Aunque el combate finalizó sin un
vencedor claro, el marino comenzó a ser conocido por su
heroicidad. «Blas de Lezo fue elogiado por el gran almirante
francés por su intrepidez y serenidad y por su comportamiento se
le ascendió a alférez de navío», explica el experto en historia
militar.
El ojo lo perdió dos años más
tarde , en la misma guerra, en la fortaleza de Santa
Catalina de Tolón mientras luchaba contra las tropas del
príncipe Eugenio de Saboya. «En esta acción y tras el impacto de
un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le
alojó en su ojo izquierdo, que explotó en el acto .
Perdió así para siempre la vista del mismo, pero quiso continuar
en el servicio y no abandonarlo» determina Vidondo. Sin duda la
suerte no estaba de su lado, pero Lezo siguió adelante.
Finalmente, cuando tenía 26 años, el
destino volvió a ser esquivo con este marino. «La Guerra de
Sucesión había prácticamente finalizado en julio de 1713 con la
firma de la paz con Gran Bretaña, pero Cataluña seguía en armas
por los partidarios de la casa de Austria. El marino participó
en varios combates y bombardeos a la plaza de Barcelona. En uno
de ellos, el 11 de septiembre de 1714, se acercó
demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de
mosquete en el antebrazo derecho que le rompió varios tendones
y le dejó manco para toda su vida », determina el
experto. Así, y tras quedarse cojo, tuerto y sin mano, Blas de
Lezo pasó a ser conocido como el «Almirante Patapalo»
o el «Mediohombre» . Su leyenda había comenzado.
Hazañas iniciales
Una vez finalizada la Guerra de
Sucesión, Lezo se destacó por su servicio a España. Una de sus
misiones más destacadas fue la que realizó en 1720 a bordo del
galeón «Lanfranco» . «Se le integró en una
escuadra hispano-francesa al mando de Bartolomé de Urdazi con el
cometido de acabar con los corsarios y piratas de los llamados
Mares del Sur (Perú)», sentencia el historiador.
«Sus primeras operaciones fueron contra
el corsario inglés John Clipperton. Éste
logró evitarles y huir hacia Asia, donde fue capturado y
ejecutado», finaliza el doctor en historia militar. Por esta y
otras hazañas, el rey ascendió al «Almirante Patapalo» a
teniente general en 1734 . Sin embargo, su misión
más difícil llegó cuando fue enviado a Cartagena de
Indias (Colombia) como comandante
general.
El mayor reto de Lezo
El mayor desafío de Blas de Lezo se
sucedió sin duda en Colombia, donde tuvo que defender Cartagena
de Indias (el centro del comercio americano y donde confluían
las riquezas de las colonias españolas) de los ingleses,
ansiosos de conquistar el territorio. En este caso,
los británicos aprovecharon una afrenta a su imperio para
intentar tomar la ciudad .
El pretexto fue el asalto a un buque
británico. «En este contexto se produjo en 1738 la comparecencia
de Robert Jenkins ante la Cámara de los
Comunes, un contrabandista británico cuyo barco, el
Rebecca , había sido apresado en abril de 1731 por
un guarda costas español, que le confiscó su carga. La oposición
parlamentaria y posteriormente la opinión pública sancionaron
los incidentes como una ofensa al honor nacional», determina
Vidondo. La excusa perfecta había llegado y se declaró la guerra
a España.
Los preparativos se iniciaron, y los
ingleses no escatimaron en gastos. « Para vengar la
oreja de Jenkins Inglaterra armó toda una formidable flota
jamás vista en la historia (a excepción de la
utilizada en el desembarco de Normandía), al mando del Almirante
inglés Edward Vernon. La armada estaba formada por 195
navíos, 3.000 cañones y unos 25.000 ingleses apoyados por
4.000 milicianos más de los EEUU , mandados éstos
por Lawrence, hermanastro del Presidente Washington», afirma el
experto en historia militar.
Por el contrario, Blas de Lezo no
disponía de un gran número de soldados ni barcos para defender
la ciudad. « Las defensas de Cartagena no pasaban de
3.000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa
de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los
que disponía la ciudad : el Galicia (que era la nave
Capitana), el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y
el Conquistador. La proporción entre los españoles y los
ingleses era de 1 español por cada 10 ingleses», explica
Vidondo.
Pero, lo que tenía a su favor el
«Almirante Patapalo» era un terreno que podía ser utilizado por
un gran estratega como él. Y es que la entrada por mar a
Cartagena de Indias sólo se podía llevar a cabo mediante dos estrechos
accesos, conocidos como «bocachica» y «bocagrande ». El
primero, estaba defendido por dos fuertes
(el de San Luis y el de San José) y el segundo por
cuatro fuertes y un castillo (el de San Sebastián,
el de Santa Cruz, el del Manzanillo, el de Santiago -el más
alejado- y el castillo de San Felipe).
Lezo se preparó para la defensa,
situó varios de sus buques en las dos entradas a las bahías
y dio órdenes de que, en el caso de que se vieran superados,
fueran hundidos para que no fueran apresados y para que sus
restos impidieran la entrada de los navíos ingleses
hasta Cartagena de Indias. La guerra había comenzado y el
«Mediohombre» se preparó para la defensa.
Comienza la batalla
«El 13 de marzo de 1741 apareció la
mayor flota de guerra que jamás surcara los mares hasta el
desembarco de Normandía. Para el día 15 toda la armada enemiga
se había desplegado en plan de cerco. Al comienzo se notó la
superioridad británica y fáciles acciones les permitieron
adueñarse de los alrededores de la ciudad fortificada», afirma
Vidondo.
«La batalla comenzó en el mar. Tras
comprobar que no podían acceder a la bahía, los ingleses
comenzaron un bombardeo incesante contra los fuertes del
puerto . Blas de Lezo apoyaba a los defensores con
la artillería de sus navíos, que había colocado lo
suficientemente cerca. Usaba bolas encadenadas, entre
otras artimañas, para inutilizar los barcos ingleses »,
narra el historiador.
Tras acabar con varias baterías de
cañones, Vernon se dispuso a desembarcar algunos de
sus hombres, que lograron tomar posiciones en
tierra. «Luego, el inglés se dispuso a cañonear la fortaleza de
San Luis de Bocachica día y noche durante dieciséis días, el
promedio de fuego era de 62 grandes disparos por cada hora»,
determina el experto en historia militar. El bombardeo fue
masivo y los españoles tuvieron que abandonar en los días
sucesivos los fuertes de San José y Santa Cruz.
El ímpetu del ataque obligó al español a
tomar una decisión dura: « Lezo incendió sus buques para
obstruir el canal navegable de Bocachica, aunque el
Galicia no prendió fuego a tiempo. Sin embargo, logró
retrasar el avance inglés de forma considerable .
Blas de Lezo decidió dar la orden de replegarse ante la
superioridad ofensiva y la cantidad de bajas españolas», afirma
Vidondo.
A su vez, en Bocagrande se siguió la
misma táctica y se hundieron los dos únicos navíos que
quedaban (el Dragón y el Conquistador) para
dificultar la entrada del enemigo. «El sacrificio resultó en
vano, pues los ingleses remolcaron el casco de uno de
ellos antes de que se hundiera para restablecer el paso y
desembarcaron », sentencia el experto. Las
posiciones habían sido perdidas y los españoles se defendían en
el fuerte de San Sebastián y Manzanillo. Además, como último
baluarte, se encontraba el castillo de San Felipe.
Vernon se cree vencedor
Los ingleses habían conseguido acabar
con varias fortalezas y asentarse en las bahías de Cartagena de
Indias tras pasar los obstáculos puestos por los españoles. Sin
duda, sentían la victoria cerca. «Vernon entró entonces
triunfante en la bahía con su buque Almirante con las banderas
desplegadas dando la batalla por ganada »,
narra el historiador.
Vernon envió en ese momento una corbeta
a Inglaterra con un mensaje en el que anunciaba su
gran victoria sobre los españoles . La noticia fue
recibida con grandes festejos entre la población y, debido al
júbilo, se mandó acuñar una moneda conmemorativa
para recordar la gran victoria. En ella, se podía leer «
El orgullo español humillado por Vernon » y. además,
se apreciaba un grabado de Blas de Lezo arrodillado frente al
inglés.
La victoria del «Mediohombre»
Vernon estaba decidido, la hora de la
victoria había llegado. Por ello, quiso darle el broche final
tomando el símbolo de la resistencia española: el
castillo de San Felipe , donde resistían únicamente
seis centenares de soldados , según cuenta el
historiador. Sin embargo, el asalto desde el frente era un
suicidio, por lo que el inglés se decidió a dar la vuelta a la
fortaleza y asaltar por la espalda a los españoles. «Para ello
atravesaron la selva, lo que provocó la muerte por enfermedad de
cientos de soldados, pero al fin llegaron y Vernon ordenó el
ataque», sentencia Vidondo.
Según narra el doctor en historia,
el primer asalto inglés se hizo contra una entrada de la
fortaleza y se saldó con la muerte de aproximadamente 1.500
soldados a manos de los 600 españoles que
consiguieron resistir y defender su posición a pesar de la
inferioridad numérica. Tras este ataque inicial, Vernon se
desesperó ante la posibilidad de perder una batalla que parecía
hasta hace pocas horas ganada de antemano. Finalmente, y en
términos de Vidondo, el oficial ordenó una nueva embestida,
aunque esta vez planeó que sus soldados usarían
escalas para poder atacar directamente las murallas.
En la noche del 19 de abril los ingleses
se organizaron en tres grupos para atacar San Felipe. «En frente
de la formación iban los esclavos jamaicanos armados con un
machete», explica el doctor en historia. Sin embargo, los
asaltantes se llevaron una gran sorpresa: las escalas
no eran lo suficientemente largas para alcanzar la parte
superior de las murallas . «El ‘Almirante Patapalo’
había ordenado cavar un foso cerca de los muros para
aumentar su altura y evitar el asalto », determina
Vidondo. Los españoles aprovecharon entonces y acabaron con
cientos de ingleses. La batalla acababa de dar un giro
inesperado debido al ingenio de un solo hombre, o más bien,
«Mediohombre».
El día siguiente, según afirma el
historiador, los españoles salieron de la fortaleza
dispuestos a aprovechar el duro golpe psicológico que habían
sufrido los ingleses. En primera línea corría Lezo, cargando al
frente de la formación mientras sujetaba el arma con su único
brazo. Finalmente, y tras una cruenta lucha, los menos
de 600 defensores lograron que el enemigo se retirara y
volviera a sus navíos . Ahora, y de forma
definitiva, la victoria pertenecía a los soldados españoles y,
por encima de todo, a un solo combatiente: el «Almirante
Patapalo».
Después de esa batalla, se sucedieron
una serie de intentos por parte de los ingleses de conquistar la
plaza fuerte, pero fueron rechazados. «Vernon se retiró a sus
barcos y ordenó un bombardeo masivo sobre la ciudad durante casi
un mes, pero no sirvió de nada», determina el experto.
Finalmente, Vernon abandonó las aguas de
Cartagena de Indias con, según los datos oficiales, unos
5.000 ingleses muertos . Sin embargo, según
determina Vidondo, es difícil creer que la cifra sea
tan baja , ya que el oficial tuvo que hundir varios
navíos en su huída debido a que no tenía suficiente tripulación
para manejarlos y no quería que cayesen en manos españolas.
«Cada barco parecía un hospital», afirma el historiador.
De hecho, y según cuenta la leyenda,
Vernon sentía tanto odio hacia el «Mediohombre» que, mientras se
alejaba junto a su flota de vuelta a Inglaterra, gritó a los
vientos «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga,
Lezo!) . Podía maldecir todo lo que quisiera, pero
había sido derrotado.
La mentira del inglés
Además, según determina Vidondo, a
Vernon todavía le quedaba un último mal trago: informar en
Inglaterra de que la había perdido la batalla. Al llegar a su
tierra, sin embargo, parece que no tuvo valor para dar a conocer
la noticia públicamente, por lo que fue pasando el tiempo hasta
que, finalmente, s us compatriotas
descubrieron el engaño . Cuando salió a la luz, la
vergüenza fue tan arrolladora para el país que se tomaron
medidas más drásticas para acallar la gran derrota: « El
rey Jorge II prohibió todo tipo de publicación sobre la
batalla », finaliza Vidondo.