Farenheit 451
Etiquetas: libros y escritores
...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..
Etiquetas: libros y escritores
(Un texto de Edith Sánchez en lamenteesmaravillosa.com leído el 28 de mayo de 2016 -aunque parece que lo actualizaron en agosto de 2023)
El mito de Sísifo desarrolla ideas asociadas con el concepto de lo absurdo y la inutilidad de la vida. Veámoslo en detalle.
Sísifo fue un personaje de la mitología griega que fundó el reino de Corinto. Era tan astuto que había conseguido engañar a los dioses. Ambicionaba el dinero y para conseguirlo recurría a cualquier forma de engaño. También se dice de él que fomentó la navegación y el comercio.
La leyenda cuenta que fue testigo del secuestro de Egina, una ninfa, por parte del dios Zeus. Decide guardar silencio frente al hecho hasta que su padre, Asopo, dios de los ríos, llega a Corinto y pregunta por ella. Es cuando Sísifo encuentra su oportunidad para proponerle un intercambio: el secreto por una fuente de agua dulce para Corinto. Asopo acepta.
Al enterarse, Zeus entra en cólera y envía a Tánatos, dios de la muerte, para que dé muerte a Sísifo. La apariencia de Tánatos era terrorífica, pero Sísifo no se inmuta. Lo recibe con amabilidad y lo invita a comer en una celda. Allí le sorprende al hacerle prisionero de un momento a otro.
Por un tiempo prolongado, nadie murió, y el que ahora entra en cólera es Hades, dios del inframundo. Este último exige a Zeus (su hermano) que resuelva la situación. Zeus decide enviar a Ares, dios de la guerra, para que libere a Tánatos y conduzca a Sísifo al inframundo.
Sin embargo, con anticipación, Sísifo había pedido a su esposa que, cuando muriera, no le rindiera honras fúnebres. La mujer cumplió con el compromiso.
Una vez que Sísifo llegó al inframundo, empezó a quejarse con Hades. Le dijo que su esposa no cumplía con el deber sagrado de rendirle honra fúnebre alguna. Hades lo ignoró en principio, pero debido a su insistencia le otorgó el favor de volver a la vida para reprender a su esposa por tal ofensa.
Por supuesto, Sísifo tenía planeado de antemano no regresar al inframundo. Y así vivió por muchos años hasta que accedió a ser enviado de vuelta por Tánatos.
Allí, Zeus y Hades, que para nada estaban contentos con las tretas de Sísifo, deciden imponerle un castigo ejemplar. Dicho castigo consistió en subir una pesada piedra por la ladera de una montaña empinada. Y cuando estuviera a punto de llegar a la cima, la gran roca caería hacia el valle, para que él de nuevo volviera a subirla. Esto tendría que repetirse, una y otra vez, por toda la eternidad.
Albert Camus parte de este mito griego para elaborar un ensayo filosófico que tituló justo igual, El mito de Sísifo, publicado en francés en 1942. En él desarrolla un conjunto de ideas asociadas con el concepto de lo absurdo y de la inutilidad de la vida. Aspectos determinantes en el destino de Sísifo y tan característicos del hombre de hoy.
Camus se refiere al absurdo como la esperanza que fundamenta el mañana, como si no existiera la certeza de la muerte. El mundo, despojado de los romanticismos, es un territorio extraño e inhumano.
Un conocimiento verdadero no es posible, ni la razón ni la ciencia pueden revelar la realidad del universo: sus intentos yacen como abstracciones sin sentido. El absurdo es la más desgarradora de las pasiones.
«Los dioses habían condenado a Sísifo a transportar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Pensaron, con algún fundamento, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza». —Albert Camus—
Para Camus, tomarse con seriedad el absurdo significa aceptar la contradicción entre razón y deseo en un mundo irracional. De ahí que deba ser rechazado el suicidio, pues el absurdo no existe sin el hombre.
La contradicción debe ser vivida y los límites de la razón deben ser aceptados sin falsas esperanzas. El absurdo jamás debe ser aceptado con plenitud; por el contrario, demanda ser confrontado con constante rebeldía. Así, gana siempre la libertad.
Camus ve en Sísifo al héroe del absurdo que vive la vida con plenitud, aborrece la muerte y es condenado a realizar una tarea inútil. El autor muestra la inacabable e inservible labor de Sísifo como una metáfora presente en la vida moderna. El trabajo en una fábrica u oficina es una tarea repetitiva. Dicho trabajo es absurdo, pero no trágico, excepto en las raras ocasiones en que existe consciencia de ello.
Camus se muestra, sobre todo, interesado en lo que piensa Sísifo mientras camina de regreso a la parte baja de la colina para comenzar de nuevo. Este es el instante trágico, cuando aquel hombre se hace consciente de lo miserable de su condición. Sin esperanza, el destino solo se vence con desprecio.
Reconocer la verdad es la forma de conquistarla. Sísifo, al igual que un hombre absurdo, mantiene la tarea de empujar. Cuando Sísifo es capaz de reconocer la inutilidad de su labor, y tiene la certeza de cuál es su destino, se libera para notar lo absurdo de su condición. Así llega al estado de aceptación. Camus finaliza con la frase «todo está bien y hay que imaginarse a Sísifo feliz».
Para Camus, la pregunta fundamental de la filosofía es responder a la siguiente duda: ¿vale la pena vivir la vida, o no? En otras palabras, el autor plantea que la principal cuestión filosófica que debe ser abordada es: ¿qué hace que el suicidio no sea la primera opción?
Para Camus, el placer circunstancial puede reconfortar la conciencia en un momento dado, pero eso no hace que las vidas merezcan la pena. En su lugar, lo que sí que puede hacer que valga la pena es que las acciones de cada uno se enmarquen en un proyecto de vida que tenga sentido.
Pero, como todo filósofo existencialista, Camus afirma que la vida en sí misma no tiene sentido. Asumirlo implica entonces aceptar que existen cosas más allá que estructuran la realidad, pero para él esto no ocurre. La realidad existe y nada más. En este sentido, afirma que es uno mismo el que debe darle sentido a la vida, por más absurda que esta sea.
«Lo absurdo es el pecado sin Dios».
—Albert Camus—
El mito de Sísifo ha inspirado durante generaciones en el mundo del arte, la cultura y, en general, ha servido para dar explicación a diferentes teorías relacionadas con las cosas que rodeaban al hombre.
Así, en relación con la teoría solar (inspirada también en el mito del dios Helios), Sísifo con su esfuerzo también representaba al sol que sale cada mañana y después se hunde al atardecer. Al igual que era metáfora de las olas que subían y bajaban con las mareas.
En cuanto a las representaciones artísticas, vale la pena destacar las siguientes obras pictóricas y literarias más relevantes sobre el mito de Sísifo.
Al igual que otras figuras de la mitología griega, como Prometeo o Autólico, Sísifo ha pasado a la historia como un prototipo de embaucador o maestro del engaño de los dioses. En el entorno de salud (también en otros trabajos), el mito ha inspirado a lo que algunos denominan síndrome de Sísifo. Una muestra más del impacto que ha tenido en la historia de la humanidad.
Etiquetas: Fieramente humano (psicología-antropología...), Mitología de todos los colores
(La columna de Alberto Serrano Dolader en el Heraldo de Aragón del 20 de septiembre de 2020)
Me da la sensación de que estoy a más de los 550 m de altitud en los que me encuentro. Respiro aires de las cercanas sierras de Sabinós (oscense) y Blancafort (en la otra ribera del río Noguera Ribagorzana, la leridana). Hoy toca paseo por el Montsec aragonés. He vuelto al despoblado de Finestras porque quiero desvelarles uno de los lugares de la provincia de Huesca cuya contemplación me ha resultado más emocionante. Me refiero a un monumento geológico que ahora han dado en llamar en los soportes publicitarios la Muralla China, con desacierto, pues hace siglos que ya había sido bautizado de otra manera el milagro orográfico que hoy reclama mi atención. Benjami Vallmanya también lo tiene claro:
«Cuando me preguntan cómo llegar a la Muralla China yo les digo: fácil, se den la vuelta, sigan recto 13.000 km y la encontrarán». Benjamí es el, director técnico del Centro de Interpretación de la Energía y Geología, con sede en la presa de Canelles, lazo de unión entre Aragón y Cataluña.
Desde Finestras me fascino con lo que los lugareños han denominado 'Roques de la Vila' o 'Denis de Finestres'. Les será fácil encontrar fotos en internet, pero imagínense dos líneas paralelas de farallones rocosos que recorren una distancia ininterrumpida de casi un kilómetro. Estas gigantes láminas pétreas, producto de un caprichoso plegamiento geológico que las puso en pie, constituyen una bella e inexpugnable muralla natural que en su parte más elevada presenta una sucesión de crestas. Sí, cada lámina rocosa semeja un 'diente' y son más de 50 los ‘dents' que apresuradamente cuento. Cuando el embalse de Canelles oculta parcialmente la base de los ‘Dents', el conjunto sugiere la emergencia de un dragón acuático. Cierro los ojos y me imagino desfilando a media nómina del 'Señor de los Anillos', o a los épicos protagonistas de 'Trono del Hierro' ¡A veces me permito la licencia de ensimismarme!
Adolfo Gastan visitó estas «erupciones fantásticas» que se elevan en «un rincón para místicos, soñadores y poetas». Lo hizo para estudiar la fortaleza «enganchada a lo imposible» que se erigió a mediados del siglo XI en la magra planicie elevada que queda en la cima de la formación, entre las líneas paralelas de las rocas verticales que les he descrito. Forma parte del conjunto castrense la ermita de San Vicente, románico pleno del XII («corta en desarrollo y de nave estrecha se amolda al cimiento rocoso con sutileza y oficio»), cuyas ruinas fueron consolidadas en 1999. Si me quedo un rato, acabaré saludando a Gandalf o a Daenerys, no me cabe duda.Etiquetas: Sitios donde perderse
Etiquetas: Poesía
(Un artículo de José Segovia en el XLSemanal del 20 de diciembre de 2020)
Lenin mantuvo un largo ménage à trois con su esposa, Nadia y su amante, la exiliada rusa, Inessa. El revolucionario quedó rendido ante esta sofisticada mujer. A pesar de los celos de Nadia ambas se hicieron buenas amigas.
En 1894, Vladímir Lenin asistió a una reunión clandestina en San Petersburgo, donde conoció a Nadezhda Krúpskaya (Nadia), una joven maestra de una escuela nocturna para obreros de un barrio miserable. Tras un viaje por el extranjero y varios años en la cárcel, Lenin y Nadia se casaron en 1898.
Desde el primer momento, él prestó mucha atención a las opiniones de su mujer sobre los padecimientos de la clase trabajadora: ella había adquirido muchos más datos que él en ese campo específico, asegura Victor Sebestyen, autor de una reciente biografía sobre Lenin.
En diciembre de 1908, el matrimonio fue a París, donde el revolucionario conoció a Inessa Armand, una exiliada rusa, madre de cinco hijos, que había abandonado a su marido. El líder bolchevique cayó rendido ante esa sofisticada mujer que dominaba cuatro idiomas y era capaz de conversar con la misma facilidad sobre alta costura parisina que sobre teoría marxista.
Lenin quedó hipnotizado por ella. La nombró directora de una escuela para jóvenes trabajadores rusos que puso en marcha en las afueras de París. El objetivo era educarlos en el marxismo y en prácticas conspirativas y enviarlos de regreso a casa para que formaran la vanguardia del movimiento revolucionario. Lenin e Inessa se hicieron amantes.
Es posible que Nadia sintiera celos, pero debió de pensar que su principal tarea era ser la fiel compañera y ayudante de Lenin. Si eso significaba tratar a Inessa con amabilidad, lo haría para que su marido completase su labor revolucionaria.
Con el paso del tiempo, las dos se hicieron grandes amigas. Lenin mantuvo un largo ménage à trois con su amante y su esposa. Cuando cayó el zar en 1917, Lenin regresó a San Petersburgo para hacerse con las riendas de la Revolución y dirigir con puño de hierro el partido bolchevique. Tras diez años de lealtad a Lenin, Inessa murió de cólera en el Cáucaso el 24 de septiembre de 1920. Días después, miles de personas acudieron a presentar sus respetos cuando la enterraron en la plaza Roja de Moscú, cerca del Muro Este del Kremlin.
En primera fila del funeral de Estado estaba Lenin, quien mostró su profundo dolor por la pérdida de su amada. El líder soviético y su mujer adoptaron a los hijos de Inessa de forma extraoficial y se comportaron con ellos como unos segundos padres.
En mayo de 1922, veinticuatro meses después de la muerte de su amante, Inessa Armand, Lenin sufrió un derrame cerebral. Padeció varias recaídas y murió el 21 de enero de 1924.
Lenin y su mujer, Nadia, fueron perseguidos por la Policía secreta zarista, que condenó a miles de rusos a morir de hambre o enfermedad en el exilio siberiano.
Etiquetas: Pequeñas historias de la Historia, Pongámonos románticos, s.XX
(La columna de Arturo Pérez Reverte en el XLSemanal del 10 de noviembre de 2019)
A menudo, cuando a uno se le sube la pólvora al campanario y mira en torno deseando que caiga el meteorito, encuentra analgésicos que hacen a España soportable y devuelven las cosas a su sitio. Hay días en los que tras ver la tele, mirar los periódicos o escuchar la radio, cualquiera que pueda hacerlo se pregunta qué hace aquí en vez de estar viviendo en otro sitio. Y cuando eso ocurre, como supongo que les pasa a otros, hay un truco que no me falla casi nunca: voy a un bar de barrio, me apoyo en el mostrador, pido una cerveza y un pincho de tortilla, tiendo la oreja y a los cinco minutos una sonrisa me despeja el horizonte. Los españoles, acabo diciéndome, somos unos hijos de la gran puta pero somos nuestros hijos de la gran puta. Y aunque a veces deseas que nos lleve el diablo, hay momentos gloriosos en que no nos cambiarías por nadie.
Me pasó ayer con un taxista. Había estado oyendo por la radio a un político embustero, analfabeto y sin complejos, especie cada vez más abundante. Luego me subí al taxi con la nube negra ofuscándomelo todo, pero me tocó un conductor locuaz –a veces son un martirio y otras una bendición–, y al poco estaba yo fascinado por un monólogo que para sí lo habría querido el gran Leo Harlem. Tenía dos hijos adolescentes, dijo: hija mayor, de 16 años, e hijo menor, de 14. Acababa de hablar con ellos por teléfono y estaba tan desesperado como si estuviera echando las muelas. Y el relato que me hizo entre Atocha y Diego de León fue una antología de hijos y padres; un retrato sociológico perfecto en el que cualquiera que haya tenido o tenga vástagos de esa edad puede reconocerse y reconocerlos.
La hija, aseguraba el taxista, es clásica de manual: de las que tecleas en Google hija adolescente y sale su foto: «Digo por ejemplo que algo es rojo, y sin ni siquiera mirarlo me dice que no tengo ni idea de colores. Luego argumenta como una catedrática, hasta volverme loco, por qué lo que yo veo rojo no es rojo. Y después de ponerme la cabeza hecha un bombo, acaba diciendo que tal vez sea de color burdeos». En cuanto al hijo quinceañero, también es otro clásico, pero en estilo muchacho: «Le digo que esto es rojo, se lo queda mirando y me pregunta qué gana él con eso. Le respondo que es importante diferenciar los colores, y el tío me mira como si yo fuera gilipollas y comenta ‘si tú lo dices…’ antes de seguir dándole al mando de la Play».
En cuanto a los amigos de una y otro, no fallan. Ella tiene dos o tres amigas muy amigas y siempre están mandándose mensajitos y enfadadas entre ellas: «Le habla a ésta y no le habla a aquélla, se pelea y se reconcilia con una u otra». Con el chico, sin embargo, ocurre lo contrario: «Todos los amigos, hasta los más cabroncetes, le caen bien. Es majo, dice todo el rato de todos. Fulano le ha dado un navajazo a un profesor, pero es un tío majo».
Uno de los pulsos más difíciles, sigue contando el taxista, se lo echan sus hijos cuando les pide que bajen a comprar algo al súper de la esquina: «Si se lo digo a ella, inevitablemente escucharé una de estas tres preguntas: ¿Cómo voy a ir si he quedado con una amiga? ¿Qué me pongo para bajar? o ¿Cómo voy a ir si no tengo ropa?... Pero si se lo digo al chico, el diálogo será el siguiente:
-Baja al súper, hijo.
-Vale.
-¿Así vas a ir a la calle?
-Sí, ¿qué pasa?
-Arréglate un poco, ¿no?
-Paso, papá.
Y cuando ya creo –continúa el taxista– que se ha ido al súper, vuelve y me dice que su hermana le ha quitado la camiseta».
Otro de los momentos estelares, sigue contando, es cuando se atreve a entrar en sus cuartos: «Si ella se dispone a salir estará encerrada con pestillo, tendrá veinte prendas de ropa distintas sobre la cama y se las estará probando todas. En cuanto al chico, lo normal es que se le haya olvidado cerrar bien la puerta, tenga el ordenador encendido y se esté haciendo una paja… Le juro a usted que si no los mato es porque no tengo tiempo».
«La vida del taxista es dura», intento consolarlo mientras le pago la carrera, pues hemos llegado al fin del trayecto. Y entonces él me dirige por el retrovisor una mirada de resignación, suelta una risita sardónica y responde: «¿Dura, dice usted?... Para duro lo que tengo yo en casa».Etiquetas: Cosas que hay que saber
(Un texto de Tommy Trenchard y Aurélie Marrier D’Unienville en el XLSemanal del 4 de abril de 2021)
La línea entre la vida y la muerte es difusa para los torajas, una etnia indonesia que vive en la remota isla de Cébeles. Durante meses, incluso años, los familiares permanecen momificados en las casas. No están vivos, pero tampoco muertos del todo. Mientras, sus allegados hablan con ellos y les llevan tres comidas al día.
Cada familia momifica a sus seres queridos fallecidos y los mantiene como un miembro más de la casa hasta poder celebrar por todo lo alto un carísimo funeral que, a veces, llega hasta una década después del deceso.
Para los torajas, la muerte no es algo que haya que ocultar, menos a los niños, que participan en las ceremonias y hasta juegan con los restos de los animales sacrificados. En cada funeral se matan varios búfalos y centenares de cerdos. De hecho, estos eventos se han convertido en un reclamo turístico. Los muertos, incluso después de ser enterrados, se exhuman regularmente para pasearlos entre los vivos, para asombro y entretenimiento de los visitantes.
Como anfitriona, Alfrida Lantong es poco receptiva; no responde a los saludos de sus familiares. Pero no se la puede culpar: lleva muerta 9 años. Alfrida falleció en 2012, a los 90, y desde entonces, y tras inyectarle una solución de formaldehído que evita su descomposición, reposa en su casa de Rantepao mientras recibe continuas muestras de afecto de sus nietos. Su hijo Mesak comenta con naturalidad: «La echaríamos mucho de menos si no viviese entre nosotros».
Una de las razones por las que los muertos siguen entre los vivos tanto tiempo es que la preparación para el funeral lleva mucho tiempo… y dinero. Para los torajas, el funeral es el evento más importante de sus vidas y se prolonga hasta una semana. Mesak -el hijo de Alfrida- explica que «la comunidad no nos respetaría si hiciésemos un funeral pequeño. Necesitamos sacrificar muchos búfalos». Así que llevan años ahorrando. Necesitan un millón de rupias, calcula, unos 70.000 euros.
El día más importante de su vida… el funeral. Solo lleva un mes muerto, pero el funeral de Lucas Ruruk va a celebrarse al día siguiente. Será una ceremonia humilde y, aun así, la familia espera que haya unos cinco mil invitados. El coste no bajará de los 15.000 euros, cinco veces el salario medio anual en Indonesia. Su hijo de 28 años, Izak Sapan, dice que es un gasto inevitable que ni se plantean rebajar: «Es el día más importante de la vida de mi padre. Es cuando su alma inicia el viaje al cielo».
Cada muerto debe tener una estatua o tau-tau. Jeffrey Maguling es la cuarta generación de escultores de estas piezas. Las familias las encargan para colocarlas junto a la tumba. «No solo copio la foto del fallecido, intento capturar el carácter de la persona», dice el artesano. Le lleva unos diez días tallar una figura. Además de un arte, es una muy buena fuente de ingresos. Cada una cuesta unos 1000 euros.Etiquetas: Tradiciones varias