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lunes, julio 6

When a Founding Father Invited Prince Henry of Prussia to Rule America

(An article by Evan Helmlinger written on Apr 30th, 2021, on MentalFloss.com)

The year was 1786, and America was in trouble. During the precarious months preceding the Constitutional Convention, Nathaniel Gorham, the former President of the Continental Congress, secretly concocted his own plan to save the fragile, new nation: He invited Prince Henry of Prussia to rule the United States as its king.

A Troubled Start

In the three years after the end of the American Revolution, a monetary crisis had paralyzed the country. With very little currency in circulation, the crisis had left many—including the unpaid veterans of the war—struggling to repay the enormous debts they owed to merchants who had sold them goods on credit.

The trouble came to a head when former army captain Daniel Shays led a violent revolt against the collection of those debts. Though the revolt was dispersed, it exposed the frailty of the then-current government and prompted George Washington to remark that if the government were “unable to enforce its laws ... anarchy and confusion must prevail.”

The young country’s leaders took a hard look at the system they had devised under the Articles of Confederation. Some questioned whether the government should even be a republic at all. After discussing the matter, it was decided that Gorham would extend an unusual offer to Prince Henry of Prussia. Henry was the younger brother of Frederick the Great, then the King of Prussia, and the prince had proven himself an able and enlightened leader.

As Richard Hurowitz’s writes in Time, the idea to offer a kingship to the prince would have likely come from General Friedrich von Steuben (of Valley Forge fame), who during this period had been a friend of both the Founders and the prince. He had also played a significant role in organizing the Continental Army during the Revolution, and as such was familiar with the malleable workings—and shortcomings—of the new republic. It’s not unlikely that the Founders would have listened to his advice and trusted him to negotiate such a delicate appeal.

The plot never transpired; Prince Henry of Prussia never became King Henry of America. And had it not been for 19th-century Massachusetts politician Rufus King, the plan may have been forgotten entirely.

The Plot, Revealed

The idea of inviting a king to rule a country that had recently gained independence from a monarchy would not have sat well with those who fought for the republic. As Rufus King wrote, "the Americans had shown so much determination [against] their old King, that they [would] not readily submit to a new one."

King related the shocking allegation in 1824, though rumors of the plot had circulated for years prior. However, a later biography of General von Steuben appeared to back up the claim. It alleged that because the national crises at the time were so distressing, several of the Founders had indeed floated the idea of inviting Prince Henry to the United States to serve as the country’s monarch. 

Yet despite the claims made by King and von Steuben, details of the plot existed as dubious hearsay. That is, until the early twentieth century, when Prince Henry’s supposed response to the invitation was discovered in Germany, lending credence to the extraordinary charge.

The Republic Prevails

In the letter addressed to General von Steuben, the prince expressed shock at a "proposed fundamental change" to the government of the United States. Though Henry’s language is vague—lest the letter be intercepted—the mention of a cipher to continue the conversation reveals a matter of unusually extreme confidentiality. 

The clandestine nature of the correspondence persists today. Much of the plot remains shrouded in mystery, including its extent. Writing in Time, Richard Hurowitz speculates that beyond Nathaniel Gorham and General von Steuben, the Founders who were warm to the idea of a strong leader appointed for life, such as Alexander Hamilton, could very well have been involved.

Gorham’s actual invitation to the prince, thought to have been in the possession of General William Hull of Massachusetts, is for now lost to history. What we can take away from this episode, however, is not that some Founders were inherently anti-democratic, but that when they embarked on “The Great Experiment,” it was exactly that: an experiment, with all its suggestions and proposals—some made out of an understandable desperation.

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sábado, junio 20

Blas de Lezo, el almirante español cojo, manco y tuerto que venció a Inglaterra

(Un texto de Manuel P. Villatoro publicado en el ABC del 26 de octubre de 2012)

Esta historia, digna de salir en cualquier película de la conocida saga « Piratas del Caribe » , es una de las muchas en las que se ha demostrado la capacidad estratégica de la marina española de la época. Sin embargo, se suma a las docenas de hazañas que han caído en el olvido.

Cojo, manco, y tuerto

Blas de Lezo nació en Pasajes , Guipúzcoa , el 3 de febrero de 1687, aunque aún existe controversia sobre el lugar y el año en que vino al mundo. «Las fuentes son confusas y señalan otro lugar posible de nacimiento y otra fecha dos años posterior, pero en lo que no hay duda es que es un marinero vasco que se convirtió en uno de los más grandes estrategas de la Armada española en toda su historia» determina Jesús María Ruiz Vidondo , doctor en historia militar, colaborador del GEES (Grupo de Estudios Estratégicos) y profesor del instituto de educación secundaria Elortzibar.

Su carrera militar empezó en 1704 , siendo todavía un adolescente. En aquellos años, en España se sucedía una guerra entre la dinastía de los Austrias y Borbones por conseguir la corona tras la muerte del rey Carlos II, sin descendencia. «Blas de Lezo había estudiado en Francia cuando esta era aliada de España en la Guerra de Sucesión. Tenía 17 años cuando se enroló de guardiamarina al servicio de la escuadra francesa al mando del conde de Toulouse», destaca el historiador.

Ese mismo año se quedaría cojo. « La pierna la perdió en la batalla de Vélez-Málaga , la más importante de la Guerra de Sucesión, en la que se enfrentaron las escuadras anglo-holandesa y la franco-española» afirma Vidondo. «Fue una dura batalla en la que una bala de cañón se llevó la pierna izquierda de Blas de Lezo , pero él continuó en su puesto de combate. Después se le tuvo que amputar, sin anestesia , el miembro por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación », cuenta Vidondo.

Aunque el combate finalizó sin un vencedor claro, el marino comenzó a ser conocido por su heroicidad. «Blas de Lezo fue elogiado por el gran almirante francés por su intrepidez y serenidad y por su comportamiento se le ascendió a alférez de navío», explica el experto en historia militar.

El ojo lo perdió dos años más tarde , en la misma guerra, en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón mientras luchaba contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. «En esta acción y tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le alojó en su ojo izquierdo, que explotó en el acto . Perdió así para siempre la vista del mismo, pero quiso continuar en el servicio y no abandonarlo» determina Vidondo. Sin duda la suerte no estaba de su lado, pero Lezo siguió adelante.

Finalmente, cuando tenía 26 años, el destino volvió a ser esquivo con este marino. «La Guerra de Sucesión había prácticamente finalizado en julio de 1713 con la firma de la paz con Gran Bretaña, pero Cataluña seguía en armas por los partidarios de la casa de Austria. El marino participó en varios combates y bombardeos a la plaza de Barcelona. En uno de ellos, el 11 de septiembre de 1714, se acercó demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho que le rompió varios tendones y le dejó manco para toda su vida », determina el experto. Así, y tras quedarse cojo, tuerto y sin mano, Blas de Lezo pasó a ser conocido como el «Almirante Patapalo» o el «Mediohombre» . Su leyenda había comenzado.

Hazañas iniciales

Una vez finalizada la Guerra de Sucesión, Lezo se destacó por su servicio a España. Una de sus misiones más destacadas fue la que realizó en 1720 a bordo del galeón «Lanfranco» . «Se le integró en una escuadra hispano-francesa al mando de Bartolomé de Urdazi con el cometido de acabar con los corsarios y piratas de los llamados Mares del Sur (Perú)», sentencia el historiador.

«Sus primeras operaciones fueron contra el corsario inglés John Clipperton. Éste logró evitarles y huir hacia Asia, donde fue capturado y ejecutado», finaliza el doctor en historia militar. Por esta y otras hazañas, el rey ascendió al «Almirante Patapalo» a teniente general en 1734 . Sin embargo, su misión más difícil llegó cuando fue enviado a Cartagena de Indias (Colombia) como comandante general.

El mayor reto de Lezo

El mayor desafío de Blas de Lezo se sucedió sin duda en Colombia, donde tuvo que defender Cartagena de Indias (el centro del comercio americano y donde confluían las riquezas de las colonias españolas) de los ingleses, ansiosos de conquistar el territorio. En este caso, los británicos aprovecharon una afrenta a su imperio para intentar tomar la ciudad .

El pretexto fue el asalto a un buque británico. «En este contexto se produjo en 1738 la comparecencia de Robert Jenkins ante la Cámara de los Comunes, un contrabandista británico cuyo barco, el Rebecca , había sido apresado en abril de 1731 por un guarda costas español, que le confiscó su carga. La oposición parlamentaria y posteriormente la opinión pública sancionaron los incidentes como una ofensa al honor nacional», determina Vidondo. La excusa perfecta había llegado y se declaró la guerra a España.

Los preparativos se iniciaron, y los ingleses no escatimaron en gastos. « Para vengar la oreja de Jenkins Inglaterra armó toda una formidable flota jamás vista en la historia (a excepción de la utilizada en el desembarco de Normandía), al mando del Almirante inglés Edward Vernon. La armada estaba formada por 195 navíos, 3.000 cañones y unos 25.000 ingleses apoyados por 4.000 milicianos más de los EEUU , mandados éstos por Lawrence, hermanastro del Presidente Washington», afirma el experto en historia militar.

Por el contrario, Blas de Lezo no disponía de un gran número de soldados ni barcos para defender la ciudad. « Las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los que disponía la ciudad : el Galicia (que era la nave Capitana), el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador. La proporción entre los españoles y los ingleses era de 1 español por cada 10 ingleses», explica Vidondo.

Pero, lo que tenía a su favor el «Almirante Patapalo» era un terreno que podía ser utilizado por un gran estratega como él. Y es que la entrada por mar a Cartagena de Indias sólo se podía llevar a cabo mediante dos estrechos accesos, conocidos como «bocachica» y «bocagrande ». El primero, estaba defendido por dos fuertes (el de San Luis y el de San José) y el segundo por cuatro fuertes y un castillo (el de San Sebastián, el de Santa Cruz, el del Manzanillo, el de Santiago -el más alejado- y el castillo de San Felipe).

Lezo se preparó para la defensa, situó varios de sus buques en las dos entradas a las bahías y dio órdenes de que, en el caso de que se vieran superados, fueran hundidos para que no fueran apresados y para que sus restos impidieran la entrada de los navíos ingleses hasta Cartagena de Indias. La guerra había comenzado y el «Mediohombre» se preparó para la defensa.

Comienza la batalla

«El 13 de marzo de 1741 apareció la mayor flota de guerra que jamás surcara los mares hasta el desembarco de Normandía. Para el día 15 toda la armada enemiga se había desplegado en plan de cerco. Al comienzo se notó la superioridad británica y fáciles acciones les permitieron adueñarse de los alrededores de la ciudad fortificada», afirma Vidondo.

«La batalla comenzó en el mar. Tras comprobar que no podían acceder a la bahía, los ingleses comenzaron un bombardeo incesante contra los fuertes del puerto . Blas de Lezo apoyaba a los defensores con la artillería de sus navíos, que había colocado lo suficientemente cerca. Usaba bolas encadenadas, entre otras artimañas, para inutilizar los barcos ingleses », narra el historiador.

Tras acabar con varias baterías de cañones, Vernon se dispuso a desembarcar algunos de sus hombres, que lograron tomar posiciones en tierra. «Luego, el inglés se dispuso a cañonear la fortaleza de San Luis de Bocachica día y noche durante dieciséis días, el promedio de fuego era de 62 grandes disparos por cada hora», determina el experto en historia militar. El bombardeo fue masivo y los españoles tuvieron que abandonar en los días sucesivos los fuertes de San José y Santa Cruz.

El ímpetu del ataque obligó al español a tomar una decisión dura: « Lezo incendió sus buques para obstruir el canal navegable de Bocachica, aunque el Galicia no prendió fuego a tiempo. Sin embargo, logró retrasar el avance inglés de forma considerable . Blas de Lezo decidió dar la orden de replegarse ante la superioridad ofensiva y la cantidad de bajas españolas», afirma Vidondo.

A su vez, en Bocagrande se siguió la misma táctica y se hundieron los dos únicos navíos que quedaban (el Dragón y el Conquistador) para dificultar la entrada del enemigo. «El sacrificio resultó en vano, pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos antes de que se hundiera para restablecer el paso y desembarcaron », sentencia el experto. Las posiciones habían sido perdidas y los españoles se defendían en el fuerte de San Sebastián y Manzanillo. Además, como último baluarte, se encontraba el castillo de San Felipe.

Vernon se cree vencedor

Los ingleses habían conseguido acabar con varias fortalezas y asentarse en las bahías de Cartagena de Indias tras pasar los obstáculos puestos por los españoles. Sin duda, sentían la victoria cerca. «Vernon entró entonces triunfante en la bahía con su buque Almirante con las banderas desplegadas dando la batalla por ganada », narra el historiador.

Vernon envió en ese momento una corbeta a Inglaterra con un mensaje en el que anunciaba su gran victoria sobre los españoles . La noticia fue recibida con grandes festejos entre la población y, debido al júbilo, se mandó acuñar una moneda conmemorativa para recordar la gran victoria. En ella, se podía leer « El orgullo español humillado por Vernon » y. además, se apreciaba un grabado de Blas de Lezo arrodillado frente al inglés.

La victoria del «Mediohombre»

Vernon estaba decidido, la hora de la victoria había llegado. Por ello, quiso darle el broche final tomando el símbolo de la resistencia española: el castillo de San Felipe , donde resistían únicamente seis centenares de soldados , según cuenta el historiador. Sin embargo, el asalto desde el frente era un suicidio, por lo que el inglés se decidió a dar la vuelta a la fortaleza y asaltar por la espalda a los españoles. «Para ello atravesaron la selva, lo que provocó la muerte por enfermedad de cientos de soldados, pero al fin llegaron y Vernon ordenó el ataque», sentencia Vidondo.

Según narra el doctor en historia, el primer asalto inglés se hizo contra una entrada de la fortaleza y se saldó con la muerte de aproximadamente 1.500 soldados a manos de los 600 españoles que consiguieron resistir y defender su posición a pesar de la inferioridad numérica. Tras este ataque inicial, Vernon se desesperó ante la posibilidad de perder una batalla que parecía hasta hace pocas horas ganada de antemano. Finalmente, y en términos de Vidondo, el oficial ordenó una nueva embestida, aunque esta vez planeó que sus soldados usarían escalas para poder atacar directamente las murallas.

En la noche del 19 de abril los ingleses se organizaron en tres grupos para atacar San Felipe. «En frente de la formación iban los esclavos jamaicanos armados con un machete», explica el doctor en historia. Sin embargo, los asaltantes se llevaron una gran sorpresa: las escalas no eran lo suficientemente largas para alcanzar la parte superior de las murallas . «El ‘Almirante Patapalo’ había ordenado cavar un foso cerca de los muros para aumentar su altura y evitar el asalto », determina Vidondo. Los españoles aprovecharon entonces y acabaron con cientos de ingleses. La batalla acababa de dar un giro inesperado debido al ingenio de un solo hombre, o más bien, «Mediohombre».

El día siguiente, según afirma el historiador, los españoles salieron de la fortaleza dispuestos a aprovechar el duro golpe psicológico que habían sufrido los ingleses. En primera línea corría Lezo, cargando al frente de la formación mientras sujetaba el arma con su único brazo. Finalmente, y tras una cruenta lucha, los menos de 600 defensores lograron que el enemigo se retirara y volviera a sus navíos . Ahora, y de forma definitiva, la victoria pertenecía a los soldados españoles y, por encima de todo, a un solo combatiente: el «Almirante Patapalo».

Después de esa batalla, se sucedieron una serie de intentos por parte de los ingleses de conquistar la plaza fuerte, pero fueron rechazados. «Vernon se retiró a sus barcos y ordenó un bombardeo masivo sobre la ciudad durante casi un mes, pero no sirvió de nada», determina el experto.

Finalmente, Vernon abandonó las aguas de Cartagena de Indias con, según los datos oficiales, unos 5.000 ingleses muertos . Sin embargo, según determina Vidondo, es difícil creer que la cifra sea tan baja , ya que el oficial tuvo que hundir varios navíos en su huída debido a que no tenía suficiente tripulación para manejarlos y no quería que cayesen en manos españolas. «Cada barco parecía un hospital», afirma el historiador.

De hecho, y según cuenta la leyenda, Vernon sentía tanto odio hacia el «Mediohombre» que, mientras se alejaba junto a su flota de vuelta a Inglaterra, gritó a los vientos «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga, Lezo!) . Podía maldecir todo lo que quisiera, pero había sido derrotado.

La mentira del inglés

Además, según determina Vidondo, a Vernon todavía le quedaba un último mal trago: informar en Inglaterra de que la había perdido la batalla. Al llegar a su tierra, sin embargo, parece que no tuvo valor para dar a conocer la noticia públicamente, por lo que fue pasando el tiempo hasta que, finalmente, s us compatriotas descubrieron el engaño . Cuando salió a la luz, la vergüenza fue tan arrolladora para el país que se tomaron medidas más drásticas para acallar la gran derrota: « El rey Jorge II prohibió todo tipo de publicación sobre la batalla », finaliza Vidondo.

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martes, enero 27

¿Por qué fue poderosa 'madame' Pompadour?

(Un texto de José Segovia en el XLSemanal del 2 de mayo de 2021)

Madame de Pompadour fue la favorita del rey Luis XV. Su delicada belleza y su inteligencia encandilaron al rey convirtiéndola en una verdadera reina.

Se llamaba Jeanne-Antoinette Poisson y fue la amante del rey Luis XV durante seis años y su confidente favorita hasta su muerte. Su belleza e inteligencia le hicieron cobrar protagonismo en la historia de Francia, convirtiéndola en una verdadera reina. Nació en París en 1721, hace trescientos años.

Estaba casada con Carlos Guillermo Le Normant cuando conoció al rey en un baile en Versalles. El monarca francés se encaprichó tanto de ella que la separó oficialmente de su marido y dejó de lado a su esposa, Marie Leczinska, hija del destronado rey de Polonia, para dar cabida en el dormitorio a su nueva cortesana.

Luis XV le compró las tierras que habían pertenecido a los Pompadour y le concedió el marquesado de esa vieja familia aristocrática.

Jeanne Antoinette creó el estilo rococó para decorar Versalles y renovar el vestuario de la corte, impulsó la fábrica de porcelana de Sèvres y favoreció la Enciclopedia de Diderot.

Con los años, la deslumbrante Pompadour dejó de ser la amante del rey, pero se convirtió en su mejor amiga y confidente. Fue ella quien le facilitó a la mayoría de las bellas aldeanas de los alrededores de Versalles.

Durante su ‘reinado’ de veinte años preparó muchos informes que los ministros presentaban al monarca, lo que la situó en el mismo centro del poder. Aconsejó a Luis XV en las alianzas entre Prusia y Austria que llevaron a la guerra de los Siete Años y favoreció el matrimonio político entre María José de Sajonia y el delfín del rey.

Su delicada belleza y su inteligencia encandilaron al monarca, quien alardeaba en público de la brillantez de su amante. Aunque la sustituía con frecuencia en el dormitorio por otras bellezas, Luis XV la mantuvo siempre cerca de él en Versalles. En la corte, todos sabían la influencia que ejercía en palacio. Jeanne-Antoinette obtuvo de la Casa Real títulos y favores para su hermano, quien disfrutó de varios marquesados y fue nombrado responsable de los Edificios del Rey.

Una neumonía acabó con la vida de la Pompadour cuando todavía no había cumplido cuarenta y tres años. Su muerte hizo que el rey cayera en una profunda depresión. El afligido monarca ordenó que se le rindiera un suntuoso funeral y que su ataúd recorriera las calles de la capital para que los parisinos, que la adoraban, pudieran despedirse de ella.

Una sucesora arrogante

Al contrario que la Pompadour, madame du Barry, la última amante de Luis XV, fue detestada por el pueblo y condenada a la guillotina durante la Revolución.

Sin acritud

Se hizo gran amiga de Marie Leczinska, la reina consorte de Francia, a quien poco importaban las aventuras extraconyugales de su regio esposo.

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sábado, noviembre 8

Efemérides: Tal día como hoy... Se inaugura el Museo del Louvre

 (Un texto leído en la revista Muy historia del 8 de noviembre de 2019)

El 8 de noviembre de 1793, el Museo del Louvre de París se convirtió en la primera pinacoteca pública y de acceso abierto del mundo. Fue por iniciativa del gobierno revolucionario que se había establecido en el poder tras la Revolución Francesa 1789, que ordenó el traspaso de las colecciones privadas de las clases dirigentes a un lugar público para que pudiesen ser disfrutados por todos los ciudadanos. A diferencia de otros museos de la época como el Museo del Prado o la Galería de los Uffizi, el Louvre no limitaba su entrada a los miembros de la clase alta ni era necesario solicitar una visita con antelación.

 

El edificio fue, en origen, un castillo reconvertido en residencia real hasta que Catalina de Médici lo convirtió en el palacio que aún se conserva. Desde 1778 albergó las exposiciones de la Real Academia de Pintura y Escultura y contó con otras funciones muy variadas a lo largo de los años: Napoleón le puso su nombre y lo convirtió, por un breve periodo de tiempo, en un museo de la gloria militar francesa y los nazis lo utilizaron como almacén para los objetos expropiados a la población durante la ocupación. El último gran cambio que vivió el museo fue la construcción de su mítica pirámide de cristal en 1980, obra del arquitecto Ieoh Ming Pei que en su momento fue objeto de debate y división de opiniones. 

 

Actualmente el Louvre cuenta con una colección expuesta de 35.000 piezas y otras 380.000 guardadas en sus bodegas privadas. Es el museo más visitado del mundo y entre sus muros se pueden encontrar joyas de valor incalculable como la Gioconda de da Vinci, el único ejemplar en piedra del Código de Hammurabi o esculturas como la Victoria de Samotracia y la Venus de Milo

 

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viernes, junio 13

Carl Friedrich Gauss: El Príncipe de las Matemáticas

 (Leído en el muro de Matemáticas cercanas en Facebook)

Carl Friedrich Gauss (1777–1855) fue un matemático, astrónomo y físico alemán, considerado uno de los genios más grandes de la historia de la ciencia. Nacido en Brunswick, Alemania, mostró un talento extraordinario desde muy temprana edad. Se cuenta que, con apenas 3 años, corrigió un error en las cuentas de su padre, y que a los 10 resolvió al instante la suma de los primeros 100 números naturales, descubriendo la fórmula de la suma de una progresión aritmética.
 
A los 21 años, Gauss escribió su obra maestra Disquisitiones Arithmeticae, que revolucionó la teoría de números y sentó las bases de la aritmética moderna. En ella introdujo conceptos como la congruencia y demostró la posibilidad de construir un heptadecágono regular (polígono de 17 lados) con regla y compás, un problema no resuelto desde los tiempos de los griegos.
 
Entre sus contribuciones más importantes se encuentran la ley de los errores (base de la estadística moderna), la distribución normal (conocida como campana de Gauss), el método de los mínimos cuadrados, el desarrollo del magnetismo terrestre y sus estudios pioneros en geometría diferencial, que anticiparon la geometría no euclidiana.
 
Gauss también realizó importantes aportes a la astronomía, como el cálculo de la órbita del asteroide Ceres, y a la geodesia, midiendo con precisión el meridiano terrestre.
 
Reservado y perfeccionista, Gauss publicó solo una fracción de sus descubrimientos, pero su legado abarca casi todas las ramas de las matemáticas. Por ello, es justamente llamado el Príncipe de las Matemáticas.
 

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viernes, mayo 16

Doña Josefa Amar y Borbón

(Un texto de Magdalena Lasala en la revista Alcance Digital del 8 de noviembre de 2020)

Intelectual ilustrada que defendió con ahínco la formación de las mujeres. Autora del Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres, de 1786 y del Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, de 1790.  Primera mujer nombrada Socia de Mérito de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, en 1782.

Josefa Amar y Borbón vivió el tiempo en que Europa despertaba a las luces de la Ilustración y vivía la Revolución Francesa y las posteriores invasiones napoleónicas. El término “Ilustración” nace del objetivo que albergan los pensadores y adelantados del final del siglo XVII, que es “iluminar” su época, en contraste y reaccionando contra un contexto anterior vivido como un “tiempo oscuro”.  La figura de Josefa Amar y Borbón es clave para entender el espíritu de la Ilustración. Compartió y defendió los ideales ilustrados de búsqueda de la felicidad a través del conocimiento y fe en el progreso a través de la educación de las personas. Su inteligencia, sabiduría y erudición junto con su tesón y capacidad de trabajo la llevaron a ser reconocida por los intelectuales de la época como una de las mentes más necesarias del momento. Fue precursora en la defensa de los derechos de las mujeres y el reconocimiento de sus capacidades intelectuales; gran parte de su obra la dedicó a reivindicar para la mujer una educación que le permitiera alcanzar la independencia y llegar a vivir de su propio trabajo, útil a la nueva sociedad que proponía la Ilustración. Luchó por la educación de las niñas y puso en marcha proyectos innovadores y revolucionarios para su época, donde se estructuraba la formación femenina en oficios que les procuraran un trabajo para conseguir así su emancipación económica.

Josefa Amar y Borbón nació en Zaragoza el 4 de febrero de 1749, en el seno de una familia ilustre y culta. Su madre se llamaba Ignacia de Borbón y su padre, José Amar, era médico y catedrático de Anatomía. En 1754 éste fue nombrado médico real y trasladó a la familia a Madrid, donde además ejerció de vicepresidente de la Real Academia Médico-Matritense y entró en contacto con el poderoso grupo aragonés de la Corte, cuyo referente era el conde de Aranda, ilustrado y presidente del Consejo de Castilla de 1766 a 1773.

Josefa era la quinta de doce hermanos, tres de los cuales hicieron carrera militar y otro la eclesiástica. Recibió una educación poco convencional para su tiempo, con bases humanísticas a cargo de reputados profesores y eruditos, entre ellos Rafael Casalbón y Antonio Berdejo, que guiaron a Josefa en sus estudios y la iniciaron en el aprendizaje de los idiomas modernos, que ya entendían imprescindibles. Dominaba el latín y el griego y aprendió entre otros el inglés, francés e italiano. Josefa destacó muy pronto en el ámbito de las ideas estudiando la obra los autores clásicos, además de los humanistas españoles del s.XVI como Luis Vives o Nebrija, y de los ilustrados franceses. Su temprana erudición la convirtió en una traductora de referencia de obras históricas, filosóficas y científicas.

En 1772, contando 23 años, contrajo matrimonio con Joaquín Fuertes Piquer, 24 años mayor que ella, diferencia habitual en la época y en su sociedad. Joaquín era un brillante abogado nacido en Valbona (Teruel), sobrino de Andrés Piquer, que en el mismo año de su boda fue nombrado Alcalde del Crimen en la Real Audiencia de Zaragoza. Josefa regresó junto a su esposo a Zaragoza, desde donde desarrolló su trabajo intelectual ya todo el resto de su vida. Este cambio abrió una nueva perspectiva a Josefa, que se entregó a su afición por el estudio y adquirió muy pronto gran fama de mujer instruida. Fue la primera mujer que acudió a una biblioteca pública, la de San Ildefonso, que acababa de abrirse, y durante mucho tiempo, fue la única mujer que lo hizo.

En 1775 nació su único hijo, Felipe Fuertes Amar. En 1782 Josefa tradujo del italiano el Ensayo histórico apologético de la literatura española, que le valió el reconocimiento de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, nombrándola el 11 de octubre de 1782 primera socia de mérito. Era una decisión insólita en su momento, y más aún no siendo una dama de la aristocracia, pero su excelencia en el trabajo intelectual realizado así como “sus otros conocimientos y prendas bien notorias” justificaban la excepcionalidad.

Los ilustrados españoles pusieron en marcha instrumentos como las Sociedades Económicas de Amigos del País con cuyos proyectos pretendían acabar con la pobreza económica y cultural del pueblo abogando por el progreso, la educación para todos y la búsqueda de la felicidad, y para ello, animaron ideas reformistas que ambicionaban la modernización de España. Defensora de esas ideas, Josefa Amar y Borbón, fue una de las personalidades que más contribuyeron a esa transformación social.

Como miembro, Josefa aconseja a la Económica la fundación de escuelas de Hilar al Torno o de Flores Secas y Modas para mujeres. Cada año se pagaba a seis muchachas pobres la enseñanza y la manutención en casa de un afamado artesano, con el fin de aprender el oficio. Acabada la formación, la Económica les prestaba el dinero para poder establecer su propio negocio, por lo que –como dice un informe de 1794 se “consiguió curar en su raíz la mendicidad y perdición del débil sexo, librarle de la ociosidad y vagancia y ponerle en estado de poderse adquirir su sustento con el loable trabajo”.

La actividad pública de Josefa Amar y Borbón fue muy intensa colaborando tanto en proyectos de formación y asistenciales como en actividades intelectuales, políticas y de gestión, con una amplia producción ensayística abogando a favor de la preparación femenina laica como una vía necesaria para conseguir el desarrollo de la sociedad.

En 1784, publicó en Zaragoza La importancia de la instrucción que conviene dar a las mujeres, y en 1786 escribió el célebre Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su actitud para el gobierno y otros cargos en que se emplean los hombres.  El discurso de Josefa, estructurado en treinta y cuatro puntos, comenzaba planteando el tema de la querella de los sexos, quejándose de la falta de instrucción de las mujeres y de que carecieran de estímulos para salir de esta situación. Negaba que carecieran de aptitudes para hacer lo mismo que los hombres, y tras refutar los argumentos bíblicos o históricos al uso, concluía que su presencia reportaría muchos beneficios a la Sociedad. Fue pronunciado a raíz del debate para la admisión de señoras en la Sociedad Económica Matritense, en cuyo seno se había abierto una controversia sobre si convenía abrir o no sus puertas a las mujeres. La polémica y el discurso de doña Josefa tuvieron un enorme eco y en 1787 entró como miembro fundador en la Junta de Damas de Madrid, en el seno de la Económica Matritense, destinada a promocionar la salida al espacio público de las mujeres, y donde Josefa tuvo una participación constante.

En 1790 publicó el Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, con avanzadísimos análisis sobre la consideración de la mujer en el mundo masculino que hoy conservan su plena vigencia. Estructurado en dos partes, resume muy bien el pensamiento pedagógico y médico divulgativo de la época, declarando su confianza absoluta en la capacidad regeneradora de la educación, su apuesta a favor de una práctica religiosa más interiorizada y la necesidad de la salud como soporte de la educación moral.

Aunque en los años posteriores siguió traduciendo y escribiendo, nunca más volvió a publicar. Un ataque de apoplejía postró a su marido y murió en 1798 a la edad de 72 años. Josefa, de entonces 49, se volcó en actividades de servicio a pobres y enfermos de la Hermandad de la Sopa en el Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza. Con motivo de la Guerra de la Independencia, soportó los Sitios de Zaragoza (18081809) colaborando activamente en el traslado de enfermos, se implicó con ayuda económica a la resistencia aragonesa y además ejerció como espía política para el general Palafox, gesta poco divulgada hasta hace poco tiempo.

La muerte de su hijo en 1810, a los 35 años, causó a Josefa un profundo dolor. Felipe había ganado el cargo de oidor en la Real Audiencia de Quito, en Nueva Granada, y tras la invasión napoleónica de la península se produjeron movimientos secesionistas.  El oidor Felipe Fuertes Amar, encontró la muerte al enfrentarse contra la oligarquía quiteña que estaba destinada a hacerse cargo del poder.

Tras la llegada al trono español del rey absolutista Fernando VII, Josefa, como tantos otros ilustrados, se apartó de la vida pública decepcionada por el retroceso político que supuso, y llevó desde entonces una vida casi anónima. Falleció en Zaragoza el 21 de febrero de 1833, a los 84 años, longeva y olvidada de todos.

Algunas de sus frases, escritas hace 240 años:

  • “La educación de las mujeres se reconoce generalmente como materia de poca entidad… para mantenerlas en la ignorancia y dominarlas así más fácilmente…”
  • “La educación y cuidado de los hijos pertenece del mismo modo a los padres que a las madres…”
  • “Cuanto mejor fuere la educación será mayor el número de las personas felices…”
  • “…la enseñanza primaria debería ser común a toda clase de personas de uno y otro sexo, tanto a los niños como a las niñas, a los ricos como a los pobres.”
  • “La verdadera y sólida virtud consiste en practicar lo bueno y aborrecer lo malo”.

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lunes, marzo 17

¿Qué vio Napoleón Bonaparte dentro de la Gran Pirámide de Egipto y le dejó aterrorizado?

(Un texto de César Cervera en el ABC del 9 de agosto de 2018)

El Gran Corso quiso pasar una noche en la famosa estructura emulando a Alejandro Magno y a Julio César.

La pirámide de Keops , que es la única construcción que perdura de las siete maravillas del mundo antiguo, sigue revelando nuevos secretos en sus imponentes 146 metros de altura. Un escaneado de la construcción indicó la localización una nueva cámara secreta. Un análisis científico que confirma lo que Napoleón Bonaparte intuyó en su propia piel tras pasar siete horas en el tétrico monumento: el misterio impregna cada uno de sus rincones.

Con el objetivo de liberar Egipto de las manos turcas, el prometedor general Bonaparte, victorioso en Italia, desembarcó en el país del Nilo durante el verano de 1798 con más de treinta mil soldados franceses poniéndose por objetivo avanzar en dirección a Siria. No en vano, el joven Napoleón perseguía algo más que objetivos militares y llevó consigo a un grupo de investigadores de distintas disciplinas (matemáticos, físicos, químicos, biólogos, ingenieros, arqueólogos, geógrafos, historiadores...), más de un centenar, para que estudiaran al detalle aquel país de las pirámides maravillosas y los dioses milenarios.

Entre ellos figuraban los matemáticos Gaspard Monge, fundador de la Escuela Politécnica; el físico Étienne-Louis Malus; y el químico Claude Louis Berthollet, inventor de la lejía. Es decir, algunos de los científicos más brillantes de su generación acudieron a la llamada del general, de 28 años, sin conocer siquiera el destino del viaje hasta que navegaron más allá de Malta: «No puedo decirles adónde vamos, pero sí que es un lugar para conquistar gloria y saber».

Fue en aquella expedición, entre lo militar y lo científico, cuando Europa redescubrió las maravillas del antiguo Egipto y encontró la llave para entenderlas. Mientras un soldado cavaba una trinchera en torno a la fortaleza medieval de Rachid (un enclave portuario egipcio en el mar Mediterráneo), halló por casualidad la conocida como la piedra Rosetta, la cual sirvió para descifrar al fin los ininteligibles jeroglíficos egipcios. Se trataba de una sentencia del rey Ptolomeo, fechada en 196 a. C, escrita en tres versiones: jeroglífico, demótico y griego. A partir del texto griego fue posible encontrar las equivalencias en los jeroglíficos y establecer un código para leer los textos antiguos.

No obstante, el viaje también sirvió a Napoleón a modo de búsqueda espiritual en una tierra que había perturbado la imaginación de grandes personajes de la historia. Como muchos de sus contemporáneos, el Gran Corso se sentía atraído por el exotismo oriental y había leído una obra muy popular por entonces, «El Viaje a Egipto y Siria de Constantin Volney», publicada en 1794 sobre los misterios de las civilizaciones de la zona.

En medio de las operaciones militares, Napoleón se dirigió a Tierra Santa con el propósito de confrontarse con el ejército turco y, de paso, a descansar por una noche en Nazaret. Y así lo hizo el 14 de abril de 1799, sin que hayan trascendido más detalles de esta particular parada turística. Ese mismo año, en agosto, Napoleón regresó a El Cairo haciendo noche supuestamente en el interior de la Pirámide de Keops. Su séquito habitual y un religioso musulmán le acompañaron hasta la Cámara del Rey, la habitación noble, que en aquella época era de difícil acceso, con pasadizos que no llegaban al metro y medio, y sin ningún tipo de iluminación más allá de las insuficientes antorchas.

Concretamente, la Cámara del Rey es una sala rectangular de unos 10 metros de largo y 5 metros de ancho conformado por losas de granito, paredes y techo lisos, sin decoración, y únicamente contiene un sarcófago vacío de granito, sin inscripciones, depositado allí durante la construcción de la pirámide, puesto que es más ancho que los pasadizos. El general corso pasó siete horas rodeado solo de murciélagos, ratas y escorpiones en la pirámide. Justo al amanecer, brotó de la laberíntica estructura, pálido y asustado. A las preguntas de inquietud de sus hombres de confianza sobre lo qué había ocurrido allí dentro, Napoleón respondió con un enigmático: «Aunque os lo contara no me ibais a creer».

Resulta imposible saber qué es lo que vio o sintió exactamente Napoleón en esas siete horas, o incluso si el episodio llegó a tener lugar, aunque parece probable que en todo caso el corso creyera sufrir alguna clase de experiencia mística inducida por la soledad, la oscuridad, las temperaturas extremas y los ruidos distorsionados por el eco.

Lo que está claro es que –como han dado cuenta distintas obras de ficción, véase la novela de «El Ocho» (1988) de Katherine Neville o más recientemente Javier Sierra en «La pirámide inmortal» (2014)– la noche de Napoleón dentro de la Gran Pirámide pareció cambiar su carácter para siempre. Pese a regresar derrotado militarmente a Francia, el corso despegó políticamente en los siguientes meses. En noviembre de ese año organizó el golpe de Estado del 18 de brumario que acabó con el Directorio, última forma de gobierno de la Revolución francesa, e inició el Consulado con Napoleón Bonaparte como líder.

Lo que si tiene una respuesta más accesible es por qué razón quiso pernoctar en el monumento. Según explica el periodista Peter Tompkins en su clásico «Secretos de la Gran Pirámide», «Bonaparte quiso quedarse solo en la Cámara del Rey, como hiciera Alejandro Magno, según se decía, antes que él».

Obsesionado durante toda su carrera con otros personajes históricos claves, Napoleón trató de emular las huellas del conquistador Alejandro Magno y del general romano Julio César, que supuestamente habían pasado también una noche en la cámara buscándose así mismos. El conquistador griego, del que se cuenta una infinidad de leyendas de su contacto con otros mitos de la Antigüedad, fundó Alejandría en el año 331 a.C. y consultó el oráculo egipcio, donde recibió al parecer su confirmación como hijo de Zeus-Amón y como conquistador del mundo. Ese mismo año, en Menfis, Alejandro Magno recibió las insignias y títulos de los faraones y realizó sacrificios a las divinidades egipcias.

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