Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

sábado, febrero 28

Ferrol, de batería en batería

(Un texto de Andrea Nogueira en el suplemento El Viajero de El País del 30 de octubre de 2021)

La historia de Ferrol está entrelazada con la tradición militar española. La morfología de su ría, con una estrecha cintura que restringe la entrada a este puerto coruñés, llamó la atención de Felipe II en el siglo XVI. El rey designó a la ciudad sede de la Armada Real y así dio comienzo una vertiente militar que continúa desarrollándose. Una ruta costera recorre las baterías que protegieron Ferrol a lo largo de los siglos; la visita permite descubrir desde el castillo de San Felipe hasta las más modernas defensas del cabo Prior, del siglo pasado. En medio: playas kilométricas, observatorios de aves, senderos y una laguna de agua dulce. El Concello de Ferrol y el sello de turismo científico Observer han desarrollado una guía gratuita que está disponible en la web de la plataforma (observersciencetourism.com). Además, todos los puntos relevantes en el terreno han sido señalizados con paneles que incluyen audioguías.

El castillo de San Felipe es la joya de la corona en lo que a arquitectura e historia se refiere. Su corazón es del siglo XVI, pero la inmensa mayoría de su cuerpo pertenece al XVIII, cuando fue ampliado. Los ingenieros implicados en esa reforma siguieron las pautas del francés Sébastien Le Prestre, señor de Vauban, quien había puesto de moda 100 años antes, el uso exacerbado de los baluartes —las áreas adelantadas de la muralla que toman forma de pico—. No era un capricho estético, sino que gracias a esto se ejercía con mayor efectividad fuego cruzado contra el enemigo. Esta práctica otorga a San Felipe una base en forma de estrella, un distintivo del modelo Vauban.

Para continuar el viaje solo hay que seguir la línea de costa hacia el Atlántico. Tras San Felipe, las baterías militares edificadas en el siglo XVIII salpican el paisaje. San Carlos, San Cristovo y Cariño, muy próximas entre ellas para visitarlas en un paseo, se construyeron como apoyos colaterales al castillo, que se había quedado obsoleto por el desarrollo de las armas de pólvora. Aunque están en ruinas, sus merlones todavía despuntan sobre los muros de defensa y sus polvorines mantienen la entereza.

Continuando la carretera general, se desemboca en el cabo Prioriño. Aquí se aglutina un complejo militar de diferentes épocas. Bajo el faro se esconden las ruinas de una batería del siglo XVIII, en malas condiciones, ya que su granito se empleó en la construcción, en 1854, de esta guía para la navegación. Virando hacia el sur, tras pasar el observatorio ornitológico desde el que disfrutar de la pardela balear —de las pocas aves marinas endémicas de España—, se levanta Punta Viñas (XVIII). Esta batería hice espléndida gracias a un proceso de restauración posterior a su traslado desde su enclave original, hoy ocupado por el puerto exterior de Prioriño-Ferrol. Llama la atención su horno de reverbero, también conocido como "de bala roja", pues servía para calentar las balas de los cañones, de manera que, al impactar contra el casco de los barcos enemigos, estos ardían.

En el cuerpo central del cabo Prioriño se esconde otro sistema de defensa, este datado en los años treinta del siglo pasado. Las enormes bocas de los cañones que lo artillaban están diseminadas en diferentes puntos, acompañadas de los edificios que les daban servicio. Estos pozos recuerdan que aquí se aposentaron las armas más poderosas que el Ejército español poseyó hasta la época: los cañones Vickers de 38,10 centímetros de calibre, capaces dé escupir proyectiles de 800 kilos con un alcance de 35 kilómetros.

La ruta continúa hacia el norte, ascendiendo al monte Ventoso. El edificio abandonado que lo corona es un antiguo semáforo, donde comenzaron las telecomunicaciones tanto militares como civiles, aunque acabó sus días en los noventa como estación meteorológica. Además, escondidos bajo tierra permanecen los túneles horadados para conducir hasta los puntos de vigilancia que se establecieron en esta atalaya natural, desde la que se pueden observar en su plenitud los casi dos kilómetros de arena de Doniños. Esta playa invita a conocerla también en otoño, pues además de ser enclave para surfistas cuenta con una batería del siglo XVIII y también con una laguna costera catalogada como lugar de interés comunitario y zona de especial protección para las aves por su biodiversidad. A pesar de que esta balsa de agua se encuentra a escasos metros del mar, su salinidad es muy baja gracias al cordón dunar que la protege. En ella habita una gran variedad de plantas, como el nenúfar, y también de aves. Una de las que se pueden observar durante todo el año es el martín pescador, con un vistoso plumaje que combina el verde esmeralda y el azul brillante.

Camino de miradores

Dejando la playa de Doniños se abre otro arenal todavía mayor, San Xurxo, una media luna de 2.100 metros de fina arena. Aquí se puede iniciar una ruta de senderismo de unos 15 kilómetros. Siguiendo la línea de costa dirección a Doniños, el camino salta de mirador en mirador. Desde el de las islas Gabeiras, señalizado, se aprecian estas formaciones rocosas integradas en la Red Natura 2000 por ser hábitat de colonias del paiño europeo, el cormorán moñudo y la gaviota patiamarilla. La ruta es circular y en el regreso, por la cara interior del monte San Xurxo, se atraviesa un espeso pinar.

Al norte espera la última parada: el cabo Prior. Un faro recibe a los visitantes. A su derecha, el primer complejo de una batería del siglo XX. Hay que acercarse a la línea de costa para descubrir la base de los cañones, cuyos cuerpos se insertaban bajo tierra, dejando que asomara solo su cabeza. Esta batería cuenta, además de con este núcleo en el que también se ubicaban las principales instalaciones de servicio para los militares aquí destinados, con otros dos grupos más. En uno de ellos permanecen los restos de una defensa antiaérea monolítica. Las baterías del Prior, así como las del Prioriño, nunca entraron en combate y fueron desartilladas antes de terminar el siglo XX para responder a demandas bélicas y económicas, pues parte de ellas se destinó a chatarra.

A lo largo del cabo sobresalen boinas pedestres. Se trata de puntos de vigilancia, la parte visible de un enorme complejo de instalaciones que recorre toda esta lengua de tierra con acantilados de 100 metros de altura. Y desde el propio cabo Prior se observa la playa de Santa Comba y su ermita románica, parada extra de esta ruta. El enclave, parte del Camino Inglés, es un tradicional punto de romería desde el siglo XII y tiene una peculiaridad: solo se puede visitar la Ínsula da Santa —como se la conoce— con la marea baja, pues queda rodeada de agua con la pleamar.

Este pequeño tramo de costa condensa naturaleza e historia militar de manera espectacular, pero, si uno tiene tiempo, el viaje no tiene por qué terminar aquí. La ciudad de Ferrol cuenta, entre otros atractivos, con un Museo de la Construcción Naval (exponav.org) en el que completar el conocimiento sobre la tradición militar y un barrio modernista que aspira a convertirse en patrimonio mundial.

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viernes, febrero 27

Sobre "La vida de Brian"

(Leído en Facebook en junio de 2023)

“La vida de Brian” (1979). Días antes de que comenzara la producción, EMI de repente se retiró.

Entonces, ¿qué haces cuando necesitas de inmediato alrededor de 4 millones de dólares (alrededor de $20 millones en dinero de hoy)?

Aparentemente, vas a California, que es lo que hicieron el productor John Goldstone y Python Eric Idle.

Dio la casualidad de que el ex Beatle, fanático de Python y amigo de Eric, George Harrison, estaba en Hollywood.

Eric se puso en contacto para compartir su problema y George tranquilamente le aseguró que encontraría el dinero para hacer la película. “No puedo recordar si ya había leído el guión o no... realmente no parecía importar. Simplemente no podía creerlo"… Idle estuvo de acuerdo en que era "realmente inaudito" y reconoció que sin el efectivo "La vida de Brian nunca se habría hecho".

Como dijo John Cleese: "Eric no podía creerlo. Preguntó: '¿Por qué haces esto?'

"George dijo: 'Quiero ver la película'. Pero qué acto de generosidad y locura absoluta y gloriosa".

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jueves, febrero 26

La regla de L'Hôpital

(Leído en el muro de Profesor Henry en Facebook)
A principios del siglo XVIII, las matemáticas estaban en pleno auge con nuevas ideas.
El cálculo acababa de ser inventado.
Guillaume de l’Hôpital era un acaudalado noble francés apasionado por las matemáticas, pero no precisamente un genio.
Contrató a uno de los matemáticos jóvenes más brillantes de la época, Johann Bernoulli, como tutor personal. Bernoulli tenía tanto talento que L’Hôpital le hizo una oferta increíble: un salario anual de 300 francos a cambio de cada nuevo descubrimiento.
Sí, L’Hôpital compraba teoremas. Siempre que Bernoulli encontraba algo nuevo, se lo enviaba a su jefe.
En 1696, L’Hôpital publicó el primer libro de texto de cálculo, Analyse des Infiniment Petits.
Introdujo la famosa Regla de L’Hôpital, que explicaba cómo manejar límites indeterminados como 0/0.
Pero aquí está el giro inesperado: la regla, y gran parte del libro, fueron escritos por Bernoulli. Tras la muerte de L'Hôpital, Bernoulli reveló la verdad y mostró las cartas que demostraban el acuerdo.
Aun así, el nombre de L'Hôpital permaneció ligado a la regla, un recordatorio de que, a veces, en la ciencia, el dinero compra la fama.
Hoy en día, todos los estudiantes de cálculo aprenden la Regla de L'Hôpital, incluso si el verdadero autor fue Johann Bernoulli.

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miércoles, febrero 25

Las españolas votan por primera vez

(Leído en el boletín del Muy Historia del 9 de noviembre de 2019. Muy relacionado con lo de ayer)

Es sorprendente percatarse de que las mujeres en España no pudieron ejercer su derecho como ciudadanas hasta hace poco menos de un siglo: el 19 de noviembre de 1933. 

 

¿Qué estaba ocurriendo en España por entonces? La Segunda República se había proclamado el 14 de abril de 1931, sustituyendo a una monarquía institucional, desacreditada al permitir Alfonso XIII la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y tras fracasar el intento de vuelta a la “normalidad constitucional” con la dictablanda del general Berenguer (1930-1931).

 

La cuestión del voto femenino se puso sobre la mesa en las Cortes republicanas en 1931, durante el bienio progresista, y fue Clara Campoamor quien enarboló la lucha para que las mujeres alcanzaran este derecho fundamental. Por entonces solo había tres diputadas. Campoamor, entre ellas; las otras dos, Victoria Kent y Margarita Nelken, se mostraban sin embargo reacias a contemplar el voto femenino por miedo a que éste beneficiase a los partidos conservadores.

 

El 1 de octubre de 1931, el Congreso de la Segunda República Española hizo oficialmente legal el voto femenino con casi la mitad del Congreso en contra. Una decisión que se haría efectiva sería en las elecciones de 1933 (que ganó la CEDA). Aquel día histórico, 6.800.000 españolas introdujeron su voto en las urnas por primera vez. Hay que recordar que tras la Guerra Civil y la dictadura franquista, las mujeres pasarían más de 40 años sin volver a votar, hasta los comicios de 1977 (los primeros libres tras la dictadura), otorgando la victoria a la Unión de Centro Democrático liderada por Adolfo Suárez.

 

Aunque hay representantes muy antiguas del feminismo, la primera vez que se cuestiona oficialmente la igualdad de derechos entre hombres y mujeres fue a partir de la Revolución Francesa (1789) puesto que la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano no incluía a las mujeres como poseedoras de los mismos derechos que los ciudadanos hombres.

 

A partir de entonces, los movimientos ilustrados de hombres y mujeres en toda Europa plantearon la necesidad de establecer un sufragio universal, además de garantizar la igualdad de otros derechos civiles, como los derechos matrimoniales o los de capacitación profesional; Sin embargo, las mujeres continuaron sin poder ejercer como ciudadanas de pleno derecho hasta bien entrado el siglo XX. Al menos, en Europa. Nueva Zelanda se dio algo más de prisa, y aseguró este derecho antes del final del siglo XIX, en 1893. En Europa, las protestas por el voto tuvieron su manifestación más temprana en Reino Unido. En 1911, la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU) se congregó en Londres para reivindicar el sufragio femenino.

 

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martes, febrero 24

Se aprueba el voto femenino en España

(Leído en el boletín del Muy Historia del 1 de octubre de 2019)

El 1 de octubre de 1931, en el contexto de la Segunda República Española, el Congreso estableció el voto femenino tras una ajustadísima votación. La cuestión de si las mujeres debían tener el derecho a votar en las siguientes elecciones llevaba tiempo discutiéndose en la cámara y había suscitado tantos apoyos como detractores e incluso los sectores más progresistas tenían sus dudas ya que pensaban que la mujer, menos formada y más influenciable por los poderes de la Iglesia, volcaría su voto en la derecha y podría poner en peligro el sistema republicano en su totalidad.

 

Durante el debate se dibujó a la mujer como un ser histérico, manipulable y en absoluto capaz de razonar o de tener independencia de pensamiento. Se llegó a plantear la opción de que se estableciese la edad legal para que las mujeres pudiesen votar a los 45 años, después de que les llegase la menopausia y su histerismo pasional se aplacase. Dentro de este debate se destacan las figuras de Clara Campoamor (a favor) y de Margarita Nekkel y Victoria Kent (en contra), que protagonizaron un intenso debate que marcaría el curso de la posterior votación.

 

El voto femenino se instauró en España por una diferencia menor a 30 votos, con casi la mitad del Congreso en contra de la enmienda. La primera vez que las mujeres pudieron ejercer su derecho al voto fue en las generales de 1933, en las que la coalición de derechas encabezada por la CEDA consiguió arrebatar el gobierno a los partidos de izquierda. Aquel día votaron cerca de 7 millones de mujeres. 

 

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Es sorprendente percatarse de que las mujeres en España no pudieron ejercer su derecho como ciudadanas hasta hace poco menos de un siglo: el 19 de noviembre de 1933. 

 

¿Qué estaba ocurriendo en España por entonces? La Segunda República se había proclamado el 14 de abril de 1931, sustituyendo a una monarquía institucional, desacreditada al permitir Alfonso XIII la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y tras fracasar el intento de vuelta a la “normalidad constitucional” con la dictablanda del general Berenguer (1930-1931).

 

La cuestión del voto femenino se puso sobre la mesa en las Cortes republicanas en 1931, durante el bienio progresista, y fue Clara Campoamor quien enarboló la lucha para que las mujeres alcanzaran este derecho fundamental. Por entonces solo había tres diputadas. Campoamor, entre ellas; las otras dos, Victoria Kent y Margarita Nelken, se mostraban sin embargo reacias a contemplar el voto femenino por miedo a que éste beneficiase a los partidos conservadores.

 

El 1 de octubre de 1931, el Congreso de la Segunda República Española hizo oficialmente legal el voto femenino con casi la mitad del Congreso en contra. Una decisión que se haría efectiva sería en las elecciones de 1933 (que ganó la CEDA). Aquel día histórico, 6.800.000 españolas introdujeron su voto en las urnas por primera vez. Hay que recordar que tras la Guerra Civil y la dictadura franquista, las mujeres pasarían más de 40 años sin volver a votar, hasta los comicios de 1977 (los primeros libres tras la dictadura), otorgando la victoria a la Unión de Centro Democrático liderada por Adolfo Suárez.

 

Aunque hay representantes muy antiguas del feminismo, la primera vez que se cuestiona oficialmente la igualdad de derechos entre hombres y mujeres fue a partir de la Revolución Francesa (1789) puesto que la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano no incluía a las mujeres como poseedoras de los mismos derechos que los ciudadanos hombres.

 

A partir de entonces, los movimientos ilustrados de hombres y mujeres en toda Europa plantearon la necesidad de establecer un sufragio universal, además de garantizar la igualdad de otros derechos civiles, como los derechos matrimoniales o los de capacitación profesional; Sin embargo, las mujeres continuaron sin poder ejercer como ciudadanas de pleno derecho hasta bien entrado el siglo XX. Al menos, en Europa. Nueva Zelanda se dio algo más de prisa, y aseguró este derecho antes del final del siglo XIX, en 1893. En Europa, las protestas por el voto tuvieron su manifestación más temprana en Reino Unido. En 1911, la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU) se congregó en Londres para reivindicar el sufragio femenino.

 

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lunes, febrero 23

Francesco Redi, el primer cazador de mitos

(Un texto de Javier Yanes en bbvaopenmind.com publicado el 28 de febrero de 2020)

En esta época de fake news y bulos en internet, por suerte no faltan quienes dedican su tiempo a contrastar estas supuestas informaciones para destapar los camelos. Hoy los llamamos debunkers, o desmontadores de bulos y mitos. Pero así como las falsas noticias no son un fenómeno exclusivamente actual, tampoco lo es el oficio de desmentirlas: los debunkers tuvieron un precedente ilustre en el siglo XVII, el médico italiano Francesco Redi. Sin embargo, como las mejores historias, la de Redi tiene también un final sorpresa.

Al toscano Redi (18 de febrero de 1626 – 1 de marzo de 1697), médico jefe de la corte de los Medici, no le faltan paternidades académicas: en distintas referencias se le designa como el padre de la biología experimental, la parasitología, la toxicología experimental y la helmintología —el estudio de los gusanos helmintos. Estudió y describió más de un centenar de parásitos, y en este campo hizo uno de sus hallazgos clave, que estos intrusos no surgían del propio cuerpo, sino que nacían a partir de huevos.

Generación espontánea y víboras que bebían vino

Esta observación seguía la línea de la que suele considerarse su mayor contribución a la ciencia, la primera refutación de la generación espontánea. En 1668 publicó sus experimentos en los que demostraba que los gusanos de la carne no eran producto de la putrefacción, sino las crías de las moscas que depositaban sus huevos en ella. La introducción de la condición de control en sus experimentos los convierte en un ejemplo pionero de la metodología que hoy se aplica en los laboratorios.

Con su hallazgo de que omne vivum ex vivo, o que toda vida proviene de la vida, Redi desmontaba un mito extendido en su época, cuyos orígenes se remontaban al menos hasta Aristóteles. Pero la ambición racionalista del toscano no se conformó con esto, sino que se dedicó también a derribar otros bulos populares, algunos de los cuales hoy nos sorprenden por su ingenuidad.

Varios de estos mitos se referían a las víboras, animales a los que Redi dedicó una voluminosa obra. Así, en su tiempo era creencia común que estas serpientes bebían vino y rompían las copas. También se creía que el veneno procedía de la vesícula biliar y que era tóxico si se tragaba. Analizando animales a los que inoculaba el veneno con la cerda afilada de una escoba, el toscano observó que su sangre se coagulaba, y que el jugo ponzoñoso solo era dañino si entraba en el torrente sanguíneo, no si se ingería. Aplicando un torniquete próximo a la mordedura, podía reducirse el flujo del veneno hacia el corazón.

Pero incluso aquel cazador de mitos se dejó embaucar por alguno: no pudo encontrar otra explicación a los insectos que surgían de las agallas de las plantas sino que eran estas las que los producían. Pese a refutar la generación espontánea en la carne muerta, creía que un organismo vivo, una planta, podía crear otro diferente, un insecto.

El falso inventor de las gafas

Sin embargo, no es este el aspecto más llamativo de la trayectoria de Redi, como tampoco lo son sus valiosos versos en los que elogiaba los vinos de su Toscana natal. En realidad, el final más inesperado para la semblanza del primer cazador de mitos es que también fue un hábil creador de fake news; tan hábil, de hecho, que ni siquiera la era de internet, con su facilidad para exponer bulos, ha conseguido aún borrar las huellas de su travesura.

Deseoso de cantar las glorias de su tierra, Redi quiso atribuir a un toscano la invención de las gafas. Para ello urdió la patraña de encontrarse en posesión de la referencia escrita más antigua a este objeto, redactada en 1299 por el florentino Sandro di Pippozzo. Que nunca existió. Redi señalaba además a un toscano, el monje Alessandro di Spina, como el reinventor de las gafas a partir de una idea anterior. El florentino Ferdinando Leopoldo del Migliore completó la farsa proponiendo el nombre del autor de esa supuesta idea anterior: Salvino degli Armati. Naturalmente, también florentino. Y tan ficticio como Pippozzo.

Migliore fue más lejos al asegurar que en tiempos había existido en la iglesia de Santa María la Mayor de Florencia una tumba del tal Armati cuya inscripción le identificaba como el inventor de las gafas. En 1841 se enmendó esta presunta pérdida histórica restaurando la inscripción, bajo un busto que en realidad retrata al historiador Herodoto. Hoy el falso monumento persiste, como también las numerosas referencias que atribuyen la invención de las gafas a Spina o Armati; fake news que han sobrevivido al paso de los siglos.

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domingo, febrero 22

'Los días azules'

(Un texto de R. Elices escrito el 26 de marzo de 2024 en rtve.es a propósito del premiado documental de Laura Hojman con ese nombre, que homenajea al poeta a través de su vida y obra)

"Estos días azules y este sol de la infancia..." Este fue uno de los últimos versos de Antonio Machado. Palabras escritas en un pedazo de papel arrugado que el poeta metió en el bolsillo de su viejo abrigo. Lo encontró su hermano José unos días después de la muerte del poeta en Collioure, Francia, cuando recogía sus cosas de la pensión. Era un frío 22 de febrero de 1939.

En 2019, cuando se celebraron los 80 años del aniversario de su muerte, la directora Laura Hojman tomaba aquel verso para dar nombre a uno de los mejores documentales que se han hecho sobre el artista en Antonio Machado. Los días azules. Una historia que recupera la memoria y la obra de Machado, dibujando a un hombre como símbolo de la España que se perdió: un canto a la importancia de la cultura para la vida, para el progreso y para crear una sociedad mejor. 

"Estos días azules y este sol de la infancia..." Este fue uno de los últimos versos de Antonio Machado. Palabras escritas en un pedazo de papel arrugado que el poeta metió en el bolsillo de su viejo abrigo. Lo encontró su hermano José unos días después de la muerte del poeta en Collioure, Francia, cuando recogía sus cosas de la pensión. Era un frío 22 de febrero de 1939.

En 2019, cuando se celebraron los 80 años del aniversario de su muerte, la directora Laura Hojman tomaba aquel verso para dar nombre a uno de los mejores documentales que se han hecho sobre el artista en Antonio Machado. Los días azules. Una historia que recupera la memoria y la obra de Machado, dibujando a un hombre como símbolo de la España que se perdió: un canto a la importancia de la cultura para la vida, para el progreso y para crear una sociedad mejor. 

Ganador del Premio Imaginera 2020 al Mejor Documental, Los días azules viaja del principio al fin, trazando un viaje por su vida, la infancia sevillana y el exilio de Collioure a través de lectura de sus poemas, con el uso de animaciones y recreaciones. Personalidades como Ian Gibson, Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina y Luis García Montero, entre otros, ponen en valor al poeta, filósofo y dramaturgo, hombre cívico heredero de los valores de la Institución Libre de Enseñanza que defendió la cultura y la educación como motores de cambio de la sociedad.

El documental sigue las andanzas del bohemio y noctámbulo París que conocieron quienes huían de la guerra, el cierre o el exilio. Pero también muestra al Antonio maduro y viudo, profesor en Baeza, que conoce a un joven alumno de excursión, un tal Federico. Conocemos su relación con la obra de Rubén Darío, personalidades cruzándose y enriqueciéndose.

¿Qué significan los días azules?

El azul remite a la añoranza, a los días pasados y también a la tristeza. Los tonos azules forman parte de la voz poética de Machado, cuando el mar toma importancia en sus versos, cuando el Mediterráneo hace que el poeta reflexione y siga trabajando, cuando los cielos de las distintas etapas reinan en la consciencia del protagonista sea en Soria, Madrid o Baeza. Los días azules son la poesía de Machado derrotado y sin esperanza y, en última instancia, el final de su vida. 

 

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sábado, febrero 21

Matteo Ricci, un jesuita en la corte de los Ming

(Un texto de Francisco Martínez Hoyos leído en La Vanguardia del 11 de mayo de 

Considerado el padre de la sinología europea, el italiano intentó comprender a fondo la cultura de la China que pretendía evangelizar.

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El primero en enviar noticias sobre el gigante oriental a Ignacio de Loyola, el fundador de la orden, fue Francisco Javier. El imperio de los mandarines, en palabras de este jesuita navarro, era una tierra grande y pacífica, donde había más justicia que en cualquier estado de la cristiandad.

Sin embargo, Francisco Javier hablaba de oídas. Conoció de primera mano Japón, pero nunca llegó a entrar en la China continental. En cambio, otro miembro de la Compañía de Jesús, el italiano Matteo Ricci (1552-1610), consiguió permiso para entrar, iniciando una larga etapa de misionero en un territorio completamente ajeno a la cosmovisión europea.

Para ganarse al soberano oriental, los religiosos debían demostrar la superioridad de sus creencias

Para los occidentales del Renacimiento y del Barroco, China era un gigante desconocido. La propia denominación de “China” nada tenía que ver con aquel país, que sus habitantes llamaban Zhongguo, “reino del centro”. Sus gentes poseían un carácter muy distinto al de los europeos, con unos rasgos propios que se expresaban en mil detalles. Cuando algo les desagradaba, lo hacían saber por medios indirectos, en lugar de protestar abiertamente.

Los jesuitas pretendían evangelizar China. ¿Cómo esperaban lograrlo? Primero pensaban convertir al emperador. Una vez que las élites del Imperio fuesen católicas, lo demás no presentaría gran complicación. La historia mostraba que eso era lo que había sucedido en otras épocas, en Roma bajo Constantino o en la España visigoda de Recaredo.

El padre Madou

Originario de Macerata, una ciudad italiana del Adriático, Ricci expresó muy joven su deseo de ser misionero en Asia. Llegó a China en 1583, junto con el padre Ruggero, también de la Compañía. Tras instalarse en Zhaoqing, una ciudad sureña, enseguida trató de adaptarse a su nuevo entorno. Eso significaba, para empezar, aprender una lengua de especial dificultad, compuesta por miles de signos diferentes con una pronunciación compleja. Llegaría a dominarla a la perfección, hasta el punto de escribir en ella libros como Jiaoyou lun (Sobre la amistad). También inventó un sistema para transcribir sus caracteres al alfabeto europeo.

Para ganarse al poderoso soberano oriental, los religiosos europeos primero tenían que demostrar la superioridad de sus creencias. Encontraron un camino para lograrlo: la ciencia. En aquellos momentos, los chinos estaban interesados en el conocimiento occidental, en el que veían un instrumento para resolver problemas prácticos. ¿Cómo calcular, por ejemplo, un área o un volumen?

Ricci, experto en matemáticas y en cartografía, facilitó a sus anfitriones lo que esperaban. Trazó para ellos un mapamundi que le dio un gran prestigio, el Mapa completo de las montañas y de los mares de la Tierra. Algunos, al comprobar en él que el italiano llegaba desde geografías tan remotas, suspiraron de alivio. No era probable que desde una distancia tan descomunal se enviaran tropas para invadir los dominios de los Ming.

Ricci exponía en la residencia de los jesuitas objetos como relojes, cuadros o libros, que atraían poderosamente la curiosidad de sus visitantes. Algún tiempo después tradujo al chino los Elementos de geometría de Euclides, el sabio griego de la Antigüedad, junto a su discípulo Qu Rukui.

En su evangelización aceptó todo el bagaje de la cultura oriental que no fuera opuesto a los principios cristianos

Por otra parte, intentó difundir el Evangelio a partir de un planteamiento intercultural insólito para la época. Los jesuitas debían ser chinos entre los chinos, es decir, aceptar todo el bagaje de la cultura oriental que no fuera opuesto a los principios cristianos. De ahí que Ricci adoptara un nombre chino, Li Madou.

Esta pedagogíaimplicaba buscar los puntos de contacto entre la doctrina de Jesucristo y la de Confucio, de forma que la primera resultara menos extraña al público nativo. Ricci llegó a traducir los Cuatro Libros del confucianismo al latín, con el título Tetrabiblon sinense de moribus. En 1603 dio a la luz su propia versión del catecismo católico, El verdadero significado del Señor del Cielo.

De todas formas, trasmitir los valores evangélicos exigía un esfuerzo de imaginación con el que superar serios obstáculos. Incluso resultaba difícil hallar una palabra que tradujera el concepto occidental de Dios, porque, en China, la idea de una divinidad separada del mundo no tenía sentido.

Por otro lado, los esfuerzos para adaptar el cristianismo a la sensibilidad de los orientales despertaron una profunda hostilidad en el seno de la Iglesia. Los críticos de los jesuitas pensaban que la ortodoxia doctrinal estaba en juego. Se generó una gran polémica que se zanjó en el siglo XVIII, cuando Roma dio la razón a los que se oponían a los ritos locales.

Oposición dentro y fuera

Con sus conocimientos científicos y su savoir faire diplomático, Ricci hizo amistades entre los dirigentes chinos. Para granjearse las simpatías de las clases altas del país, los jesuitas se dejaron barba y el pelo largo, a imitación de la moda local que seguían los letrados, es decir, la gente instruida. Había que obtener su apoyo para materializar el gran objetivo de la Compañía: crear una red de colegios al estilo de las que existían en los países europeos.

Con todo, la desconfianza hacia los extranjeros era muy difícil de vencer. En ocasiones, este recelo adquiría tintes violentos. En cierta ocasión, durante un ataque xenófobo contra la Compañía de Jesús, Ricci resultó herido. Quedaría cojo para siempre.

Tardó tres años en volver a la capital, pero lo hizo a lo grande, bajo la protección del emperador Wanli

Desde los tiempos de Marco Polo, los europeos creían en la existencia de un reino fabuloso llamado “Catay”. Ricci, gracias las múltiples informaciones que pudo recoger, llegó a la conclusión de que esa tierra era, en realidad, China. Así lo comunicó a sus colegas de la Compañía, aunque no le prestaron especial atención.

Nuestro hombre no obtuvo permiso para viajar a Pekín hasta 1598, cuando ya llevaba quince años en el país. Una autoridad de Nankín le facilitó la estancia al advertir que la astronomía europea resultaba de utilidad para mejorar el calendario, invento que en China era mucho más que un instrumento para medir el tiempo: regía el orden social. El caramelo de la ciencia no impidió, sin embargo, que los burócratas le hicieran el vacío.

Tardó tres años en volver a la capital, pero lo hizo a lo grande, bajo la protección del emperador Wanli. El soberano quedó encantado con los regalos que traían aquellos extranjeros, en especial con los relojes mecánicos. Michela Fontana, en Matteo Ricci (Mensajero, 2017), señala que “la buena acogida dispensada a los relojes había permitido a los jesuitas establecer un canal de comunicación privilegiado”. Fascinado ante aquellos visitantes insólitos, el emperador les acribilló a preguntas. Quería saberlo todo de Europa. Cómo vivían sus habitantes, cómo se vestían, cómo se casaban...

Enterrado en China

Ricci coincidió en Pekín con otro jesuita, el español Diego de Pantoja. Aunque hubieran podido colaborar, se dedicaron a llevarse como el perro y el gato. En parte, lo suyo era un choque de personalidades. Mientras el italiano era humilde y sociable, el español se mostraba impetuoso y testarudo.

No obstante, su rivalidad se explica más bien por sus distintas ideas respecto a la evangelización. Ricci se concentraba en el funcionariado. Pantoja, por el contrario, en las clases humildes. El primero resaltaba los puntos de contacto entre Oriente y Occidente. El segundo hacía hincapié en las diferencias y no ahorraba críticas a Confucio.

En el momento de su muerte, el jesuita italiano se había ganado el respeto chino. Por su contribución científica, se le había concedido el derecho a disponer de un espacio para su propio mausoleo, un honor que nunca antes se había otorgado a un extranjero. El sepulcro fue destruido en 1900, durante la rebelión de los bóxers. Restaurado después, sería víctima de la furia vandálica en tiempos de la Revolución Cultural, por lo que tuvo que ser de nuevo reconstruido.

Hoy, en pleno siglo XXI, Ricci no deja de fascinar por la audacia con la que intentó comprender una cultura tan alejada de la suya.

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