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...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

miércoles, marzo 25

Tu corte de pelo no es tan original como crees: la curiosa historia de las peluquerías

(Un texto de Ada Nuño en El Confidencial del 16 de noviembre de 2021)

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viernes, marzo 21

Hugo Boss, el sastre que confeccionaba los uniformes de las tropas nazis

(Un texto de ManuelP. Villatoro en el ABC del 11 de octubre de 2012)

Además de crear una popular marca de ropa, el fundador de esta firma fue un reconocido miembro del partido nazi que usó a esclavos judíos en sus fábricas.

La conocida firma de ropa « Hugo Boss» es sinónimo de calidad, elegancia y, sobretodo, alta costura. Sin embargo, su fundador, Hugo Ferdinand Boss, era conocido en la Segunda Guerra Mundial por algo bien distinto: fabricar los trajes para las tropas nazis dirigidas por Hitler y usar a prisioneros judíos como mano de obra. Y es que, este costurero alemán fue durante años el sastre del Tercer Reich.

La historia de Hugo Boss comienza en 1923, año en que el modista fundó un pequeño taller de sastrería en Metzingen, un pueblo al sur de Stuttgart. Allí, como afirma el historiador y periodista Jesús Hernández en su libro « 100 Historias secretas de la Segunda Guerra Mundial» (el cual presenta en su blog), «el sastre se dio cuenta de que el negocio era vestir a las tropas hitlerianas».

Boss, un nazi convencido

Corría el año 1931 y Alemania vivía asolada por las duras condiciones que le habían impuesto los aliados por ser la nación que, de forma «oficial», había iniciado la Primera Guerra Mundial. Concretamente, este país se veía ahora en la ruina ya que estaba obligado a pagar grandes impuestos al bando vencedor (denominados como «reparaciones de guerra»). Esto, unido a la gran crisis económica de 1929, había dejado a Alemania en el ostracismo.

En esa época, un joven Adolf Hitler había tomado ya las riendas del Partido Nazi y su discurso comenzaba a convencer a muchos alemanes. Y, al parecer, uno a los que persuadió fue Hugo Boss. «En abril de 1931, cuando aún Hitler no había llegado al poder, Boss, que entonces tenía 46 años, decidió alistarse en el Partido Nazi. Su número de afiliado sería el 508.889» afirma Hernández.

En 1933, dos años después de comenzar su aventura textil, y tras pasar multitud de calamidades económicas, Hugo Boss ya había decidido que su futuro sería proporcionar la indumentaria a las «Waffen SS» (un cuerpo de elite creado por Hitler para su protección, entre otras funciones), las SA (una organización paramilitar del partido nacionalsocialista), y las Juventudes Hitlerianas, según explica el historiador.

Ese mismo año, las ventas comenzaron a incrementarse, y, en términos del historiador, Hugo Boss incluyó un anuncio en un diario local afirmando lo siguiente: «Uniformes de las SS, las SA y las HJ. Ropa de trabajo, de deporte y de lluvia. La hacemos nosotros mismos, con calidad buena y reconocida y a buenos precios. Boss. Ropa mecánica y de trabajo, en Metzingen. Firma homologada por las SA y las SS. Uniformes con la licencia del Reich». Su futuro acababa de quedar sellado.

Desde ese momento los pedidos del ínfimo taller se multiplicaron. «Años más tarde, en 1935, Boss decidió abandonar la fabricación de ropa civil y dedicarse exclusivamente a la confección de uniformes. Seguramente, a Boss no le pasó desapercibido el dato de que entre miembros de las SS, SA y Juventudes Hitlerianas sumaban un total de tres millones y medio de uniformes, y que alguien debía de fabricarlos» sentencia Hernández.

Hugo Boss acertó de lleno, como explica el historiador: «La diversidad del vestuario del Tercer Reich debía ser atendida. Por ejemplo, el vestuario tipo del militar alemán podía tener hasta ocho uniformes distintos: el de campaña, el de servicio o diario, el de guardia, el de parada, el de presentación, el de paseo, el de trabajo, el deportivo y el de sociedad, este último solo para los oficiales».

El negocio progresa

Los pedidos llegaron a cientos hasta Metzingen, lo que provocó que Boss se planteara comprar en 1939 una fábrica de telas para ahorrar costes en el proceso de creación de las prendas. El mercado era sin duda favorable para la marca.

Ese año sucedió además un hecho que convertiría a Hugo Boss en una de las marcas con más beneficios en Alemania: la invasión de Polonia por parte de las tropas nazis el 1 de septiembre de 1939. La maquinaria militar de Hitler se puso en marcha y alguien tenía que proporcionar la vestimenta a todos aquellos soldados que recorrerían medio mundo. El elegido, como no podía ser de otra forma, fue aquel sastre que trabajaba en Metzingen.

Además, y según explica Hernández, la guerra amplió el mercado del modista, que ahora recibía multitud de nuevos pedidos, algunos incluso de la Wehrmacht (el grueso de las fuerzas de tierra, mar y aire del ejército alemán). «En el taller de Metzingen llegaron también pedidos de la Sección de Vestuario (Bekleidung) y del Estado Mayor (Stab), perteneciente a la Oficina de Asuntos Generales del Ejército (Allgemeines Heeresamt)» determina.

Boss era en ese momento un empresario acaudalado cuyo producto era conocido en toda Alemania. «El pequeño taller de Metzingen se convertía así en la segunda compañía textil más importante de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial» sentencia el historiador.

La guerra y la escasez de materiales

Aunque la guerra significó el aumento de los pedidos para Boss, le provocó también una serie de problemas. El primero de ellos tuvo que ver con la disminución de la entrada de productos a través del comercio, lo que provocó la escasez de materias primas para confeccionar los trajes. A esta dificultad se unió además el recorte en el presupuesto destinado a los uniformes que hizo el Gobierno Alemán, ya que necesitaba el dinero para la investigación armamentística.

Sin embargo, Boss ideó una solución sencilla. «Si en los años treinta los uniformes de las SS, la SA, las HJ y la Wehrmacht estaban fabricados con una mezcla de fibras y lana, durante la guerra la lana reciclada pasaría a ser el elemento básico de los uniformes» afirma Hernández.

A su vez, los alemanes discurrieron otras formas de conseguir materias primas, requisárselas a sus enemigos. «Las necesidades de vestuario del Ejército alemán nunca se pudieron cubrir completamente debido a la escasez de materias primas. Por tanto, las tropas germanas se vieron forzadas a requisar toneladas de ropa en los países ocupados» destaca el historiador.

Otro problema que se le planteó a Boss fue la falta de trabajadores. Sin embargo, en su ayuda acudieron de nuevo las tropas de Hitler: «Hugo Boss no dudó en utilizar mano de obra de trabajadores esclavos procedentes de los países ocupados, sobre todo mujeres polacas. Entre 1940 y 1941, trabajaron treinta prisioneros franceses. Además las SS facilitaron a Boss la incorporación de una veintena de trabajadores polacos procedentes de campos de concentración», informa Hernández.

La empresa tras la contienda

Después de la guerra, aproximadamente en 1945, las cosas cambiarían radicalmente para Hugo Boss, que pasó de ser un empresario reconocido a ser acusado por el nuevo Gobierno de colaboracionista con el nazismo. «Hugo Boss fue declarado por las autoridades aliadas ‘beneficiario’ del régimen nazi y su empresa fue calificada de ‘importante’ en el entramado económico del régimen de Hitler, dos condiciones que comportaron que Boss perdiera el derecho al voto y una multa de 80.000 marcos» destaca en su libro el periodista.

A pesar de la gran cantidad de la multa, en un principio el dinero no era un problema para el sastre. «Este importe lo pagó con el dinero obtenido gracias a la venta de grandes cantidades de seda de la que utilizaba para confeccionar paracaídas que Boss había comprado en el mercado negro durante la contienda» explica Hernández.

Después de ser multado, Hugo Boss decidió cambiar los trajes militares que confeccionaba por uniformes de trabajo. «A la vez, presentó un recurso ante los tribunales de justicia para limpiar su nombre. Sin embargo, Hugo Boss nunca obtuvo el perdón del Gobierno de la nueva República Federal de Alemania. Murió en 1948» sentencia el experto.

De uniformes nazis a ropa juvenil

Tras la reconversión de la empresa, los descendientes de Hugo, Siegfried Boss y Eugen Holly, decidieron cambiar radicalmente el negocio y buscar una nueva dimensión para sus futuras colecciones de ropa. «Orientaron el negocio hacia ‘los triunfadores y los jóvenes hombres de negocios’, según reza la publicidad de la marca del año 1953» determina el historiador.

Finalmente, 20 años después la empresa creció sustancialmente y, en la actualidad, se ha convertido en una marca que es sinónimo de elegancia y es usada por todo tipo de personajes famosos. «Hugo Boss se lanzó a patrocinar acontecimientos deportivos y culturales de todo tipo, consiguiendo transmitir una dinámica imagen de modernidad. En 1985 cotizó en Bolsa, hasta que en 1991, el imperio italiano de la moda Marzotto adquirió el 50,4% de las acciones» finaliza Hernández.


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jueves, febrero 20

El vestido Delphos de Fortuny

(Extraído de un artículo en El Español, leído en septiembre de 2022)

[...] el Delphos de Fortuny. Un vestido que supuso una liberación para la mujer, en el primer tercio del siglo XX: con él se decía adiós a los corsés, a las innumerables capas de prendas y a la ropa interior, pues debía llevarse sin nada debajo, para que no se marcara. Fue tal el shock que supuso, que solo las actrices y bailarinas de la época se atrevieron en un principio a lucirlo.

Con el Delphos, Fortuny se adelantó a Paul Poiret y a Coco Chanel al liberar a la mujer de vestidos encorsetados: era suelto, ligero, muy cómodo y confeccionado en seda y adornado con cuentas de cristal de Murano. Podía variar el color, el largo, y la forma de la manga. Fue la creación genial de un hombre que no era diseñador de moda, Mariano Fortuny y Madrazo, sino pintor, escultor, fotógrafo, inventor, escenógrafo, diseñador de lámparas y tejidos, del Delphos (y otras prendas con las que combinarlo) y hasta un genio del marketing. En 1909 patentó un procedimiento para plisar y ondular telas, conocido mundialmente como el plisado Fortuny. Nadie ha sido capaz de replicarlo y que el plisado se mantenga perfecto durante más de cien años, como sucede con el Delphos de Fortuny.

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miércoles, enero 8

¿A qué olía Cleopatra?

(Un texto de S.G. en el XLSemanal del 14 de febrero de 2021)

Las tumbas, los templos y hasta los muertos eran perfumados en el antiguo Egipto. los científicos están tratando de reproducir esos aromas de eternidad.

La nariz de Cleopatra no era tan bonita como la de Elizabeth Taylor. De hecho, en las efigies que adornan las monedas parece grande, incluso desproporcionada. La que fuera faraona de Egipto no tendría problema para captar la intensa mezcolanza de olores que flotaba en Alejandría: el olor húmedo del Nilo se unía a la peste del pescado, el estiércol y los excrementos. Para combatir el tufo, los egipcios quemaban mirra, incienso y alcanfor, además de plantar flores olorosas.

Los perfumes, eran señal de maat, lo bueno, lo ordenado, lo justo... y lo opuesto a isfet, lo malo, el caos, lo injusto. A sus muertos les untaban aceites perfumados. Inscripciones jeroglíficas hablan de mezclas de sustancias olorosas para intensificar el placer. «Los antiguos egipcios fueron de los primeros en documentar y clasificar los olores», dice Dora Goldsnnith, de la Universidad Libre de Berlín. Esta egiptóloga forma parte del reducido grupo de expertos que estudia el universo oloroso del Egipto de los faraones.

Los arqueólogos descubrieron las primeras pruebas de la relevancia del olor en el antiguo Egipto durante sus primeras expediciones en el siglo XIX. El británico Flinders Petrie, por ejemplo, excavó el sepulcro del faraón Semerjet en Abidos en 1899. Cuanto más profundizaban, con más intensidad llegaba un aroma muy particular. La arena que cubría la tumba estaba impregnada con aceite oloroso, tan penetrante que envolvía todo el sepulcro. A quienes menos querían exponer los egipcios a olores desagradables era a sus dioses. De ahí que los aceites perfumados desempeñaran un papel destacado en los templos.

«Aromas para el más allá», los llama Goldsmith. «Esos aromas debían atraer a los dioses a casa», dice la egiptóloga. Y eso era muy importante: los egipcios creían que, si los dioses moraban en el templo, reinaba la paz. Por eso, las estatuas que adornaban los templos eran untadas con una pasta aromática a diario.

El olor era también un indicador de estatus social. Todo el que se lo podía permitir perfumaba su casa y sus ropas con el humo del kyphi, una mezcla de corteza de alcanfor, mirra, incienso, bayas de enebro o resinas de estoraque, acacia y pino. A los egipcios les gustaba cultivar en sus jardines lotos, narcisos, jazmines, amapolas y mandrágora. A esta última se la consideraba también un afrodisiaco.

Goldsmith recibe consultas de todo el mundo. La búsqueda de los olores de la Antigüedad no ha hecho más que empezar.

Así era el Chanel número 5 de los egipcios

La egiptóloga Dora Goldsmith ha logrado recrear el mendesio, un perfume considerado como el Chanel Número 5 de la Antigüedad y llamado así por la ciudad en la que se producía: Mendes. En 2012, durante sus excavaciones cerca del lugar, los arqueólogos se toparon con un taller lleno de frascos.. También encontraron joyas y monedas de oro y plata. Dedujeron que era una perfumería.

«El mendesio era el símbolo oloroso del antiguo Egipto», dice Goldsmith. Por eso, la egiptóloga y su colega Sean Coughlin se embarcaron en la búsqueda de sus ingredientes. Los hallaron en textos griegos y latinos. Finalmente, en 2018, lograron combinar los componentes del famoso perfume. Tenía una nota de «mirra recién molida, acompañada por un matiz dulce», cuenta la egiptóloga. Como base de su perfume, los egipcios usaban el aceite de moringa. La receta incluía resina de pino y corteza de alcanfor.

Olor a fiesta

Las mezclas perfumadas tenían una importancia especial en las celebraciones del antiguo Egipto. Por ejemplo, una vez al año, los egipcios organizaban pomposas procesiones en las que paseaban las estatuas de los dioses por sus ciudades entre aclamaciones de unas multitudes adornadas con coronas de flores y ungidas con sustancias olorosas.

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sábado, noviembre 23

La alta vida: una historia de los hombres con tacones

(Un texto de Maude Bass-Krueger leído en artsandculture.google.com hace ya un tiempo. Sugiero buscarlo para ver las ilustraciones - https://artsandculture.google.com/story/iQJCgMgwSKV5Kw -)

Los zapatos de tacón alto se usaron por primera vez en el siglo X como una forma de ayudar a la caballería persa a mantener los zapatos en los estribos. Desde entonces, los tacones masculinos han pasado por diversos significados culturales: simbolizan una alta estatura social, destreza militar, un gusto refinado por la moda y el colmo de lo "cool".

Sin más preámbulos, dejaremos que los hombres se pavoneen en la pasarela de la historia...

1. Tacones asesinos

Los soldados persas fueron los primeros en descubrir que los zapatos de tacón ayudaban a que sus pies permanecieran en los estribos y les daban la estabilidad que necesitaban para disparar sus arcos y flechas.[...] La bota cowboy moderna deriva directamente de esta bota del siglo X. ¡tradición!

2. El nuevo Power Heel

En el siglo XVII, los tacones de una pulgada eran la norma para los jinetes persas, dentro y fuera de sus caballos. Dado que poseer caballos era un símbolo de riqueza, los zapatos de tacón pasaron a significar dinero y poder.

3. Hacer alarde se pone de moda

A finales del siglo XVII, el Sha persa envió una delegación de soldados para forjar relaciones con líderes extranjeros en Rusia, Alemania y España. La “persiamanía” se puso de moda y los aristócratas europeos adoptaron los tacones como símbolo de virilidad y destreza militar.

La moda masculina del siglo XVII tenía como objetivo enfatizar las piernas: tacones altos, medias ajustadas de colores y pantalones sueltos y sin recoger ayudaban a enfatizar las bien formadas pantorrillas y muslos de los hombres.

Los retratados masculinos como el archiduque Alberto, [...], casi siempre posaban en posturas que mostraban con orgullo sus piernas y zapatos de tacón.

4. El rey de los tacones

Luis XIV fue quizás el portador de tacones más famoso de la historia. Bajo el gobierno de Luis, cuanto más alto y rojo era el tacón, más poderoso era el usuario. En 1670, aprobó un edicto que establecía que sólo la nobleza podía usar tacones.

El tacón rojo era simbólico: demostraba que su portador era lo suficientemente rico como para no ensuciarse los zapatos y que era lo suficientemente poderoso como para aplastar a sus enemigos.

El Rey Sol sólo permitía a quienes estaban a su favor llevar tacones rojos. ¡Puedes saber quién está bien y quién está mal en las pinturas de la corte mirando el color de los tacones de los hombres!

5. Ponerse el zapato en el otro pie

Los zapatos se volvieron cada vez más sexistas a lo largo del siglo XVIII: los zapatos de mujer se volvieron más estrechos, más ornamentales y los tacones más altos, mientras que los zapatos de hombre se volvieron más anchos y resistentes. En consecuencia, los hombres dejaron de usar tacones alrededor de 1730 como reacción contra su percibida feminización.

[...]
 
6. Los tacones continúan subiendo

La Revolución Francesa de 1789 puso fin definitivamente al uso aristocrático de los tacones masculinos. Sin embargo, algunos estilos de vida todavía aceptaban el uso de tacones masculinos. El vaquero es un ejemplo perfecto. Una actualización moderna del siglo X. Tacón de caballería persa, la bota de vaquero es el tacón más masculino que existe en el mundo actual.

El tacón redondeado y en ángulo también se llama “tacón cubano”, en deferencia a la herencia hispana del estilo (los zapatos de bailarina de flamenco, por ejemplo).

7. Tops con trapeador y botas Chelsea

Los Beatles ayudaron a popularizar el tacón cubano en las décadas de 1960 y 1970. Las “botas Beatle”, como las llamaban, eran una variante de las botas Chelsea: botas ajustadas hasta los tobillos con punta afilada y tacones cubanos.

Cuenta la leyenda que, en octubre de 1961, John Lennon y Paul McCartney vieron un par que les gustaba en una boutique de Chelsea y encargaron cuatro pares con tacón cubano para adaptarlos a su nueva imagen pública.

8. Rompiendo tobillos, rompiendo límites

David Bowie superó los límites de la moda de género a lo largo de su carrera. Era conocido por usar todo tipo de tacones, desde tacones de aguja altísimos hasta zapatos de plataforma, [...]

Los alter egos de Bowie, como Ziggy Stardust, Thin White Duke y Major Tom, llevaron la moda andrógina al centro del escenario. Los tacones, los vestidos, el maquillaje y el atractivo sexual lo ayudaron a sentirse "sobrehumano".

Bowie era un ícono de la moda en una época en la que la homosexualidad y la fluidez de género todavía eran tabú. Ayudó a toda una generación a aprender a aceptar el género no binario, con tacones y todo.

9. Hombres que movieron el talón

Es posible que Motley Crue haya cantado sobre mujeres que eran "el infierno con tacones altos", pero podrían haber estado hablando de ellas mismas.

En la década de 1990, los tacones, particularmente los cubanos, habían llegado a simbolizar cierto tipo de estética ruda y rockera.

Pero la dicotomía del vaquero con tacones plantea la pregunta: si las botas de tacón pueden verse como el epítome de la masculinidad para el tipo de vaquero duro, entonces ¿por qué los tacones no son más aceptados culturalmente más allá del simbolismo del vaquero?

Los hombres generalmente dejaron de usar tacones cuando se convirtieron en un elemento básico de la moda femenina a mediados del siglo XVIII. Mientras que los tacones de los hombres alguna vez simbolizaron poder, riqueza y masculinidad, hoy tienden a traspasar los límites de las normas binarias de género. Desde los Beatles y David Bowie, hasta Motley Crue y Prince, el tacón masculino sigue siendo una gran parte de todas nuestras identidades culturales.

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lunes, octubre 28

Por qué los hombres dejaron de usar faldas, tacones y pelucas

(Un texto de Jaime Rubio Hancock en el suplemento Verne de El País del

En la corte de Luis XIV había pocas cosas tan importantes como lucir tacones rojos.

Los tacones fueron un símbolo de estatus para los hombres antes de que los llevaran las mujeres. Lo explica la historiadora Maude Bass-Krueger en un artículo publicado en Google Arts & Culture en el que repasa la historia de este accesorio y que se ha leído y compartido estos días. Además, no es la única prenda que llevaban hombres y que ahora se considera propia de la moda femenina: a lo largo de la historia, también han llevado faldas y maquillaje. ¿Por qué dejaron de hacerlo?

En su texto, Bass-Krueger recuerda que los primeros en llevar tacones fueron los jinetes persas en el siglo X, para mantener las botas en los estribos con más facilidad. En el siglo XVII, la moda de los tacones llegó a los aristócratas europeos, donde se convirtió en símbolo de virilidad y poder militar. La autora se detiene en Luis XIV: “Durante su reinado, cuanto más altos y más rojos eran los tacones, más poderoso era quien los llevaba”. El rey solo permitía los tacones de este color a las personas más cercanas.

En el siglo XVIII los tacones llegan al calzado femenino y acaban rebasando en altura al masculino. Con la Revolución Francesa desaparece el tacón para hombres, ya que se asociaba a la aristocracia. Pero no del todo, como aún se aprecia en algunos modelos de botas.

Federico Antelo Granero, profesor de Historia de la Indumentaria en el Centro Superior de Diseño IED Madrid, recuerda a Verne que hombres y mujeres hemos compartido a lo largo de la historia muchas de las prendas y complementos que hoy consideramos mayoritariamente femeninos: “Desde el antiguo Egipto hay pelucas, maquillaje, faldas, túnicas…”. También ha pasado con colores: el rosa no siempre fue un tono femenino y el azul no siempre se identificó con lo masculino.

Túnicas, togas y faldas

Las faldas llevan años apareciendo en los desfiles de moda masculina. “Pero no solo en la pasarela -apunta a Verne Elvira González, del Museo del Traje de Madrid-, depende de la tradición, cultura y costumbres de cada lugar”.

También eran habituales en otras épocas: egipcios, griegos, romanos y aztecas llevaban túnicas, togas y faldas, al ser fáciles de fabricar y de llevar. Los pantalones se usaban sobre todo para montar a caballo.

A partir del siglo XIV ya empieza a haber “una diferencia en la confección de prendas para uno u otro sexo”, como escribe Giorgio Riello en Breve historia de la moda. La mayor diversificación también lleva a que la moda se convierta “en un instrumento de rivalidad social” dentro de “una sociedad fuertemente jerarquizada”.

Aun así, los hombres aún no se pasan exclusivamente al pantalón, como muestra el hecho de que en 1701 el zar Pedro I aprobara una ley que obligaba a todos los hombres rusos a llevar pantalones, con la excepción de granjeros y clérigos.

Seda, pelucas y maquillaje

Durante los siglos XVII y XVIII y, sobre todo, durante el Rococó francés, la indumentaria es especialmente vistosa y decorada. Para ambos sexos, pero sobre todo para las clases acomodadas. El escritor británico Tobias Smollet, citado por Riello, escribía que en París, un inglés que quisiera parecer respetable tenía que sufrir una “metamorfosis total”, y lucir grandes pelucas y trajes de seda con bordados, en lugar de las prendas de lana y franela que se llevaban en Inglaterra.

Y no menciona el maquillaje: igual que la falda, recientemente se han comercializado líneas de maquillaje para hombres, pero a lo largo de la historia encontramos ejemplos de su uso por parte de hombres y mujeres. Por ejemplo, en el antiguo Egipto se usaba el kohl en ojos y párpados, además de maquillaje de ocre rojo para labios y mejillas; en el siglo I d.C. los hombres romanos también se aplicaban pigmento rojo a las mejillas, y en la Francia de los siglos XVII y XVIII se puso de moda no solo el maquillaje, sino también los lunares postizos. Luis XIII ya había popularizado las pelucas, tras quedarse calvo en la veintena (bien jugado, Luis). Además, cubrían la tiña, los piojos y la suciedad. Se empezaron a empolvar en el siglo siguiente, el XVIII.

Durante el Rococó también se llevó el rosa, como se puede ver en estos retratos de Luis XVI. No era una excepción: el rosa se asociaba al rojo, el color de la sangre y del vigor, mientras que el azul se veía más delicado y amable. [...] Hasta la Primera Guerra Mundial el color más habitual para los bebés era el blanco, no los tonos pastel de rosa y azul. Y después y hasta mediados de siglo, el más habitual para los niños era precisamente el rosa.

La cárcel de la moda femenina

Por supuesto, esto no quiere decir que las sociedades en las que los hombres llevaban falda o tacones fueran más igualitarias. “Para nada”, subraya Antelo, que vuelve al ejemplo del Rococó: “La indumentaria masculina siempre ha subrayado su papel social, mientras que a la mujer se la ha limitado incluso a través de la vestimenta”. En el caso de esta época, Antelo compara los enormes vestidos y corsés que dificultaban la movilidad de las mujeres a “una cárcel”.

Es más, el uso de encajes, sedas, calzado con tacón, maquillaje y demás por parte de los hombres no suponía la adopción de un rasgo femenino, sino la voluntad de manifestar su estatus. Todas estas prendas estaban asociadas a la masculinidad y al poder. Y es que, como apunta Antelo, la moda refleja la sociedad. Por eso no es de extrañar que, tras el exceso del Rococó y con la Revolución Francesa, se sustituyera el satén por el algodón y se redujera el uso de corsés, entre otros cambios, “con cierta intención de generar igualdad y de borrar las fronteras de clases”.

El dandi y el hombre contemporáneo

En el siglo XIX el pantalón queda por completo identificado como prenda moda masculina. Y no solo la los pantalones: como explica Antelo, la moda contemporánea masculina es heredera de este periodo.

Con la aparición del dandi británico, “que surgió como respuesta al modelo anterior, al Rococó de la corte de Versalles”, se comienza a construir “una visión de la masculinidad que ha ido perdurando desde entonces”. Esta nueva tendencia considera que “la elegancia masculina está en la simpleza o la sencillez, aunque si se analiza esta estética, en realidad incluye mucha etiqueta y muchas normas sobre colores, prendas, horas del día, ocasiones…”.

El centro de la moda occidental deja de ser Francia para pasar a ser Inglaterra, sobre todo con su traje de tres piezas. Estos trajes, escribe Riello, son de colores oscuros: negro, gris, marrón verdes oscuros... Desaparecen los colores vistosos, las sedas y los bordados. El dandi no predica el exceso, sino la moderación. El inglés George Bryan Brummell, considerado el arquetipo de este movimiento, escribía que si alguien se giraba para mirarte “es que no vas bien vestido, tu atuendo es demasiado rígido, demasiado sobrio, demasiado a la moda”.

¿Llevaremos falda otra vez?

La moda masculina contemporánea hace décadas que va más allá del traje de tres piezas. Hay más variedad de prendas, accesorios y colores. Pero no parece fácil que volvamos a llevar falda, por mucho que aparezcan de vez en cuando en las pasarelas y, como el verano pasado, en algunas protestas, tanto de trabajadores de transporte franceses como de estudiantes británicos.

El cambio en sentido inverso sí es más habitual: las mujeres no han tenido inconveniente en adoptar prendas masculinas, como en el caso del pantalón. “Se ha asociado al hombre con el poder en todos los ámbitos -dice Antelo-, por lo que cuando una mujer adoptaba estas prendas se entendía como un mensaje de empoderamiento positivo”. En cambio, “si un hombre adoptase ciertos colores o materiales que aún se asocian a lo frágil, a lo que necesita protección, muchos lo seguirían interpretando como un mensaje de debilidad”.

Al respecto, Antelo recuerda los intentos de introducir el maquillaje para hombres: “Recuerdo una línea de maquillaje masculino que se promocionaba hace unos años diciendo que no se notaba. Pero, claro, ¿para qué debería un hombre maquillarse y que no se le note?”. Ha habido excepciones, claro, como David Bowie. Pero no todos somos David Bowie.

Antelo no cree que hombres y mujeres vayamos a vestir igual: “Es posible que veamos cambios en colores, estampados y materiales, pero las morfologías de hombres y mujeres son muy diferentes”. Eso sí, la moda seguirá cambiando, a medida que cambie la sociedad. “Es similar al arte: puedes analizar la sociedad a través de la indumentaria”.

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martes, marzo 26

Zapatos Mary-Jane (para los españoles, merceditas)

 (Leído en un número atrasado de Vogue)

Aunque no se conoce con exactitud la fecha y año de creación de estos zapatos, si podemos afirmar cómo su nombre tomó forma en el mundo de la moda. 

Mencionamos que en los años 20 el apogeo de este calzado fue icónico, sin embargo, debemos ir un poco más allá. Nos ubicaremos en España en el año 1878. La reina María de las Mercedes de Orleans, conocida comúnmente como ‘Merceditas’, contrajo matrimonio con el rey Alfonso XII, creando así una de las historias de amor más representativas. 5 meses después de su boda, Merceditas enfermó gravemente y falleció. Esto dio pie para que se popularizara una canción que hacía referencia a la relación de ambos, y allí se mencionaban los zapatos que llevaba la reina como regalo de bodas. Era aquel diseño de charol y desde entonces pasaron a la historia como Merceditas

¿Entonces de dónde viene el nombre Mary Jane? En 1902 Richard F. Outcault crea la tira cómica Buster Brown, donde se narraba la historia de un niño llamado Buster y su hermana, Mary Jane. Esta última llevaba los zapatos de la época, eran de punta redondeada, color negro y ajuste en el empeine. El éxito del comic fue tal que desde entonces el calzado representativo de uno de los personajes principales tomó un nuevo nombre: Mary Jane.

Los zapatos Mary Jane continuaron en auge, al punto de ser retratados de nuevo en 1964 con el personaje Mafalda, creado por el argentino Quino. Avanzando rápidamente, vemos como en los 70 las musas de la moda comenzaron a llevarlos, dándole un aspecto preppy a sus estilismos. Y si pensamos en el día de hoy, debemos mencionar a Miu Miu, Chanel y Versace, quienes las han exhibido como un objeto de deseo.

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lunes, agosto 9

Vestir en la academia militar: un repaso por la historia de los uniformes militares en España

(Un texto de David Navarro en el Heraldo de Aragón del 4 de marzo de 2018)

De las casacas a los botines, del sombrero con pluma a la gorra de plato... los distintos uniformes de los colegios y academias militares españoles son documento gráfico de los cambios en él Ejército español. ¿La prenda más revolucionaria? La falda para la mujer.

Primer colegio general (1809-1812) Sevilla

La primera academia española fue la Escuela de Donceles de Alfonso XI, en el siglo XIV, pero fue en el Renacimiento cuando los famosos Tercios españoles sorprendían en Europa por su preparación y eficacia. Durante el reinado de Felipe II (siglo XVI) se crearon las Academias de Artillería de Sevilla y Burgos. La que podría considerarse como la primera Academia General se fundó en Flandes, en 1674. La Academia de Matemáticas de Barcelona (1715), el Real Colegio de Artillería de Segovia (1764), durante el reinado de Carlos III, y la Academia de Ingenieros de Alcalá de Henares (1803), son antesala de las academias militares modernas. El teniente coronel del Ejército de Tierra José Ramón Ortiz de Zárate es director de la colección museográfica de la Academia General Militar y describe en este reportaje los distintos uniformes con los que soldados y cadetes se han vestido.

La Academia del 4º Ejército se formó en base al Batallón de Honor de la Universidad de Toledo, distinguidos de Ronda y cadetes del Colegio de Artillería de Segovia. Como deferencia a dicho batallón se adoptó su uniforme y bandera llamada la 'universitaria', que estuvo en vigor hasta 1843.

Primer colegio general (1812-1823) Cádiz

El Ejército evidenció en la guerra contra Napoleón sus carencias. La primera 'Academia General' sería el Colegio General de la Isla de León (Cádiz) en 1810, con alumnos de todas las armas, que cubrieron vacantes en Infantería y Caballería y nutrieron colegios de Artillería e Ingenieros. Se suprimieron las pruebas de nobleza. El espíritu de Cádiz pervivió en la creación de un colegio general, que estaría ubicado en Toledo. El levantamiento de Riego en el año 1820 conmocionó al Ejército, y la llegada de los cien mil hijos de San Luis y la restauración del absolutismo en España llevó al cierre de las academias y colegios militares.

Según la 'Memoria histórica de las Academias y escuelas militares de España' del Conde de Clonard, «el nuevo uniforme consistía en una casaca corta de paño azul solapa curva, collarín y vuelta encarnada con ojales en los tres puntos de estambre blanco; forro, vivo, chaleco, corbatín y pantalón del mismo color; cordones de plata en el hombro derecho; para invierno pantalón azul, schacó de fieltro con imperial y visera acharolada; escudo y presilla de metal blanco, pompón y escarapela roja y plumero blanco».

Segundo colegio general (1825-1843)

En 1824 se abrió en Segovia el segundo Colegio General Militar, que después se trasladaría a Madrid. El objetivo era formar oficiales dentro del régimen de Fernando VII. La primera guerra carlista obligó a llevar el colegio a Toledo y a cambiar los planes de estudio: dejó a un lado su elitismo y renovó el espíritu corporativo. Según explica de nuevo el conde de Clonard en su 'Memoria histórica', el uniforme se componía de una «casaca larga con solapa recta y vuelta azul, forro, mangas, collarín, carterilla y vivo encarnado, pantalón de color granza; dos ojales en cada lado del collarín de galón de oro; caponas y cordones del mismo metal; schacó cilíndrico con galón de oro en derredor de la imperial, esta y visera de color negro; carrilleras, escudo y presilla de metal amarillo; corbatín negro; guante de ante; pompón y escarapela roja; plumero blanco y espada de ceñir». Existen algunas discrepancias entre el texto y el dibujo. En el gráfico el alumno no lleva cordones, cuando el texto de Clonard los pone como dorados. También hay alguna discrepancia en la descripción del schacó con carrilleras. Escudo y presilla amarillos.

Tercer colegio general (1844-1850) Madrid

En 1843, durante el reinado de Isabel II, se estableció el Colegio General de todas las Armas en Toledo. Se renovaron asignaturas, con profesores de prestigio intelectual. Pero las rivalidades entre altos mandos llevaron a su disolución en 1850, para establecer un 'Colegio' por cada Arma y Cuerpo. Algunos aún perduran. Para la debida uniformidad se les da a su entrada en el colegio por cuenta del establecimiento «una levita militar de paño verde botella asolapada, con dos alamares de oro en cada extremo del collarín, cordones del mismo metal y caponas, una casaquilla de paño azul turquí con vivo y carterilla encarnada, un chaquetón de paño con botones del colegio, otro de lienzo, dos pantalones de invierno de paño celeste, tres de verano, una gorra de cuartel un par de zapatos nuevos y unas composturas cada mes y medio, un schacó de gala construido de fieltro con galón de oro por bajo de la imperial, visera y barbuquejo de charol, cifra del Colegio general militar, presilla y bellota de metal amarillo y un splin de pluma negra, funda de hule para diario, dos pares de guantes de castor y cabretilla blanca, sable con tahalí, una papelera escritorio de pino pintado con cajones para ropa».

AGM 1ª época (1882-1893) Toledo

La I República impulsó en 1874 la renovación del Ejército. El golpe de Estado, con regreso de Alfonso XII en 1875, aceleró la creación de una nueva carrera militar, con pruebas de ingreso y unidad de doctrina. Inspirada en una didáctica de estilo germano, en 1882 nace la Academia General Militar en Toledo: 'La General' originaria.

En 1885 cambió la uniformidad, como en las diferentes resoluciones a lo largo de los anos de la primera época (1883, 1884, 1885, 1887, 1888, 1889, 1891). […] El uniforme que hoy se denomina 'de época', se usó por primera vez en la General en la Jura de Bandera de SAR el Príncipe de Asturias D. Felipe de Borbón y Grecia, el 11 de octubre de 1985 en el Patio de Armas del centro. Dicho uniforme está expuesto en el Museo de la AGM. El atuendo es el de la Academia General de Toledo en 1885, añadiéndole los cordones dorados de gala ya vigentes en 1985 para esta uniformidad. La denominación de alumnos en lugar de cadetes y la desaparición de los cordones como distintivo de los cadetes en las escuelas y colegios militares, fue una característica de este centro. La uniformidad diaria para clase era la guerrera (dos filas de botones) o polaca de color gris (una fila de botones), pantalón encarnado, y teresiana, gorro redondo de cuartel o gorra según los cambios; en maniobras usaban la polaca-guerrera gris con ros y funda de hule lienzo blanco y cogotera, llevando para las marchas las polainas.

AGM 2ª época (1927-1931) Zaragoza

El Gobierno de Sagasta suprimió la General en 1893. Se regresó al sistema de academias por Arma o Cuerpo. El debate perduraría entre los oficiales formados en la primera General. En 1927, un exalumno, Miguel Primo de Rivera, restauró la Academia General en Zaragoza, con Francisco Franco como director.

En esta época se consolidó el uniforme gris tanto en los alumnos como en los profesores. La nueva uniformidad estaba basada en el 'Reglamento de uniformidad' de 1926 donde se adopta el uniforme general único.

Apoyándose en este reglamento se adoptó el uniforme gris para todo uso, que tenía el cinturón de color grancé o el emblema de la Academia General sobre un ovalo grancé en lugar de los del arma o cuerpo. Esta época se recupera el término 'cadete' para los alumnos con el calificativo de Caballero, por el desarrollo y cultivo de la cortesía y buenas costumbres. También o se generaliza el uso de cordones rojos, en otros Colegios o Escuelas eran de color plata u oro. Otra peculiaridad era el distintivo de curso formado por un pequeño galón dorado en el hombro izquierdo, y el uso de galones de sargento y cabo galonista para los cadetes distinguidos.

La II República suprimió la Academia zaragozana y regresó a los centros separados, en Toledo, Segovia y Madrid. Durante la Guerra Civil (1936-1939) cada bando organizó su sistema de enseñanza. Tras la victoria, Franco restableció la Academia, tan solo un año después, básicamente con el mismo sistema de 1927.

AGM 3ª época (1942-1988) Zaragoza

Durante la dictadura de Franco se mantuvo el sistema básicamente establecido en los años 20, hasta que en 1973 se reformó la Enseñanza Militar Superior. Se valoró la aptitud física y pedagógica y se requirió conocer un idioma moderno. En septiembre de 1988 ingresaron en las academias militares españolas las primeras mujeres. El Traje de diario se componía de «guerrera de color caqui con hombreras de forma trapezoide, de ida y vuelta, botones dorados con escudo imperial y emblema en el cuello con forma de rombo con fondo rojo con los emblemas de las armas superpuestos. Con la guerrera se utilizará una tirilla de piqué blanco sobresaliendo dos centímetros. Llevaban los cordones rojos, distintivos de cadetes y los sargentos y cabos galonistas llevaban como distintivo un galón igual al de los sargentos del ejército en oro y plata. El calzón será de igual paño y color que la guerrera. Amplio en la parte superior, semiceñido por debajo de la rodilla y ajustado en la pantorrilla, abrochándose con tres pequeños botones», según se describió en la ponencia de Uniformología del Servicio Histórico de 1997.

Se usa gorra de plato de color caqui con barboquejo dorado con dos pasadores y sujeto a la gorra por dos botones dorados y visera ligeramente curvada del mismo género. El aro lleva en su frente un galón dorado formando ángulo recto con el vértice hacia abajo, el número de ángulos marca el curso que ostente. En la nesga lleva el emblema de la Academia General.

AGM 3ª época (1989-2018) Zaragoza

En 2010 tuvo lugar una modificación de gran porte que muchos creyeron utópica. A la Academia se unió el Centro Universitario de la Defensa, adscrito a la Universidad de Zaragoza. Los cadetes cursan en él un título de la Universidad, el de Ingeniería en Organización Industrial, con plena validez académica civil.

Las reglamentaciones de Academias Militares de 1940, de la Academia General Militar de 1942 y de Uniformidad del Ejército de 1943 se fueron adaptando y tuvieron vigencia durante casi medio siglo. No obstante, se produjeron reformas como el cambio del capote por otro más corto y funcional en 1955 y finalmente en 1964 se reglamentó el uso del tres cuartos. Así mismo por una orden de 12 de julio de 1965 se dejó de usar la bota alta en los uniformes de diario utilizándose solo para equitación y se reglamentó el uso del pantalón recto. Se distinguen los uniformes de Diario, Gala, Etiqueta, Gran Etiqueta y Trabajo y se introduce el uniforme femenino como consecuencia de la incorporación de la mujer a las FAS en 1988.

[El] uniforme de diario femenino del Ejército de Tierra (Modalidad A) de invierno [es] «con guerrera caqui con codones rojos y distintivo de curso en el hombro, camisa amarilla grisácea de manga larga, corbata caqui de nudo, falda caqui, zapatos negros, medias color natural, guantes negros, gorra de plato caqui, o prenda específica de la unidad, bolso negro capote o gabardina caqui», según la ponencia de Uniformología del Servicio Histórico Militar.

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domingo, julio 11

El año de Balenciaga

(Un texto de G. Espinosa en la revista Mujer de Hoy del 11 de marzo de 2017 a propósito del centenario de su primera tienda)

Todo empezó en 1917 con la apertura de una pequeña tienda en la calle Vergara de San Sebastián; más tarde, en 1937, Cristóbal Balenciaga desembarcó en París, se estableció en la Avenida George V y cambió para siempre el rumbo de la moda. Estas dos efemérides marcan el nacimiento de un negocio que se convertiría poco después en un fenómeno cultural inapelable; dos fechas que sirven de percha o excusa (si es que hiciera falta alguna) para que el "arquitecto de la moda" sea homenajeado en los principales museos de indumentaria del mundo: el Museo de la Moda de la Villa de París y el Victoria & Albert de Londres.

Balenciaga fue el quinto y último hijo de una familia humilde de Guetaria. Su padre, pescador, falleció en el mar; y de su madre, costurera, aprendió el oficio. Con apenas 22 años, ya era el más influyente de los diseñadores de la aristocracia en España. La marquesa de Casa Torres, impresionada por el entonces joven aprendiz, le encargó su primer traje, y sería ella la que le convertiría en el modisto más buscado por una clase social que pasaba sus vacaciones en la zona.

En apenas 10 años, y con el aval de vestir tanto a la reina María Cristina como a la reina María de las Mercedes, Balenciaga abriría otra tienda más en San Sebastián: Eisa Costura, homenaje al apellido materno y dedicada a la incipiente burguesía, con prendas más asequibles y tocados que, décadas después, harían también historia. Luego, en apenas dos años, llegarían las tiendas de Madrid y Barcelona.

Pero, cuando su fama comenzaba a cruzar fronteras, la Guerra Civil le obligó a emigrar. A pesar de mantener sus negocios abiertos en España -funcionaron regularmente desde 1940 hasta su retiro-, se mudó a París y, con la ayuda del ingeniero vasco republicano y exiliado Nicolás Bizcarrondo y de su amigo el aristócrata francés de origen ruso Wladzio Jaworowski D´Aittainville, fundó la maison Balenciaga y, casi inmediatamente, su atelier se convirtió en el epicentro de la moda del momento.

"La alta costura es como una orquesta cuyo director es Balenciaga: los modistos somos los músicos que seguimos las indicaciones que él nos da", dijo uno de sus competidores, Christian Dior. Coco Chanel, creadora con la que mantuvo una relación entre la admiración y la aversión cordial, experta como era en afilar su lengua contra aquel que le hiciera sombra, lo definió como "el único auténtico couturier, en el sentido más puro de la palabra, capaz de diseñar, cortar, montar y coser un vestido de principio a fin... El resto somos simples diseñadores de moda".

[…] n el uso del negro, uno de los primeros distintivos de elegancia aplicados por el modisto, que llegó a utilizarlo como un material más, y que conecta tanto con la austeridad de sus primeros años españoles como con el carácter casi sacro, monástico, de su dedicación a las prendas. Es significativo que muchas de las grandes creaciones de Balenciaga durante los años 40 y 50 -los abrigos de línea de barril (1947), el vestido globo (1950), el vestido túnica (1955) o el vestido saco (1957)- fueran concebidos en esta pureza monocromática.

 

[el color negro sirvió] al creador para su uso en la depuración de siluetas y volúmenes, los contrastes de luces y sombras que le permitía ejecutar, y también la manera en que lo mezcló con otros colores para realzar siempre el efecto final. Balenciaga fue el primero en darse cuenta de que el negro podía generar efectos palpables en la apreciación de la silueta, el corte, el volumen y el movimiento de las prendas. Combinando sedas y terciopelos, satén y tafetán, bordándolo a franjas o incorporando lentejuelas o cuentas de azabache, el negro perfiló un estilo revolucionario. "Nosotros con los tejidos hacemos lo que podemos... Balenciaga hace lo que quiere", aseguraba Christian Dior.

[…] Mrs. Mellon [fue] una de las mejores clientas de la Casa Balenciaga. Filántropa, coleccionista de arte y diseñadora de jardines (incluyendo los de la Casa Blanca), fue una de las grandes damas de la burguesía norteamericana del s. XX.

[…] los años 50 y 60 [fue] su etapa más fructífera y también la más visionaria. Lo expresó Carmel Snow, editora de moda de Harper´s Bazaar en 1955: "Teniendo en cuenta que diseña dos temporadas por delante de los demás, la historia de la moda comienza con cada nueva colección de Balenciaga".

El creador propició un cambio radical en la silueta de la mujer, pero hay algo que no se suele subrayar: su secretismo. Sabiéndose reverenciado, emperador de un reino del que era el creador más avanzado, detestaba que le copiaran. Fue expulsado del Sindicato de Creadores de Moda francés, con el que siempre anduvo en malas relaciones, por saltarse el calendario oficial: presentaba sus creaciones cuando ya las había enviado a sus clientas, sin esperar el canónico año de temporada, para evitar reproducciones y copias.

En su tienda parisina, por ejemplo, no se exhibía ninguna ropa: quien acudía allí veía guantes, bolsos, perfumes y exquisitas joyas. Nada más. Para poder verla, había que presenciar uno de sus pases, a los que solo se acudía por estricta invitación. Así que las celebrities volaban desde todo el mundo para atrapar sus diseños: Marlene Dietrich, Greta Garbo, Ingrid Bergman, Audrey Hepburn, Grace Kelly... pero también socialités como Mona von Bismarck (que en 1963 compró nada menos que 88 vestidos del maestro), Helena Rubinstein o Jackie Kennedy.

En sus shows, que duraban de una a dos horas, como contaba la mítica Diana Vreeland, -una nunca sabía qué iba a ver. Las había que se desmayaban. Podías explotar y morir. Algunas clientas soltaban espuma por la boca, otras se elevaban entre nubes y truenos". Y en ese contexto, sus modelos no eran jóvenes bellezas. Al contrario, el mundo de la moda las conocía como "las monstruos2: tenían la edad de sus clientas, no seguían los cánones de belleza, caminaban de forma forzada, sin sonreír. Además, tenían curvas y barriga, algo que el modisto buscaba adrede para demostrar que sus vestidos embellecían a cualquiera. "Jamás me tomó una medida, y las debía de conocer bien; todos sus vestidos me quedaban perfectos, no tuve que devolver jamás ninguno", confesaba Marlene Dietrich.

En aquel ambiente de silencio monástico donde ni los vestidos ni las colecciones tuvieron jamás un nombre -se le entregaba a la clienta una agenda donde anotaba los números de los modelos que le interesaban- se gestó, en absoluto secreto, el mito del hombre que se retiraría de la moda en 1968 huyendo del prêt-à-porter. "La manera de vivir que permite la existencia de la alta costura ya se ha acabado: es un lujo imposible en nuestra época", declaró en 1971, durante la única entrevista que concedió Cristóbal Balenciaga tras su retiro. En la primavera del año siguiente fallecería de un infarto en un viaje a Alicante.

Cinco aportaciones radicales

  1. El arquitecto de la moda. Sus complejos volúmenes, las diferentes proporciones que aplicaba a la zona del torso y de las piernas y la ingeniería de su costura le han hecho el único merecedor de este título en la historia de la moda.
  2. Transformar la silueta. Mucho antes del New Look de Dior, con el que tuvo que competir, Balenciaga ya había cambiado la silueta de la mujer: el corte de barril, la manga japonesa, la manga murciélago, el vestido túnica, el vestido saco o el vestido globo son algunas de sus aportaciones.
  3. Vocación experimental. Probó con diferentes y novedosos materiales y tejidos hasta el final. ¿Un ejemplo? Balenciaga inventó el chubasquero de plástico transparente.
  4. El primer feminista. "La mujer debe andar de manera natural y no sentirse insegura en su paso". Así justificaba el hecho de que jamás creara tacones de aguja: siempre tacón bajo. También se mantuvo fiel a la falda midi, y a la manga tres cuartos.
  5. Sus discípulos. Por su atelier pasaron "aprendices" como Paco Rabanne, André Courregès, Emmanuel Ungaro, Givenchy y Óscar de la Renta. El futuro de la moda en los 70 y 80 habría sido muy distinto sin él.

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