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viernes, febrero 28

Sobre héroes, dioses y el origen del nombre de las constelaciones

(Un texto de David Barrado Navascués publicado el 9 de febrero de 2015 en bbvaopenmind.com)

En muchas ocasiones olvidamos qué es lo que hay detrás de un nombre, cuál es su etimología. En astronomía somos especialmente propensos a ello, y no recordamos que las constelaciones tienen su propia historia, que suele estar ligada a la cultura grecolatina, al Renacimiento o al desarrollo científico-técnico de la Ilustración, con sus viajes de descubrimientos hacia el Sur.

Las constelaciones surgen como alineaciones casuales de estrellas, sin asociación física entre las mismas: ni están a la misma distancia ni tienen la misma edad, salvo excepciones. Las únicas particularidades son su proximidad angular o cercanía al proyectarse sobre la esfera celeste  y su brillo, que las hace destacar sobre el resto. Sin embargo, sus peculiares formas han servido para, además de la navegación,  marcar el ritmo las estaciones, dado que cada una es fácilmente reconocible y es visible en distintos momentos del año.

El poeta heleno Hesíodo, que glosó «Los trabajos y los días» en el siglo octavo antes de nuestra era, nos proporcionó numerosas pruebas de ello. Un ejemplo, extraído de su libro II, bastará:

«Cuando las Pléyades, las Hiadas [1] y la fuerza de Orión hayan desaparecido, acuérdate de que ha llegado el momento de labrar, y así será consagrado todo el año a los trabajos de la tierra».

De hecho, no es el primer relato clásico, dentro de la producción occidental, que nos habla de astronomía. Homero tanto en “La Iliada” como en “La Odisea” describe o asume una Tierra plana; y una cosmología en la que el Sol, la Luna y las estrellas se mueven a su alrededor, alzándose en el Este y poniéndose en el Océano, al Oeste. Y probablemente regresando por el Norte a su origen diurno, aunque solo en representaciones ulteriores se observa de manera explícita este curioso movimiento. Cita Homero, además, a la estrella de la mañana y a la de la tarde, sin reconocer que se trata del mismo planeta, Venus; a las Pléyades y las Híades, dos asociaciones estelares; a Orión y las constelaciones de la Osa Mayor y el Boyero. Esta última incluye a la estrella más brillante del Hemisferio Boreal, Arturo. En cuanto a aquella, la Osa destaca por no ponerse nunca en el mar, y ser herramienta indispensable para marcar el norte y navegar. Esencial para Ulises y su regreso a Ítaca.

La comparación de estos dos autores, que pudieran haber sido coetáneos (de ser Homero un personaje real y autor verdadero de estos textos y otros menos conocidos) muestra coincidencias y diferencias: ambos citan a los mismos objetos celestes, lo que pudiera indicar que el resto de los planetas no se habían identificado como tales en el siglo octavo antes de la era común (en cualquier caso, en la época arcaica, dada la gran incertidumbre sobre las fechas); sin embargo, Hesíodo es mucho más detallado y específico en cuanto a eventos astronómicos como marcadores de fechas y eventos agrícolas, con indicaciones específicas sobre los solsticios y sobre el periodo lunar, que cifra en 30 días. La diferencia entre ambos autores proviene de un hecho básico: los cantos de Homero son épicos, y glosan las glorias guerreras de los héroes, mientras que el texto de Hesíodo es más pragmático, y se ciñe al día a día de labores cotidianas. Tal vez menos atractivo, pero fundamento de la civilización.  Desafortunadamente, Hesíodo presumiblemente también escribió un poema denominado “Astronomía”, del cuál solo se conservan unos fragmentos. Bien es cierto que la autoría está contestada y pudiera ser de otro autor desconocido.

Varios siglos después, en el tercero antes de nuestra era,  el poeta Arato en sus «Fenómenos» relata cómo helenos y fenicios hacían uso de diferentes constelaciones para determinar el Norte: La Osa Mayor en el primer caso (denominada Hélice), tal y como hizo Ulises, y la Menor en el segundo (Cinosura, según el poema).  Tales de Mileto, en el siglo sexto, ya había introducido la constelación de la Osa Menor, según Calímaco, y recomendó su uso para la navegación, al contener el Polo Norte verdadero (o estar más cerca de él, ya que la posición varía  con el tiempo, debido al efecto denominado “precesión de los equinoccios”).

Poco después cuenta Eratóstenes, o probablemente un autor posterior que utilizó su nombre, en la obra «Catasterismos», que tanto las Híades como las Pléyades son grupos de hermanas que sufrieron variados avatares. Y de hecho, son dos asociaciones estelares, esta vez sí, con relaciones físicas entre las estrellas que contiene cada una de ellas: las pertenecientes a cada conjunto se formaron a la vez a partir de la misma nube de polvo y gas, y sus respectivos miembros podría decirse que son mellizos: de la misma edad pero distintos entre sí. Sin embargo, las estrellas que dan forma a la constelación de Orión, que domina el cielo otoñal, no tienen más relación entre ellas que el encontrarse proyectadas hacia la misma dirección en la esfera celeste. O al menos eso se creía hasta muy recientemente.

La historia que subyace detrás de cada protagonista correspondiente a una constelación es de gran interés … Es lo que se denomina un catasterismo, cultismo extraído de la obra mencionada con anterioridad: la conversión de un personaje, en principio mitológico, en estrella o constelación. En muchos casos resultado de la intervención de un dios del Olimpo, pero Eratóstenes, en un ejercicio notable de buen hacer cortesano, elevó a los cielos a su reina Berenice II, esposa de Ptolomeo III Evergetes, faraón helenístico de Egipto. Para ser más concreto, destacó la belleza de su pelo, que se convirtió en la constelación de Coma Berenice. Aunque tal vez fuera su contemporáneo Conon de Samos quien imaginara que una diosa había tomado un mechón del pelo de la reina, sacrificado por ésta para invocar a los olímpicos y solicitar el regreso del rey de la tercera guerra siria. Esta adulación será emulada por astrónomos de tiempos posteriores, tal vez mostrando agradecimiento o probablemente buscando patronazgo.

Durante el verano sobresale, entre otras, Perseo. Y con esta constelación, la lluvia de estrellas característica del mes de agosto, denominadas perseidas. La historia de este héroe de la mitología griega está marcada por el destino, por la profecía. Hijo de Danae y de Zeus, y nieto del rey de Argos Acrisio, debía dar muerte a éste y sucederle. Uno de los cuadros más famosos de Tiziano corresponde al momento en el que es engendrado por el señor de los olímpicos, convertido en lluvia de oro, tal vez una de las pinturas más sensuales del Renacimiento.  Ciertamente su historia es triste, en la cual las luchas fratricidas, los desamores, las conspiraciones y los celos, a escala humana y olímpica, se suceden sin cesar. Es también un relato épico, en el que Perseo mantendrá combates singulares, y dará muerte a monstruos supuestamente imbatibles, como fue el caso de Medusa, quien convertía en piedra a quien la mirase directamente a los ojos. Sin duda, es una epopeya tan reseñable como «La Odisea», con un protagonista igualmente inteligente, pero probablemente de valor más arrojado. Porque Perseo nada tiene que envidiar a Ulises, mejor  conocido. Sí, una verdadera tragedia griega, aunque curiosamente no parece haber sobrevivido ninguna con esa temática, aunque sí una comedia de Calderón de la Barca: «Andrómeda y Perseo». En cuanto a la constelación en sí, sobresale durante las noches de otoño en el hemisferio norte, aunque debido a su declinación, es visible también en otras épocas desde esas latitudes.

Sería posible recorrer una a una las constelaciones clásicas visibles desde el hemisferio septentrional y contar todos los catasterismos asociados. Sin embargo, baste aquí con los ejemplos incluidos.

Cayo Julio Higino, un esclavo liberto del emperador Augusto de posible origen hispano que vivió en torno al cambio de era, proporcionó numerosos ejemplos en su «Poeticum astronomicum», aunque la autoría de este texto y de «Fabulae» no está completamente clara. Es una de las fuentes principales y en ocasiones única sobre mitología y astronomía. Algo más de un siglo después, Claudio Ptolomeo describiría 48 constelaciones en su «Almagesto».

 

Las exploraciones hacia el Sur y en particular los viajes portugueses a final del siglo XV mostraron una nueva esfera celeste, con estrellas y constelaciones nuevas. Un ejemplo de los nuevos asterismos está en la constelación del Sextante, creada por  Johannes Hevelius en su atlas estelar «Prodromus Astronomiae», publicado póstumamente por su mujer Elisabeth Hevelius, quien contribuyó de manera al trabajo de aquél, en 1690.

Pero no todo es constelación en la esfera celeste. La primera circunnavegación del globo terrestre, iniciada por Fernando de Magallanes, dejó una injusta herencia en el cielo: las dos galaxias satélites de la Vía Láctea llevan su nombre, la Pequeña y la Gran Nube de Magallanes, cuando el navegante portugués al servicio de Juana I y su hijo Carlos, co-monarcas de las Españas y las Indias, falleció a mitad de camino y el viaje fue completado por Juan Sebastián Elcano. ¡Qué homenaje más justo sería el renombrar al menos una de ellas!

El planisferio estelar actual se cerró con la publicación en 1763 de «Coelum Australe Stelliferum», por Nicolas Louis de Lacaille, un año después de su muerte. La completa exploración del cielo austral hizo necesaria la introducción de catorce nuevas constelaciones, lo que completa las ochenta y ocho aceptadas de manera oficial por la Unión Astronómica Internacional.

Así, la esfera celeste nos relata múltiples historias: no solo astronómicas, también sobre la evolución filosófica, desde el mito hasta la ciencia;  la exploración del planeta y la política de expansión comercial e imperial; los avances científicos; y fuente de inspiración literaria y artística. Es, en definitiva, un mapa intelectual en el que se ha perfilado el desarrollo del pensamiento y, sobre todo, de la cultura.

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jueves, febrero 27

Especies bautizadas con honores

(Un texto de Laura Chaparro en bbvaopenmind.com del 9 de mayo de 2017)

Cuando un equipo de científicos descubre una nueva especie –tanto un fósil como un ejemplar vivo aún sin catalogar– se pone en marcha un complejo proceso para bautizarla. “Existen muchas reglas. Para ser exactos, un libro entero: el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica (ICZN por sus siglas en inglés)”, destaca a OpenMind Thomas Geissmann, investigador en el departamento de Antropología de la Universidad de Zúrich (Suiza).

Entre todas estas normas hay un cierto margen para la creatividad, que los científicos utilizan para idear nombres con una buena dosis de ingenio. Bautizar a una especie en honor a un investigador reconocido, a un divulgador o a un personaje que ha luchado por conservar la biodiversidad es una práctica muy habitual en zoología.

En homenaje a Sir Attenborough

El naturalista británico David Attenborough (8 de mayo de 1926) tiene decenas de especies llamadas en su honor. La más reciente es un fósil de unos 430 millones de años, pariente de las langostas y los cangrejos. Descubierto por un equipo internacional dirigido por la Universidad de Leicester (Reino Unido), el crustáceo, de unos nueve milímetros de longitud, se conservaba en los depósitos de cenizas volcánicas de una zona marina de Herefordshire, en la frontera con Gales.

El fósil ha sido bautizado como Cascolus ravitis en honor al naturalista, que creció en el campus de la Universidad de Leicester. Cascolus se deriva de castrum, que significa ‘fortaleza’, y de colus, que significa ‘que habita en’, y que alude a los ancestros ingleses del apellido Attenborough. En cuanto a ravitis, es una combinación de Ratae (‘Leicester’ en romano), vita (‘vida’) y commeatis (‘un mensajero’).

Mucho más que un Monty Python

Conocido como miembro del hilarante grupo británico Monty Python, el actor John Cleese (27 de octubre de 1939) es un comprometido defensor de los lémures. Cleese conoció a estos animales en la película Criaturas feroces (1997) y desde entonces se ha interesado en protegerlos, especialmente, al lémur de collar blanco y negro, en peligro crítico según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés).

En reconocimiento a sus esfuerzos conservacionistas, el antropólogo Thomas Geissmann denominó Avahi cleesi a una nueva especie de lémur lanudo, descubierta al oeste de Madagascar en 1990 y descrita en 2005. “John Cleese había expresado su apoyo a la conservación del lémur y participó en un documental sobre los lémures de Madagascar y su preservación”, explica a OpenMind Geissmann. La nueva especie también está en peligro según la Lista Roja de la IUCN.

¿El eslabón perdido de Darwin?

Si hay una obra cumbre en biología es El origen de la especies (1859) del legendario Charles Darwin (12 de febrero de 1809-19 de abril de 1882). Por eso, no es de extrañar que cientos de criaturas lleven su apellido. Si tenemos que elegir una nos quedamos con Darwinius masillae, un primate extinto que vivió hace 47 millones de años. Además de ser el fósil más completo de este orden de mamíferos, se describió coincidiendo con el 200º cumpleaños de Darwin.

Los restos se hallaron en 1993 en la cantera de Messel (Alemania) y se vendieron en dos partes, que fueron unidas en 2007. Las pruebas revelaron que se trataba de una hembra fallecida en su primer año de vida a la que llamaron Ida. El hallazgo, presentado en Nueva York (EEUU) en una multitudinaria rueda de prensa, fue calificado por muchos medios como “el eslabón perdido”, algo exagerado en opinión de un equipo de investigadores noruegos.

Los fósiles del presidente

El tercer presidente de los Estados Unidos de América, Thomas Jefferson (13 de abril de 1743-4 de julio de 1826), fue, además de político, un apasionado por la ciencia. Su obsesión por animales desconocidos le llevó a describir en 1797 unos huesos hallados en Virginia Occidental (EEUU) como megalonyx.

Poco antes de que falleciera, en 1825 este nombre se utilizó para denominar a un género extinto de perezosos terrestres. En su honor, una de la especies se llamó Megalonyx jeffersonii. Con su apellido también se han bautizado una viera, una planta y un mamut.

El padre de la taxonomía

Carlos Linneo (23 de mayo de 1707-10 de enero de 1778) revolucionó la biología al crear un nuevo sistema de clasificación de los seres vivos basado en dos nombres: el primero, el del género, y el segundo, el de la especie. Considerado el padre de la taxonomía, se calcula que, con este sistema, llegó a clasificar más de 9.000 plantas y alrededor de 4.000 animales.

Una de las plantas bautizadas en su honor es Linnaea, su favorita, que descubrió en el norte de Suecia en 1732. Su profesor, Jan Frederik Gronovius, llamó al género así en 1753, en reconocimiento a su brillante alumno.

 

 

 

 

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miércoles, febrero 26

El Gran Incendio de Londres de 1666, o cómo el fuego acabó con una epidemia de peste interminable

 (Un artículo de César Cervera en el ABC del 27 de junio de 2017)

El domingo 2 de septiembre de 1666, un panadero de Londres llamado Thomas Farriner olvidó apagar correctamente uno de sus hornos. Cuando el fuego se extendió por toda el local, la familia de Farriner se salvó saltando a una de las casas colindantes, no así la criada, que fue la primera víctima de un incendio que destruyó 13.200 casas, 87 iglesias parroquiales, el ayuntamiento de Londres, la Catedral de San Pablo y, en suma, los últimos resquicios medievales aún presentes de lo que estaba por convertirse en la mayor urbe del mundo.

La hipótesis de que el fuego del Gran Incendio tuvo su origen en el descuido de un panadero es hoy la opción más aceptada. Durante años se culpó a los católicos ingleses, como otrora se culpara a los cristianos del incendio de Roma o a otros cabezas de turco que pasaban en el peor momento por el lugar del crimen.

Un relojero francés llamado Robert «Lucky» Hubert confesó ser un enviado del Papa de Roma con la misión de incendiar Westminster. Su testimonio fue sacado a la fuerza, bajo tortura, y estaba cebado de contradicciones, lo que no evitó que fuera ahorcado a finales de ese mismo mes de septiembre en Tyburn. La guerra en curso contra Francia no jugaba a su favor...

La incompetencia del alcalde

En cualquier caso, la gravedad del incendio no estuvo en el origen del fuego, sino en cómo fue creciendo durante toda la noche («si es que puedo llamarla noche porque estaba tan iluminada como un día, de un modo terrible, a diez millas a la redonda»). Desde la panadería en Pudding Lane, el fuego se extendió a través de los suburbios más pobres, y con su avance se desataron los desórdenes al correr el rumor de que agentes holandeses o franceses, en ese momento enemistados con Inglaterra, habían provocado la catástrofe. Las autoridades se vieron desbordadas en sus intentos de controlar el fuego, a la vez que frenaban los saqueos y los estallidos de violencia.

El principal método del periodo para sostener las llamas, ya aplicado en tiempos de la Antigua Roma, era realizar cortafuegos demoliendo algunos barrios, puesto que lanzar cubos de agua resultaba como tratar de endulzar el mar a cucharaditas. La tardanza del alcalde mayor, Sir Thomas Bloodworth, a la hora de autorizar las demoliciones más drásticas hizo que la situación se alargara durante tres días y cada vez más barrios se vieran implicados por aquella tormenta ígnea.

Entre la leyenda y la realidad se le achaca a Bloodworh la frase: «¡Psh! Una mujer podría orinar encima», queriendo quitar importancia al Gran Incendio, lo que le ha dejado como el villano incompetente y descuidado en esta historia. Sin duda su falta de decisión – las demoliciones iban más lentas que el fuego– agravó una situación que tenía su mayor razón de ser en la sequía extrema de ese año.

Después de un año de sequía sin igual, el de 1665, el siguiente verano seco dejó el terreno abonado para un incendio de dimensiones bíblicas. Las casas estaban construidas en su mayor parte con madera y paja, además de muy juntas, y prendieron como si todo estuviera preparado previamente para una enorme hoguera. La estampa era la de miles de ciudadanos arrojando sus bienes al río para salvarlos en improvisadas gabarras. Cuando el fuego fue acorralando la ciudad, una enorme masa humana huyó hacia las iglesias y refugios aún a salvo. Huían del fuego o, más bien, de la hambrienta tormenta ígnea en la que se había transformado.

Al amanecer del segundo día, el viento condujo las llamas tanto al sur del Támesis –que se salvó de recibir más daño por la mayor separación en esta zona–, como hacia el norte, donde estaba situado el corazón de la ciudad y lo que hoy se llamaría el casco antiguo. Las referencias bíblicas y mitológicas no faltaron entre los cronistas que describieron aquel asalto a las esencias de Londres: «Sodoma», «el Último día», «Troya adierno»…

La antigua catedral de San Pablo, cuyo origen más remoto se hundía en tiempos medievales, fue arrasada y el fuego llegó a amenazar la Corte Real de Carlos II en Whitehall. John Evelyn, cortesano y diarista, describió cómo «las piedras de la catedral de San Pablo volaban como granadas, mientras que el plomo derretido fluía por las calles como en un riachuelo». Los distritos ricos, tales como la «Royal Exchange», prendieron con el mismo entusiasmo que lo habían hecho los pobres. Y lo que es peor, la desesperación fue sustituida por una «rara consternación» ante lo inevitable. A este respecto, comentó Evelyn:

«La conflagración era tan universal, y las personas tan estupefactas, desde el inicio, yo no sé si por abatimiento o por destino, ellos apenas se movieron para apagarlo, de modo que no había nada que escuchar o ver sino gritos y lamentaciones, corriendo alrededor como criaturas distraídas sin ningún intento incluso de salvar sus bienes, como si una rara consternación estuviera encima de ellos».

Ruinas donde había antes una ciudad

El martes los fuertes vientos del Este dieron una tregua a los bomberos, mientras que el uso de pólvora por parte de la Guarnición de Londres creó cortafuegos realmente efectivos. Pero no hubo victoria, únicamente una tregua cuando la última llama se extinguió entre las ruinas. «Las personas, que ahora caminan entre las ruinas, parecen seres en un desierto lúgubre, o mejor, en una gran ciudad destruida por un enemigo cruel. A esto se le sumaba el hedor que surgía de los cuerpos de las pobres criaturas, de sus camas y de otros bienes combustibles», dejó escrito Evelyn.

El día después al incendio resultó igual de caótico. Según cita el monumento al Gran Incendio de Londres, «...de los 26 barrios [afectados], finalmente quedaron destruidos 15, y otros 8 quedaron destrozados y medio quemados». Más de 80.000 personas se habían quedado sin hogar y el Monarca inglés temió una rebelión en el corazón de la ciudad a manos de la masa de refugiados sin casa. El arquitecto Sir Christopher Wren se encargó de la reconstrucción manteniendo la distribución original de las calles, puesto que los propietarios que habían perdido sus casas así lo exigieron, pero usó ladrillos y piedra en vez de madera. La nueva ciudad era más amplia y con mejores accesos, lista para convertirse en la gran urbe que sería. Las casas techadas con paja o brezo fueron prohibidas y aún continúan siéndolo en la actualidad.

Hasta esta reconstrucción, los incendios se habían venido repitiendo cada pocas décadas en una ciudad que crecía sin orden y en el que las grandes epidemias se movían como pez en el agua. Cuando se produjo el Gran Incendio, Londres aún padecía los estragos de una epidemia de peste bubónica que mató a más de una quinta parte de su población. Incluso el Rey y las máximas autoridades de la ciudad habían abandonado Londres huyendo de la epidemia que parecía no tener fin. Los últimos casos de peste coincidieron con el incendio, probablemente debido a que la población más pobre, y por tanto más vulnerable, o bien murió o bien tuvo que abandonar los suburbios en los que vivían en condiciones insalubres. La inesperada solución fue tan terrible como la propia peste.

Después de una epidemia de peste interminable y del mayor incendio de su historia, Londres quedó sumido en un estado de desmoralización. Eso sin olvidar que mantenía entonces sendas guerras con Holanda y Francia, que repercutían negativamente en la economía inglesa. En junio de 1667, los holandeses realizaron una exitosa incursión en el río Támesis, emulando la aventura medieval del castellano Fernando Sánchez de Tovar. Los barcos holandeses bombardearon y tomaron la ciudad de Sheerness, navegaron río arriba el Támesis hasta Gravesend y siguiendo el río Medway hasta Chatham, donde quemaron tres buques y otros diez barcos de menor calado. La humillación se consumó pocas semanas después con la firma del Tratado de Breda.

No faltaron astrólogos agoreros y monárquicos ofendidos que vieron en aquella sucesión de catástrofes y calamidades el castigo celestial por la decapitación de Carlos I, un par de décadas antes. Los muertos no olvidan.

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martes, febrero 25

¿El fin de la tuberculosis?

(Un texto de Laura Chaparro en bbvaopenmind.com publicado el 22 de marzo de 2018)

Desde 1990, la mortalidad por tuberculosis se ha reducido a casi a la mitad, pero todavía fallecen cada año cerca de dos millones de personas. Aunque se cura con antibióticos, los pacientes hacen frente a un nuevo escollo: la farmacorresistencia. Nuevas vacunas basadas en entrenar al sistema inmune mantienen viva la esperanza de erradicar la enfermedad, como en su día pasó con la viruela.

La tuberculosis es una dolencia infecciosa que suele afectar a los pulmones. Recibe su nombre de la bacteria que la causa, la Mycobacterium tuberculosis. Se transmite de una persona enferma a otra sana a través del aire, cuando la primera tose o estornuda.

Fue el microbiólogo alemán Robert Koch el que descubrió el bacilo —bacteria con forma alargada— causante de la enfermedad. Tras haber estudiado el del ántrax, el 24 de marzo de 1882 Koch anunció el hallazgo de la M. tuberculosis. El microbiólogo aisló el microorganismo y lo hizo crecer en un cultivo, induciendo la enfermedad en animales. El descubrimiento le valió el Premio Nobel de Medicina en 1905.

“A principios del siglo XX la atención de la tuberculosis o tisis, como se solía llamar, consistía principalmente en llevar a las personas enfermas a los sanatorios, que eran instalaciones bien ventiladas —situadas a gran altura— donde los pacientes podrían recuperarse alejados de la población general”, recuerda a OpenMind Nimalan Arinaminpathy, investigador de la Escuela de Salud Pública del Imperial College de Londres (Reino Unido).

Pero estos tratamientos tenían dudosa eficacia. No sería hasta la década de los cuarenta cuando se desarrollaron los primeros antibióticos para la enfermedad. En 1943 los estadounidenses Selman Waksman y Albert Schatz descubrieron la estreptomicina, el primer fármaco efectivo contra la tuberculosis.

“Esto transformó a la enfermedad, de tener una condición incurable a ser potencialmente tratable y curable”, subraya a OpenMind Richard H. Ebright, director de laboratorio en el Instituto Waksman de Microbiología de la Universidad Rutgers (EEUU).

Las barreras del tratamiento

Como recuerda el biólogo molecular, a partir de ese momento los sanatorios se cerraron. El hallazgo de nuevos fármacos —la isoniazida en 1951 y la rifampicina en 1965— y su uso conjunto ayudaron a luchar contra la tuberculosis.

Hoy en día se trata con una combinación de cuatro medicamentos antimicrobianos durante seis meses, un tratamiento largo y costoso para muchos enfermos, que en algunos casos lo interrumpen antes de tiempo. Y no seguirlo contribuye a generar farmacorresistencia, uno de los grandes escollos para erradicar la enfermedad. “Necesitamos urgentemente nuevos medicamentos de segunda línea para tratar a los pacientes con tuberculosis resistente a múltiples medicamentos”, urge Arinaminpathy.

Actualmente los problemas del tratamiento son tres, según Ebright: que dura demasiado tiempo, que interfiere con los fármacos para tratar el VIH (lo que dificulta la curación de estos pacientes) y la expansión de las cepas resistentes a los antibióticos. “Estamos buscando nuevos y mejores medicamentos antituberculosos que puedan superar estas tres limitaciones”, asegura el biólogo molecular.

Entrenar al sistema inmune

En paralelo al desarrollo de los primeros fármacos, los franceses Albert Calmette y Camille Guérin idearon la vacuna BCG (Bacilo Calmette-Guérin en su honor), destinada a inmunizar a los recién nacidos. Su aplicación se extendió al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

“Desde entonces aún tenemos las mismas herramientas para tratar la tuberculosis y no son efectivas porque un tercio de la población está infectada con la bacteria y entre 1,8 y dos millones de personas mueren cada año”, denuncia a OpenMind Maziar Divangahi, profesor del departamento de Medicina de la Universidad McGill (Canadá).

Aunque hay varios ensayos en marcha para validar la eficacia de nuevas vacunas, todavía no son una realidad. Divangahi y su equipo están trabajando en una nueva vía: ‘entrenar’ al sistema inmune para luchar contra la bacteria. En una investigación publicada en la revista Cell, los científicos inyectaron la vacuna BCG en la médula ósea de ratones y consiguieron reprogramar las células madre, las responsables de generar las células inmunitarias.

Gracias a este ‘entrenamiento’, los macrófagos —células del sistema inmunitario que matan bacterias como la de la tuberculosis— consiguieron superar las estrategias habituales del bacilo y acabar con él. “Dirigirse al sistema inmune es la única solución para reducir globalmente la tasa de tuberculosis”, afirma el inmunólogo.

Difícil de erradicar

Aunque la Organización Mundial de la Salud se ha propuesto acabar con la epidemia en 2030, los especialistas alegan que hace falta mucha más investigación para conseguirlo y que mejore el nivel de vida y sanitario de grandes franjas de población. En 2016, solo siete países concentraron el 64% de la mortalidad por la enfermedad: India, Indonesia, China, Filipinas, Pakistán, Nigeria y Sudáfrica.

¿Podría llegar a erradicarse como la viruela, un hito que se consiguió en 1980? “Es sumamente improbable teniendo en cuenta que casi un tercio de la población está infectada de forma latente”, indica a OpenMind Mihai Netea, del departamento de Medicina Interna del Centro Médico Universitario Radboud (Países Bajos).

Esto provoca que muchas personas tengan la bacteria pero aún no hayan enfermado ni la hayan transmitido. El problema es que cuando se desarrolla, los síntomas como tos, fiebre o pérdida de peso pueden ser leves durante muchos meses, lo que provoca que pase desapercibida y se transmita antes de ser tratada. Así es difícil lograr que, como la viruela, pase a la historia.

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lunes, febrero 24

Las increíbles predicciones de Julio Verne que se han hecho realidad

(Un texto de Pedro Gargantilla en el ABC del 6 de noviembre de 2018)

Su carácter visionario le permitió imaginar artilugios que hoy forman parte de nuestra tecnología, desde el submarino o el helicóptero pasando por el metro e incluso internet.

Julio Verne (1828-1905), pionero en el género literario de la ciencia ficción, fue el primero en convertir al científico en el héroe de sus novelas. A lo largo de su vida escribió casi un centenar de novelas -de  hecho, su obra es la más traducida tan solo superada por Agatha Christie-, las cuales eran un reflejo de los grandes descubrimientos geográficos y de los avances e innovaciones tecnológicas de su época.

En 1863 publicó la novela «París en el siglo XX», en donde se narra la historia de un joven que vive en una ciudad con coches de gas, trenes de alta velocidad y rascacielos de vidrio. En esta novela, Verne habla de una red internacional de comunicaciones que conecta distintas regiones para compartir información.

Pero posiblemente la mejor creación de Verne fue el submarino Nautilus, que describió en «Veinte mil leguas de viaje submarino» (1870). Aquella máquina debió fascinar al marino español Isaac Peral, ya que dieciocho años después de la publicación hizo realidad la construcción del primer submarino eléctrico.

Mucho más que coincidencias

En cualquier caso, sus más sorprendentes anticipaciones, cuyo origen se encuentra en las revistas científicas del momento y en su enorme biblioteca, estuvieron relacionadas con el viaje a la Luna. Por ejemplo: en el primer viaje experimental de la novela «De la Tierra a la Luna» (1865) hay tripulación animal. En la realidad, el primer ser vivo que viajó al espacio fue la perra Laika.

Pero hay más coincidencias: la nave de Verne que llegó a la Luna se llamaba «Columbia», fue fabricada en aluminio y estaba tripulada por tres hombres. El módulo norteamericano Apolo XI (1969) se llamó «Columbia» y también llevó tres astronautas al espacio. Ambos tenían forma cónica y medían 3,65 metros; el Apolo XI pesaba 5.621 kilogramos, mientras que el diseño de Verne tenía un peso de 5.345 kilogramos.

Un lugar de lanzamiento óptimo incluso en literatura

Lo esperable en el siglo XIX era que el lanzamiento se hubiera realizado en las dos grandes potencias del momento –Francia e Inglaterra-. Sin embargo, el escritor francés prefirió Estados Unidos. Además, optó por lanzar la nave en Cabo Town, a unos cien kilómetros de distancia de Cabo Cañaveral (Florida), el lugar por el que optó la NASA para su misión.

La elección no fue casual. Verne calculó que para que un cohete sea lanzado al espacio, hay que contar con la rotación terrestre, velocidad de escape y su propia velocidad inicial. Cuanto más cerca nos encontremos al ecuador terrestre, menos energía se necesitará y, por tanto, la misión tendrá un menor gasto. Cabo Town, al igual que Cabo Cañaveral, está al sur de los Estados Unidos.

Además, contó con que, si el proyecto salía mal, el combustible caería en tierra, poniendo en peligro la vida de seres humanos. Sin embargo, al lanzarlo desde un punto costero, los restos caerían al océano, evitando poner en peligro vidas humanas.

Verne calculó, además, que la velocidad necesaria para que el cohete pudiese vencer la fuerza gravitatoria terrestre tenía que ser de unos once kilómetros por segundo, un cálculo bastante aproximado.

Continúan los paralelismos

La velocidad que alcanzó el Apolo XI fue de 40.000 kilómetros por hora, un poco superior a la de la ficción del escritor francés (38.720 kilómetros por hora). También fue muy similar el tiempo del viaje hasta el alunizaje, en el caso de la ficción fue de 83 horas y en el del Apolo XI se prolongó hasta las 97 horas.

En ambos casos, el alunizaje se produjo en el mar de la Tranquilidad. Aunque, cuando los astronautas de Verne llegaron a la Luna no encontraron selenitas, tal y como había imaginado Edgar Allan Poe. Por último, el amerizaje de la cápsula en el regreso a la Tierra del Apolo XI se produjo en el Océano Pacífico, a tan sólo cuatro kilómetros de lo previsto por Verne.

Para finalizar, me quedo con una de las máximas de Julio Verne: «Todo lo que una persona puede  imaginar, otros pueden hacerlo realidad».

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domingo, febrero 23

Los cuatro magníficos que repitieron Nobel

(Un texto de Elena Sanz en el bbvaopenmind.com leído el 10 de diciembre de 2015)

Si recibir un premio Nobel es el mayor reconocimiento para un científico, ser galardonado dos veces por la Academia Sueca de Ciencias es un hecho extraordinario del que, hasta el momento, solo pueden presumir cuatro personas: Frederick Sanger, Linus Pauling, John Bardeen y Marie Curie

Marie Curie

La primera persona de la historia en lograr la hazaña de recibir un doble Nobel fue la polaca Marie Skłodowska Curie (7 de noviembre de 1867- 4 de julio de 1934),laureada primero en Física  y, más tarde, en Química. Lo que pocos saben es que estuvo a punto de no recibir el primero de los galardones. Y es que en 1903, la Academia Francesa de las Ciencias propuso únicamente a Henri Becquerel y Pierre Curie como candidatos al Nobel de Física. Indignado al conocer la nominación, el matemático Gösta Mittag-Leffler avisó a Pierre, y éste fue rotundo en su respuesta: “Si es cierto que alguien está pensando en mí [para el Nobel] querría ser considerado junto a Madame Curie por nuestro trabajo en los cuerpos radiactivos […] su parte es muy grande en este descubrimiento (también ha determinado el peso atómico del radio)”, escribió en una carta.

Después de mover algunos hilos, Marie fue incorporada a la candidatura. Y en diciembre de 1903, los tres científicos (Becquerel y el matrimonio Curie) fueron premiados con el prestigioso galardón. En la mención a los Curie se excluyó voluntariamente su descubrimiento del polonio y el radio, ya que los químicos del comité de nominación insistieron en que aquello merecía un futuro Nobel de Química.

Y así fue. El segundo premio para Curie llegó el 10 de diciembre de 1911 aunque, tras la muerte de Pierre en 1906 en un desafortunado accidente de tráfico, esta vez recayó solo en manos de Marie. Como ya habían adelantado los expertos, se le concedió “por su contribución al avance de la química con el descubrimiento del radio y el polonio“, dos elementos que eran mucho más radiactivos que el uranio (el primer elemento radiactivo conocido).

Linus Pauling

El único condecorado en dos ocasiones con un Premio Nobel no compartido con nadie ha sido Linus Pauling (28 de febrero de 1901 – 19 de agosto de 1994). El primer galardón, el Nobel de Química de 1954, reconocía sus investigaciones sobre la naturaleza del enlace químico. Y ocho años más tarde, su pacifismo militante durante la Guerra Fría, centrado sobre todo en combatir las armas nucleares, le hizo merecedor del Nobel de la Paz (1962).

Figura dominante de la química del siglo XX, este científico estadounidense revolucionó la forma de ver las moléculas aplicando la mecánica cuántica a la química. Además, estudió a fondo el enlace del hidrógeno, las proteínas y sus plegamientos, además de llegar a conocer como la palma de su mano la estructura y el funcionamiento de la hemoglobina de los glóbulos rojos que transportan el oxígeno de la sangre.

Al final de la década de los cuarenta, asustado ante el peligro que supondría una guerra nuclear para la humanidad, redactó un llamamiento para acabar con las pruebas de bombas atómicas, argumentando entre otras cosas que la precipitación radiactiva de cada prueba bajo tierra causaría miles de casos de cáncer. Y reunió firmas de más de 8.000 científicos extranjeros de 49 países diferentes. Su campaña culminó cuando se abrió para la firma el Primer Tratado de Prohibición Parcial de Pruebas Nucleares, en 1963.

John Bardeen

Que hoy podamos escuchar los últimos éxitos musicales en un aparato de radio, ver la televisión, hablar a través del teléfono móvil o navegar cómodamente por Internet usando ordenadores y tabletas se lo debemos en gran medida a John Bardeen (23 de mayo de 1908 – 30 de enero de 1991), el único científico de la historia que ha repetido Premio Nobel en la categoría de Física.

Era ingeniero electrónico, una carrera que comenzó con solo 15 años, aunque luego se doctoró en Física en la Universidad de Princeton. Y allí comenzó a estudiar la estructura atómica y las propiedades de los semiconductores, es decir, los materiales que en ciertas condiciones permiten el paso de la corriente eléctrica y en otras no. Unos años más tarde aterrizo en los laboratorios Bell donde, junto con Walter Brattain, desarrolló el transistor, que llegaba para reemplazar a las válvulas de vacío en infinidad de artefactos electrónicos, desde audífonos hasta televisores. Este invento les llevó a ganar el Nobel de Física de 1956 junto con William B. Shockley.

De los semiconductores, Bardeen dio el salto al estudio de los superconductores, materiales que conducen corriente sin resistencia ni pérdida de energía. Y fue el modelo teórico actual sobre la superconductividad, el BCS (donde la B corresponde a John Bardeen), el que le condujo a ganar su segundo Nobel en 1972.

Frederick Sanger

La cuarta persona, y hasta ahora última, en incorporarse al club de los dobles Nobel fue Frederick Sanger  (13 de agosto de 1918 – 19 de noviembre de 2013), un entusiasta de la bioquímica que logró determinar la secuencia de aminoácidos de una proteína. Escogió nada menos que la insulina, la hormona clave en la regulación del metabolismo de la glucosa, y por su hazaña ganó el Nobel de Química de 1958. Su descripción detallada de los eslabones que forman la cadena química de la insulina permitió que, posteriormente, en 1963, esta fuera la primera proteína sintetizada en laboratorio, algo que los diabéticos le agradecerán eternamente.

No contento con eso, en 1980 repitió galardón en la misma categoría por desarrollar un método para leer el ADN, poniendo el primer eslabón para el estudio del genoma humano. De hecho, fue él quien determinó la secuencia base de los ácidos nucleicos (adenina, guanina, uracilo y citosina), las letras con las que está escrito el Libro de la Vida.

Y además…

Más allá de los cuatro científicos doblemente premiados, hay dos instituciones que han recibido varios galardones de la Academia Sueca. La primera es la Cruz Roja, una institución humanitaria internacional que ha conseguido hasta ahora tres premios Nobel de la Paz. Uno menos tiene ACNUR, el Alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

Y puestos a hablar de récords en relación con estos premios, hay que recordar que los Curie no solo son famosos por el doble galardón de Marie. La primera y segunda generación de esta familia acumulan nada menos que cuatro premios Nobel de ciencias (su primera hija Irène Joliot-Curie logró el Nobel de Química en 1935 por el descubrimiento de la radiactividad artificial, también junto con su marido). 

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sábado, febrero 22

Los españoles del lago Ilmen

(La columna de Arturo Pérez-Reverte en el XLSemanal del 1 de julio de 2018)

Hay cosas de las que no se habla mucho. Historias incómodas que, sin embargo, están ahí y forman parte de nuestra memoria. Comentaba eso el otro día con un amigo cuyo abuelo, ex soldado republicano, se alistó en la División Azul para ayudar a su padre encarcelado tras la Guerra Civil. Ése fue el caso de muchos de los voluntarios para Rusia, en cuyas filas, junto a falangistas y anticomunistas, hubo otros que fueron por necesidad, hambre o deseo de aventura. El caso es que, sin distinción de motivos, y aunque su causa fuese una causa equivocada, todos ellos, compatriotas nuestros, combatieron allí con mucho valor y mucho sufrimiento. Por eso, para recordarlos, voy a contar hoy la historia de los españoles del lago Ilmen.

10 de enero de 1942. Imaginen el paisaje: nieve hasta la cintura, un lago helado, grietas y bloques que cortan el paso, temperatura nocturna de 53º bajo  cero. En una orilla, medio millar de soldados alemanes cercados y a punto de aniquilación por una gigantesca ofensiva rusa. En la orilla opuesta, a 30 kilómetros, la compañía de esquiadores del capitán José Ordás: 206 extremeños, catalanes, andaluces, gallegos, vascos… La orden, cruzar el lago y socorrer a los alemanes cercados en un lugar llamado Vsvad. La respuesta, muy nuestra: «Se hará lo que se pueda y más de lo que se pueda». El historiador Stanley Payne definió aquella acción en tres escuetas palabras: «Una misión suicida». Y lo fue.

«Nosotros, los españoles, sabemos morir», escribe un joven teniente a su familia en vísperas de la partida. Apenas se internan en el lago empiezan a cumplirse esas palabras. Arrastrando entre la ventisca los trineos con las ametralladoras –que pronto se llenan de bajas–, la columna de hombres vestidos de blanco avanza por el infierno helado. Veinticuatro horas después, la mitad está fuera de combate: 102 muertos o afectados por congelación. El resto, tras superar seis grandes barreras de hielo y grietas con el agua hasta la cintura, con casi todas las radios y brújulas averiadas, alcanza la otra orilla. Allí, uniéndose a 40 letones de la Wehrmacht, los 104 españoles bordean el Ilmen hacia la guarnición cercada, peleando.

El 12 de enero, los españoles toman la aldea de Sadneje y la defienden de los contraataques soviéticos. A esas alturas sólo quedan 76 hombres en condiciones de luchar. El 17 de enero, 37 de ellos toman varias aldeas necesarias para proteger su avance: Maloye Utschino, Bolchoye Utschino y, atacando a la bayoneta, Shiloy. El contraataque ruso es feroz, y de los 37 sólo sobreviven 14. Dos días más tarde, en Maloye Utschino, otra sección de 23 españoles y 19 letones encaja el contraataque de una masa de blindados, artillería, aviación e infantes soviéticos, y sólo logran replegarse, tras defender tenazmente sus posiciones, cinco españoles y un letón (mensaje del capitán Ordás al cuartel general: «La guarnición no capituló. Murieron con las armas en la mano»). Veinticuatro horas después, otro violento avance de blindados rusos es detenido con cócteles molotov (mensaje de Ordás: «Punta de penetración enemiga frenada. Los rusos se retiran. Dios existe»).

Amaneciendo el 21 de enero, los divisionarios siguen avanzando hacia Vsvad y se encuentran con una tropa que al principio creen enemiga, pero que a la luz de bengalas reconocen como la guarnición alemana a la que han ido a socorrer. Abrazos y lágrimas que se hielan en la cara (mensaje al mando: «En la madrugada de hoy, restos de la compañía española y la guarnición alemana de Vsvad se han abrazado»). Misión cumplida. O, al menos, ésa.

El 24 de enero, retirándose ya todos hacia el lago para regresar a sus líneas, los rusos les cortan el paso en Maloye Utschino. Quedan 34 españoles vivos, la mitad heridos. Los que pueden combatir se presentan voluntarios para recuperar la aldea y los cadáveres de sus compañeros muertos cinco días atrás. Apoyados por un blindado alemán, 16 españoles atacan y la toman de nuevo. El termómetro marca 58º bajo cero y el frío hiela los cerrojos de los fusiles. Por fin, tras desandar camino por el lago acompañando a los alemanes rescatados, los españoles regresan a su punto de partida. De los 206 hombres que salieron dos semanas atrás, sólo hay 32 supervivientes entre ilesos y heridos. Todos recibirán la Cruz de Hierro alemana, la Medalla Militar colectiva, y el capitán Ordás, la individual. El más exacto resumen de su epopeya lo hace el último intercambio de comunicaciones entre Ordás y el cuartel general: «Dime cuántos valientes quedáis en pie»… «Quedamos doce».

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viernes, febrero 21

Los secretos que ocultan algunos de los edificios más famosos del mundo

(Un artículo de Adrián López en elconfidencial.com del 25 de febrero de 2018)

De habitaciones secretas a historias misteriosas: lo que esconden algunas estructuras arquitectónicas como la Torre Eiffel o el Monte Rushmore.

El mundo está lleno de monumentos históricos y edificios que esconden secretos y misterios. Muchos de ellos han sido descifrados y otros son a día de hoy un enigma por resolver: desde estaciones de tren subterráneas hasta salones de baile abandonados, apartamentos escondidos y leyendas que envuelven a las construcciones más emblemáticas.

Descubrir una faceta nueva de un inmueble tan antiguo y lleno de historia es una de las grandes alegrías para los que les gusta viajar y recorren el planeta en busca de emociones. Si creías que lo sabías todo, estabas equivocado, siempre puedes encontrar algo nuevo. Pon atención y elige cuál es tu favorito:

Torre Eiffel

Quizás sea una de las estructuras más famosas del mundo. La Torre Eiffel (en algún momento fue la más alta del mundo) ha recibido más de 300 millones de visitantes desde su inauguración en 1889 y pesa más de 10.000 toneladas. A pesar de los millones de personas que la ven cada año, todavía tiene sorpresas ocultas en su interior.

La mayoría no saben que alberga un pequeño apartamento hasta que suben. Su diseñador, Gustave Eiffel, no solo soñó con la construcción, sino que también edificó una vivienda en el tercer nivel. Completo con muebles de madera, pinturas al óleo y papel estampado, el apartamento fue presuntamente demandado por la alta sociedad parisina en el siglo XIX, con varias personas que le ofrecieron grandes sumas de dinero para alquilarlo, incluso solo una noche, pero nadie lo consiguió.

La Estatua de la Libertad

Fue un regalo de Francia a los Estados Unidos para conmemorar los 100 años de su amistad. Es reconocida en todo el mundo como un símbolo de libertad, es visitada por unos tres millones y medio de personas al año y mide 93 metros.

Algo poco conocido sobre ella es que hay un observatorio dentro de la antorcha, en su punto más alto. Sin embargo, está fuera del alcance de los visitantes, y lo ha estado desde 1916. Ese año, los espías alemanes volaron un depósito de municiones y la explosión causó daños significativos. Aunque desde entonces se repararon los desperfectos, nunca más se ha vuelto a abrir al público.

Taj Mahal

Uno de los edificios más bellos del planeta y tiene una de las historias más románticas. Fue construido por el emperador mogol Shah Jahān para inmortalizar a su amada esposa (su favorita) Mumtāz Maḥal después de morir durante el parto de su décimo cuarto hijo. Además, es una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno desde el 7 de julio del 2007 y lo visitan entre tres y cuatro millones cada año. Dentro de la imponente estructura se encuentran los cenotafios de la pareja. Sin embargo, lo que muchos visitantes no saben es que son tumbas falsas: las verdaderas se encuentran debajo, a nivel del jardín y están fuera del alcance del público.

La simetría y la autorreplicación son las claves en su construcción, elementos que lo hacen (casi) perfecto. Hay un detalle que rompe con el equilibrio: el sepulcro del emperador es más grande que el de su esposa porque en la cultura mogol la tumba del hombre debía ser mayor que la de la mujer. Gracias a las propiedades del mármol blanco y dependiendo de la intensidad del sol y momento del día, los colores de las paredes se transforman, logrando hasta 10 tonalidades diferentes, incluso en la noche.

Gran Mezquita Sheikh Zayed

​Está en Abu Dabi y es una de las mezquitas más grandes del mundo. Tiene una serie de impresionantes hechos y cifras asociadas a ella: esta gran estructura tiene capacidad para más de 40.000 fieles, cuenta con 82 cúpulas, más de 1.000 columnas y alberga una serie de candelabros dorados de oro de 24 quilates.

Entre la abrumadora opulencia interior, el elemento más lujoso de todos es un lugar que quizás nunca hayas visto: el suelo. La mezquita es el hogar de la alfombra hecha a mano más grande del mundo, que fabricaron 1.200 mujeres durante dos años. Pesa 35 toneladas y mide 5.627 metros cuadrados.

Monte Rushmore

​El Monte Rushmore National Memorial es uno de los lugares más reconocibles de los EEUU (en Dakota del Sur). El escultor Gutzon Borglum lo creó para rendirles tributo a cuatro de los presidentes del país: George Washington (1732–1799), Thomas Jefferson (1743–1826), Theodore Roosevelt (1858–1919) y Abraham Lincoln (1809–1865). Miden 18 metros, están talladas en granito y tardaron 14 años en finalizar su construcción.

Detrás de Lincoln se esconde una cámara secreta, el Salón de los Registros. Las habitaciones, talladas en las rocas, albergan documentos importantes de la historia de Estados Unidos, como la Declaración de Independencia, la Constitución y la Declaración de Derechos, todos sellados en una bóveda de titanio. La idea es que se pueda abrir dentro de miles de años para que "civilizaciones del futuro" puedan aprender sobre el pasado, por lo que no está permitido el acceso a turistas.

Big Ben

La Torre Elizabeth es uno de los lugares más emblemáticos de Londres y ha sido una de las más fotografiadas durante años. El nombre 'Big Ben' se refiere a la campana del reloj que hay dentro de la torre.

A pesar de hacer uno de los sonidos más famosos del mundo, en 1857 tuvo que ser reemplazada por otra poco después de su fabricación por una grieta. La nueva campana, más ligera que la original, pesaba 2 toneladas y media y para subirla a la torre se emplearon unas 30 horas en 1858. La primera campanada se escuchó en 1859.placeholder

Otro de sus secretos es que las cuatro esferas del reloj tienen la misma inscripción en latín: “Domine Salvam Fac Reginam Nostram Victoriam Primam” (“Dios salve a nuestra Reina Victoria I“). El período de tiempo más largo que el reloj de la torre ha estado parado ha sido de 33 horas por una revisión y aunque los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial no alteraron su puntualidad, las altas temperaturas (solo fueron 31 grados)​ registradas en mayo de 2005 provocaron que se detuviese.

Burj Khalifa

Este edificio es el más alto del mundo (por ahora). Tiene la asombrosa altura de 829 metros y posee récords mundiales no solo por esto, sino también por ser la estructura autónoma y la plataforma de observación al aire libre más alta en el mundo.

Sin embargo, si bien es posible que haya oído hablar de las elegantes residencias del Burj Khalifa, el Armani Hotel, las suites corporativas, las cinco piscinas, el club de salud y el spa, lo que mucha gente desconoce es que el edificio récord también alberga un biblioteca: la más alta, un espacio tranquilo en el nivel 123.

Grand Central Terminal

Una de las estaciones de tren más famosas del mundo y avergüenza al resto con su hermosa arquitectura, su gran variedad de tiendas y restaurantes y el número de visitantes: aproximadamente 750.000 por día. Es el segundo destino más visitado en la ciudad de Nueva York, solo superado por Times Square.

Pero además de ser un gran destino para el ocio, muchos de los viajeros y turistas que pasan por ella a diario no saben que también hay un club de tenis de lujo. El Vanderbilt Tennis Club, en el cuarto piso de la terminal, es un destino 'fitness' súper elegante que se enorgullece de la exclusividad.

Edificio España

Situado en la plaza homónima de Madrid, fue construido por la Compañía Inmobiliaria Metropolitana entre marzo de 1948 y 1953, apenas nueve años después de que acabara la Guerra Civil. Una de las características novedosas que introdujo este edificio se encuentra en su estructura: el hormigón, fue en su día el edificio construido con este material más alto de Europa.

Mide 117 metros, costó algo más de 210 millones de pesetas y en su interior se dice que hay más de 3.000 ventanas, 32 ascensores y 4.000 puertas. Durante muchos años fue bautizado como 'El taco' porque cuando alguien alzaba la mirada para ver sus andamios y trabajos, no podían evitar soltar una exclamación malsonante de asombro, una palabrota de absoluta sorpresa.

La capilla Sixtina

Visitado por millones de personas cada año, los frescos del techo de esta edificación fueron pintados por Miguel Ángel a principios del siglo XVI. Es también donde se lleva a cabo la elección de un nuevo papa y se ha convertido en uno de los lugares más destacados de la capital italiana.

Mientras que el famoso techo es conocido por su descripción de los eventos del Antiguo Testamento, a lo largo de los años, varios eruditos han afirmado ver códigos secretos en los frescos. Un profesor dice que las pinturas insultan en secreto al Papa Julio II, mientras que el doctor Frank Lynn Meshberger publicó en la 'Revista de la Asociación Médica Norteamericana' que las figuras y sombras representadas tras la figura de las vestimentas de Dios y los ángeles aparecían como una acertada representación del cerebro humano. Según ellos, esta sería la manera del pintor de simbolizar el traspaso de inteligencia al hombre por parte de Dios.

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jueves, febrero 20

El vestido Delphos de Fortuny

(Extraído de un artículo en El Español, leído en septiembre de 2022)

[...] el Delphos de Fortuny. Un vestido que supuso una liberación para la mujer, en el primer tercio del siglo XX: con él se decía adiós a los corsés, a las innumerables capas de prendas y a la ropa interior, pues debía llevarse sin nada debajo, para que no se marcara. Fue tal el shock que supuso, que solo las actrices y bailarinas de la época se atrevieron en un principio a lucirlo.

Con el Delphos, Fortuny se adelantó a Paul Poiret y a Coco Chanel al liberar a la mujer de vestidos encorsetados: era suelto, ligero, muy cómodo y confeccionado en seda y adornado con cuentas de cristal de Murano. Podía variar el color, el largo, y la forma de la manga. Fue la creación genial de un hombre que no era diseñador de moda, Mariano Fortuny y Madrazo, sino pintor, escultor, fotógrafo, inventor, escenógrafo, diseñador de lámparas y tejidos, del Delphos (y otras prendas con las que combinarlo) y hasta un genio del marketing. En 1909 patentó un procedimiento para plisar y ondular telas, conocido mundialmente como el plisado Fortuny. Nadie ha sido capaz de replicarlo y que el plisado se mantenga perfecto durante más de cien años, como sucede con el Delphos de Fortuny.

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miércoles, febrero 19

-tecas

Teca es un palabra que proviene del griego theke, que significa caja, y se utiliza como sufijo para definir lugares donde se guardan las cosas, como biblioteca -libros-, pinacoteca -cuadros- o videoteca -videos-Estas son las tecas más conocidas aunque hay muchas más. Por ejemplo, oploteca, sitio dedicado a guardar armas antiguas; ludoteca, centro de recreo donde se coleccionan y practican juegos; hemeroteca, el recinto donde se guardan los periódicos y revistas; y gliptoteca, que define el museo de esculturas.

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martes, febrero 18

Crushed Scrotum

 

During a church service, the pastor asked if anyone in the congregation would like to express praise for answered prayers.
 
Mary stood and walked to the podium.
 
She said, “Two months ago, my husband Paddy, had a terrible bicycle accident and his scrotum was crushed.”
 
There was a muffled gasp from the men in the congregation.
 
“Paddy was unable to hold me or the children,” she went on, “and every move caused him terrible pain. We prayed as the doctors performed a delicate operation, and they were able to reconstruct the crushed remnants of Paddy’s scrotum, using wire to reinforce and shape it.”
 
The men in the congregation cringed and squirmed uncomfortably.
 
“Now,” she announced in a quivering voice, “thank the Lord, Paddy is out of the hospital and the doctors say that with time, his scrotum should recover completely.”
 
All the men sighed with relief.
 
The pastor rose and asked if anyone else had something to say.
 
A man stood up and walked slowly to the podium.
 
He said, “I’m Paddy.”
 
The entire congregation held its breath.
 
“I just want to tell my wife the word is sternum.”

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lunes, febrero 17

Sir William Henry Perkin, el joven químico millonario por descubrir el primer tinte sintético

(Un artículo de Alberto López en elpais.com del 12 de marzo de 2018)

Niño prodigio en su formación, el investigador británico es considerado el padre de la industria química al desarrollar los colorantes artificiales y las fragancias sintéticas.

Como tantas otras veces en la Ciencia, Sir William Henry Perkin representa otro gran ejemplo de encontrar por casualidad lo que no se busca y, con ello, realizar un descubrimiento que, en el fondo, supuso una nueva industria. Si a este hecho le unimos una gran capacidad emprendedora y una visión para los negocios, nos encontramos con un joven investigador que a los 21 años ya era millonario por un único descubrimiento y que a los 36 se retiró para dedicase a la investigación y devolverle a la química todo lo que le habla dado.

Sir William Henry Perkin nació en Londres, [...] un 12 de marzo de 1838. Fue el séptimo hijo de un carpintero y siempre recibió buena educación, ya que acudió a una escuela privada. Desde muy pequeño tuvo una gran atracción por los experimentos, y un amigo, tal y como contó él más tarde, le enseñó una reacción química que fue la mecha de su vocación posterior: "Me mostró algunos experimentos químicos y el poder maravilloso de sustancias para cristalizar en formas definidas. El último me produjo una impresión muy fuerte y vi en la química algo más allá que con otras actividades en las que yo había estado ocupado hasta entonces". 

A pesar de la oposición paterna, William Henry Perkin logró ingresar a los 15 años en el Real Colegio de Química de Londres, y a los 17 ya estaba contratado por el químico alemán August Wilhelm von Hofmann. Era el asistente de laboratorio del eminente científico, que era tan brillante en la teoría como torpe en la experimentación, que en realidad era lo que le fascinaba al joven Henry Perkin.

Cuando William tenía 18 años, Hoffman le asignó la síntesis de la quinina, que es una sustancia química natural que se aísla de la corteza del árbol de la quina y que sirve para tratar la malaria, una enfermedad que a mediados del siglo XIX era frecuente en Europa. Tanta era la preocupación por este problema que hasta se estableció un premio para el químico que lograse sintetizar quinina en el laboratorio, ya que en esa época no se conocía la compleja estructura de la quinina, sino solo su fórmula molecular. 

Hoffman y Perkin pensaron, con bastante ingenuidad, que se podría sintetizar por oxidación de anilina, y como el joven y atrevido Perkin era un entusiasta investigador que no solo trabajaba en el laboratorio de Hoffman, sino que también realizaba experimentos en un laboratorio casero que montó en su casa, se lanzó a la aventura.

Así, durante las vacaciones de la Semana Santa de 1856, Sir William Henry Perkin realizó diversos experimentos que no dieron lugar a la quinina. sino a una especie de alquitrán oscuro que cualquier químico siempre desecha por considerarlo un residuo. Sin embargo, Perkin se dio cuenta de que el color era persistente y que los matraces no se limpiaban del todo, así que pensó que podía ser un colorante. Repitió y perfeccionó de forma cuidadosa los experimentos y comprobó que el resultado era el primer colorante sintético: la anilina morada, también conocida como malveína o, en su honor, malva de Perkin. Con solo 18 años patentó la idea.

Desde ese momento, el joven William Henry Perkin promovió una investigación intensa sobre colorantes, tintas, pinturas, etcétera, que aún hoy en día es una de las industrias químicas más potentes. Junto con su padre y un hermano fundó una fábrica para producir estos tintes, ya que el color obtenido, el violeta, había sido el más difícil de lograr de forma natural, y desde tiempos fenicios fue siempre un gran negocio.

Perkin se convirtió en empresario de éxito y en visionario de los negocios, ya que no solo realizó el descubrimiento y lo patentó, sino que también organizó la fábrica, obtuvo el capital necesario, realizó labores comerciales y de venta, así como diversas mejoras técnicas en el proceso industrial. El color púrpura, que desde antiguo simbolizaba la realeza. tuvo una gran acogida al pasar a ser accesible para todo el mundo, de tal forma que a los 21 años William ya era millonario. Incluso hasta la reina Victoria usó un vestido teñido de color malva para la Exposición Real de 1862.

La posibilidad de fabricar colorantes sintéticos fue una gran ventaja para la sociedad de la que aún disfrutamos, porque ya no había que depender de fuentes naturales para su obtención y, por tanto, no se agotan, son más consistentes en calidad, más variadas en colores y también más baratas.

En los anos siguientes William Henry Perkin desarrolló una gran variedad de tintes sintéticos y también diversificó su producción con perfumes, a la vez que se convirtió en una persona popular en el mundo de la moda por su aportación a los colores en los tejidos.

La experimentación continua de Perkin condujo al descubrimiento de un método para cambiar la estructura de los compuestos orgánicos en su nivel molecular. Gracias a este proceso, conocido como Síntesis Perkin, produjo una cumarina, un perfume sintético con un agradable olor a vainilla.

En plena Revolución Industrial, el químico y empresario de éxito había creado una nueva industria, la química. Tanto fue su éxito que en la época contaban que el color del río variaba según los vertidos de la fábrica, y de esta forma se podía saber qué estaba produciendo Perkin ese día con solo mirar las aguas, si tinte o perfume...

En 1869 Sir William Henry Perkin encontró un método para producir comercialmente la alizarina, un tinte rojo brillante, pero la empresa alemana BASF patentó el proceso justo un día antes. A partir de ese momento, la competencia con la nueva industria química alemana con compañías como Bayer, BASF y Hoechst fue tan feroz que empezó a perder terreno y decidió, en 1874, vender todo su negocio y retirarse. Tenía 36 anos y tan solo cedió la primacía en el sector de los tintes sintéticos a Alemania, porque él no abandonó su gran pasión, la investigación en química orgánica, que lo acompañó hasta su muerte.

Su trabajo continuó dando grandes resultados y ofreciendo importantes descubrimientos a la Química. En 1878, por ejemplo, halló la que sería conocida como Reacción de Perkin, un método para obtener ácidos grasos no saturados. Tal fue la relevancia científica de William Henry Perkin que, en 1906, se estableció la Medalla de Perkin para conmemorar el 50 aniversario de su primer descubrimiento y, desde entonces, se entrega cada año a la mejor aportación de la química industrial.

Entre los reconocimientos que tuvo en vida, a Sir William Henry Perkin le concedieron la Medalla Real y la Medalla Davy de la Royal Society en 1879, en 1906 fue nombrado Caballero de la Orden Británica y recibió el título de sir, en 1884 lo nombraron Miembro Extranjero Honorario de la Sociedad Química alemana y en 1906 obtuvo la medalla Hofman de la misma. Ese mismo ano también recibió la Medalla de Lavoisier de la Sociedad Química francesa y fue nombrado doctor honoris causa por las universidades de
Wurzburg, St. Andrews, Manchester, Heildelberg, Oxford, Leeds, Colombia y por de la Hopkins.

Willlam Henry Perkin falleció en Sudbury, Inglaterra, el 14 de julio de 1907 por una pulmonía y una apendicitis, una mezcla paradójica de enfermedades como lo fueron sus experimentos a lo largo de su vida.

Perkin no sintetizó quinina como era su propósito cuando era joven y hubo que esperar al año 1944 para que Woodward y Von Doering lo lograran. pero tuvo la mente lúcida para aprovechar resultados negativos de una investigación y convertir la casualidad en descubrimiento. Con la industria de los colorantes, Perkin se hizo rico muy joven y luego dedicó todos sus esfuerzos a ser uno de los químicos orgánicos más brillantes de la segunda mitad del siglo XIX.

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domingo, febrero 16

El poder de los ácidos en cosmética

(Un texto de Virginia de Los Ríos en la revista Mujer de Hoy del 23 de enero de 2021)

Bien manejados, estos ingredientes cosméticos hacen maravillas en LA PIEL: eliminan manchas, suavizan arrugas, tratan el acné, iluminan...

Quien todavía dude del efecto de las cremas, que pruebe una que contenga ácidos, los activos más eficaces en cosmética. Solo una advertencia: si no sabes cuál es el que te conviene, pregunta en la farmacia. No hay que tenerles miedo, pero cada uno tiene una función precisa y también ciertas contraindicaciones. Dos expertas médicas nos dan las claves para disfrutar de los beneficios de cinco de los ácidos más famosos sin incurrir en peligrosas equivocaciones.

RETINOICO, EL MAGO ANTIARRUGAS

Ocupa el pódium de los ácidos por sus propiedades antienvejecimiento, pero en altas dosis se aplica solo bajo control médico. En cosmética se trabaja con una variante, el retinol, 10 veces menos potente pero también mucho más tolerable. "Es un activo con una función antioxidante y antiinflamatoria, y previene la degradación del colágeno", explica la doctora Josefina Royo de la Torre, de Instituto Médico Láser (IML). Según la experta, es recomendable usar inicialmente las fórmulas con retinoides con poca frecuencia para testar la tolerancia de la piel y no hay que mezclarlos con otros que contengan vitamina porque son incompatibles.

SALICÍLICO, DIRECTO AL PORO

Forma parte del grupo de los betahidroxiácidos (BHA) y se emplea en peelings, con el objetivo de controlar el exceso de secreción de sebo en pieles muy grasas o con acné. "Actúa como seborregulador, antibacteriano y antiinflamatorio. Tiene efecto exfoliante y produce una limpieza profunda de los poros. Si su concentración es superior al 2%, recomiendo una aplicación diaria", puntualiza la directora médica de IML. Puede producir sequedad por lo que no es recomendable mezclarlo con el retinol.

HIALURÓNICO, MÁXIMA HIDRATACIÓN

Es el ácido más conocido, tal vez porque es uno de los componentes principales de la piel. ¿Su función? Mantenerla tersa y elástica, gracias a su capacidad para retener agua. También es uno de los componentes más presentes en los productos cosméticos, desde cremas hasta tratamientos capilares. Si se combina con otras sustancias, se multiplican sus efectos, como con vitamina C por el día y el retinol por la noche.

GLICÓLICO, PIEL RENOVADA

Hay veces que la piel no tiene un problema muy grave, pero está necesitada de vitalidad. Para estos casos, sale al rescate este alfahidroxiácido de origen natural con una gran capacidad regeneradora. Como recuerda la doctora Mar Lázaro, su uso continuado hidrata la piel, favorece la renovación celular, y estimula el colágeno y la elastina. Aplica estos tratamientos por la noche y cuidado, porque las pieles reactivas no están hechas para este activo.

AZELAICO, SIN MÁCULA

Es uno de los ácidos más eficaces en el tratamiento de las manchas porque, como señala la doctora Royo de la Torre, reduce la melanogénesis epidérmica. "Hay cosméticos que lo incluyen en una concentración del 20%, debido a su efecto despigmentante. Se emplea para renovar las capas superficiales de la piel", añade. Se debe utilizar, como máximo, dos veces al día, ya que puede producir escozor y sensación de quemazón. Y está prohibido también combinarlo con otros productos que contengan sustancias como el ácido salicílico, el retinol o el peróxido de benzoilo.

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