. Y al contrario de la idea popular, la clave de la prueba no estriba solamente en lo que el sujeto ve en las manchas, de hecho, esto es menos relevante que otros aspectos, como sus reacciones, lo que dice y cómo lo dice, o en qué rasgos de la imagen se fija (forma, color o detalles).

Sin embargo y a pesar de la estandarización, numerosos psicólogos han criticado la validez del test y la variación dependiente del experimentador, además de su aplicación más allá de su propósito original. A no pocos expertos les preocupa su frecuente uso en juicios criminales, sobre todo teniendo en cuenta la tendencia del test a sobrediagnosticar trastornos mentales, según los críticos. El psicólogo Pieter Drenth ha llegado a calificar el test como “diagnóstico pseudocientífico”, mientras que para el psicólogo e investigador escéptico Benjamin Radford la prueba “debería relegarse al montón de test psicológicos en su día prometedores pero ahora desacreditados”.

Por todo ello, en 1999, el psicólogo Howard Garb recomendó una moratoria del uso del test para fines clínicos y forenses hasta que nuevas investigaciones determinaran su validez real, una iniciativa a la que se unieron otros expertos como James Wood, Teresa Nezworski y Scott Lilienfeld. En 2003, los cuatro publicaron el libro What’s Wrong with the Rorschach? (Jossey-Bass), en el que repasaban más de medio siglo de uso del test para concluir que sus fundamentos científicos son débiles.

En 2013, un extenso estudio encabezado por la psicóloga Joni Mihura, de la Universidad de Toledo (EEUU), reunió revisiones científicas y metaanálisis sobre el test. Las conclusiones parecían rehabilitarlo parcialmente, al menos para sus usos originales: “el Rorschach es un test útil si se utiliza en línea con la investigación actual y las normas adecuadas”, resume Mihura a OpenMind. Según la experta, “la fortaleza del Rorschach es evaluar la psicosis”, un estado mental alterado que desconecta al individuo de la realidad y que puede ser producto de trastornos como la esquizofrenia. Mihura y sus colaboradores elaboraron además un nuevo sistema de uso del test, el Rorschach Performance Assessment System (R-PAS), que se aplica en varios países.

Una controversia abierta

El estudio de Mihura llevó a una retirada parcial de la petición de moratoria, según aclara a OpenMind James Wood, de la Universidad de Texas en El Paso. “Pensamos que es aceptable usar el Rorschach para evaluar síntomas de trastornos del pensamiento y esquizofrenia”, siempre y exclusivamente según las normas internacionales actuales del sistema promovido por Exner, dice el psicólogo. “Sin embargo, nuestra llamada a una moratoria sigue en vigor para otros usos y otras formas del Rorschach”. Así, Wood y sus colaboradores desaprueban la utilización del test para analizar “aspectos no cognitivos de la personalidad, como el estrés traumático o no, emoción, depresión, ansiedad o trastornos de personalidad”. Asimismo, el psicólogo aduce que no hay pruebas suficientes para justificar el uso del R-PAS.

La controversia continúa abierta. Para Mihura, si acaso los psicólogos están empleando el Rorschach para cosas que realmente no puede medir, lo mismo ocurre con otros test sin suficiente aval científico. La psicóloga admite que, por ejemplo, “el Rorschach no debería ser la fuente primaria para determinar un diagnóstico de depresión”, pero defiende que sus usos legítimos están empíricamente más sustentados que los de otros test psicológicos. Sin embargo, Wood considera que el Rorschach es hoy “un test de menor importancia y utilidad limitada”. Incluso para diagnosticar el déficit causado por un ictus o una lesión cerebral, un uso que algunos apoyan, Wood señala que existen otras pruebas más fiables y válidas.

Pero en medio de este debate, voces como la de Radford sostienen que un test con tales sombras de duda debería abandonarse, si el propósito para el que se ha utilizado y para el que es moderadamente válido puede alcanzarse con otros métodos. Según explica Radford a OpenMind, el test solo es claramente revelador en casos extremos, y en estos ni siquiera las figuras concretas del Rorschach aportan nada especial; “podrías hacer lo mismo con imágenes de nubes”, apunta. “Las personas que sufren enfermedades mentales merecen que se les ayude con terapias basadas en pruebas”, concluye Radford.

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lunes, mayo 18

La peste de Cipriano, la extraña epidemia que causó la caída de Alejandría

(Un texto de Pedro Gargantilla en el ABC del 20 de agosto de 2018)

Una enfermedad de origen desconocido mató al 60 por ciento de los habitantes. Permitió el nacimiento de un grupo, los parabolanos, que después arrasaron templos y bibliotecas y acabaron con la célebre Hipatia de Alejandría

Nos encontramos en la segunda mitad del siglo III en la ciudad de Alejandría, cruce de caminos de diferentes rutas comerciales y espléndida metrópoli fundada por Alejandro Magno. Bajo el sol abrasador las calles de la populosa urbe se llenan de cadáveres insepultos, el hambre, la violencia y los tumultos hacen estragos en todos los barrios de la ciudad.

Una epidemia que se inició en Etiopía y que se extiende por todo Egipto amenaza con acabar con todos los habitantes de la ciudad. Los cronistas afirman que nunca habían visto una cosa igual. Se estima que tan sólo en la ciudad de Alejandría falleció casi el sesenta por ciento de la población, no había casa en la que no hubiese fallecido alguno de sus miembros.

La sintomatología solía comenzar con «un agotador flujo de vientre», a lo que seguía nauseas, vómitos, fiebre, úlceras en la garganta, ojos inyectados en sangre y «tormento de las extremidades» (gangrena en brazos y piernas).

La enfermedad ha pasado a los anales de la Historia de la Medicina como la epidemia de Cipriano, en alusión al obispo de Cartago, que llegó a identificar en esta plaga un apocalipsis biológico.

Los parabolanos: los camilleros más temerarios

Es fácil entender que nadie osase entrar en contacto con los enfermos ni con los fallecidos, bueno casi nadie… En Alejandría apareció un grupo de jóvenes cristianos, al inicio unas decenas, que se ofrecieron para hacer el trabajo de camilleros arriesgando sus vidas para exponerse a una enfermedad contagiosa con elevada mortalidad. Eran los parabolanos.

Los parabolanos se encargaban de asistir y lavar a los enfermos, reconfortar a los moribundos, cerrar los ojos y enterrar a los fallecidos. Su osadía rayaba la locura por lo que fueron calificados como los parabolanos, es decir, los «temerarios».

Estos jóvenes carecían de cultura, se encontraban en lo más bajo del escalafón social, y pronto se convirtieron en un pequeño ejército, llegaron a ser seiscientos. Además de las labores humanitarias, este grupo se convirtió en el brazo armado del obispo de Alejandría.

En momentos de conflicto los parabolanos promovían violentos disturbios para acallar las voces molestas contra el obispo, eran violentos alborotadores capaces de intimidar al pueblo alejandrino. A pesar de que no pertenecían a ninguna orden, ni abrazaban votos, disfrutaban de cierta inmunidad dentro de la comunidad cristiana.

Fueron precisamente los parabolanos los que tiempo después destruyeron el templo de Serapis (392 d.C), una de las maravillas arquitectónicas del momento, y su espléndida biblioteca, y arengaron a las masas que acabaron con la vida de Hipatia (355-415 d.C ), la célebre matemática, filósofa y astrónoma.

La peste que no fue peste

Desde Egipto la pandemia se extendió por el norte de África y llegó hasta Roma. Se ha especulado que en la capital del Imperio llegó a producir la muerte de 5.000 personas en un solo día.

A pesar de que se ha utilizado el término de «peste de Cipriano» los síntomas no encajan con una peste bubónica. Hay que tener en cuenta que en la Antigüedad se utilizaba el término «peste» como sinónimo de enfermedad contagiosa y de elevada mortalidad.

A día de hoy el patógeno responsable de la peste de Cipriano sigue siendo un enigma sin resolver, los estudiosos especulan que bien pudo tratarse de una gripe –producida por un virus similar al que causó la Gripe Española de 1918- o una fiebre hemorrágica viral.

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domingo, mayo 17

10 cosas que no sabía sobre ‘El Nombre De La Rosa’

(Leído en el blog ‘cinefilosdelmundocdm.blogspot.com’ el 10 de abril de 2022. Se refiere a la película, claro, no al libro)

El Nombre De La Rosa" dirigida por Jean-Jacques Annaud, fue estrenada en el año 1986, estando basada en la clásica novela homónima del escritor italiano Umberto Eco. Esta es una historia que, si bien tiene como base diversos aspectos religiosos, se centra en llevar al espectador por un camino en donde se muestra el lado oscuro de la iglesia como institución mostrando como desde sus inicios esta ha perpetrado diversos crímenes para esconder sus más terribles secretos.

La película nos cuenta la historia de como en el siglo XIV, Fray Guillermo de Baskerville (Sean Connery) quien en su pasado era un juez de la inquisición y que se ha convertido en un monje franciscano, viaja en compañía de su inseparable ayudante Adso (Christian Slater) hasta una abadía al norte de Italia con el objetivo de esclarecer la extraña muerte de un joven. Durante la escancia de Fray en dicha abadía se perpetrarán una serie de misteriosos asesinatos tras los cuales hay un oscuro secreto.

Te contamos 10 cosas que no sabías sobre "El Nombre De La Rosa”:

1- El actor Ron Perlman interpreta fenomenalmente a Salvatore, un monje jorobado y deforme, quien en un principio no iba a tener mucho protagonismo en la historia de la película debido a que los productores así lo exigían al director, pero Perlman se encargó de convencerlos a todos de que debían adaptar fielmente este personaje por su enorme importancia, para ello se encargó de aprenderse todos los diálogos del personaje en los idiomas que la novela describe que este podía hablar, los cuales son latín, italiano, español, inglés alemán y francés. Cuando hicieron una prueba de cámaras el actor sorprendió a todos con su interpretación en todos los idiomas y decidieron hacerlo parte central de la película.

2- Robert De Niro iba a interpretar a William, pero el director tuvo que cambiarlo por Sean Connery debido a que De Niro se veía demasiado imponente para interpretar a un monje, además de que De Niro llegó con ideas al set en las cuales le exigía al director que William debía de tener un duelo de espadas con Bernardo Gui.

3- El monasterio en el cual se filmó la película no era uno real sino una réplica que se construyó en una colina a las afuera de Roma. Este monasterio fue el set de película más grande construido en Italia desde la película "Cleopatra" de 1963.

4- Sean Connery tenía 51 años cuando protagonizó esta película. Su carrera como actor se había estancado considerablemente luego de haber sido una de las más reconocidas estrellas de Hollywood. Esta fue la película que hizo resurgir la carrera de Connery.

5- Debido a su fuerte crítica histórica sobre la iglesia, tanto la novela como la película fueron baneadas en decenas de países en los cuales solo fue exhibida una década después de su estreno.

6- Esta es una de las películas favoritas del creador de "Star Wars" George Lucas, quien contó que tomó diversos aspectos de esta historia para la creación de "Star Wars: La Amenaza Fantasma".

7- Durante la filmación de la película esta obtuvo fuertes críticas debido a sus temas tan polémicos, sobre todo en Roma donde la religión católica es enormemente poderosa, y por ello se llegaron a presentar protestas en contra de su exhibición.

8- Se han encontrado evidencias reales de que existen libros antiguos con rastros de veneno que habrían sido utilizados para cometer asesinatos en la edad media.

9- A pesa de su enorme polémica el pueblo Italiano acudió a las salas de cine de gran manera, lo que convirtió a esta película en la más taquillera de 1986 en dicho país.

10- La principal diferencia entre la novel y la película consiste en que en la novela el personaje de Bernardo Gui (F. Murray Abraham) logra escapar, pero al director este final tan frustrante no le gustaba para la película por lo que en ella Bernardo Gui es asesinado.

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sábado, mayo 16

La obsesión de los matemáticos por las tartas

(Un texto de Miguel Barral publicado el 9 de noviembre de 2023 en la página de BBVA Open Mind)

En esencia, el problema de “cómo partir una tarta” (cake-cutting problem en inglés) consiste en encontrar el mejor método para dividir una tarta entre comensales y que todos se vayan satisfechos con la porción que les ha correspondido. 

En su versión más simple, el problema aborda cuál es la forma más adecuada de dividir ese pastel entre dos comensales. En este caso, el mejor método es el denominado como “Yo corto, tú escoges” según el cual, una de las partes divide la tarta en dos porciones que considera equivalentes y ofrece a la otra parte la posibilidad de escoger la que prefiera.

¿Por qué una cuestión a priori tan trivial o anecdótica lleva fascinando a los matemáticos desde hace ocho décadas? La respuesta radica en que la tarta es, en realidad, una metáfora o representación de cualquier bien o recurso susceptible de ser repartido. Desde este enfoque, el problema de la división de la tarta puede reformularse en términos mucho más trascendentes y de actualidad como cuál es la mejor forma de repartir ayuda humanitaria entre la población afectada o distribuir alimentos entre grupos desfavorecidos; cuáles son las cuotas pesqueras asignadas a cada flota; el número de representantes políticos que corresponde a cada distrito; el reparto de una herencia o de los bienes comunes en un divorcio; o de la bolsa de productividad entre los trabajadores de una empresa…

Visto así, se entiende que el problema de la división de la tarta, lejos de ser un puzle o pasatiempo que solo concierne a los matemáticos (y acaso a los organizadores o anfitriones de una fiesta de cumpleaños), lidia con algo tan mezquinamente humano como que alguien se lleve la mejor parte del pastel a costa de los demás. O, más bien, con la forma de evitarlo.

De hecho, el problema de dividir la tarta en realidad es solo la punta mediática del iceberg—además del problema fundacional—de una subrama de las matemáticas adscrita a la teoría de juegos y enfocada en la división justa de recursos. Es, precisamente, la que se centra en encontrar procedimientos que garanticen dividir un bien entre N partes de tal manera que todas las partes sientan que han recibido una porción justa, y que ninguna de ellas envidie la porción que le ha correspondido a otra.

Enunciado por primera vez en la década de los 1940 por matemáticos polacos, desde entonces el problema ha atraído por igual tanto a sus colegas como a expertos en teoría de juegos y en justicia social, economistas, informáticos o políticos. Lo que a su vez ha propiciado la formulación de toda una serie de algoritmos cada vez más complejos conforme se han ido introduciendo nuevos factores y condicionantes: el número de participantes entre los que repartir la tarta; que esta sea homogénea o heterogénea (toda de chocolate o una parte de nata, otra de chocolate y otra de café); cuánto ha contribuido cada parte en la preparación del dulce; las preferencias particulares de cada una de las partes; o su honestidad.

Estos dos últimos aspectos introducen una cuestión especialmente conflictiva a la par que atractiva que complica sobremanera el problema. Porque en muchas ocasiones ser deshonesto puede ser una ventaja. Por ejemplo, en el caso de dos personas (A y B) que se reparten un pastel de chocolate y nata. Si A sabe que a B le gusta más el chocolate puede dividir la tarta en dos trozos de distinto tamaño intuyendo que B preferirá coger el más pequeño si es todo chocolate. Pero ¿y si B ha mentido al decir que le gusta más el chocolate? Entonces escogerá la porción grande y con toda la nata. 

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es más fácil entender por qué el problema, al menos hasta ahora, se ha mostrado irresoluble. No se ha encontrado —de hecho, se duda que pueda existir— una solución o algoritmo definitivo. A falta del cual, los expertos se afanan por encontrar la mejor solución posible o la menos mala. En este afán, sobre todo en los últimos años, y gracias al soporte de ordenadores con un enorme poder de cálculo, se han logrado avances tan (o tan poco) significativos como determinar el número mínimo de pasos necesarios para repartir una tarta entre N comensales (N^2); así como el número máximo —lo que significa que los participantes en algún momento llegarán a un reparto justo y no estarán dividiendo la tarta ad infinitum— que se ha cifrado en N^N^N^N^N^N.

Acaso un pequeño (o surrealista, dado que es un número inabordable en la práctica) paso a ojos de cualquiera de nosotros, pero seguramente un gran salto a ojos de los matemáticos en su búsqueda por encontrar un algoritmo para la justicia. 

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viernes, mayo 15

¿Qué dice la ciencia sobre los animales fantásticos de El Quijote?

 

(Un texto de Manuel Ruiz Rejón en bbvaopenmind.com publicado el 22 de abril de 2016)

Miguel de Cervantes menciona en el Quijote  más de 100 tipos o especies diferentes de animales o “bestias”. La mayoría son animales reales: caballos, burros, ovejas, cerdos, perros, gatos… Pero también hay muchos animales míticos, imaginarios, o fantásticos como: unicornios, basiliscos, el ave fénix, endriagos… Además hay algunos enigmáticos como, por ejemplo, “la zebra” que montaba un famoso “moro”, o no bien definidos como los “pescados” que producen el “cavial” que consumió Sancho junto a unos peregrinos. Ahora que se cumplen 400 años de la muerte de Cervantes es interesante preguntarse ¿qué ha pasado con estos animales fantásticos y enigmáticos?

Los animales fantásticos

Algunos de los animales fantásticos mencionados en el Quijote, como por ejemplo los endriagos,  han desaparecido de nuestra cultura. En cambio, otros como los unicornios o los basiliscos se han “reconvertido” en animales reales: los primeros, actualmente han pasado a ser una especie de rinoceronte (el rinoceronte indio Rhinoceros unicornis)y los segundos un género de reptiles (el género  de lagartos Basiliscus formado por varias especies que lo que conservan de “fantástico” es que son capaces de “andar” sobre el agua). Y otros animales fantásticos como los dragones, en contra de lo que muchos creen, no aparecen en el texto del Quijote (aunque entonces se les conocía como serpientes o sierpes adultas, que sí aparecían en el texto) han pasado asimismo a denominar ciertas especies de lagartos, como los dragones de Komodo.

Pero, en la actualidad asistimos a una nueva “irrupción” en nuestro mundo de una serie de “animales fantásticos” obtenidos por la aplicación de nuevas técnicas biotecnológicas, como la clonación, la transgénesis, las células madres, la edición génica o genómica etc. Como tal, se pueden considerar  por ejemplo los animales “fluorescentes” que lo son en la oscuridad porque en su célula original o cigoto se les ha introducido el gen de la fluoresceína, procedente de medusas. Así se han obtenido desde gusanos a monos fluorescentes.

Con ello, aún no se han conseguido cabras -“cabrillas”- de colores como las que Sancho dice que vio tras su vuelo en el caballo Clavileño. Pero sí se han conseguido, por ejemplo, cabras transgénicas que en su leche producen un factor de coagulación de la sangre humana, algo que ya se está utilizando en la lucha contra diversos problemas y accidentes. Este factor es producido por la empresa rEVO Biologics de Framingham-Massachusetts, y se utiliza sobre todo para prevenir hemorragias perioperatarias y alrededor del parto en pacientes con problemas de coagulación sanguínea.

Los pescados del “cavial”

Cuando  Sancho vuelve de su aventura como gobernador de la ínsula Barataria y va buscando a su señor, se encuentra con una partida de peregrinos, entre los que luego se descubre que va el morisco Ricote que, tras su expulsión, vuelve al pueblo de Don Quijote y Sancho. Todos juntos comparten una comida en un prado donde se incluye lo que Cervantes llama “cavial” y que, dice, se saca de los “huevos de pescados”.

Esta imprecisión es extraña en Cervantes, pues siempre que habla de animales en general y de peces en particular, lo hace con propiedad. Así, y por lo que respecta a peces, habla de sardinas, truchas, salmones, sabogas, bacalao, abadejo etc. Quizás lo que esta indefinición de Cervantes denota es el desconocimiento que había en aquella época sobre los peces concretos que producen el caviar. Y aquí la cuestión es si desde entonces a acá se ha aclarado la naturaleza de tales peces y en particular de kis de la Península Ibérica, territorio en el que transcurre la obra de Cervantes.

Ahora se sabe que el caviar auténtico se obtiene a partir de los esturiones de distintas especies. En la Península Ibérica, donde se capturaron esturiones hasta los años 70 del siglo pasado, hasta hace pocos años se defendía que existía una sola especie: el esturión llamado del atlántico-europeo (Acipenser sturio).Pero las investigaciones genéticas  llevadas a cabo por el grupo del autor de este artículo en ejemplares de museo, abrieron la posibilidad de que a la península llegaran otras dos especies más: una, Acipenser naccarii, que se creía que era endémica del Adriático, y otra, Acipenser oxyrinchus, muy emparentada con la del atlántico-europeo, pero que se creía que sólo vivía en las costas atlánticas orientales de Norte América (de la Herrán et al. 2004).

Y  asimismo, se ha comprobado por otros autores también mediante diversos estudios genéticos en material antiguo que el  esturión del atlántico- americano A. oxyrinchus también ha vivido en tiempos recientes en las costas atlánticas de Europa occidental, habiéndose capturado muy recientemente un espécimen frente a las costas de Gijón (Asturias, España) que precisamente pertenece a esta especie (Elvira et. al. 2015).

Estos análisis tienen, no sólo un interés teórico-académico, sino que pueden ser útiles para la recuperación de los esturiones con especies autóctonas. Concretamente, en este caso hay que tener en cuenta que mientras A. sturio está prácticamente extinguido, A. naccarii y, sobre todo, A. oxyrinchus  aún presentan algunas poblaciones naturales que se podrían  utilizar para la recuperación en nuestra región.

La “zebra”

El animal más enigmático que aparece en el Quijote es la “zebra”. Concretamente en el capítulo 29, el cura, que había salido junto con el barbero para traer de vuelta al caballero andante a su casa, se encuentra con éste, y  cuando D. Quijote quiere cederle la montura, pues el cura va a pie, éste le dice que se conforma con ir sobre las ancas de las mulas que llevan, haciéndose pese a ello  a la idea que cabalga sobre el caballo Pegaso- caballo mitológico con alas-o sobre la “zebra” en la que cabalgaba el famoso moro Muzaraque.

¿De dónde sacó Cervantes este animal? Por supuesto que no se trata de la “cebra”, especie  del sur de África que fue “descubierta” por los portugueses en fechas posteriores  a Cervantes. Se trataría más bien de un équido que vivió en nuestra península de forma salvaje hasta el final del siglo XV, según se recoge en diversas obras literarias, por ejemplo en la obra de 1423 de Enrique de Villena (Arte Cisoria.cap VI y VIII. Se puede acceder en la Biblioteca Virtual Cervantes). Serían équidos muy grandes con una coloración gris rayada de la piel  y que vivían en zonas boscosas. Con las zebras debió de pasar algo similar a lo que pasó con los esturiones: se cazaron -eran apreciados, además de su por fiereza, por su carne y su dura piel- y se eliminó su hábitat al talar muchos bosques donde vivían, con el resultado final de su extinción. Por ello, de estos animales sólo quedaron vestigios en la literatura -como en El Quijote-, en la toponimia -hay muchos lugares en España y Portugal que llevan el término, como Piedrafita do Cebreiro en Lugo, Cebreros en Avila o las Encebras en Alicante o en Portugal Monte dos Zebros en Beira Baixa, y, por ejemplo, en algunos tambores antiguos presuntamente hechos con su piel.

Pero, ¿de qué animal se trataba? Desde Cervantes a nuestros días ha habido diversas hipótesis sobre su naturaleza, que van desde quienes defienden que se trataría de una especie de caballo, para algunos autores autóctono de la Península Ibérica y para otros alguna especie euroasiática, a otras que propugnan que sería una especie de asno, que no caballo,  importado y posteriormente naturalizado, e incluso, otras que defienden que no se ha extinguido y que ha originado una raza de caballos-los sorraia portugueses.

En este caso, tras  la realización de diversos estudios paleontológicos, arqueológicos, históricos, filológicos,  biológicos y genéticos etc. no se acaba de aclarar la verdadera naturaleza de estos animales, siendo la más favorecida la que defiende que se podía tratar de una especie de caballo euroasiático que en nuestra península  tuvo uno de sus últimos reductos. Quizás, cuando se obtenga ADN de restos fehacientes de estos animales -huesos, piel de escudos…- se pueda llegar a una conclusión sobre su naturaleza.

Y como terminaría Cervantes,” Vale”… pero seguro que continuará.

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jueves, mayo 14

Lo que nos ha enseñado la sinestesia

(Un texto de Elena Sanz en bbvaopenmind.com leído el 13 de abril de 2016)

Cuando Mario escucha a Mozart, en su cabeza aparece una sinfonía de colores. Alicia asocia el olor del aire fresco a un rectángulo, mientras que el aroma del café tiene forma de nube. Por su parte, Álvaro asegura “ver” su nombre en tonos rojos, porque empieza con la letra A. No es fruto de una imaginación desbordante, sino de la sinestesia, una configuración neurológica que combina la información procedente de distintos sentidos. La medicina describió esta peculiar manera de sentir en el siglo XIX. Y recientemente la neurociencia ha profundizado en sus mecanismos, demostrando que, en cierta medida, todos los seres humanos somos un poco sinestésicos aunque no seamos conscientes de ello.

Más allá de ser una condición que afecta a una de cada 25 personas del planeta —es decir, es más frecuente que el autismo, a pesar de que se habla poco de ella—, la sinestesia tiene mucho que enseñarnos sobre el funcionamiento del cerebro humano. Sin ir más lejos, investigadores de la Universidad de Sussex (Reino Unido) analizaron recientemente cómo reaccionaban varios sinestésicos cuando se les mostraban palabras compuestas como paraguas, espantapájaros, baloncesto y arcoíris. En concreto trabajaron con una veintena de sinestésicos grafema-color (GC), que hace que los números y las letras se identifiquen con colores específicos. En el experimento debían identificar qué palabras tenían asociado un color y cuáles se vinculaban con dos. Los resultados revelaron que a casi todas las palabras (el 75%) se les asignaban con dos colores, y solo los términos compuestos de uso frecuente en el habla cotidiana tenían asociado un solo color.  De lo que se desprende que el cerebro humano, tanto en sinestésicos como no sinestésicos, procesa las palabras compuestas como dos unidades si son poco comunes y como una unidad cuando son de uso cotidiano. Relacionado con esto estaría otro estudio de la Universidad de Waterloo (Canadá) que sugería que para los sinestésicos brillan más las letras y las cifras que usamos a diario.

Explorando el cerebro de los sinestésicos, los neurocientíficos también han aprendido que el funcionamiento de su sesera no es incorrecto sino más bien desproporcionado. Dicho de otro modo, tienen un cerebro hiperexcitable. En concreto, en el caso de la sinestesia grafema-color,  para poner en marcha las neuronas de la corteza visual primaria -encargada de procesar lo que vemos- se necesitan muchos menos estímulos de los que se precisan para activar esas mismas células nerviosas en un cerebro normal. Incluso es posible eliminar o aumentar las experiencias sinestésicas bajando o subiendo el umbral de excitación de las neuronas. “Con un menor umbral es más fácil que las neuronas se enciendan, y esto da acceso a una experiencia consciente del color cuando vemos letras o números”, aclara Cohen Kadish, coautor del estudio.

En su laboratorio del Centro Monell de Sentidos Químicos de Filadelfia (EE UU), Johan Lundstrom ha llegado a una conclusión parecida. Estimulando eléctricamente la corteza visual de sujetos “normales” consiguió algo inesperado: mejorar la capacidad de su olfato. Su experimento demostraba que, a un nivel básico, las estructuras cerebrales implicadas responsables de procesar la información de la vista y el olfato están conectadas en todos nosotros. “El cruce entre sentidos existe en todos los seres humanos, así que podemos ser considerados universalmente sinestésicos hasta cierto grado”, defiende Lundstrom.

Esto nos conduce a una teoría según la cual los sinestésicos no experimentan asociaciones extraordinarias, sino que sencillamente se hacen conscientes de ellas mientras el resto de la población las ignora. Dicho de otro modo, cualquier cerebro es capaz de conectar los estímulos captados por distintos sentidos, pero en 24 de cada 25 individuos esto sucede a un nivel inconsciente. Estudiar a los sinestésicos, por lo tanto, arroja luz sobre los mecanismos cerebrales que subyacen a la experiencia consciente de todos los seres humanos.

También podría proporcionarnos trucos para mejorar la memoria. Hace más de una década, un equipo de investigadores canadienses se topó con una estudiante de 21 años con sinestesia -C., en sus informes que recordaba mejor que nadie las ristras de números. ¿Casualidad? Parece que no, según los datos recabados por el británico Nicolas Roten, que asegura que tiene sentido si consideramos que las experiencias “extraperceptivas” aumentan la codificación de la información y ofrecen más oportunidades de recordar los estímulos. Sobre todo en lo que afecta a la memoria visual. Por su parte, Clare Jonas en la Universidad de East London. Entrenando a no sinestésicos para que hagan las mismas asociaciones entre letras igual que un sinestésico ha demostrado que su capacidad para recordar series de letras mejora. Jonas cree que la “sinestesia entrenada” podría incluso ayudar a pacientes con daños cerebrales a recuperarse, y hasta frenar el deterioro cognitivo en enfermos de alzhéimer.

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miércoles, mayo 13

El juego de mesa más viejo (y el más nuevo) del mundo

(Un texto leído en bbvaopenmind.com el 21 de diciembre de 2018)

El reciente descubrimiento en Azerbaiyán de un tablero de hace 4.000 años del juego conocido como 58 agujeros o Perros y chacales —y que hasta ahora se creía que en esa época solo se conocía en Egipto, Mesopotamia y otras regiones de oriente Próximo— viene a confirmar que los juegos de mesa son atemporales. Y que ya en la Edad de Bronce había intercambio cultural entre civilizaciones y poblaciones muy distantes. En palabras del arqueólogo responsable del hallazgo: “Los antiguos juegos se transmitían entre distintas civilizaciones y culturas y actuaban como lubricante social”.

Siguiendo esa idea, presentamos un nuevo pasatiempo, recién llegado de Oriente. El masyu es un ejemplo de pasatiempo lógico de reciente creación y que, procedente de Japón —a rebufo de otros pasatiempos similares como el Sudoku—, también comienza a traspasar fronteras y a ser conocido y jugado en todo el mundo. Además, y como salta a la vista, también está plagado de “agujeros”, aunque no necesariamente 58.

Cómo se juega

El objetivo del juego es trazar una línea continua cerrada que pase por todos los agujeros o círculos presentes en el tablero sin cortarse ni cruzarse en ningún punto. Los círculos blancos deben atravesarse en línea recta pero el recorrido debe girar 90º en la celda anterior y/o la posterior. En los círculos negros, la línea siempre debe trazar un ángulo recto, pero el circuito debe atravesar la celda anterior y la posterior en línea recta.

El primer juego de mesa que traspasó fronteras

Una vez presentado nuestro doble reto de este mes, recordamos la historia del primer juego de mesa que traspasó múltiples fronteras. El 58 agujeros original, dadas las numerosas evidencias arqueológicas halladas, debía ser muy popular en todo el Oriente Próximo de hace 4000 años. Se han encontrado restos en Egipto, Palestina, Mesopotamia y Asiria. Y ahora también en el Cáucaso.

En esencia, consiste en dos recorridos constituidos por agujeros que transcurren paralelos hasta el final del tablero. Suelen ser 58 agujeros en total. Además, en muchos tableros los recorridos giran y confluyen en el extremo superior del tablero. Y asimismo suele presentar “atajos” y “trampas”. Las reglas no están claras, pero se cree que era un juego para dos jugadores que se alternaban a la hora de tirar un dado con el objetivo de ser el primero en llevar sus cinco fichas de un extremo a otro. Y por eso se le considera un precursor o pariente de juegos modernos como el Backgammon.

Perros y chacales

El nombre alternativo de Perros y chacales proviene del tablero de juego más conocido y famoso de los encontrados hasta la fecha. Hallado en la tumba del faraón de la XII dinastía Reny-Seneb. Un exquisito tablero elaborado en ébano y marfil, dispuesto sobre un mueble o mesa de madera con patas de animal y recorrido por dos hileras de agujeros. Además incorpora un cajón con diez fichas a modo de pequeños palos o bastones —cinco de ellos con cabezas de perro y otros tantos con cabeza de chacal.

El curioso descubrimiento del tablero de Azerbaiyán comenzó con una “rutinaria” búsqueda en internet de publicaciones sobre el juego 58 agujeros, a cargo del arqueólogo del American Museum of Natural History Walter Crist. Fue así como descubrió, en una revista azerbaiyana, una fotografía de lo que parecía un tablero de dicho juego grabado en la piedra de un refugio rocoso.

Tras desplazarse a la región para visitar al lugar, descubrió que éste había sido destruido para edificar. Por fortuna, un oficial local le comentó la existencia de otro refugio rocoso en el que existía un patrón de agujeros idénticos. Finalmente lo encontró y pudo estudiarlo, para confirmar que el popular juego había llegado a otras civilizaciones y que el intercambio cultural existe desde la prehistoria de la humanidad.

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