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...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

viernes, junio 26

Metacrilato

(Un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 5 de julio de 2020)

[…] el metacrilato. Un plástico de ingeniería con el que se fabrican las mamparas que nos permiten ver y oír, pero no tocar… Una frontera transparente contra el coronavirus que nos está ayudando a recuperar el pulso de nuestras vidas y que permite la reapertura segura de fábricas y negocios. A su vez, la fabricación de metacrilato se ha convertido en un gran negocio.

[…] Es un excelente aislante, aunque pertenece a una categoría con muy mala fama: la de los plásticos.

También se conoce como cristal sintético o vidrio orgánico, pero no tiene nada que ver con esos materiales, excepto su apariencia. El metacrilato es un polímero. Un montoncito de macromoléculas unidas entre sí que proceden de un hidrocarburo. Lo inventaron en 1933 químicos alemanes por casualidad, pues iban buscando una goma transparente. Otto Röhm y su socio se olvidaron de un frasco con un mejunje viscoso a base de metilo en la repisa de una ventana. Al día siguiente, el frasco había reventado. La acción del sol había desencadenado una reacción molecular que había endurecido aquella masa. Patentaron el metacrilato con dos marcas que siguen siendo los más conocidas: Plexiglás y Acrylite. Aunque el ‘genérico’ se llama PMMA.

Hoy la corporación Röhm es líder mundial en producción de metacrilato y ha duplicado sus ventas. «Si el motivo no fuera tan triste, estaríamos contentos», declaró Claus Müller, su presidente, a Forbes. En 2019 esta industria facturó más de 5.300 millones de euros, pero se esperan ventas de récord.

El lado negativo es el coste medioambiental. No solo es un plástico (por tanto, a base de petróleo) que se degrada muy lentamente, sino que, además, es uno de los más difíciles de reciclar. La contrapartida es que pesa muy poco, lo que permite que los coches y los aviones que lo incorporan reduzcan su consumo energético.

Seis curiosidades sobre el metacrilato

→ Vidrio parece…

Es el más transparente de los plásticos, aunque no tanto como el vidrio. Pero sobre este tiene la ventaja de ser mucho más resistente a los impactos, al menos diez veces más.

→ Cuidado, que arde

El metacrilato prende con facilidad. Y no es fácil apagarlo, aunque no produce gases tóxicos cuando entra en combustión.

→ A prueba de golpes

Su dureza es similar a la del aluminio. Resiste la intemperie y los rayos ultravioleta sin un envejecimiento apreciable. Se repara fácilmente con un pulimento.

→ Periscopio arriba

La industria del metacrilato creció impulsada por la Segunda Guerra Mundial. Se incorporó a las torretas de los aviones y a los periscopios de los submarinos. Su uso se ha generalizado en industrias como la automovilística y la aeronáutica.

→ Los zapatos de Cenicienta… y de Marylin

Tuvo su momento de gloria en el mundo de la moda con los tacones transparentes de los años cincuenta. Marilyn Monroe utilizó unas sandalias con plataforma de metacrilato en Cómo casarse con un millonario.

→ Solo para sus ojos

Con las nuevas tecnologías se empezó a utilizar en el cableado de fibra óptica, en las pantallas de televisión, en los teléfonos móviles, las luces LED… Tiene una buena compatibilidad con el tejido humano, así que también se usa en prótesis y en lentes de contacto.

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jueves, junio 25

Los once días más misteriosos de Agatha Christie

(Un texto de Fatima Uribarri en el XLSemanal del 25 de septiembre de 2022)

La gran dama del crimen desapareció once días de 1926. Más de 500 policías se lanzaron en su búsqueda. la hallaron en un balneario lejos de su casa, bajo una identidad falsa y con amnesia. Ahora, una escritora ha resuelto el gran misterio en la vida de Agatha Christie.

El coche, un Morris Cowley gris, aparece abandonado en Surrey. Dentro, la Policía encuentra un abrigo de piel y un carné de conducir caducado. No hay rastro de su dueña, la famosa escritora Agatha Christie.

Su desaparición tiene en vilo a Inglaterra: 500 policías y 2000 voluntarios llevan días rastreando millas de terreno, se dragan arroyos, se utilizan sabuesos. La reina del misterio protagoniza un enigma propio de una de sus novelas.

El país se vuelca en su búsqueda. El creador de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle —un apasionado de lo paranormal— consulta a una médium sobre el paradero de su colega. La escritora Dorothy L. Sayers se desplaza hasta donde se ha encontrado el coche para hacer sus propias pesquisas. Incluso el ministro del Interior, William Joynson-Hicks, se ha involucrado personalmente en el caso.

Pasan los días sin rastro de ella. Se disparan las hipótesis: la ha asesinado su marido (Archibald Christie), dicen algunos; la ha matado un asesino en serie, se ha suicidado, está escondida y busca engordar su fama, opinan otros...

Fueron días de máximo desconcierto. Un misterio que no se esclareció ni siquiera cuando dieron con ella once días después de su desaparición. Estaba tan tranquila en un balneario a kilómetros de donde encontraron su coche. Se había registrado con un nombre falso y no reconoció a su marido cuando acudió a su encuentro acompañado de la Policía. Tampoco identificó a su hija Rosalind, de 6 años, cuando los agentes le mostraron su fotografía. La gran dama del crimen había perdido la memoria.

La escritora británica desapareció el 3 de diciembre de 1926, hace casi 96 años, y todavía llueven teorías explicativas del extraño suceso. La última en dar una aclaración es la escritora británica Lucy Worsley. Asegura en su libro Agatha Christie, a very elusive woman, que se publica estos días, haber dado con la clave de la misteriosa evasión de la escritora.

Ha buceado en los archivos de Agatha Christie y ha estudiado a fondo la entrevista que concedió al Daily Mail en 1928, dos años después del extraño episodio. Worsley concluye que la misteriosa fuga responde a un trastorno mental de la escritora. «Es innegable que había algo oscuro en su corazón: imaginaba asesinatos de niños», dice. Y había antecedentes de problemas mentales en su familia: un hermano de su madre se pegó un tiro, dos de sus primos se suicidaron también y una tía abuela estuvo internada en un centro psiquiátrico.

Los días previos a la desaparición, la escritora estaba «alterada», según contó la criada de su casa. No extraña porque era muy reciente la muerte de su madre, a la que estaba muy unida. Sufría el estrés de tener que entregar una nueva novela con la que no lograba avanzar. Y su marido le había confesado que estaba con otra mujer y quería casarse con ella. Se comprende que estuviera alterada.

El 3 de diciembre de 1926 preparó una maleta rápida con ropa elegida al tuntún, cogió un fajo de billetes y una fotografía de su hija, Rosalind, de 6 años, y llevó a la niña a casa de la abuela paterna. «Cuando su suegra le preguntó que por qué no llevaba el anillo de casada, Agatha soltó una risa histérica», cuenta Lucy Worsley. Antes de salir de casa, había llamado a la oficina de su marido y le dijeron que estaba de vacaciones.

Dejó a la niña con la abuela y condujo hasta una cantera. «Estaba muy abatida y decidida a acabar con mi vida», contó dos años después al Daily Mail. Entró en la cantera dispuesta a suicidarse estrellando su coche, pero recapacitó y cambió de idea. Condujo entonces hasta Londres. En los almacenes Harrods compró una postal y se la envió a su cuñado Campbell Christie: le contaba que se iba unos días a un balneario. Abandonó el coche en Surrey y tomó un tren a Harrotage (Yorkshire), donde se registró en el hotel Swan Hydropathic con el nombre de Teresa Neele (el apellido de la amante de su marido) y dijo tener nacionalidad sudafricana. Otros huéspedes del hotel han contado que durante esos días la escritora no se relacionó con nadie. «Era muy esquiva», dijeron.

A pesar de su falsa identidad, un músico de la banda del hotel la reconoció y avisó a la Policía: Agatha Christie ya había publicado seis novelas y su cara aparecía en todos los periódicos.

El encuentro con su marido en el hotel, adonde acudió con la Policía, fue extraño: ella creyó que era su hermano. Días después, la diagnosticaron de amnesia. Ella prefirió obviar el tema. No hay ni una sola mención del episodio eh su Autobiografía. Nada.

La prensa arremetió contra la escritora. La acusaron de haber montado un numerito para hacerse publicidad. La tildaron de «mala madre, cruel, manipuladora, intrigante», clamaban los periódicos. Lucy Worsley no entiende tanta saña con la autora de Muerte en el Nilo. «No tenía esa malevolencia. Era alguien vulnerable que no era responsable de sus actos. Muchas veces dijo que estaba enferma y no le creyeron». El diagnóstico que hace Worsley es el de fuga disociativa. Es un trastorno provocado por la presión. Según el Manual Merck de diagnóstico y terapia, «durante las fugas disociativas, las personas pierden algunos recuerdos de su pasado (o todos ellos) y pueden desaparecer incluso meses, abandonando familia y trabajo».

Agatha regresó a casa y por un tiempo pensó que podría arreglar su matrimonio, pero no fue posible: Archie quería el divorcio. Por eso —cree Lucy Worsley—, la escritora concedió la entrevista al Daily Mail en 1928 y se atrevió a comentar su intento de suicidio, a pesar de que entonces estaba penado y el estigma que caería sobre ella iba a ser inmenso. «Lo hizo para no perder la custodia de su hija y rebatir la imagen de mala madre, malvada e irresponsable que la prensa estaba dando de ella», argumenta Worsley. Su reputación quedó dañada por el escándalo, pero las ventas de sus libros se dispararon y su carrera de escritora recibió un importante empujón. Tras el divorcio viajó a Irak y conoció a Max Mallowan, un arqueólogo 14 años más joven que ella. Se casaron en 1930. Y fueron felices.

Un misterio real. Su coche apareció abandonado. En su búsqueda participaron policías, voluntarios, perros e incluso médiums. La escritora tenía entonces 36 años. Su desaparición conmocionó a Inglaterra.

El móvil: un marido infiel. Antes de fugarse supo que su marido, Archibald Arcille, quería a otra mujer.

La acusación: ¿mala madre? La prensa acusó a la novelista de abandonar a su hija, Rosalind, de 6 años.

Final feliz. Agatha Christie se casó con el arqueólogo Max Mallowan en 1930. Lo conoció en Irak.

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miércoles, junio 24

Pedos y eructos

(Un texto de Francisco Abad Alegría en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 11 de enero de 2020)

«Según nuestras formalidades y conveniencias sociales, el eructo es similar al pedo, aunque, según otros, el primero es más odioso que el pedo mismo» (Anónimo del siglo XIX, 'Tratado sobre el pedo').

Alimento, comida y digestión son conceptos muy diferentes, pero íntimamente entrelazados. Ventosidades expelidas por el polo superior e inferior del largo y complicado tubo digestivo forman parte del proceso fisiológico de la alimentación. Otra cosa es que su intensidad, peculiaridades sonoras, cualidad y potencia aromática puedan resultar oportunas, adecuadas, proporcionadas, normales o patológicas. Dicho así, como ven, no resulta tan repelente el asunto, aunque quizá sí un tanto chocante para quienes habitualmente escribimos en serio; pero esto también es serio, según se mire.

Por cierto, eructar no plantea problemas lingüísticos e incluso tiene equivalente antiguo en nuestro riquísimo idioma, 'regüeldo', pero la emisión del pedo puede plantear dificultades expresivas, porque si palabras como 'cuesco' o 'bufa' corresponden al argot español o lenguaje de germanía como sinónimos, el acto de expeler un pedo plantea duda en su ortodoxia. El DRA cita las expresiones combinadas ‘peer' y 'peerse' como acto de expeler ventosidades intestinales y ‘pedorrearse' como el mismo hecho pero de modo frecuente o repetido, y añade como palabra onomatopéyica 'pedorreta', que es el sonido que se hace expulsando aire con los labios entreabiertos, que en su vibración remedan el acompañamiento sonoro habitual del pedo por la vibración de los linderos anales (¡líbrenos Dios de los silenciosos y traidores!), mientras que María Moliner trae 'peer' y 'peder' como sinónimos, añadiendo que son expresiones vulgares.

Para el sonido que se produce en el tracto intestinal, sin emisión al exterior, se reserva la expresión borborigmo, que en lenguaje común se hace compleja como ruidos de tripas o correr de las tripas.

De modo que ya tenemos resuelto el escatológico problema desde el punto de vista lingüístico y podemos pasar a la taxonomía, es decir, clasificación de las variedades de tan peculiares manifestaciones de nuestra fisiología y a veces patología digestiva.

CLASIFICACIONES. Dice el anónimo autor del breve 'Tratado sobre el pedo' que no todos ellos son iguales, y lo propio ocurre con los eructos, que no se estudian en detalle. Explica que los pedos abiertos, sonoros, sin camuflaje posible, se denominan «pleni-vocales», mientras que lo contrario son los «silenciosos», en general traidoramente pestilentes. También explica que los hay «diptongados», es decir, con una especie de cesura o descanso sonoro a mitad del proceso, y no olvida el comúnmente denominado «pedo pintor», que es el «diptongado suave» acompañado de la emisión de mínimas cantidades de material semisólido intestinal, que deja constancia de su escape en la ropa interior.

Por lo que se refiere a la acción social de los pedos, existen los francamente antisociales, que pueden ser útiles en determinadas ocasiones; los guasones, que acompañan una broma generalmente de mal gusto o escenificada en un medio social poco refinado, y hasta existen los artísticos, como los famosos del 'petoman' francés, que actuaba en una sala de fiestas parisina entonando con habilidad algunas breves tonadillas, combinando duración, intensidad y gravedad de emisión del sonido, suponemos que tras una estudiada dieta flatulencial, que actuaría, perdón por la comparación, como el inflado de la gaita preparatorio de una interpretación musical.

Detalla el peculiar autor de nuestro tratado cualidades relativamente específicas de diversos pedos, como los de maestro de armas, de señorita, de doncella (muy escasos), panaderos, pastores, viejas, alfareros, oficinistas y otros.

Por lo que se refiere a los regüeldos, aún sin guía autorizada que los clasifique, suelen ser de acción cuasi-mortífera los de chorizo de Pamplona, tostada con ajo y alubias con morcilla ahumada, mientras que resultan más sonoros pero relativamente inocuos los de refrescos de cola, tinto de verano y tónica con ginebra; todos ellos tienen la ventaja de que al no haberse producido un pleno proceso de digestión, el acompañamiento de metano y gases sulfurosos es mínimo y, por tanto, es la concentración gaseosa y aromatizada comprimida en el estómago lo que se expele. No debe confundirse eructo con halitosis, que es el mal aliento crónico, del que hacían gala, dicen, el Rey Sol, Luis XIV, y el cardenal Richelieu, además de algún personaje de la Regenta'.

 

LO QUE DICE LA MEDICINA. Los gases relacionados con la alimentación (recordemos que la comida es alimentación y cultura social) son variados. El más simple es el aire, ese que respiramos y tragamos involuntariamente cuando devoramos con avidez o nerviosismo. Este aire, unido a los olores propios de lo ingerido y mínimas cantidades de derivados aromáticos pre-digeridos por el ácido gástrico y la ptialina salivar, se puede acumular cuando ingresa en gran cantidad y poco tiempo en la cámara de gases de la parte superior del estómago, impulsando por simple reflejo de presión su expulsión en forma de eructo, como ocurre, por ejemplo en la ingestión apresurada de un gran vaso de refresco gasificado. El aire deglutido no siempre se expulsa por el polo superior del tubo digestivo y llega a impregnar, en una comida apresurada e incívica, por apresuramiento de origen laboral o simple glotonería, el bolo alimenticio que pasa la barrera del estómago, de modo que causa borborigmos, molestias por distensión abdominal y pedorreo de variable cuantía e intensidad.

En el proceso de la digestión normal también se producen algunos gases de forma fisiológica, como dióxido de carbono, ciertos derivados sulfurados (dependientes sobre todo del tipo de alimento ingerido) y metano, lo que origina ventosidades en general discretas, socialmente domesticables y asequibles al desinflado socialmente tolerable, por ejemplo en el curso de un pequeño paseo ciudadano. En determinadas patologías, como gastritis atrófica, cuadros de malabsorción, déficit pancreático o biliar, enfermedad inflamatoria intestinal o diverticulosis intestinal, la alimentación moderada habitual puede generar problemas digestivos a veces muy importantes y para eso no tenemos remedio en estas páginas: hay que acudir al médico.

FIBRAS COMPLICADAS. Algunos alimentos, que van desde los muy ricos en fibras no digeribles hasta frutas como la pera, verduras como la col y las paradigmáticas alubias (por su tegumento externo) tienen cantidades elevadas de polisacáridos no digestibles por los fluidos digestivos y la flora intestinal (microbiota) que convive armoniosamente en nuestras entrañas. En estos casos, son las bacterias de la fermentación de tales productos las que hacen la labor sucia, nunca mejor, dicho, produciendo fermentaciones que generan abundantes gases, de modo que además de las molestias digestivas se produce un exceso de gases que aboca inevitablemente al pedorreo. Una fabada ocasional no es problema si se combina sabiamente con el solitario paseo, pero consumir fibra indigerible habitualmente no es buena cosa.

Por fin, hay otro aspecto interesante, que es el de los prebióticos, entre los que se encuentran los fermentados en forma de yogur o kéfir, que favorecen el desarrollo de una flora intestinal benéfica, no ‘petogénica' pero además facilitadora de la digestión óptima y preventiva de enfermedades como los cánceres digestivos, la diabetes tardía o las diverticulitis. Por el contrario, hay antiprebióticos, de los que los edulcorantes son paradigma, como el exceso de ahumados, de efecto opuesto. Y sin necesidad de acudir al médico, recuerden que una digestión acompañada de escasa cuantía de eructos y pedos va a ser indicadora, en general, de una buena salud digestiva. Sencillo ¿no?

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